domingo, 21 de octubre de 2018

Mentiras

Nos enseñan a no mentir, enseñamos a no mentir. Y a pesar de ello mentimos. La mentira, dicen, es consustancial al ser humano. Si no fuera por ella, dicen,  acabaríamos matándonos unos a otros.
Tanto asumimos la mentira que hemos acuñado una expresión: mentiras piadosas.

Mentiras piadosas para no decir que un vestido le queda fatal a nuestra mejor amiga, que el niño de la vecina  es muy feo, que las cortinas del salón de tu hermana parecen un mantel, que hemos sido infieles, que ya no estamos enamorados... ¿Justificables? No sé.. Pero desde que el mundo es mundo las hemos ido utilizando, y ahí siguen.

Porque nada es más de temer que cuando escuchamos esa frase : "¿Quieres que te sea sincero?", seguido de un torrente de reproches, de palabras gruesas o de vocablos que golpean más que puñetazos... O tal vez de una verdad que ni queremos, ni buscamos.

Pero, y estaréis de acuerdo conmigo, mis queridos lectores, que lo que jamas es admisible es la mentira cuyo objeto es destruir, arrebatar el derecho de saber, conocer y decidir. Ya, ya sé que no existe la verdad absoluta, y que siempre está matizada por las propias vivencias personales, aunque eso no sea óbice para transformar lo más evidente: hay verdades como puños.

Contemplo estupefacta, día a día, como la mentira va ganando el terreno en muchos de nuestros espacios, aunque en ninguno más que en la política de cierto sesgo, apoyada por los medios de la misma cuerda. Además, esa mentira asume un grado y se convierte en difamación. No importa cuanto se retuerzan las palabras si, al final, son capaces de crear eso tan horrible que hemos llamado "posverdad" (1), y que no es más que una falsedad con encaje y puntillas.

¡Pobre verdad! Qué poco la quieren ahora. No interesa, porque a veces no es simpática, ni agradable, ni, mucho menos, sirve a los intereses más egoístas.

Nos enseñan a mentir, enseñamos a no mentir... Y mentimos.

Sed felices.

(1)-“Distorsión deliberada de la realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”.

lunes, 15 de octubre de 2018

Nada sucede por casualidad

Hoy, lunes de octubre, tras unos días en el que la climatología ha demostrado que por mucha tecnología que tengamos las fuerzas naturales siempre dominan el centro del tablero, me siento ante el ordenador para llevar a cabo la grata tarea de comunicarme con vosotros, mis queridos lectores.

Veo los árboles desde mi ventana jaspeados de hojas ya anaranjadas, aunque el verde, todavía, es el color dominante. Paciencia,  nos queda otoño hasta diciembre (aunque la gente piense que ya entonces es invierno), tiempo más que suficiente para que las ramas se desnuden.El cielo está enladrillado (quién lo desenladrillará) y la temperatura ha descendido, enfriando el ambiente aún más, como si la tensión social no fuera suficiente.

No sé vosotros, mis queridos lectores, pero mi mente empieza a resentirse, dando síntomas de agotamiento. Soy incapaz de procesar tanta mentira, tanta difamación y tanta estupidez por minuto.

Claro, que podría tomar la decisión de aislarme del mundo, dedicarme a mi literatura que, seguro, me reportaría más calma. Pero como una es una mujer comprometida con la sociedad me toca todos los días bregar, como otras muchas personas de bien, con este tiempo extraño y áspero, lleno de dogmas, de lemas, de etiquetas,  de miedo, y muy falto de ideas y de solidaridad.

Porque hay día, os lo confieso, mis queridos lectores, que tiraría la toalla. Hay días en los que me pregunto para qué tanta empeño en hacer ver al que no quiere más que estar ciego, o llamar al que se hace el sordo, a pesar de mi empeño en que me escuche. Ya, ya, me diréis, como tantos que me quieren, que no me complique la vida, que estos son dos día, y que tengo un entorno que me debe bastar para ser feliz. Pues precisamente por eso creo que tengo la necesidad de implicarme. Porque soy una mujer afortunada que ha tenido muchas oportunidades y pienso que debo devolver lo que se me dió, y multiplicado. Así entiendo el progreso: partir desde uno mismo, de nuestra experiencia, de nuestra felicidad, de nuestro trabajo, para mejorar la vida los demás.

Por eso, cuando me cunde el desánimo pienso que alguien, hoy, espera que yo continúe, en una especie de Teoría del Caos  en la que nada sucede por casualidad, y haga algo que pueda mejorar su vida.

Sed felices.


lunes, 8 de octubre de 2018

No me gusta

No me gustan muchas cosas.

No me gustan las pandillas a las que escucho desde la ventana, hablando en un lenguaje soez que no encaja con sus rostros en los que la inocencia de una infancia recién perdida aún deja su rastro.

No me gusta el césped pisoteado en senderos que no existían por el único motivo de no dar un  rodeo, de no dar una vuelta al seto.

