domingo, 19 de noviembre de 2017

Pensando, pensando XIII

Un resumen de las reflexiones con las que saludo en la redes cada mañana.


La voz del alma habla el lenguaje de la poesía. Por eso no hay nada que entender en un poema. Solo sentir.

A veces olvidamos que la curva más sexy es la sonrisa.

Nada dura eternamente: ni el a.roma de una rosa, ni una promesa de amor.

No hay mayor desdicha que la propia convicción de querer ser desdichado.

El poeta traduce la abstracción de la belleza a la realidad de la palabra.

En el teatro los fantasmas creados por el autor viven una vez y otra para volver a morir cuando baja  el telón.

En la vida como en el amor cuando ya no quedan cartas es absurdo continuar la partida.

Todo poema tiene eco: las emociones que comporta sin importar la intención del poeta.

Grande es el amigo que es como un hermano, pero más grande es el hermano que  también es amigo.

No importa cuánto ames: siempre te parecerá bastante; no importa cuánto te amen: siempre te parecerá insuficiente.



domingo, 12 de noviembre de 2017

Una semana

Una semana. Ya ha pasado una semana y apenas he tenido tiempo de ser consciente, más allá de los momentos de tristeza, de una tristeza que como un velo tenue me envuelve mientras estoy a mis tareas cotidianas.Todavía los ecos del consuelo revolotean a mi alrededor como pajarillos que intentan iluminar mis ojos, a los que las lágrimas ponen un barniz húmedo y tierno. Es extraño el dolor de la ausencia cuando no es daño, sino la aceptación de la vida
.

Se me agolpan los recuerdos de manera desordenada, como los niños cuando salen al patio de la escuela: algunos dando gritos, otros riendo- También los hay más grises, pero estos los espanto, como si fueran aves de mal agüero.

No soy mujer valiente, aunque lo niegue el espejo. Mi fortaleza está cosida con las misma debilidades que maldigo. Y quisiera que pasara de mí este cáliz que sé que he de apurar hasta el final, porque siempre he bebido la vida a tragos, aunque algunos lo he de hacer sin apenas respirar.

Ya una semana desde el último beso, desde la última caricia, desde el último "hasta luego", que en horas se convirtió en un "hasta siempre". Entonces el amor, siempre intemporal, quedó suspendido, como una estrella cuyo brillo  será mi guía, aunque ahora me sienta algo perdida.


PÉRDIDAS-
He perdido el brillo del charol
de mis zapatos de domingo,
y mis calcetines blancos.
He perdido el olor de la ropa planchada
el de la goma de borrar y el del pan
con chocolate.
He perdido tus manos trenzando mi pelo,
ahuyentando la fiebre,
acunando a mis hijos recién nacidos.
He perdido tu boca que decía: "mi hija",
llenándolo todo con sonrisa abierta
que me ahogaba el alma de ternura.
Me he perdido yo sin nadie
que me muestre ya el camino ,
en este laberinto ,de ser yo la primera,
ahora sin remedio.
(C) FOTO Y POEMA Elena Muñoz /2017

domingo, 5 de noviembre de 2017

Sobre poesía y de ser una misma

Creo, y lo digo siempre, que no hay nada más difícil que llegar a aceptarse uno mismo. Considero que es el final de un largo proceso lleno de visicitudes, de preguntas  a veces con respuestas que nos sorprenden, o que, simplemente, nos abren más incógnitas.

En mi caso el camino ha sido siempre costoso, en esa necesidad que una persona bastante compleja como yo tiene de simplificar su vida. No es fácil cuando en todo lo que haces te implicas hasta el túetano.

Por eso el que la `poesía se cruzara en mi camino fue, sin lugar a dudas, la manera de dar salida  y sobre todo cauce a las emociones que día a día surgían de mi interior y que me ayudaba a conocerme y reconocerme a través de las palabras. Poemas que hablaban, que sonreían o que lloraban al mismo tiempo que lo hacía yo; poemas que guardaban secretos aireados en metáforas e imágenes que querían decir sin decir porque les era imposible seguir callados.Me di cuenta entonces de que escribía poesía porque la vida, esa vida convencional que me habían dicho que era la correcta, se me estaba quedando corta y que los versos me daban alas para ensancharla.Pero, y para mi sorpresa, no solo para mí tenían significado mis palabras, sino también a quienes vivían momentos y experiencias semejantes a los míos y que nadaban entre ellas sumergiéndose hasta el fondo para encontrarnos.

