domingo, 15 de octubre de 2017

Quien siembra odio recoge violencia



Os diré, mis queridos lectores, que estoy francamente preocupada por la violencia, explícita o soterrada, en la que estamos viviendo.

No cabe duda de que tras los atentados del 11S,  en Occidente cambió la percepción de nuestra propia invunerabilidad. Creíamos que la violencia era parte de una puesta en escena propia de determinados lugares o fruto de segmentos sociales dedicados a la delincuencia.

Sin embargo la violencia se extiende como un malsano charco de aceite que lo va impregnado todo de odio… ¿O tal vez lo que crece día a día es ese sentimiento de aborrecimiento al otro, al que piensa diferente, al que viste diferente, al que cree diferente? Y si para demostrarlo hay que mentir, se miente.

Como muchos de vosotros sabéis, me muevo diariamente en las Redes sociales. Allí es un universo en el que como valor añadido existe el anonimato. Son muchas las ocasiones en las que los debates se transforman en una serie de insultos y agravios hacia el que no opina de igual manera. Tal vez solo sea un desahogo a la frustración, pero sirve un poco de barómetro para comprobar la tendencia que señalo. Una gran parte seres humanos llevamos siglos intentando erradicar la violencia, pero, y no sé las razones, no conseguimos hacerlo.

Mujeres asesinadas a manos de sus parejas, abusos infantiles, agresiones homófobas, partidos ascendente de corte xenófobo, intolerancia alimentada desde la cuna para odiar al que es diferente al que no piensa como nosotros, aunque para ello haya que inventar cien mentiras. Hemos perdido la capacidad de la proporcionalidad y reaccionamos peor ante un penalti mal pitado que ante una agresión machista.

Cuando una lee las noticias, las opiniones y las consecuencias de este proceso independentista que estamos viviendo se da cuenta de que hemos incubado durante años el huevo de la serpiente, el enfrentamiento entre quienes tendrían que ser hermanos y no enemigos. Ahora que esa serpiente se ha convertido en una hidra de siete cabezas, se la sigue alimentando con desinformación y manipulación hasta que se convierta en un monstruo que nos devore a todos.

Creo que estamos llegando al borde del abismo como sociedad, en la que los valores fundamentales se diluyen como la sal en el océano para dejar paso a lo único que parace importar: el fin que justifica los medios. 

Sed felices.

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