domingo, 23 de abril de 2017

Los recolectores de libros

Después de siglos de evolución, la Humanidad había conseguido  progresos inimaginables. Quizá, lo más digno de señalar pudiera ser la capacidad de obtener  los conocimientos sin esfuerzo.

Cuando un niño o una niña nacían perfectamente sanos, pues la ingeniería genética había conseguido erradicar todas las enfermedades congénitas, se les implantaba un chip en su cabecita, que era alimentado durante todo el desarrollo de las criaturas con los datos necesarios para que, cuando llegaran a la edad adulta, se incorporaran al puesto de trabajo para el que se les había criado. Ya no hacían falta colegios ni universidades. Había trabajo para todos, porque la natalidad hacía muchos, muchos años que se había controlado, por lo que los nacimientos eran estrictamente los necesarios y del sexo que se determinaba.

La esperanza de vida era muy larga, siempre con buen aspecto gracias a los avances de la cirugía plástica, y la muerte, cuando llegaba, se paliaba sin ningún dolor ni sufrimiento, porque era fulminantey con fecha fija. Así estaba implantado en el chip de nacimiento.

El medio ambiente era perfecto. Grandes máquinas productoras de oxígeno trabajaban día y noche para que el aire fuera lo más puro posible, ya que los árboles habían desaparecido mucho tiempo atrás. El agua se reciclaba hasta que quedaba tan pura y cristalina como la que pudiera surgir de un manantial.

La ciencia, la ingeniería habían alcanzado tan grandes cotas de excelencia que podía resolver prácticamente cualquier problema.La humanidad vivía el presente con el optimismo que produce el saberse a salvo. No se pensaba en el futuro porque ya se vivía en él. El pasado no existió jamás.Nada había que recordara el ayer, nada, porque ya no quedaban libros.

Bueno, eso no era del todo cierto. En un lugar recóndito, escondido, un grupo de hombres y mujeres que se llamaban así mismos Los recolectores de libros habían ido guardando durante generacionesen santuarios  los ejemplares que se fueron salvando de la destrucción por su inutilidad. Al fin y al cabo ya no hacían falta, porque nadie sabía leer y escribir: no era necesario.

Pero los recolectores no habían perdido esa capacidad, porque de otra manera no habrían podido reunirse para celebrar los rituales mensuales de lectura y sobre todo el Día de los Grandes Libros, que, aunque no conocían el motivo exacto, celebraban  cada 23 de abril. Ese día los recolectores de los cuatro confines del planeta se reunían  para leer relatos en comunión, en compañía.

Cervantes, Shakespeare, García Márquez,… Cientos, miles de autores que habían desaparecido hacía muchos, muchos siglos  volvían a vivir a través de sus obras, en todos los idiomas, en todas las voces, en todos los confines de la Tierra. Novelas, poesías, ensayos, recobraban el sentido que alguna vez tuvieron de expresar el momento, las sensaciones, las historias y las tradiciones construidas a través de las palabras y que la tecnología despreciaba por su inutilidad.

También la ceremonia de la Gran lectura servía para dar la bienvenida a los nuevos lectores, aquellos niños y niñas que habían adquirido la capacidad de interpretar la escritura y por tanto de leer. Amaranta era una de esas niñas. Sus padres, sus abuelos, sus tatarabuelos fueron también recolectores de libros. Ella ya tenía siete años y durante los dos últimos se había estado preparando para este gran día.Vestía con la túnica de color blanco de los novicios, que se distinguía de las de color azul  que llevaban los recolectores ya más veteranos. Nerviosa, se agarraba a la mano de su madre, quien de vez en cuando la sonreía para transmitirle tranquilidad. Ella también recordaba la primera vez que leyó frente a la Comunidad y  la sensación de gran responsabilidad que sentía.

Orxius, el hermano mayor de Amaranta, por el contrario estaba exultante. Él ya era un lector desde hacía tres años y estaba deseando que le llegara el turno de lectura. Como nieto del Gran lector muchos le contemplaban como posible heredero del cargo y por tanto tenía que ir demostrando su valía.Porque no se trataba solo de leer, de que las palabras sonaran, sino de sentir lo que las palabras querían decir y hacer. Se trataba de que los que escuchaban también las sintieran.

