domingo, 16 de diciembre de 2018

La trilogía del viento: tres novelas, tres historias y una mujer

Si os digo, queridos lectores, que si me hubieran preguntado años atrás si llegaría a ser escritora, la respuesta es NO. 

Es cierto que he sido, y soy, una lectora impenitente y, además, siempre me ha gustado escribir, pero haber llegado a donde he llegado, con toda la modestia de mi logro, nunca, nunca, lo hubiera imaginado.

Como todas las historias, esta comienza igual, "Érase una vez una mujer..." Una mujer que al llegar al ecuador de su vida ve como todo aquello de lo que estaba segura, anclado en un puerto al abrigo de los temporales comenzaba a naufragar y la sensación de la pérdida, tanto del control como del amor, como de personas que ocupaban un lugar en su corazón se materializaron. De alguna manera tenía que conjurarlo.

Entonces, una mañana de junio de 2012 se sentó al ordenador y comenzó a escribir:

"Todas las historias empiezan por mayúsculas..."

Y así surgió la primera frase de Como el viento en la espalda (Ediciones Bohodón), la primera aparición en "escena" de Marta Nogales, protagonista de esta novela y de las siguiente: Vientos del pasado, el secreto tras el cuadro (Ediciones Bohodón) y El huracán y el destino (Ediciones Ondina). si tuviera que resumir en una frase el argumento de estas tres novelas sería, llana y simplemente la que es la búsqueda de la libertad. Porque si algo me ha ido quedando claro a lo largo de estos cinco años es que son muchas más las cosas que nos atan, más las personas, que aquellas que nos hacen libres, porque el serlo no es más que una decisión individual. Del cómo lo he hecho y si lo he logrado, sois vosotros, mis queridos lectores, los que tenéis que opinar. Yo, al fin y al cabo, solo soy un instrumento de las palabras. 

Os dejo una sinopsis de cada novela, por si, como se dice en lenguaje epistolar, fuera de vuestro interés.

Como el viento en la espalda (*)


Una historia actual y en la que muchas mujeres pueden sentirse identificadas. Un relato de heroínas contemporaneas. Tres misterios, tres hombres. La vida de Marta se ve convulsionada por una serie de acontecimientos que convertirán su aparentemente ordenada vida familiar en un nuevo camino donde el coraje y la voluntad serán la base para alcanzar sus objetivos. 

Con el amor (erótico, fraterno, amistosos) como telón de fondo, Como viento en la espalda, va tejiendo una trama de intriga que recuerda a los clásicos detectivescos de Agatha Christie (conspiraciones, secretos familiares ocultos e inconfesables, y misteriosas situaciones) en una familia de clase media-alta.






Vientos del pasado, el secreto tras el cuadro.


Una historia que, seguro, mantendrá el interés del lector hasta el final, haciéndole testigo de dos tramas  que se van desarrollando en dos épocas muy diferentes para, finalmente, encontrarse. Una tendrá como protagonista a Marta Nogales, mujer intrépida, tierna
y fuerte al mismo tiempo, que ira afrontando una serie de sucesos que pondrán a prueba su ingenio y su voluntad; la otra, a Josefa Tudó, amante primero y esposa después, de Manuel Godoy, primer ministro del rey Carlos IV.

Dos mujeres que nos llevarán de la mano a través del tiempo desde el pasado hasta el presente, para descubrir el secreto celosamente guardado por un  misterioso cuadro.

El huracán y el destino 

Tienes en tus manos otra novela de Marta Nogales, cuyas aventuras tuvieron su inicio tiempo atrás y que ahora vuelve para intrigarnos y emocionarnos con una nueva trama.
Misterios reales e imaginarios que han de ser resueltos; amores que vuelven buscando el mismo hueco que dejaron; vidas que resurgen de los escombros tras la redención y el perdón.

«Suelto las amarras de la realidad y comienzo a navegar por las líneas de la historia, como si de un viaje en barco se tratara, a merced del viento, hasta donde él me lleve».








Tres novelas y un mismo objetivo: llegar, emocionar y haceros cómplices, mis queridos lectores, de mis palabras, tranformadas en historias.Gracias a los que ya habéis viajado por sus páginas. Los que todavía no lo habéis hecho, si os place, os invito a hacerlo.

Os deseo un esplándido año 2019 y sed felices, siempre.



