jueves, 20 de diciembre de 2012

La conferencia: un cuento antes del fin del mundo.

 Esta  entrada del blog es algo especial. Se ha hecho un grupo en Facebook y a traves de él un número de "cuentistas" hemos quedado emplazados a  poner un cuento en nuestras bitácoras un hora antes de que entremos en el famoso 21-12-2012.  Yo dejo este. Espero que  os guste.

 El paso de la calle al atrio del colegio mayor la hizo cerrar los ojos.  A Sara le costaba fijar la vista tras haber recorrido el largo trecho existente desde donde había aparcado el coche hasta el lugar en  se celebraría  la conferencia, bajo el sol abrasador de aquel junio madrileño.
Y a pesar de su liviano vestido de lino color café, que se sostenía con unos breves tirantes y más dejaba ver que cubría, no podía evitar sentir el calor. Menos mal que el aire acondicionado pronto volvería la temperatura de su cuerpo a los grados habituales.
Se quedó mirando el cartel anunciador de  la conferencia: “La rehidroxilación como método de datación en la cerámica antigua”, por el doctor César Montalvo.
Montalvo era una de las eminencias en datación de cerámica prehistórica y un avanzado en la utilización de los hidrófilos, en vez del carbono 14. A ella le habían encargado escribir un artículo sobre este método y por ello se encontraba allí, en esa tarde de verano.
Faltaba un cuarto de hora para que diera comienzo, aunque a pesar de ello no había mucho público. Sara comprendía que no era un tema para que se pegaran por asistir, a no ser que fueran como ella, especialista en la cerámica de la edad de bronce.
Suspiró aliviada al comprobar que el calor se iba evaporando y su piel empezaba a refrescarse. Se sentó, tirando sin mucho éxito del vestido hacia abajo, con la intención de que no quedarán demasiado al descubierto sus piernas. Y en estas estaba cuando le vio .Apoyado displicentemente en una columna,  con el pelo ondulado,  pantalón caqui y camisa blanca que resaltaba su bronceado. Sus ojos se quedaron fijos en él hasta que, como si sus pupilas le hubieran llamado, levantó la mirada y la observó a su vez.
Rápidamente bajó los ojos avergonzada de no se sabe qué. Se levantó deprisa y entró en la sala de conferencias, tomando asiento en la segunda fila, hacia el centro. Dejó su bolso en la silla a su derecha y comenzó a leer el programa de mano, hasta que una voz la interrumpió:
-    ¿Está ocupada?
Levantó la vista un tanto sobresaltada, comprobando que era el mismo hombre de la entrada.
-    No, no, lo siento- dijo Sara, balbuceando, mientras quitaba el bolso y se lo ponía en su regazo.
-    Gracias- contestó el desconocido, con una voz tenue, acompañando con una sonrisa su respuesta.
La sala se iba medio llenando, y   cinco minutos  después empezó la conferencia.
Se dio paso a los saludos y agradecimientos de rigor y el ponente comenzó su exposición, solicitando que se apagaran las luces. La  pantalla se iluminó y en grandes letras Sara pudo leer: “La rehidroxilación como método de datación en la cerámica antigua.” Bien- pensó- voy a concentrarme en la charla, que es a lo que he venido -mientras contemplaba una imagen de cerámica campaniforme del yacimiento de los Millares.
El conferenciante inició su charla, exponiendo las ventajas de su sistema.
– “… Este proceso ocurre de manera natural durante los periodos de calentamiento y enfriamiento veloces en la que moléculas de agua se incrustan entre los enlaces de ciertos compuestos, reformándose en grupos hidroxilos. Tiene especial importancia como forma de datación de elementos especialmente en la cerámica y alfarería prehistóricos”- Para a continuación exponer datos, cifras y porcentajes.
  Sara intentaba centrar su atención en ellos, a pesar de que no podía evitar mirar a su compañero de reojo. Cogió aire y al mismo tiempo percibió su aroma, suave, penetrante y masculino, que la empezó a  envolver y, sin saber por que, aceleró sus pulsaciones.