Las antiguas leyendas contaban que cuando los libros existían como objetos cotidianos no todas las personas los amaban. De hecho, la falta de consideración hacia ellos, de no creerlos valiosos  por su contenido ni por el continente, hicieron que, como muchas especies animales y vegetales, se extinguieran, salvo en pequeños reductos que se llamaron bibliotecas.

Poco a poco los seres humanos dejaron de escribir y por tanto leer. Primero fueron sustituyendo las palabras escritas completas por abreviaturas y luego estas por símbolos que expresaban emociones u objetos, como fue en sus comienzos con los jeroglíficos. Finalmente,  la imagen  venció a la escritura. Nadie, aparentemente, tenía ya  libros en ninguno de los cincos continentes.

Los libros se hicieron invisibles.

domingo, 9 de abril de 2017

Mejor el que anduvo en la mar

No soy religiosa (respecto a mis creencias son parte de mi privacidad) y cada vez que llegan estas fechas me chirrían.

No sé si es porque todavía me duran ciertos traumas (que creo haber hecho referencia por estos lares) de la infancia, pero la Semana santa me parece algo oscuro, morboso y tétrico. O me van a negar, queridos lectores, que celebrar la tortura y muerte cruel de una persona no es morbosidad pura.

Ya, ya sé que se me puede contestar que no es celebración sino reflexión acerca de como Cristo fue capaz de afrontar una de las más crueles ejecuciones por la redención de los pecados de la Humanidad. Eso me parecería bien sino se acompañara de toda esa parafernalia que lo rodea y lo asemeja más a una feria que una fiesta religiosa, en la que se muestran todo el fato y riqueza de la Iglesia Católica.

No sé yo de una María, madre de Jesús, cuyas vestimentas valgan más que los presupuestos de muchos ayuntamientos, cuando era una humilde mujer de Nazaret, esposa de un carpintero y madre de quien más defendió a los pobres. O que el propio nazareno crucificado esté rodeado de lámparas de plata y cientos de miles de flores.


Sé que muchos que sienten las procesiones, los cantos y el lujo que rodea la Semana santa de su ciudad o de su pueblo no alcanzarán a entender mi razonamiento.lo sé. Porque no hablamos de religión, sino de costumbres, de tradiciones, como las Fallas o los Carnavales de Cádiz. Muchos que no pisan una iglesia en todo el año, salen de penitentes, "picados" o costaleros, porque así lo hicieron sus padres y lo harán sus hijos. De la doctrina cristiana del día a día, de amar al prójimo, de no juzgar, de no tirar la primera piedra, de repartir entre los pobres, de perdonar ... Eso es harina  de otro costal.

No, no me gusta ver a un hombre colgado de un madero, ni celebrar su prendimiento, su martirio... Yo como Machado prefiero a Aquel que anduvo en la mar.

¡Sed felices!

domingo, 2 de abril de 2017

Su silencio jamás...

Era la misma mano, la misma que en el aula escribía en la pizarra,  corregía los ejercicios o estrechaba la de su padre cuando se veían en la tutoría.

Era la misma mano que ahora se posaba en su pierna, en su muslo, que subía y que bajaba suavemente, en una incomprensible caricia que ella, a sus catorce años, no entendía. La misma mano que minutos antes había echado la llave de la puerta del dormitorio en la residencia donde pasaban una semana de encuentro escolar.


Él la había convocado junto con otra amiga para charlar aquella tarde. Ninguna desconfió. Cómo hacerlo de quien veían a diario, de quién las conocía por su nombre desde pequeñas, de quien se suponía estaba para educarlas y protegerlas.

Pero se encontraron con un complet "desconocido" que hablaba y hablaba mientras las miraba de manera lasciva. Alguien muy distinto al amable profesor que les regalaba caramelos "Sugus" y les gastaba sencillas bromas en clase mientras les acariciaba el pelo. Las palabras, llenas de alusiones al sexo, brotaban de sus labios, las preguntas se enredaban en sonrisas torcidas, mientras él repetía que no tuvieran miedo, que todo era natural. La mano caliente y sudorosa seguía su ascenso lento por debajo de la falda, mientras con la otra la atraía hacia él.Estaba ya tan cerca que ella percibía su olor, una mezcla de tabaco y loción de afeitado, mientras él seguía susurrando palabras sucias y sin sentido.