En mi segundo poemario Los poemas no cotizan en bolsa inicio con una pequeña reflexión: "cada día estoy más segura de que no escribo poesía, sino que es la poesía la que me está escribiendo a mí". Porque para entender esta realidad que me rodea necesito esos ojos que la poesía me presta, que me auxilia a quitar el hollín, a despojarla de la mediocridad para intentar ver más allá de lo que no es otra cosa que lo "correcto". La poesía, pues, me ayuda a encontrar la belleza que me salva cada día y me permite ser yo misma, aunque para ello, a veces, no sea comprendida.




NON SERVIAM (*)


Como el Ángel caído, con las alas partidas
arrojado del cielo a la noche perpetua
escribiendo en el barro las palabras negadas,
me contemplo
en la inobediencia de negar el camino
que ya otros me marcan.

Prefiero andar a oscuras que seguir la luz tibia
de servir a quien sirve.

Que sea la condena de no ser comprendida
por otros que señalan aquello que aborrecen:
la propia rebeldía de querer ser yo misma.

(Del poemario Los poemas no cotizan en bolsa. Ediciones Vitruvio, 2017)
Próxima presentación 8 de noviembre 2017.





domingo, 29 de octubre de 2017

Demasiadas mentiras y violencia

Os escribo mis queridos lectores después de un fin de semana en el que la serenidad ha vuelto a mi espíritu tras la farsa del pasado viernes 27 de octubre.

He de confesaros que cuando vi a la diputada de la CUP Anna Gabriel  hablar de que la votación secreta era para evita "las pesecuciones y las torturas" a las que se podían ver sometidos por el estado español se me revolvieron las tripas de tal manera que tuve que salir de la habitación.En todos mis años de relación con la política jamás había oído semejante difamación en aras de poner el último clavo a la democracia.El ejemplo de cobardía mayor que se podía mostrar.

Todo este proceso ha estado plagado de mentiras disfrazadas de idealismo y de llamadas al patriotismo, más cercano al sainete que a la realidad.Tal vez la falacia más grande es que no ha sido un proceso violento por parte del independentismo: eso es mentira. No hace falta quemar contenedores o banderas, o dar palos para ser violentos. Lo que los independentistas han ejercido es una forma soterrada de violencia psicológica hacia quienes no querían ni comulgaban con su proyecto, secuestrando el parlamento y la democracia y mostrando a España como un país nefasto.

Nadie puede negar que hemos estado ante un bulling ciudadano en toda su extensión por parte de los independentistas. No quiero pensar cómo se han sentido aquellos que , estando en contra de esta locura, veían como día a día se usurpaba el poder de la mayoría en aras del interés de la minoría; como las empresas se marchaban sin que todavía se sepa realmente cuáles son las consecuencias futuras para la economía y el empleo; como eran señalados en los colegios o en el trabajo... Eso es, en toda su extensión, violencia, como también lo es manipular noticias, vídeos, fotografías para dar una imagen de un estado represor, de un país antidemocrático, de unas fuerzas de seguridad del estado que solo saben dar palos...También es violencia someter a casi la mitad de los diputados de un parlamento a la humillación y el desprecio,  manejando a su antojo el reglamento, las decisiones y la palabra, obligándoles a abandonar sus escaños obtenidos democráticamente Todo, todo esto es violencia.

Que nadie me diga que los independentistas han sido pacíficos, porque esa es la gran mentira. Con toda la poca vergüenza de quien no le importa los daños si le benefician para su delirio, han llevado a cabo el secuestro de siete millones de personas, unas que, engañadas por un imposible, les han servido de peones; otros impotentes al ver sus derechos pisoteados. ¿Hay que agaradecerles que aunque hayan querido dar un golpe de Estado no hayan dado palos a la gente? Pues va a ser que no.

Puigdemont, Forcadell, Gabriel, Romeva, Junqueras y demás adláteres, cobardes maltratadores de la democracia, de la justicia y de la igualdad. Y como tal los deben juzgar  los tribunales y la Historia.

Sed felices.

(Fotografía El  Diario. es)

domingo, 22 de octubre de 2017

Breverías



Ya decía el siempre mencionado en estos casos Baltasar Gracián que si lo bueno es breve es dos veces bueno. Yo añadiría que incluso cuando es malo mejor que sea breve, pues se nos ahorra bastante sufrimiento.
 
Bien, pues al hilo de este aforismo y para reafirmar su veracidad, voy a dedicar este artículo a los relatos muy breves, a aquellos que, como señalo en el título, podríamos denominarlos breverías. Sí, exactamente, mis queridos y avispados lectores, lo habéis adivinado.  Hablo de  los microrrelatos.

Tengo que decir, porque si no faltaría a la verdad, que soy una fan de este tipo de narrativa (este blog  es clara muestra de ello, pues contiene un número apreciable de ejemplos), porque me parece que cumple con creces las características de sus hermanos mayores, la novela, el relato o el cuento. Es más, me atrevería a decir que para escribir en estos pequeños formatos se necesita de unas dotes a veces especiales, que no todo escritor tiene, como es sintetizar y comprimir en tan pequeño espacio un planteamiento, un nudo y un desenlace que den lugar a una historia redonda.

