Mostrando entradas con la etiqueta vida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vida. Mostrar todas las entradas

domingo, 24 de abril de 2022

Ser buena

Este ha sido un fin de semana lleno de experiencias muy variadas entre la gastronomía y la literatura, y de ellas he dado  cuenta en redes.

Pero también he llevado a cabo otra, que me es muy gratificante, y que consiste en oficiar bodas. Tuve tres el sábado. Una vez terminadas, y antes de marchar, estuve hablando con una persona que me acompañaba en las tareas de vigilancia. Comentábamos situaciones y  decisiones, cuando esta persona me interrumpió diciéndome:

- Debería dar charlas...

-¿Sobre?- dije yo.

- Sobre ser buena persona. Tú lo eres y mucho.

Perdonad mis queridos lectores si esto que escribo suena a vanidad, pero os puedo decir que me causó una gran asombro. No el que me consideraran buena persona sino que me elevaran por ello sobre otros. Hay muchas buenas personas, muchas, pero no se las oye, ni se las ve como a las que no lo son tanto. Porque, en mi opinión,  es mucho más costoso ser mala que buena persona, y eso llama la atención. 

Cuando era una niña y me hacían una faena echaba algo de menos no tener la capacidad de ser vengativa o de portarme mal, y alguna vez se lo trasmití así a mi padre. Siempre me respondía que ser malo cuesta mucho, tanto que te convierte en un ser infeliz.  La maldad se nutre de ambición, de envidia, de frustración: con estos compañeros de viaje no ha lugar para la felicidad, aunque aparentemente los villanos luzcan una sonrisa de hiena y de triunfo.

Ser bueno cuesta, cuesta mucho y a veces hasta lágrimas, pero hemos de pensar que lo que está en juego es nuestra paz de espíritu y el ejemplo que damos a los demás. Además, porque no creer en ello, está el karma que, en mi caso, siempre ha sido generoso. Quizá porque nada hay, a estas alturas, que me haga traiciona mis valores, sobre todo la lealtad y la coherencia.

Así que, mientras nadie me indique lo contrario seguirá siendo como soy, parece ser que buena,
a pesar de algunos o quizá por ellos...

Sed felices: hoy luce el sol.


sábado, 4 de julio de 2020

PENSANDO , PENSANDO XVI...

 
 Pensamiento que me surgen en el amanecer.


Triste cuando se prefiere la mentira que nos reafirma a la verdad que nos cuestiona.

Somos mortales por nuestros miedos, inmortales por nuestras ilusiones.

Una obra de arte no lo es por opinión de los críticos sino por la resistencia al paso del tiempo.

El amor da vértigo, siempre da vértigo...

Ser bueno no es no ser malo sino combatir la maldad.

La boca puede mentir, los ojos nunca.

¿Cómo entender a quien no quiere comprender?

La fantasía es imprescindible para no perderse en la realidad.

Hay silencios que son poemas escritos con la mirada.

La nostalgia es el pellizco del recuerdo.

lunes, 2 de diciembre de 2019

No se puede tener todo

Existen las dobles vidas.

Son dobles vidas que aparentan ante los demás lo que no son en realidad. Vidas que desde fuera se presentan brillantes, admirables, llenas de "glamour", pero que cuando nadie las contempla están llenas de sombras y oscuridad, de miedo y de temores. Ella lo sabía de buena tinta. Tal vez, porque el destino se cobra a su manera, y cuando le apetece, los regalos que da. 

"No se puede tener todo". se decía, cuando la angustia le cerraba el estómago y los ojos se le nublaban por las lágrimas. Porque a la postre ella no había pedido ni ser brillante, ni ser admirable, ni tan siquiera ser capaz de alcanzar lo que se propusiese. Todo eso no había sido, a la postre, más que una tabla de salvación de la que huir a menudo de una realidad gris y áspera,

No se quejaba de su vida a terceros, cómo hacerlo. Nadie la entendería, y de ello era la única responsable. Había vivido siempre esa doble vida de no dar cuartos al pregonero, de no admitir las tristezas, de no consentir la conmiseración. Su orgullo, quizá malentendido, le hacía levantarse cada día y afrontar esa dualidad vital.