Entonces, cuando el asco y el miedo en forma de náusea reprimida se transformó en rabia y valor, ella se desprendió de esa mano repugnante, y con un empujón amenazó con gritar hasta desgañitarse  si no abría la puerta y las dejaba salir. Algo vio él en sus ojos que le hizo retroceder en sus intenciones. A pesar de las malas excusas, de los ruegosa a cerca de que no era nada malo,  finalmente abrió la puerta, no sin antes exigirles que no contaran a nadie lo sucedido bajo ciertas amenazas y, sobre todo, porque nadie daría pábulo. Era su palabra contra la de una "niñata"....

Dos días después, a la vuelta del viaje  contó lo sucedido a su padre y a la dirección del colegio. Lo contó por ella y por todas las que antes o, posiblemente después, tuvieran que sufrir el mismo abuso. Lo decidió al día siguiente de ocurrir los hechos, mientras él daba misa y ella le vio elevando el cáliz como sin nada hubiera pasado.Decidió que no callaría, que no ocultaría lo sucedido.  Su silencio no sería cómplice, su silencio jamás...


Sed felices.

 *En 2014 el papa Francisco reconoció que un 2% de los sacerdotes eran pederasta, catalogándolo como la "lepra" de la Iglesia.
** Este relato está basado en hechos reales.

domingo, 26 de marzo de 2017

De balones y mujeres

Hace ya más de tiempo, en un taller de empoderamiento de la mujer impartido por una amiga, psicóloga argentina surgió una curiosa pregunta: ¿si la vida, la familia,  fuera como un partido de fútbol, qué papel jugaríamos las mujeres?

Las opiniones que se lanzaron fueron varias, mayoritariamente acerca que la función más adecuada que veíamos era la de árbitro.Sonriendo, la moderado nos miró y contestócon ese acento tan peculiar: "no sos el arbitro no, sos el balón".

Cierto. Las mujeres somos el balón en un partido metafórico, un objeto querido por todos pero que queda en un rincón cuando no se nos necesita para seguir jugando.

Ya, ya...Veo cejas enarcadas y miradas suspicaces por parte de algunos de mis lectores y, tal vez, de algunas de mis lectoras, que no están muy de acuerdo con mi planteamiento. Es posible, no hay verdadades absolutas, pero sí puedo decir que esta que os escribe si se ha llegado a sentir as, como un balón en ocasiones, cansada de "jugar" en ligas, en Champions y en mundiales, en un agotador "correveidile", en una bipolar relación de necesidad y olvido.

No es fácil ser balón, ser necesitada en un momentoy en cambio en otros practicamente ser ignorada en algunos aspectos. Y es que durante mucho tiempo el confinamiento de la mujer a tareas concretas que posteriormente a tenido que combinar con otras responsabilidades la ha hecho imprescindible (un partido de fútbol no se puede jugar sin balón) pero con un reconocimiento utilitario.

Yo quiero hoy, último domingo de marzo, mes dedicado a las mujeres, dejar una pregunta: ¿alguno o alguna de nosotras seríamos lo que somos sin las mujeres que nos han acompañado, cuidado, aconsejado, enseñado y amado en nuestra vida?

Sed felices.

domingo, 19 de marzo de 2017

Cuánto te añoro

El próximo día 5 de junio se cumplirá el sexto aniversario de la partida, de mi padre.
Escribí una pequeña entrada al día siguiente de su marcha y no pude volver a hacerlo, hasta hace unos meses. Entonces, como si abriera un grifo surgió este poema que hoy, día paradigmático, quiero vea la luz en este pequeño espacio  vuestro y mío, y que se publicará en unos meses dentro de mi próximo poemario Los poemas no cotizan en bolsa en Ediciones Vitrubio. Una vez más la poesía va sanando aquello que ya no tiene remedio.

A MI PADRE


Es la primera vez que me atrevo
a enfrentarme a la pantalla en blanco,
a dejar que las palabras se deslicen
por mis dedos, a escribir un poema
que hable de ti.

Guardé la llave para no abrir  esa puerta cerrada
por no sé si cobardía,
si miedo al dolor o simplemente
por sentirme incapaz de ir más allá
de escribir cuánto te añoro.