Todas las novelas se pueden encontrar en  Librería On-line EL RINCÓN DE LA LECTURA

domingo, 9 de diciembre de 2018

Si no es amor es costumbre

A veces pienso que la importancia del  amor está sobredimensionada. Claro que, por otra parte, si no hubiera sido por su existencia páginas escritas de poesía, novelas y teatro aparecerían en blanco, porque jamás nadie se hubiera molestado en escribirlas al falta de la temática principal.

¿Alguien se imagina una guerra de Troya sin el amor de Helena y Paris? Pues hubiera quedado un aventura épica coja, al albur de las descripciones de las batallas que, en ocasiones son bastante aburridas, con un simple pico de intriga por el episodio del caballo.

No hace falta remontarse tan lejos. Baste con detenernos en la novela de las novelas, la de ese hidalgo caballero enjuto y desgraciado que no habría puesto un pie fuera de su casa, ni hubiera abandonado la lectura de sus libros sin que en el horizonte percibiera el amor de la sin par Dulcinea. Bécquer sin golondrinas ni madreselvas, Larra envejeciendo sin haberse pegado un tiro por un amor desgraciado, Zorrilla con un Don Juan mudo y una doña Inés llegando a priora de su congregación. Teruel cifrando sus visitas a sus magníficas torres mudéjares, pero sin ese imán que atrae como la miel a las moscas que significa sus famosos amantes.

Pero por suerte los escritores y los poetas muestran instantáneas, momentos de ebullición de esa pasión que rebosa como el cava las copas para luego producirnos un cosquilleo similar a las burbujas.  ¡Ay el amor!

Pero ¿y si pudiéramos avanzar en esas historias que han marcado y señalado el amor como el motor del mundo? Pues, para nuestro desencanto veríamos como se iría transformando en costumbre en general y, en algunos casos, con suerte, en amistad.

No, no, mis queridos lectores, no enaqueis las cejas con asombro preguntando cómo una escritora, una poeta que ha hecho del amor el centro de mucha de su literatura cae, con cierto cinismo fruto tal vezde los años y la experiencia, en semejante afirmación. Pues porque, salvando las excepciones, suele cumplirse lo que señalo. Ese amor que brotó como una flor roja de pasión se va tranformando en un árbol robusto que acoge y protege del sol del verano y de las inclemencias del tiempo en invierno, sino se ha incendiado antes por el rayo del desamor, que todo es posible.

No debemos extrañarnos de imaginar a Julieta y Romeo, sentados en un banco bajo el balcón de Verona, viendo jugar a sus nietos, y sintiéndose en paz con ellos mismos y con el mundo, gozando de la compañía del otro hasta el fin de sus días y arropados por la costumbre y una profunda confianza que diera sentido a sus últimos años. Claro que entonces Shakespeare no habría tenido ni el más mínimo interés en su historia, porque el amor es el barniz que le damos a la vida para que nos parezca extraordinaria.


¡Ay, el amor!



domingo, 2 de diciembre de 2018

Nunca es tarde...

Un nuevo mes, pero no un mes cualquiera. El mes que da término a este año, 2018, que seguro para unos habrá sido magnífico y para otros no tanto.

Hace frío, nada extraordinario en estas fechas, por mucho que los medios de comunicación se empeñen en hacer una noticia de algo que para nuestros abuelos es habitual, por lo menos en este hemisferio.

Escucho al mismos tiempo que os escribo, mis queridos lectores, la Tocata y Fuga de Juan Sebastián Bach, cuyas notas parece que quieren elevarse hasta el cielo a pesar de que, aunque pudiera ser posible, los cristales de la ventana cerrada se lo impedirían. Pero, ¿para qué tenemos la imaginación? Fantaseemos con la idea de que es posible que la música del organista puede atravesar el cielo lechoso, neblinoso y alcanzar al otro lado el azul.

En unos días volverán las Fiestas, esas que también, como el año que se va, unos adoran y otros abominan, pero que celebran de la misma forma porque la fuerza de la costumbre nos arrastra a ello. Intentaremos ser más buenos, más generosos, olvidar lo gris del día a día y vestirlo de rojo, de oro, de luz y sonrisas. Nacerán los buenos propósitos alrededor del árbol adornado y los grandes almacenes rebosarán de gente que quiere transformar su cariño en el regalo deseado.