Pero los años no pasan en balde, y ya su corazón ansiba reposar en la única vida que realmente había perseguido. Ser comprendida, querida... Encontrar el reposo en quien ella quería, pero que no sabía quererla, y que al final, había desgastado su amor como una pastilla de jabón entre las manos.

Ella, tan amante de la cultura clásica, recordaba la leyenda de Alejandro de Macedonia, a quienes los dioses le dieron a elegir entre la gloria y una muerte prematura, o una larga vida oscura. Murió a los treinta y dos años y paso al Historia como el Magno. No se puede tener todo.

Miró por la ventana. El sol había ganado la partida y engañaba coqueteando con el frío. También a su corazón le faltaba el calor. No obstante, un día más, jugaría a ser esa otra, era su destino, el que ella había asumido, en la certeza  de que no se puede tener todo.

Sed felices.

domingo, 29 de septiembre de 2019

Aunque la casa se queme

Tengo que decir, sin falso orgullo, que provengo de una familia de mujeres de raza.  Perdonad, mis queridos lectores, si esta afirmación os suena un poco imperialista, pero no sé de qué otra manera definirlo. Mujeres que, a pesar de los reveses de la vida, han contado siempre con una resilencia grande, incluso cuando esa palabra, resilencia, no estaba de moda, y lo que se decía era  aguante.

Varias generaciones, con sus excepciones, claro, de abuelas, tías y primas que han sido capaces de reiventarse para seguir siendo ellas mismas, sin renunciar a valores y principios. Y eso no es nada fácil.

También, he de reconocerlo, tenemos un pequeño fallo, aunque para nosotras forma parte de nuestra manera de ser. Y es que, a pesar de los pesares, puede quemarse la casa, pero no dejamos salir el humo. No sé si esto es bueno o es malo, solo sé que es la manera con la que hemos decidido afrontar la vida, pensar que no se trata de lo que te pase, sino de qué manera haces el relato.

Algún día me deciré a escribir sobre ellas, sobre quienes en el día a día han sido unas heroínas que no han salido en los papeles, ni en la TV, pero que han contribuído en gran manera a señalarme cómo la decisión de ser o no feliz en la vida la tienes tú.

Por eso hoy, domingo primero de este otoño que se resiste a soltar el verano de la mano, he querido escribir este artículo, sino como homenaje - se queda sin duda corto- si como agradecimiento. Porque tras de mí están Leyre y Martina, y no encuentro mayor ilusión que ser para ellas lo que las mujeres que me antecedieron han sido: un ejemplo. Ójala que el día de mañana puedan recordarme como alguien de quien pudieron aprender alguna cosa, sencilla, pero que las ayude a hacer camino. Si es así, habrá valido la pena. Porque no importa que la casa se queme, no importa que no salga el humo... No hay mejor bombero que la fuerza interior, esa que te dice todos los días que aún queda esperanza.

Sed felices.

Dedicado a mis abuelas Rosa y Teresa, a mi tías  Mary Tere y Rosi, a mi prima Érika y a mi querida amiga María Jesús.




domingo, 8 de septiembre de 2019

Amando la vida

Tal vez sea deformación profesional de tantos años (25) siendo docente, pero septiembre tiene más de año nuevo que enero.

Muchos de nosotros, los privilegiados que podemos hacerlo, salimos de vacaciones, viajamos a otro lado que no es el habitual de residencia y, cuando volvemos, lo hacemos un poco distintos. Nunca se regresa, y eso lo he dicho muchas veces, siendo los mismos.

Tomamos y dejamos un poco de nosotros en los lugares que recorremos, en las carreteras por las que circulamos, en las personas que conocemos.  Los paisajes que nos acogen o las vistas en donde se pierde nuestra mirada se convierten en pequeños santuarios en los que, como exvotos, dejamos las emociones que nos provocan. 

Las fotografias, mudos testimonios en los que queremos perdurar esas sensaciones para revivirlas  cuando los días se acorten, el frío llegue y los abrigos tapen la piel cada vez más pálida.