Pensé que el tiempo, barniz
que va ocultando las llagas de la pena,
haría lo mismo con las heridas de esta nostalgia
agarrada con cien patas a mi alma.

Me he acostumbrado,
a todo se acostumbra uno, dicen,
si no hay más que lentejas en el plato:
“lo tomas o lo dejas”.

Hoy por fin me decido:
quisiera escribirte tantas cosas,
pero no soy capaz ir más allá
de decirte cuánto te añoro.

Tengo el temor de nos faltó tiempo.
Todavía nos debíamos palabras.
Tú de consejo, de guía en mi terquedad,
de cariño, de consuelo en mi abatimiento.
Yo para darte las gracias una vez y otra
por enseñarme tantas cosas:
a no abandonarme ni un minuto en la queja,
a perder alguna batalla para ganar la guerra;
a sonreír a la vida para que la vida me sonría;
a dar valor a lo que no cuesta nada
porque suele ser lo más preciado.
A no esperar para que nada ni nadie te defraude;
a no juzgar, para no ser juzgada.

Quisiera escribirte tantas cosas
pero no soy capaz de ir más allá
de decir cuánto te añoro.

Sé que es ley de vida que los padres
precedan a los hijos pero hubiera deseado
tener un día más,
una hora más, tan solo un minuto.

Ahora las palabras se deslizan
por dedos hasta el teclado húmedo de lágrimas.
Ahora , que  por primera me decido
a escribirte un poema,
no soy capaz ir más allá de decir
cuánto te añoro.

 
Sed felices.

domingo, 12 de marzo de 2017

Según el color del cristal con que se mira

Si alguna ventaja tiene ir cumpliendo años (yo le encuentro bastantes) es la de aprender a relativizar las cosas. Sí, a darte cuenta que, a la postre, son muy pocas las que merecen la pena tomártelas a pecho.

Yo, años ha, fui una persona de grandes contrastes y pocos matices. Muchos blancos y negros, pero excasos grises. Tal vez mi manera apasionada de ver la vida me hacía beberla a grandes tragos, a veces sin degustar y sin respirar.

Luego el paso del tiempo me ha ido señalando que nada es verdad o mentira que "todo es según el color del cristal con que se mira". Y no es que me de todo igual, por supuesto, sino que ya va habiendo menos cosas en las que poner alma y vida, aunque como las meigas, hailas.

Por eso, y me reitero en la afirmación primera, he aprendido a poner mi esfuerzo solo en aquello que considero merecedor de ello y que de alguna manera está a mi alcance. Sobredimensionar las capacidades solo lleva a la frustración.

¡Ah! No quiero que de mis palabras se desprenda, mis queridos lectores, que me he vuelto comodona, no, simplemente que ahora sé, casi con seguridad, cuál es mi posición en el tablero del la vida y así juego.

Cotidianamente vemos como nos estrujan el alma a través de los medios con atrocidades ante las cuales poca capacidad de actuación directa tenemos, pero que nos sumerjen en un mar de miedo y angustia. Yo hace tiempo que me he pertrechado con el flotador del sentido común y aplico mi esfuerzo en aquello que pienso puede ser útil. Por lo demás vivo y procuro ser feliz.

El paso del tiempo me ha mostrado una maravillosa paleta de color, del rojo al violeta con la que pintar la existencia.


Sed felices.

domingo, 5 de marzo de 2017

De cuando el príncipe no besó a Blancanievess

El poder de un beso de amor.

Desde niños nos enseñan que no hay arma más poderosa que un beso de amor. Tanto que llegan a arrebatar almas de las garras de la muerte. Véase el ejemplo de la Bella Durmiente o de Blancanieves.
Esas niñas inocentes malditas por sendas brujas, pero que, simplemente, por el roce de unos labios vuelven del más allá.

Recuerdo como me estremecía cada vez que veía ( en la película de Disney) arrodillarse al príncipe junto al féretro con tapa de cristal y rodeado por los siete enanos sollozantes. La sonrisa se dibujaba en mi rostro, esperando anhelante que la princesa abriera los ojos.

Entonces, cuando eso sucedía, comenzaba el ensueño de amor, y para siempre...¿Para siempre?
Es posible que el príncipe, pasado un tiempo, se le olvidara alguna vez dar un beso a Blancanieves, o que tal día era su cumpleaños, o el aniversario; tal vez el príncipe  no recordara cuáles eran las flores favoritas de la princesa...Tal vez.