Su vista se fijó en un ánfora romana que ocupaba toda la pantalla, pero su mente volaba encalbalgada en ese olor que emanaba del hombre que tenía a su derecha.
Se removió intranquila, y al ir a colocarse nuevamente el vestido, rozó su mano.
-    Perdón- murmuró.
El se volvió hacia ella y la dirigió otra sonrisa acompañada de un leve movimiento de cabeza. Ella comprobó lo atractivo que era.
-    No hay de qué- respondió con un susurro.
El contacto de esa mano despertó en Sara una emoción inexplicable y el deseo de conocer su tacto. Esto hizo que se removiera un tanto nerviosa en su asiento, haciendo un verdadero esfuerzo por seguir el contenido de la conferencia.
- “La idea de la datación de cerámicas por rehidroxilación se desarrolló a partir de un problema conocido en la arquitectura , la cinética de expansión.- explicaba Montalvo, ilustrando con unas imágenes de un yacimiento arqueológico-  Las moléculas de arcilla tienen sitios en su configuración que naturalmente reaccionan con el agua, añadiendo así grupos hidroxilos que fueron removidos durante la producción de la pieza. Cuando la arcilla pasa por el fuego usado para hacer una olla o un ladrillo, se expulsan los grupos hidroxilos”- Y en la pantalla apareció una fórmula química, que Sara intentó relacionar con los retazos que había pretendido escuchar, abrumada por las sensaciones que sentía al notar la presencia del desconocido a su derecha: su olor, el calor que irradiaba y la silueta de su perfil recortada por luz proveniente de la pantalla de proyección  la envolvían y atraían sin remedio.
Con un sobresalto, sin saber al principio si era su pensamiento o la realidad, notó en verdad la presión de unos dedos en su pierna, que muy lentamente ascendían, milímetro a milímetro. A Sara se le cortó la respiración, sin saber que hacer. Se encontraba paralizada, mientras que esa mano seguía su ascensión, girando levemente su camino hacia la cara interna del muslo, en donde se detuvo. Si atreverse apenas a mirarle de reojo, vio que el hombre seguía con aparente atención la marcha de la conferencia. ¿Qué hacer? ¿Si se movía provocaría la huída? Notaba las mejillas ardiendo y  la respiración se le estaba acelerando. Cogió aire, y como si esa acción fuera la señal, la mano se puso otra vez en movimiento, algo más rápida, llegando hasta el pliegue de su pierna con el vientre. Ahí se volvió a detener, para que acto seguido, y esta vez con el dedo índice acariciara muy suave y lentamente el límite de su sexo. Sara notaba como su vientre se tensaba mientras que con su mano izquierda se aferraba al borde del asiento, intentando sujetar los gemidos que nacían de su interior. La mano empezó a descender, otra vez lenta e inexorablemente, pero con una suavidad que la estaba haciendo enloquecer. En un acto reflejo, cerró las piernas, dejando los dedos entre sus muslos, que ahora notaba empapados de sudor, mientras que  todo su cuerpo se convulsionó en  uno de los clímax más increíbles que jamás había gozado.
Y como si el universo hubiera entrado en colisión, los aplausos rompieron el silencio,  la mano se retiró presurosa y las luces se encendieron.
Sara, intentando recuperar  el  hálito, se giró a su derecha,  queriendo ver al hombre, pero solo distinguió su espalda, que se perdió entre el público.
-    ¿Se encuentra usted bien?-  escuchó a alguien preguntar.
-    ¿Eh? Si, si, perfectamente-contestó a una amable señora entrada en años que la intentaba abanicar.
-    Es que está muy sofocada, querida... Estos calores son terribles, ¿verdad?
-    Si,  – balbuceó Sara- sí, lo son. Gracias.
Todavía temblorosa, y con la respiración entrecortada, recogió su bolso, se levantó estirándose el vestido y salió lentamente de sala, dándose cuenta de que no había escuchado nada de la conferencia…

2 comentarios:

  1. Sensual relato, conferencia o no, seguro que
    no olvidará su encuentro con la mano del hombre.
    Un abrazo, tienes buena imaginación y mejor
    exposición.
    Un abrazo y felices fiestas

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