Tal vez nos acordemos de aquellos que apenas tienen, que no distinguen la fiesta de otro día, porque para ellos no hay luz, ni colores, ni, por supuesto, "te quieros" envueltos en paquetes con un lazo. Tal vez nos apuntemos a repartir alimentos, a  actos benéficos para aportar aquello que nos sobra y que a tantos les falta, o donemos juguetes, que ya usados, nuestros niños han olvidado en un rincón.

Aunque tal vez no nos acordemos de ese amigo cuya amistad fuimos perdiendo por un malentendido, simplemente dejamos que muriera por inanción de atención. Tal vez sigamos enfadados con ese familiar, aunque ya ni recordemos la razón, ni tan siquiera nos importa. Tal vez sea un buen momento de cerrar viejas heridas y limpios, como recién nacidos, iniciar el año nuevo.

En fin, mis queridos lectores, que el corazón se nos llena de nostalgia por aquello que tal vez otros años, otros diciembres deberíamos haber llevado a cabo, pero que no hicimos... Aún estamos a tiempo:  nunca es tarde, nunca es tarde...

Sed felices. 


lunes, 26 de noviembre de 2018

Como niños: "porque lo digo yo"

Seguro que todos recordamos esa lógica que los mayores gastaban con nosotros cuando éramos niños, y que en ocasiones también hacemos uso de ella con los más pequeños cuando se nos acaban o no tenemos argumentos. Pues algo así pasa con ciertos partidos políticos que, sin apenas razoness, bueno, mejor dicho, sin ellas, intentan convencernos de su verdad "porque lo dicen ellos".  

He tenido esa sensación justo esta mañana escuchando a la portavoz del PP en la Comisión mixta UE-España al hablar del acuerdo del Brexit y del tema de Gibraltar, que ha tenido que ser solventado en una semana no solo por Pedro Sánchez, ni por su ministro de exteriores, sino por un grupo de diplomáticos que ha echado toda la carne en el asador. Pues bien, dicha diputada, miembro de la ejecutiva de Casado, ha hecho una exposición que podría haberse ahorrado simplemente con un "es un desastre porque lo decimos nosotros".

Hemos llegado a un punto en que tengo la impresión de que la derecha española, aunque siempre ha adolecido de un paternalismo insoportable, ha decidido que todo vale para erradicar de la mente de la ciudadanía cualquier atisbo de reflexión, de capacidad de decisión, manipulando y ocultando la realidad, una manera eufemística de decir que mienten con toda su boca.

Tres cuartos de los mismo sucede con la prensa más conservadora, cuyos rizos ya no se rizan sino que se convierten en auténticos muelles desde donde lanzar titulares que una vez leyendo el contenido están sacados de contexto, no responden al contenido de la noticia, pero cumplen el cometido de ser replicados en las redes, sin que se ponga en solfa por muchos.... 

En fin, que les cuesta a muchos  entender que somos una sociedad madura, que podemos tomar decisiones si se nos respeta y no se intenta, como muchos hacen, llevarnos de la manita porque lo dicen ellos.

Sed felices






lunes, 19 de noviembre de 2018

Entre bastidores

A menos de una hora de subir el telón, las actrices y los actores se afanan por memorizar las últimas instrucciones del director y de regiduría. Un nuevo teatro, un nuevo mapa de entradas y salidas, de "calles" formadas no por pavimento sino por cortinajes negros, que se convertirán en lugares, en casas, en montes. El patio de butacas, aún vacío, guarda un silencio sepulcral, casi místico, a la espera de la gran ceremonia de la representación.

Después  los camerinos se llenan de bullicio, de preguntas al aire, de letanías de textos dichos "a la italiana", con algo de ansiedad por apresar esa frase que se resiste siempre, mientra que los rostros se cubren de maquillaje, el cabello se oculta tras las pelucas, y los nervios se esconden tras sonrisas y palmadas de ánimo.

A un minuto de comenzar la función el mundo se para tras el escenario. Solo se escucha el rumor del público amortiguado por las telas. Alguien suspira quedo. La tensión controlada es la de un caballo tras el portón que le da via libre a la carrera.

El teatro  se queda a oscuras. Suena la música. Comienza la función. Y entonces dos universos paralelos correrán juntos durante casi dos horas. Pero uno, el que transcurre tras los bastidores y las bambalinas, no lo conoce el público. Es ese en el que hombreS y mujeres, por cuyas venas corre el veneno del teatro, se mueven en con el único objetivo de hacer llegar la magia de la palabra sobre el escenario. No importan la estrechez de los camerinos, el frío o el calor, la dificultad de movimiento, el agobio de los cambios del vestuario, no importan.