Entonces, quizá, Blancanieves se aferraría al recuerdo de ese primer beso de amor para combatir la rutina, para seguir manteniendo la llama encendida. Hasta que esa sensación fuera disolviéndose en el tiempo de "Érase una vez".

Hacen bien los cuentos en terminar con ese beso de amor. No es bueno ahondar en que sucede después del "y fueron felices".

¿Para qué? Si todos lo imaginamos.

Sed felices.

domingo, 26 de febrero de 2017

El otro Yo (Alter Ego)



Hace ya tiempo, con ocasión de la presentación de mi segunda novela Vientos del pasado, el secreto tras el cuadro, mi acompañante en la mesa se refirió a la protagonista de la misma, Marta Nogales, que también lo era de la anterior,  Como viento en la espalda, como mi alter ego, mi otro yo.
No era la primera vez que sucedía. Es más, aquellos  lectores que mantienen conmigo un contacto personal  o cercano no se quedan en considerar a Marta como esa otra, sino que la identifican total y plenamente conmigo. De tal manera, que me han llegado decir que no solamente le ponen mi rostro, sino que la voz que les va narrando es la mía también.

No han sido una ni dos sino muchas  las entrevistas en las que se me ha preguntado que hay de Elena en Marta. Yo siempre contesto que ójala me pareciera a ella, porque mi protagonista me parece una mujer fantástica, mucho más valiente e intrépida que yo, dispuesta a correr aventuras y arriesgar con tal de encontrar su camino y su libertad.

Siempre ha habido escritores que han utilizado a este tipo de personajes, estos llamados alter ego,  para explorar su propio interior y, quizá,  enmascarar narraciones que en el fondo son autobiografías: Nick Adams – Ernest Hemingway; Ariadna Oliver- Agatha Christie; Henry Bech – John Updike; Henry Chinaski – Charles Bukowski; Esther Greenwood – Sylvia Plath; Arturo Belano – Roberto Bolaño, entre otros.

Por otra  parte, es posible que, más allá de ese viaje interior realizado en una  ficticia tercera persona a través de ese “otro yo”, los escritores nos permitamos vivir experiencias que no nos suceden en la vida real, a veces escasa de emociones.

Lo que no cabe duda de que los novelistas ponemos algo de nosotros en nuestros personajes. También de nuestros familiares, de nuestros conocidos, o simplemente de alguien que llamó nuestra atención durante unos minutos en el trayecto del metro. La veracidad de los protagonistas de nuestras historias consiste en que puedan ser reconocidos en la vida real, aunque ésta suceda más allá de Orión. Por eso los construimos desde una realidad, desde el puzzle de personas y personalidades que nos acompañan en la vida cotidiana.

En resumen, no niego que mi querida Marta Nogales no comparta conmigo muchos detalles de su vida o de sus gustos, incluso de sus debilidades, como también lo hace de mujeres que conozco y me rodean. Pero, y mala escritora de ficción sería, mi protagonista va mucho más allá que yo. Al fin y al cabo goza de la libertad más absoluta que existe: la imaginación, que como diría  Alfred Musset, “abre unas alas grandes como el cielo en una cárcel pequeña como la palma de la mano”.

domingo, 12 de febrero de 2017

El amor es eterno mientras dura

El próximo martes se celebra San Valentín, día por antonomasia dedicado al amor y a los enamorados.

Si eres, lector o lectora, de los que gustas regalar en este día, pues harás muy bien. Si, por el contrario, consideras esa conmemoración como un invento, al igual que otros, de la sociedad de consumo con el fin de aumentar las ventas de rosas rojas, cajas de bombones y reservas en restaurantes, pues también me parece perfecto. No seré yo la que critique ni una cosa ni la otra.

Mi reflexión de hoy no va en la línea de aprobar o no que haya un día dedicado a los enamorados, sino que con esa excusa comentar sobre la propia mitificación del amor. Ya, ya sé que muchos de vosotros habréis enarcado las cejas con cierto asombro. El amor, me refiero al de las parejas, es uno de los paradigmas de esta sociedad en la que, curiosamente, se consume con tanta rapidez como la llama de un fósforo.En nuestro país por cada diez matrimonios hay siete rupturas, llegando casi a los cien mil divorcios anuales.Sin embargo seguimos creyendo en la eternidad del amor, en el "felices para siempre".