No me gustan los bancos rodeados de cáscaras de pipas, con una papelera a menos de medio metro, paisaje que es fruto de la desidia de quienes lo ocuparon.

No me gusta la falta de criterio, en la que vale crematísticamente más dar patadas a un balón que investigar cómo curar las enfermedades.

No me gusta la falta de modales, la cortesía, que no tienen nada que ver con normas caducas, sino con facilitar la convivencia.

No me gusta la escala de valores en la que es más importante la macroeconomía que el que a todos llegue el pan.

No me gustan las frases huecas que a base de repetirlas parecen llenarse, pero solo de aire.

No me gusta quien se apropia del arte sin que ni siquiera sepa que no es ni será nunca un artista.

No me gusta quien me dice que no entiende la poesía pero se regodea cuando lee un índice bursátil.

No me gusta la envidia, ni la ignorancia, ni la xenofobia, ni el patriotismo de bandera, ni...

No me gustan ... muchas cosas.


Sed felices.



domingo, 30 de septiembre de 2018

Abogada de pleitos pobres

Mi madre siempre me llamaba abogada de pleitos pobres. Al principio no lo comprendía, pero con el tiempo me di cuenta de que tenía razón. Tengo una extraña tendencia de ponerme al lado de los débiles, de quienes creo que están sufriendo una injusticia.

Además lo suelo hacer a pecho descubierto (entiéndase la metáfora), lo que en ocasiones me ha  causado más de un encontronazo por parte de quienes se sienten asombrados de que alguien se enfrente sin miedo, y sin tener en cuenta ni la posición ni la representación, solo con la fuerza que da el saber que es necesario "desfacer entuertos".

No es más que eso, tengo el alma de Quijote, y eso, en este mundo encaja mal.

Pero qué se le va a hacer, al fin y al cabo no importa que no sean gigantes sino molinos. Es el espíritu de lograr un mundo mejor lo que a muchos nos impulsa levantarnos cada día. Pero, cuidado, no hablo, mis queridos lectores, del mundo, del planeta, sino del microcosmos que supone nuestro entorno, y en el que nos movemos cada día. Ese es mucho más fácil de transformar, sobre todo cuando se hace desde dentro de uno mismo.

Tenemos nuestra palabra, tenemos nuestras acciones, tenemos nuestro ejemplo. Cada uno en el sitio que ha elegido ocupar, sin miedo, sin pesimismo. No esperemos permiso de nadie para hacer la vida de los demás más fácil, para convertirnos en la voz de los que no se escucha.

Desde el principio de los tiempos muchos han considerado que unos tenían derecho a vivir y otros ha servir ese derecho ajeno. Que la vida daba trato de favor, así, a lo Pablo Casado, a unos, por el simple hecho de haber nacido en un lugar,o en una familia determinada. No será así, si otros, también suficientes, no lo permitimos.

Os animo a convertiros vosotros también, mis queridos lectores, en abogados de pleitos pobres, en Quijotes sin miedo, señalando a quienes han hecho de su felicidad la desgracia ajena.  Queda tiempo para transformar la realidad, siempre queda tiempo.


Mientras, sed felices.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

La tribu

"Un poeta debe ser más útil
que ningún ciudadano de su tribu".
Blas de Otero 


Encabezo este artículo con dos versos del poema Segundo homenaje a Isidore Ducasse y que forma parte del libro Breve son del poeta bilbaíno. Os preguntaréis el por qué. 

La respuesta no ha de ser muy complicada. Los poetas formamos parte de una tribu, sí, al igual que los pintores, los músicos, los actores, los artistas en general. Una tribu a la que se nos ha dado la oportunidad de contemplar la realidad desde otro lugar, con unas retinas que matizan, con unos oídos que perciben más allá del sonido, con un tacto que es capaz de tocar lo invisible

De todos ellos, de todos los que hemos adquirido ese compromiso con la transformación a través de las sensaciones, el poeta ha de ser vanguardia, porque el verso llega donde no llega la vista ni el oído ni las manos.

Quizá vivamos un momento en el que nos parezca que hemos dejado de ser útiles , pero no es así. Tal vez pensemos que nuestras poesía, que nuestros poemas caen en terreno baldío, pero no es así. Nuestra lluvia es una lluvia mansa que ha de empapar, no una torrentera que arrastre todo lo que se le ponga por delante.

Llovemos palabras, nevamos poesía. Y en algún momento brota una pequeña brizna que con el tiempo puede ser árbol, que acoja y consuele en los tristes días de sequía intelectual.

Formamos parte de una tribu, ese es nuestro compromiso. Síntamos el orgullo de serlo. 


Sed felices

domingo, 16 de septiembre de 2018

Mentiroso, chulo, jeta, plagiario, mediocre y censor: ¿este es el periodismo que queremos?




Inda: “Nos vemos en los tribunales, presidente, eso sí, no plagies la querella y que no te la haga un ‘negro'

Contestación del director de OK Diario al aviso del presidente del Gobierno de la posibilidad de querellarse si no desmentía la información falsa sobre su tesis.