Los niños y jóvenes empiezan un nuevo curso. Nosotros hemos, también, adaptarnos a hacer lo mismo, o casi lo mismo, pero con ilusión, con ánimo y con la certeza de que no podemos caer en ese absurdo denominado "sindrome posvacacional". 

Pronto el otoño, con su belleza en amarillos y naranjas, llamará a la puerta. Entonces, como los árboles que veo desde mi ventana, me prepararé para afrontar otro año, que no sé que me deparará, pero que estoy segura estará lleno de experiencias que me harán seguir creciendo, aprendiendo, escribiendo y, sobre todo, amando esta vida mía que me ha tocado vivir y de la que vosotros, mis queridos lectores sois parte importante.

¡Feliz reencuentro!

Sed felices.

domingo, 16 de junio de 2019

A la vuelta de la esquina

Siempre he dicho que mi vida, esta vida sobre mis tacones, a veces más altos, otras ya más bajos (las rodillas ya no son las que eran) nunca fue una línea recta, sino una sinuosa carrera de fondo de la que en muchos momentos tuve la tentación de retirarme porque el esfuerzo estaba siendo enorme y el cansancio planeaba como buitres sobre una res moribunda. Pero, de manera incluso sorprendente para mí, seguía hacia adelante, sin abandonar la esperanza de que la meta estuviera a la vuelta de la esquina. Así, etapa tras etapa se  me ha pasado ya la mitad de la vida, y tras alcanzar este penúltimo escalón (no sabemos cuál será el último) sigo cumpliendo metas volantes. 

Ayer, sentada en mi escaño tras prometer mi cargo de concejala, sentí la sensación de que de nuevo había doblado otra de las esquinas, pero de que no había llegado. Se extendía una nueva carrera, llena de responsabilidades, seguro que de problemas e incertidumbres, pero  también resplandeciente de ilusión. 

Nunca la vida será lineal por mucho que nos empeñemos, permitiéndonos prever y calcular. La existencia está llena de recovecos que nos obligan la mayor de las veces a rectificar y seguir caminando. Además, ¿ a que no hay nada más aburrido que una recta?. Sé que esto que digo, mis queridos lectores, no es fácil de entender, pero creedme, lo sé por experiencia. 

Hoy, tras tantas emociones, no estoy muy inspirada para contaros algo muy profundo, pero quería no faltar a nuestra cita , porque también vosotros soís parte de este viaje y siempre es maravilloso encontraros a la vuelta de cada domingo.

Sed felices.

miércoles, 6 de marzo de 2019

DESCONCIERTO




 Todos nos sentimos desconcertados ante la vida, ante los demás, ante aquello que no comprendemos aunque lo entendamos. Estas son algunas situaciones que me producen ese estado de desconcierto.



 Cuando la mentira se convierte en el argumento de más peso.

Cuando quien dice ser tu amigo no entiende tu libertad.

Cuando aquel que valora sus acciones dice que las tuyas son fruto del azar.

Cuando alguien dice ser justo con una sola vara de medir: la suya.

Cuando alguien habla con palabras que esconden otras palabras que teme pronunciar.

Cuando se critica en el otro aquello que en sí mismo no se cumple.

Cuando se quiere ser el centro del mundo aunque el mundo no lo sepa.

Cuando un mal jinete, al que le tiran todos los caballos, le echa la culpa a los caballos.

Cuando en nombre de la amistad se ha izado la bandera de la obligación.

Cuando se han pedido respuestas y solo se han  encontrado evasivas.

Cuando el pensamiento no tiene lugar para el sentimiento.

Cuando el que dice quererte te hace llorar.


Sed felices



martes, 15 de enero de 2019

Una vida extraordinariamente normal.

Me asomo a esta MI VIDA EN TACONES con un poco de retraso sobre lo previsto- quien sigue bi blog sabe que suele ser dominguero-, no por falta de ganas sino de ese tiempo que a veces me es esquivo.

Hoy es martes, día de Marte, dios de la guerra, que últimamente parece campar a sus anchas si una se hace eco de lo que ocurre a su derredor. La espiral de belicismo que contemplamos cada día se ha convertido en una serpiente que nos acogota y estrangula.