La recompensa siempre llega al final con el aplauso.

Sed felices

domingo, 11 de noviembre de 2018

Noviembre

El mes de noviembre siempre ha tenido un predicamento negativo en mi familia. Esta manía la comenzó, creo, mi abuela paterna. Decía que aparte de ser el mes más oscuro, en el que antes anochece, que incia su andadura con la fiesta a los difuntos, había como un augurio no muy positivo en él. No es de extrañar en su caso, pues su hijo mayor murió ese mes, a la edad de 33 años. Por eso cuando llegaba el 1 de diciembre parecía respirar. Ya había pasado el nefasto mes y se acercaban las Fiestas de Navidad, que en mi familia siempre han sido un hito. Y como si fuera una profecía cumplida mi abuela murió un 22 de noviembre, su nieta mayor un 12 y mi madre el 5 de noviembre del año pasado.

No soy una mujer muy supersticiosa, ni me gusta creer que los meses, los lugares o las personas pueden influir en nuestra vida. Además, como para conjurar esa negatividad novembrina mi hermano Fernando, el mayor de los chicos, nació tal  día como hoy, el 11 de noviembre.

Es curioso como desde que el mundo es mundo ser humano ha sentido ciertos temores a aquello
que achaca a la mala suerte, o que no nos es favorecedor como menos, sin darnos cuenta de que nos movemos en convencionalismos que nosotros mismos nos  hemos dado para justificar lo que nos sucede porque nos tiene que suceder.

No sé cuándo ni  en qué mes me tocará marcharme, eso da igual. La única realidad es que llegará esa hora y entonces ya sean las hojas de los árboles verdes o amarillas, ya sople el viento o abrase el sol, mi único deseo es haber vivido la vida que he querido..., y queriendo.

Sed felices.


domingo, 4 de noviembre de 2018

Nadie conoce a nadie

Nos vanagloriamos de conocernos unos a otros, de saber lo que piensan nuestra pareja, nuestros  hijos, nuestros amigos. Creemos saber el por qué de ciertas reacciones a ciertas acciones, cuando lo único cierto es que nadie conoce a nadie: ni siquiera nos conocemos a nosotros mismos.

Ya, ya sé que alguno de vosotros, mis queridos lectores frunciréis el ceño, y me diréis que eso no es verdad. Que tras años de sesudas reflexiones acerca del bien y el mal habéis llegado a una certera opinión sobre lo humano y lo divino, incluido vuetro propio ser.

Pues perdonad que lo dude; o tal vez yo sea única en mi propia experiencia, pero a estas alturas de la película de mi vida aún me sorprendo con personas a las que creí conocer, o con reacciones de mi misma que no pensaba jamás tener. No es difícil pontificar sobre aquellos que nos toca de refilón, señalar con el dedo a quienes se ven en bretes que a nosotros jamás , o eso pensamos, se nos van a plantear.

Pero en ocasiones la vida nos pone en la tesitura de tener que tomar decisiones que no esperábamos y entonces vemos que todo aquello que formaba parte de nuestros cimientos se tambalea, y nos empuja a llevar a cabo actuaciones que nunca pensábamos.

Ele refranero popular, sabio en su esencia, dice : "No digas de este agua no beberé, ni este cura no es mi padre". Pues eso, que nos ponemos delante de la fila, sacando pecho, y afirmando que nunca romperemos esos principios de los que nos enorgullecemos, sin pensar que nos podemos ver en la disyuntiva de tener que romperlos, o que, sin saberlo nosotros, ya lo hemos hecho.

Nadie conoce a nadie. Odiamos la corrupción, pero si podemos facturar sin IVA lo hacemos ; no seremos infieles, pero cada vez que vemos a alguien que "nos pone", pensamos que estaría genial echarle un polvo; nos duele ver a los inmigrantes en pateras, pero cuando vemos a un indigente en un banco o en la calle de nuestro barrio, miramos para otro lado; nos consideramos demócratas, pero votamos a quienes nos aseguran que los ricos serán más ricos y los pobres más pobres.

Sería aconsejable un mayor ejercicio de autocrítica constructiva. Recordemos, es la sabiduría popular, ese otro refrán que dice "cuando señalas a otro con un dedo, los otros tres te señalan a ti"... Y a mí, y a todos.


Sed felices.