Mostrando entradas con la etiqueta Denia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Denia. Mostrar todas las entradas

sábado, 15 de agosto de 2020

Pensando, pensando, junto al mar

 

 

 

No llego a alcanzar qué tiene el mar que me fascina tanto. Sé que no es nada original, y que esa inmensa masa de agua azul atrae a propios y extraños, sin distinción, que habitamos los cuatro puntos cardinales del orbe. 

En mi caso es algo presente en el día a dái, a pesar de vivir tierra adentro, en la meseta que cambia ese color azul por el amarillo y el ocre. He escrito poemas, he situado escenas de mis novelas junto al mar. Cada vez que regreso a la costa, a esta ciudad de Denia que me arrebató un día el corazón, y me acerco a la orilla siento una emoción absoluta, como quien vuelve a encontrarse con el amor de su vida.

Alguna vez he pensado que me hubiera gustado ser sirena, y poder sunergirme hasta las profundidades, y contemplar los secretos que encierra aquello de lo que procedemos, donde se encuentran nuestros orígenes más ancestrales.

Cuando miro el horizonte, con el cielo despejado, sin una nube, todo se me vuelve azul, y me embarga la sensación entonces de ser una con ese mar y ese cielo, dos espacios en los que todavía nos queda tanto por conocer y guardan tantos misterios.

Mañana volveré a Rivas. Me alejaré de este mar que me seduce, que me enamora, aún siendo el mismo, siempre es distinto. Entonces surgirá quizá un poema, o una entrada en el blog, como esta que os escribo, mis queridos lectores, de añoranza,  pero también con la esperanza de que pronto volveré.

ÉL

Siempre vuelvo a él,
en ese vaivén
vestido de espuma
que envuelve mis pies.
Danza constante
de rumor y brisa.


Reflejos azules
con nieves saladas.
Secreto de un nombre
escrito en la arena.
Él siempre me espera,
siempre vuelvo a él.

 (Poema de mi libro Papelera de  reciclaje, Ediciones Vitruvio, 2019)

Foto (c) Elena Muñoz.

domingo, 1 de abril de 2018

Siendo y estando

Retomo la dulce rutina de mi encuentro con vosotros, mis queridos lectores, ya en un  mes recién estrenado, en abril, aquel que lleva como apellido "aguas mil", aunque creo que este año su antecesor le ha robado algo de ese apodo.

Atrás quedan días junto al mar, ese mar que me da sosiego e inspiración, que siempre es el mismo,  y tan mutable al tiempo que descubro en cada instante  en él algo distinto.

En ese camino de tierra adentro y costa, para luego recorrerlo a la inversa siento que en mi nace siempre el sentimiento de nostalgia, por uno u otro lugar, o tal vez por la que soy allí o acá. Pienso que los lugares cambian a las personas, lo mismo que las personas se dejan llevar por aquellos lares en los que encuentran un nido, aunque solo sea pasajero. El paisaje, el entorno que me rodea. tiene una importancia primordial. Tal vez porque soy muy sensible a los cambios, aunque bastante "camaleón" para adaptarme a ellos.

Una prueba de lo que para mí suponen los escenarios lo dan mis novelas. En ellas los personajes son como son porque sienten los lugares en los desarrollan sus acciones. Y me gusta mucho que esos hombres y mujeres que habitan mis historias "sean" y "estén". De hecho, mis tres novelas (la tercera saldrá en el próximo septiembre) de Marta Nogales dan palmaria muestra de esto.

Yo sé que no soy la misma en Denia que en Rivas, (bueno en lo esencial sí, naturalmente), y eso me divierte. En mi caso hago más palmario ese juego de mi propia dualidad, de ese YO y esa ELLA que en nada tiene que ver (¿o sí?) con lo freudiano, pero que me permite seguir imaginando, sintiendo, pensando en ese ya archiconocido ir y venir al otro lado del espejo.

En fin, que ya de vuelta (o de ida), sigo siendo porque estoy aquí o allí, pero con mi alma abierta, siempre.

Sed felices.

sábado, 12 de agosto de 2017

Crónica del verano II: el tiempo

No cabe duda de que la previsión del tiempo es un hecho de interés nacional. Baste con echar un vistazo a los bloques que sobre este tema emiten los distintos noticieros en las diferentes cadenas. Algunos, como el de la 1, si lo sigues es posible que te convaliden un master en climatología.

Aprendemos todos los días de situaciones que antes ni nos inquietaban, más allá de saber que en el verano el buen tiempo lo debíamos a esa gran "A" metida en círculo que llamamos anticiclón de las Azores. Así mismo conocíamos que la "B" era, indefectiblemente, lluvia.

Ahora, gracias a esta pedagogía televisiva, que dura casi veinte minutos,  conocemos que lo que antes llamábamos una tormenta de pelotas se llama ciclogénesis expansiva. Sabemos que según los modelos las olas de calor se dan cuando el anticiclón reina sobre la península y un embolsamiento de bajas presiones sobre el norte de África envía aire del desierto.Y cómo ignorar que cuanto más apretadas son las isobaras (líneas) de una borrasaca mayor es su efecto.

Los metereólogos son capaces de prever con bastantes días de antelación el tiempo que va a hacer, aunque en ocasiones sean más o menos exhaustivos según los intereses sobre todo de las zonas hoteleras. Eso no quita que los que somos asiduos de alguna de esas poblaciones no sepamos que indefectiblemente se repiten ciertos fenómenos, como son las tormentas en verano en Levante.

En mi primera novela la protagonista reflexiona acerca de que no ha visto tormentas como las de esta zona, la de Levante, y así es desde siempre. La que vivimos hace unos días no ha tenido nada de extraordinario, a pesar de las noticias tan alarmantes que aparecían una y otra vez. El móvil se me llenó de mensajes de familiares preocupadísimos por si habíamos sido engullidos por el mar, cosa que no ocurrió, a la vista está. Cierto que se anegaron las calles, las alcantarillas no daban de sí (sobre todo por la falta de limpieza) y el mar vomitó gran cantidad de algas, como en tantas ocasiones anteriores (la primera gota fría que recuerdo la viví en Peñíscola con siete años). Nada que no hubiéramos visto antes por la suma de días de ardoroso calor sumado a la entrada de aire frío.

Pero, y eso ya lo he dicho otras veces, somos muy dados a considerar extraordinario aquello que no lo es tanto. Ayer, dos días después de la "tormenta increíble" la playa estaba llena de gente que evitábamos los bloques de algas en nuestro paseo y volvíamos a disfrutar del mar y el sol además de una bajada de temperaturas muy agradable.

Creo que no es mala cosa tirar del refranero y poner al mal tiempo buena cara. Al fin y al cabo, a la lluvia o a las olas del calor les importa un pepino nuestra opinión, por mucha información que nos den machaconamente.


Sed felices.

 (Foto: Paco Márquez)