Tal vez eso hubiera sido posible en el paraíso terrenal antes de la manzana, pero en la actualidad, rodeado el fuerte del amor romántico por los factores externos de los hijos, las hipotecas, la precariedad laboral o la familia- sí, que también a veces tiene lo suyo-,  es muy, pero muy complicado sobrevivir.

Pero, y yo creo que son los más importantes, también están los factores internos, aquellos propios de cada  miembro de la pareja y que por cuestiones de su propia historia vital, de su crecimiento hace  que poco a poco ese amor vaya mutando.En el mejor de los casos puede quedar una maravillosa amistad, una complicidad que no rompa la convivencia. En el peor de los escenarios llegará  la ruptura.

No quiero, mis queridos lectores, que penséis que soy una escéptica del amor, no. Es más, soy una enamorada de ese sentimiento que, además, alimenta muchos de mis poemas. Creo en el amor y cuando lo he sentido he sido la mujer más dichosa. Pero también soy consciente de que el amor es eterno mientras dura, una verdad de Perogrullo, que en su propia simpleza encierra la verdad más absoluta.

Sed felices!





domingo, 5 de febrero de 2017

De perros y gatos

Existe una obra del insigne, no sé si la conocéis,  Enrique Jardiel Poncela titulada El amor del gato y el perro, un diálogo entre dos personajes sobre la búsqueda de la felicidad a través del amor.

Lo que más llama la atención, a parte de ser un texto excelente con ese humor amargo y cínico de Jardiel, es la tesis de que los humanos concebimos el amor en base-como siempre habrá excepciones- de nuestra preferencia a la hora de elegir mascotas o identificándonos nosotros mismos con ellas.

Me explico: si nos gustan los gatos, tan independientes y a veces huraños, es que somos de dar  mucho cariño, de volcarnos en la relación, aunque en ocasiones no nos sintamos justamente correspondidos. Por el contrario, si preferimos perros somos nosotros los que queremos ser receptores de ese amor, de esa fidelidad y de ese cariño desinteresado.

Por tanto, no es erróneo deducir que también nosotros, los humanos, amamos como gatos o como perros, es decir gustando más de dar o de recibir. Por tanto un amor gatuno buscará un amor perruno y viceversa.

Tengo que confesaros, mis queridos lectores, que yo me considero un poco gata, no solo por mis orígenes madrileños, sino porque me gusta dejarme querer, aunque a veces saque las uñas o de un bufido, o me empeñe en ser independiente... No tardo en volver roroneando pidiendo caricias.

En fin, esto, como casi todo, no deja de ser una mera especulación, de tantas,
que hay en el amor. Aunque seguro que ahora, tras leer estas líneas, más de uno se preguntará: y yo.. ¿Qué soy, perro o gato?

Sed felices,

domingo, 29 de enero de 2017

La rebelión de las musas


No hay nada más temido por un escritor que el llamado bloqueo o síndrome del folio en blanco. Nada peor que la sensación de querer escribir y no poder, pues todo aquello que sale de tus dedos hacia el teclado es pura basura (o por lo menos esa es la sensación).

Decía Thomas Edison que «el genio es un diez por ciento de inspiración y un noventa de transpiración», de ponerse al tajo. Por su parte, el pintor Pablo Picasso afirmaba algo muy parecido: «cuando llegue la inspiración que me encuentre trabajando».

Partiendo de estas dos premisas nacidas del intelecto de estos dos hombres universales- y no seré yo la que les quite ni un ápice de razón-, la cuestión reside en la práctica  y no tanto en la revelación divina que nos alumbre una idea genial. ¡Y quién necesita a las musas!

En toda creación artística, mejor dicho, en todo creador, ya sea pintor, músico o escritor podemos encontrar dos grupos diferenciados, uno mucho más numeroso que otro; y como esta es una sección literaria me ceñiré a esta actividad.

En el primer grupo colocaré a los llamados escritores currantes. Aquellos que se ponen todos los días y escriben, escriben, salga lo que salga, sin importarles, en principio, que sea bueno o malo. Toman notas en un cuadernito o libreta que suelen llevar a todos lados. Y de esas prolíficas siembras recogen abundantes cosechas.
 

