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lunes, 13 de enero de 2020

¿Hacia dónde nos llevan?


¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?

Estas son las preguntas básicas  a las que siempre se aluden cuando se habla de nuestra propia existencia como seres humanos. Preguntas que pueden ser retóricas, o, también, intentar ser contestadas. 

El mundo ha sufrido durante estos últimos cincuenta años una transformación substancial. Cincuenta años en que los cambios sociales han sido importantes, transcendentales en muchos casos,  y que, en los últimos tiempos estamos viendo peligrar. Por eso la pregunta del millón es esa segunda con la que encabezo este artículo: ¿hacia dónde vamos?, o mejor dicho, ¿hacia dónde nos llevan? 

Porque tengo la sensación en ocasiones de que nos vemos imbuidos en una corriente contra la que intentamos nadar pero que cada vez se está haciendo más y más fuerte. La felicidad vive  en el consumo, en tener, en comprar, en no cuestionarnos nada más que conseguir lo que nos ofrecen los cantos de sirena de aquellos a los que no les interesa que no nos paremos a pensar ni un minuto.
Recorremos la parrilla televisiva y la mayoría de los programas son de los llamados de “entretenimiento”, pero con una falta de rigor, de ingenio y de inteligencia que a una se le abren las carnes. Ya, ya sé que pervive alguno, en el que hay que mostrar una cierta cultura, pero que poco o nada hace por mejorar el resto. Qué sociedad se puede llamar progresista tolerando programas en los que el tema central es tan zafio y grosero, en donde la figura de las mujeres es denostada, y la inteligencia brilla por su ausencia.

Pero si nos paramos en aquellos cuyo tema central es la política aún es peor. La calaña de los tertulianos afines al conservadurismo más casposos provoca no solo rechazo, sino, en ocasiones, nauseas. No dan el mínimo respiro. El insulto, la mentira, y lo tendencioso se adueñan de estos espacios al servicio de los que al final ostentan el poder que debería ser soberano del pueblo. Y lo peor es que esta manera de actuar ha saltado desde los sillones de los platós a los escaños del Congreso. El espectáculo que hemos podido ver en el debate de investidura por parte de Vox, PP y Ciudadanos ha sido de pesadilla.

Sé, mis queridos lectores y lectoras, que no es la primera vez, ni la segunda, ni la tercera que señalo la inmensa pobreza cultural que esta sociedad está sembrando por doquier, consentida por quienes saben que una ciudadanía que no se cuestione, es una sociedad que se manipula mejor. Así van floreciendo medios de “desinformación” fundamentados en la mentira, los “fakes” y los bulos, aceptados por quienes ya están domesticados, y asumen lo que venga de ellos como si fuera una verdad incuestionable.

Pero abramos una ventana a la esperanza. Miremos hacia atrás, y veamos el camino recorrido, ese del que provenimos  y que ha forjado nuestros valores sociales y culturales más profundos y de progreso; busquemos a quienes los comparten y sigamos, seguros de hacia dónde vamos, sin dejarnos llevar, que ya lo dijo el maestro Machado: se hace camino al andar.




domingo, 17 de febrero de 2019

Nosotros decidimos

El día a día nos empuja, en ocasiones, a trompicones. Este blog, instrumento de comunicación con vosotros, mis queridos lectores, está aparcando, espero que momentáneamente, el tema literario y cultural para dejar paso a la politica cada vez más. Pero, y en esto no cabe discusión, ambas cosas se necesitan. Sin una política que entienda la necesidad de la cultura para la sociedad, los creadores, sea cual sea el área de creación, terminaremos siendo una especie en extinción.

Como soy una mujer de emociones a flor de piel, sujetas por la racionallidad que distingue mi dualidad vital, estos días vivo como en una montaña rusa.  Tengo las mismas sensaciones de ilusión y de rabia, que se van turnando según leo o escucho.

Porque queda un tiempo muy complicado, un tiempo en el que quienes creemos en los valores de la justicia, de la igualdad y de la fraternidad, esos valores que hace más de dos siglos hicieron una revolución, a la que, tristemente llegamos tarde, vamos a tener que poner a prueba nuestra fortaleza y nuestras convicciones. 

Frente a nosotros tenemos la derecha de toda la vida. Aunque esté troceada en tres hay que verla como un todo. Esa derecha que era una roca del  PP hasta que ciertas políticas no interesaron o ciertos acontecimientos, como los sucedidos en Cataluña, les indicaron que había una brecha por donde entrar de nueva con el lema "España, Una, Grande y Libre". Pero si nos fijamos en las caras de quienes ocupan los cargos son los mismos perros con distintos collares, los que absorbieron en su tiempo ( cuánto hace falta la pedagogía de nuestra España reciente) a Fuerza Nueva, Falange, UCD, CDS, liberales, UPyD. ...