 
No cabe duda de que es complicado encontrar un hilo de insultos más engranados que estos. Ofende en todos los planos que una persona dedicada a la vida pública puede manejar.

Pues bien, no se han escuchado en un rifirafe callejero, ni un bar después de varias copas, cuando a uno se le calienta la boca y empieza a decir idioteces. No, es el titula de un artículo que el director de OK Diario, Eduardo Inda,  dedica al presidente del gobierno Pedro Sánchez.

Descontada la falta de educación que cabría ante cualquier persona de a pie que fuera insultada de semejante manera, sin que medie prueba alguna, lo pasmoso es que este individuo campa a sus anchas sin que haya ninguna forma de pararle los pies, ya que se ampara en la susudicha libertad de expresión, derecho que ha ido mutando hasta convertirse en manos de algunos  en un cajón de sastre desde el que lo mismo se difama que se canta dar dos tiros a un guardia civil. Y si se protesta pues ya lo están llamando censura.

No estamos diciendo que se aplique una férrea mordaza sobre lo que algunos personas expresan. En muchos de los casos no dejan de ser una grosería fruto de la necesidad de salir en los papeles (véase el caso de Willy de Toledo).  Pero en otros no son ni más ni menos que una cacería de brujas difamante, arropados por la etiqueta de información.

Hace unos meses tuve un encontronazo en la radio con el periodista Manuel Cerdán (OK diario), que orgulloso presumía de haber dado el golpe de gracia a Cristina Cifuentes. Yo le eché en cara ( y nadie puede señalarme como simpatizante del PP) que hubieran utilizado un vídeo para obligar a dimitir a la presidente y evitar la moción de censura en la Asamblea que, seguramente, le hubiera dado el gobierno al PSOE. Cerdán bramó, chilló, pero fue incapaz de rebatir mi argumento de que servían los intereses de la derecha.

Estamos sufriendo un procedimiento inquisitorial en el que no hacen falta pruebas, basta con señalar para acabar con el honor de una persona. Y lo que es peor: encontrarán el eco en diputados que desde sus escaños no son más que peones vociferantes vendiendo los consejos que para ellos no tienen. Y eso es inaceptable.

Los medios de comunicación están para informar, no para manipular. Y si no se pone coto a esto, seres infames como Eduardo Inda seguirán escupiendo su mala baba desde lo que malamente llamamos "periódico", y como él, tantos.

Y esto, mis queridos lectores, no hay democracia que lo resista.

(Fotografía 20 Minutos)


domingo, 9 de septiembre de 2018

Ser estúpido

Según el diccionario estúpida/o  es la persona o animal que muestra torpeza o falta de entendimiento para comprender las cosas.

Está claro, de entre todos los seres de la tierra el ser humano (además de tropezar dos veces en la misma piedra) es el que llega a unos niveles más altos estupidez. La contumacia en no entender lo meridianamente claro llega a extremos preocupantes.

En este orden de cosas se expresó el diputado de Esquerra Republicana de Cataluña  Joan Tardá cuyas palabras reproduzco aquí:

Si hay algún independentista ingenuo o estúpido que crea que puede imponer la independencia al 50 por ciento de los catalanes que no lo son es evidente que está absolutamente equivocado”.

Tardá suaviza su comentario anteponiendo el adjetivo ingenuo, que no creo encaje muy bien, pero que, supongo, lo utiliza para que el que le sigue no suene tan rotundo. Y está absolutamente  en lo cierto. El proces ha llegado por parte de sus dirigentes a un momento que no se puede definir más que de absoluta estupidez, o lo que es lo mismo, de una falta de entenduimiento cercana a un tarugo de madera.

Que Cataluña se halla fracturada al cincuenta por ciento ya nadie lo niega, pero que una de esas mitades apoya una alternativa ilegal de todas todas tampoco se puede ocultar. El sinsentido que se vive día a día,con declaraciones que son disparatadas, sobre todo por parte de Puigdemont, de cuya salud mental hay que preguntarse mucho, y de aquellos que se mantienen de una incompresible en una impensable república catalana no puede explicarse más allá de la estupidez.

A dos días de la Díada, que celebra una derrota ( como si los franceses celebraran el 2 de mayo) la cúpula del independentismo sigue en su mantenerla y no enmendarla.

En el lado contrario los líderes de los dos partidos conservadores, PP y Ciudadanos, se encuentran encastillados en la misma estúpida tesitura: ignorar al otro cincuenta por ciento que es independentista y que, incompresiblemente, comulga con las ruedas de molino que les dan sus líderes, pero que ahí están.

Llegado a este punto solo cabe el diálogo y la sensatez dentro del estado de derecho. Y acabar con quien "mea más lejos", porque si lo haces contra el viento, ya sabemos lo que pasa.

Sed felices.




Imagen: cuadro de Antoni Estruch."El 11 de septiembre de 1714". Fuente La Vanguardia.