En el segundo grupo se encuentran aquellos que no escriben a no ser que tengan una idea para ellos genial. Consideran que aquellos, los que lo hacen mucho e incluso publican, suele ofrecer una obra mediocre, pues para ellos la creación literaria son habas contadas. Las musas son cicateras en su inspiración y solo señalan a los elegidos.


Aún respetando, como no podría ser de otra manera, esta segunda postura, yo abogo por la primera, tal vez porque yo pertenezca a ese grupo. Y para afirmar mi tesis me vais a permitir una tercera cita, esta de un buen amigo mío y mejor poeta Fernando López Guisado: «a escribir se aprende escribiendo».

Sí, mis queridos lectores. Para escribir bien hay que escribir mucho para aprovechar, tal vez, de momento, una pequeña parte. No sabemos cuándo ese párrafo desechado nos servirá de palanca  para un relato o el inicio de una novela.Por eso, aún sin descartar la inspiración, que de vez en cuando se pasea e introduce una idea brillante que nos permite resolver un argumento o iniciar un relato, hay que trabajar todos los días.

Observar, anotar, procesar y escribir son las mejores estrategias para sujetar a esas musas rebeldes que a veces se ponen traviesas y se empeñan en dejarnos el papel en blanco.



Sed felices!

lunes, 23 de enero de 2017

Una extraña semana

Ayer concluí una de las semanas más extrañas de mi vida, que por otra parte demuestra que los seres humanos somos capaces de afrontar toda clase de situaciones "manteniendo el tipo".

El martes pasado murío mi tía, la última ascendiente que quedaba de la familia de mi padre.Ahora las matriarcas somos mi prima Erika y yo. Y no es asunto baladí. Ya estamos arriba de la escalera.

Mi familia se ha caracterizado siempre por que sus mujeres han sido y son ejemplos de de vivir la vida, amar a los suyos y defender su independencia. Mi tía así fue, aunque la vida le dió uno de los palos más grandes: perder a su hija apenas pasados los cincuenta.

En los últimos tiempos hablábamos poco, pero ambas sabíamos que nos queríamos mucho. Esta prisa vital que te hace ocuparte de lo urgente, pero no de lo importante nos distanció físicamente, aunque nunca en nuestro pensamiento.La última vez que hablé con ella fue la víspera de Reyes. Nos reímos como siempre-tenía un gran sentido del humor, virtud común de la familia-, y es esa conversación la que ha quedado en mí; también su risa.

Finalicé la semana en Valladolid, en la presentación de un libro que hemos publicado en Ondina. En mí pervivía todo el tiempo esa sensación de pérdida importante, pero cuando estuve a punto de dejarme llevar pensé en que mi tía siempre había alabado en mí esa capacidad de sobreponerme a las circunstancias. Y una vez más, y esta vez por ella, lo hice.

Sed felices.

sábado, 14 de enero de 2017

En Rusia pegar a una mujer al año no hace daño

Sinceramente, mis queridos lectores, los escritores de ficción cada vez lo tenemos más difícil. Lograr tramas que superen a la realidad se convierte a veces en algo costoso a la vista de situaciones como la que se ha dado en el Parlamento ruso.

Por una aplastante mayoría, solo un voto en contra,  aprobaron una propuesta en la que la violencia de género deje de ser un delito penal  para pasar a ser un delito civil. Incluso justificar que el dar una torta al año no debe de ser penado.

Hace unos días, desde este mismo blog, me dirigía a vosotros haciéndome eco de la muerte violenta a manos de su pareja de una vecina de mi municipio. Ahora, para mi estupor, me encuentro con esta noticia que, para más recochineo, me dice que la inicitiva a partido de una mujer, una parlamentaria que "no quiere que haya personas encarceladas durante dos años y etiquetadas como criminales simplemente por dar una torta". Simplemente por dar una torta... ¿Fuerte, floja? ¿Con la mano abierta, del revés? Es alucinante como se puede reducir a la mínima importancia lo que no deja de ser, se mire por donde se mire, una agresión como la copa de un pino. 