La izquierda siempre atomizada, contemplaba  con asombro, el monolito que representaba el PP, como iban todos a una como en Fuenteovejuna. Así ha sido hasta hace poco tiempo. Pero, repito, no hay que engañarse, son los mismos. Vuelve el mismo espectro pero mucho más escorado a la derecha, mucho más. Los mensajes son tan regresivos que a una le cuesta creer al escucharlos que está en el siglo XXI. Bueno, los mensajes son uno: acabar con el PSOE en la cabeza de su líder Pedro Sánchez, y no hay más.

Todos los defensores de regímenes totalitarios tienen sus cabezas de turco. En Europa lo conocemos, en España lo conocemos. Y estos tres neofascistas lo saben y lo manejan. Pero al igual que no nos pueden negar que la tierra es redonda, ni que existe una evolución y no venimos de Adán y Eva, es facílmente desmontable racionalmente. El problema es que para estos partidos de ultraderecha la razón no exste.

Solo nos queda una opción de lucha pacífica: la movilización el día 28 de abril para que triunfen las políticas progresistas. Veremos y escucharemos las encuestas que pronosticarán lo que algunos les interesa, pero quienes apostamos por esa igualdad y esa justicia debemos hacer como Ulises con las sirenas, oídos sordos. Son los votos y solo los votos los que deciden.

Solo así podremos mirar de frente a los mayores y decir "defendí tus pensiones"; a los niños y niñas y decir "defendí tu educación"; a los jóvenes y decir "defendí tus  oportunidades"... Mirarnos a nosotros mismos y decir: "defendí en lo que creo solidariamente".

La alternativa es lo que ya conocimos, lo que ya conocemos: tres partidos que forman la Trinidad  de la involución, de la radicalidad y del odio a todo lo que les huela a progreso.

Nosotros, repito, decidimos.

Sed felices.


lunes, 27 de noviembre de 2017

Todo se cambia desde dentro

El título de mi post de hoy es el mismo de uno de mis poemas que aparecen en el último libro Los poemas no cotizan en bolsa. Pero no solo se queda en eso. Ese pensamiento ha sido el que me ha llevado a estar en muchos de los ámbitos en el que he desarrollado mi vida personal y laboral.

La acción de los seres humanos no es perfecta, y en casi todas las ocasiones, a tenor del paso del tiempo y las circunstancias necesita de cambiar y evolucionar. Y ante esto se pueden adoptar dos posturas: señalar con el dedo aquello que no nos gusta o entrar en harina e intentarlo cambiar desde el meollo. Y esta última ha sido siempre mi postura.

Al mismo tiempo también he pensado que desde la unión con aquellos con los que tengo objetivos comunes se puede, podría, conseguir aquellos logros que nos propusiéramos. Y eso me ha llevado a estar siempre comprometida con colectivos y organizaciones. Fundé y presidí el Ampa del colegio de mis hijos. Soy miembro de la asociación de empresarios de mi municipio; soy vicepresidenta adjunta de la Asociación de Escritores de Madrid. Y desde ayer formo parte de la Comisión ejecutiva del Partido Socialista Obrero Español de Rivas Vaciamadrid, al ganar las elecciones la candidatura de Mónica Carazo, y en la que estaba incluida.

En esto, como en todo lo que hago en la vida, me lleva la ilusión de poder, junto con todos los compañeros y compañeras, cambiar las cosas, hacerlas mejores, más justas y por tanto conseguir el progreso social. Y lo haré desde una posición en permanente contacto con la cultura, las asociaciones y la ciudadanía, es decir, desde dentro de la sociedad que es mía y es de todos.

TODO SE TRANSFORMA DESDE DENTRO

Todo se transforma desde dentro.
No caben burladeros en donde refugiarse
y gritar.
Hay que echarse al ruedo.

Agarrar los peces, a pesar de que el agua
nos llegue ya hasta el cuello
y bailemos con la punta de los pies.

Huir  de tantos  que critican
a través de cristales blindados ,
sin que los traspasen
las balas ni el compromiso.
Pontífices del ensayo con gaseosa.

Para cambiar el mundo
hay que mancharse las manos
de voluntad y pasión,
sin temer a los que brindan al sol
con un vaso vacío.

Ediciones Vitrubio, 2017
Colección Poesía Tatoo