A pesar de lo que nos pueda parecer, el microrrelato no nace en nuestros días. Ya encontramos muestras que podrían encuadrarse en este género  en el antiguo Egipto, en los Bestiarios de la Edad Media, en la fábulas grecorromanas o incluso algunos estudiosos han considerado microrrelatos a las parábolas que Jesucristo narra extraídas, eso sí, de manera individual del resto de los Evangelios.
En la literatura contemporánea encontramos ejemplos más cercanos como los escritores Ramón Gómez de la Serna, Rubén Darío, Vicente Huidobro y Julio Cortázar entre otros, destacando, claro está a Augusto Monterroso, al que se le adjudicó la composición literaria más corta de la historia durante años y que es por todos conocida: “cuando se despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.

En 2005 el microrrelato de Monterroso quedó desbancado por el de El emigrante de Luis Felipe Lomeli:“¿Olvida usted algo?¡Ojala!”

Pero como en esto de la literatura gustamos del rizar el rizo, en la actualidad el cetro de brevería lo porta un minicuento del español Juan Pedro Aparicio denominado Luis XIV:“Yo”.

No cabe duda que en los tres ejemplos que hemos ido señalando la concisión y sobre todo la elipsis adquiere su máxima importancia, llevada en el caso de Aparicio hasta el extremo de reducir toda la historia una sola palabra. No obstante es necesario, también, de la complicidad del lector y de su proactividad para que el relato se complete. Si volvemos al caso de Luis XIV  es necesario que haya un conocimiento de las características absolutistas de este rey para comprender esa única y explicita palabra, síntesis del egocentrismo.  Los títulos, como en el caso anterior, también adquieren su importancia porque resultan, en muchas ocasiones, ser clave para la comprensión  del resto del texto.

Para predicar con el ejemplo con el que abría este artículo, voy terminando. Hoy en día hay autores muy buenos de este género que merecen la pena que los leamos porque nos cuentan historias de amor, de humor, de terror incluso, condensadas en pequeñas píldoras muy fáciles de digerir y que nos dejarán un muy sabroso  y variado regusto literario, como si de una bandeja de ricos canapés se tratara, sin tener que recorrer seiscientas páginas para saber el desenlace y si comerán perdices.

Sed felices

domingo, 15 de octubre de 2017

Quien siembra odio recoge violencia



Os diré, mis queridos lectores, que estoy francamente preocupada por la violencia, explícita o soterrada, en la que estamos viviendo.

No cabe duda de que tras los atentados del 11S,  en Occidente cambió la percepción de nuestra propia invunerabilidad. Creíamos que la violencia era parte de una puesta en escena propia de determinados lugares o fruto de segmentos sociales dedicados a la delincuencia.

Sin embargo la violencia se extiende como un malsano charco de aceite que lo va impregnado todo de odio… ¿O tal vez lo que crece día a día es ese sentimiento de aborrecimiento al otro, al que piensa diferente, al que viste diferente, al que cree diferente? Y si para demostrarlo hay que mentir, se miente.

Como muchos de vosotros sabéis, me muevo diariamente en las Redes sociales. Allí es un universo en el que como valor añadido existe el anonimato. Son muchas las ocasiones en las que los debates se transforman en una serie de insultos y agravios hacia el que no opina de igual manera. Tal vez solo sea un desahogo a la frustración, pero sirve un poco de barómetro para comprobar la tendencia que señalo. Una gran parte seres humanos llevamos siglos intentando erradicar la violencia, pero, y no sé las razones, no conseguimos hacerlo.

Mujeres asesinadas a manos de sus parejas, abusos infantiles, agresiones homófobas, partidos ascendente de corte xenófobo, intolerancia alimentada desde la cuna para odiar al que es diferente al que no piensa como nosotros, aunque para ello haya que inventar cien mentiras. Hemos perdido la capacidad de la proporcionalidad y reaccionamos peor ante un penalti mal pitado que ante una agresión machista.

Cuando una lee las noticias, las opiniones y las consecuencias de este proceso independentista que estamos viviendo se da cuenta de que hemos incubado durante años el huevo de la serpiente, el enfrentamiento entre quienes tendrían que ser hermanos y no enemigos. Ahora que esa serpiente se ha convertido en una hidra de siete cabezas, se la sigue alimentando con desinformación y manipulación hasta que se convierta en un monstruo que nos devore a todos.

Creo que estamos llegando al borde del abismo como sociedad, en la que los valores fundamentales se diluyen como la sal en el océano para dejar paso a lo único que parace importar: el fin que justifica los medios. 