Para completar el disparate la iglesia ortodoxa apoya esta iniciativa y  justifica el castigo corporal como un derecho otorgado por Dios a los padres... ¡Ahora vas y lo cascas!

Por eso, mis queridos lectores, mi afirmación con la que abría este artículo: ¿cómo superar a la realidad cuando la realidad es tan alucinante?

Esta escritora,  que ya tiene cierta edad, no puede por menos que sentir una honda tristeza al ver como emergen por todos los confines las cabezas de una hidra que durante años pensó que habían sido bien decapitadas. Violencia, fascismos, xenofobias vuelven a hombros de supuestamente regímenes democráticos.

Nunca pensé decir esto, pero empiezo a sentir miedo...

Sed felices.



sábado, 7 de enero de 2017

Pensando, pensando XI

 Un resumen de las reflexiones con las que saludo en la redes cada mañana.


El acto mayor de valentía no es enfrentarse a monstruos, ni cruzar abismos: el mayor acto de valentía es mostrarse tal y como es uno mismo.

Un artista permite que el arte le transforme; un genio transforma el arte de tal manera que hay un antes y un después de él.

Ya no pienso en por qué escribo: ahora sólo pienso en escribir.

.Para ser escritor hay que leer: hay que hacer justicia a aquellos que nos precedieron si queremos ser leídos por aquellos que nos sucedan.

Si pudiéramos comprender que hay que perder el miedo para ser libres dejaríamos de tener miedo a la libertad.

Prefiero aprender de todos un poco que de uno solo todo; prefiero ser un prisma que un plano.

Nada daña más que las palabras, nada sana más que las palabras.

A la lluvia le da igual si cae o no a gusto de todos.

Con los años he aprendido a dudar, a poner entre signos de interrogación ciertas las certezas que antes ponía entre comillas. Con los años he aprendido que no hay verdades absolutas.

Amo tanto la vida que una sola se me queda corta: por eso escribo.

Escritor no es el que escribe, ni tan siquiera el que publica. Escritor es aquel cuyas palabras, cuyas historias al leerlas se sabe que no pueden ser de ningún otro.

Amor con miedo no es amor, solo es posesión.

La mayoría de los amores acaban antes del final.

Culpamos a los políticos de tantas cosas, pero ellos sólo siembran en un suelo ya abonado.

Aquel que rechaza los libros acabará repudiando a las personas.

¡Es tan fácil sembrar el temor y tan difícil sembrar el amor! Tal vez por eso la Historia está llena de tiranos.

lunes, 2 de enero de 2017

Matilde

No era esta la entrada que tenía preparada para hoy.

Hoy, primer lunes de enero y del año recién estrenado quería haber hablado de buenos propósitos, de lo maravilloso que ha sido celebrar el día de Año Nuevo con Martina, recién llegada a la familia,  que llenó con su pequeña presencia la comida familiar.

Pero una realidad terrible se me ha cruzado en este camino de fiestas y festejos. Y esa realidad tenía un nombre: Matilde.

Matilde era una mujer joven, vecina de mi municipio, Rivas Vaciamadrid, cuya vida ha sido cercenada por el filo de un cuchillo empuñado por quien decía amarla. Matilde murió cuando amanecía 2017 a manos de su pareja. Matilde es la primera víctima de la violencia machista del nuevo año.

¿Qué decir que ya no se haya dicho? La necesidad de proteger a las mujeres en riesgo; la obligación de la sociedad de colaborar en la denuncia; la voluntad de erradicar, educando, esta lacra que parece no tener fin.

Esta mañana pensaba en mis sobrinas, en mis nietas y en mi propia realidad. Mujeres que nos hemos educado, que nos estamos educando en familias en las que la igualdad es un hecho de derechos y deberes. Pensaba en mis hermanos, en mis hijos, en mi pareja. ¡Qué distinto a esos roles machistas que llevan a cabo acciones tan deleznables!

En verdad, mis queridos lectores, no era esta la entrada que quería escribir, pero valga estas pocas letras para poner un pequeño foco -nuevamente y por enésima vez- en esta situación que espeluzna por venir de quien se supone ama.

No conocía a Matilde, a pesar de ser vecinas: unca hablamos, nunca coincidimos. Pero hoy ella está en mi corazón, como en el de tantas personas de bien. Descanse en paz.

Sed felices.