Sed felices.

domingo, 8 de octubre de 2017

Una serie de catastróficas desdichas

Como en una de esas películas cómicas de cine mudo, que son en el fondo dramas y que nos hacen reír por no llorar, vamos viviendo este largo camino del llamado "proceso catalán", lleno de catastróficas desdichas, fruto de la falta de capacidad de las partes ( además de la ilegalidad de una de ellas) que hubieran tenido que llegar a un encuentro.

Hace una semana del tan cacareado "referendum", consulta sobre la que no voy a volver pues creo que a lo largo de estos días ya he ido diciendo lo que tenía que decir. He de confesar que el domingo pasado fue unos de los días más amargos de mi vida en relación con la política, teniendo en cuenta que siendo socialista y de Pedro Sánchez las he pasado canutas.

Yo no me considero patriota, es decir, no sé exactamente que tendría que sentir para serlo. Tampoco siento el "orgullo" de ser española. Lo soy, como soy morena y mujer. Es algo consustancial a mí, que acepto y con lo que convivo.Sin embargo sí me siento orgullosa de mi talante democrático, construído durante mucho tiempo a base de diálogo, tolerancia y comprensión canalizada hacia unos cauces legales. Por eso,de todo este proceso lleno de desdichas lo que más me ha podido doler es que se han reído de la democracia y de todo su significado.

Porque las leyes no se incumplen, se cambian. Y se cambian a través de los cauces que todos y todas nos hemos dado para ello. En cambio hemos preferido montar un circo en el que nadie, absolutamente nadie va a salir ganando.

Hace un mes, en esas infaustas sesiones del Parlament de Cataluña vimos la primera parte de esta ceremonia de la confusión. Fuimos testigos de cómo, con un solo diputado más (pero con menos votos) se intentaba cercenar un país, bajo el lema de tener derecho a decidir...¿Decidir el qué?

La segunda de las desdichas fue el convencimiento de que el referendum recogía otro derecho, el de votar. Totalmente de acuerdo, pero para llevar a cabo ese derecho lo primero que se ha de hacer es que esa votación se realice bajo circunstancia legales, y no esa patochada que pudimos ver.

Un día negro para la historia de España. No quito ni un ápice de peso a las cargas policiales, pero eso era algo que se daba por descontado, sino ¿por qué veíamos a niños y ancianos en la vanguardia?Soy solidaria con los heridos, pero, y de esos sabemos mucho los que corrimos delante de los grises, si vas, te arrean. Curiosamente, eso fue lo que copó los informativos (en la Sexta, con mi "admirado" García Ferreras las imágenes eran un bucle de veinticuatro horas) y no el hecho de que se hubieran pasado las leyes por el forro.

Tras ese domingo negro una semana de vértigo: empresas abandonando sus sedes en Cataluña ante la posible toma de porde de los anticapitalistas ( y sí, sí es importante,s sobre todo para la confianza de los inversores), escraches a la Guardia Civil, y Puigdemont y compañía sin saber si cortarse las venas o dejárselas largas.

Por el otro lado tenemos a un presidente del Gobierno cuya táctica es la espera, al acecho, soltando alguna perla de vez en cuando en la que "hacer lo que se debe hacer" es su mantra, mientras ha dejado que la manzana madurara hasta que se pudriera.

Ganas me dan, mis querido lectores, de decir que nos está bien empleado. La "nueva política" se intentó cargar al único partido capaz de servir de dique y cauce a los independentistas y de haber llevado a cabo un proceso más coherente y dialogante. Pero no, se abrieron las puertas a los antisistema, esos que están ahora por la toma del aeropuerto y el puerto de Barcelona como una de las primeras medidas tras la DUI, y que, en un maridaje absurdo, como tomar langosta con coca cola, se han unido a la alta burgesía catalana. Esos que dicen que mejor que se marchen todas la empresas porque de esa manera se empieza de cero. Es todo tan fuera de la realidad, tan lejos de lo que se necesita en una sociedad del siglo XXI, tan pensado con las tripas que no tiene otro remedio que fracasar.

Sí, porque el intentar acabar con el PSOE y su hermano el PSC ha convertido la política en una serie de excesos tanto por la derecha como por la izquierda, abandonando todo el talante de diálogo que políticos como Rodriguez Zapatero aplicaron con tanto éxito en el país vasco . Diálogo, sí, pero sin rehenes. Porque no se puede sentar a dialogar sin estar a la par.
 
En fin, que no creo que esta serie de catastróficas  desdichas hayan llegado a su término. Ante nosotros tenemos la incógnita de la declaración unilateral y luego ¿qué?

Y para colmo de males no llueve...

Sed felices.