Pero hoy no quiero hablar de eso, ni de quienes han hecho del odio su bandera. Quiero hablaros de ese sol que se entremezcla con el frío de enero y hace que haya una luz mágica, como de día de Reyes. Quiero hablaros de ese cielo limpio, azul, como la mirada de un recién nacido. Quiero hablaros de la sonrisa, de la alegría, de la charla con una compañera escritora ante un café contando nuestras experiencias.

Quiero hablaros, en síntesis de la vida, de la mía, de la tuya, que no es extraordinaria, o a lo mejor sí, por su sencillez llena de cosas amables. Y eso es, al final, lo que importa.

En fin, mis queridos lectores, que aunque Marte blanda su espada, siempre nos quedan rincones donde refugiarnos con un buen libro, con un abrazo, con un beso: lo normal.


Sed felices.

domingo, 9 de diciembre de 2018

Si no es amor es costumbre

A veces pienso que la importancia del  amor está sobredimensionada. Claro que, por otra parte, si no hubiera sido por su existencia páginas escritas de poesía, novelas y teatro aparecerían en blanco, porque jamás nadie se hubiera molestado en escribirlas al falta de la temática principal.

¿Alguien se imagina una guerra de Troya sin el amor de Helena y Paris? Pues hubiera quedado un aventura épica coja, al albur de las descripciones de las batallas que, en ocasiones son bastante aburridas, con un simple pico de intriga por el episodio del caballo.

No hace falta remontarse tan lejos. Baste con detenernos en la novela de las novelas, la de ese hidalgo caballero enjuto y desgraciado que no habría puesto un pie fuera de su casa, ni hubiera abandonado la lectura de sus libros sin que en el horizonte percibiera el amor de la sin par Dulcinea. Bécquer sin golondrinas ni madreselvas, Larra envejeciendo sin haberse pegado un tiro por un amor desgraciado, Zorrilla con un Don Juan mudo y una doña Inés llegando a priora de su congregación. Teruel cifrando sus visitas a sus magníficas torres mudéjares, pero sin ese imán que atrae como la miel a las moscas que significa sus famosos amantes.

Pero por suerte los escritores y los poetas muestran instantáneas, momentos de ebullición de esa pasión que rebosa como el cava las copas para luego producirnos un cosquilleo similar a las burbujas.  ¡Ay el amor!

Pero ¿y si pudiéramos avanzar en esas historias que han marcado y señalado el amor como el motor del mundo? Pues, para nuestro desencanto veríamos como se iría transformando en costumbre en general y, en algunos casos, con suerte, en amistad.

No, no, mis queridos lectores, no enaqueis las cejas con asombro preguntando cómo una escritora, una poeta que ha hecho del amor el centro de mucha de su literatura cae, con cierto cinismo fruto tal vezde los años y la experiencia, en semejante afirmación. Pues porque, salvando las excepciones, suele cumplirse lo que señalo. Ese amor que brotó como una flor roja de pasión se va tranformando en un árbol robusto que acoge y protege del sol del verano y de las inclemencias del tiempo en invierno, sino se ha incendiado antes por el rayo del desamor, que todo es posible.

No debemos extrañarnos de imaginar a Julieta y Romeo, sentados en un banco bajo el balcón de Verona, viendo jugar a sus nietos, y sintiéndose en paz con ellos mismos y con el mundo, gozando de la compañía del otro hasta el fin de sus días y arropados por la costumbre y una profunda confianza que diera sentido a sus últimos años. Claro que entonces Shakespeare no habría tenido ni el más mínimo interés en su historia, porque el amor es el barniz que le damos a la vida para que nos parezca extraordinaria.


¡Ay, el amor!



domingo, 11 de noviembre de 2018

Noviembre

El mes de noviembre siempre ha tenido un predicamento negativo en mi familia. Esta manía la comenzó, creo, mi abuela paterna. Decía que aparte de ser el mes más oscuro, en el que antes anochece, que incia su andadura con la fiesta a los difuntos, había como un augurio no muy positivo en él. No es de extrañar en su caso, pues su hijo mayor murió ese mes, a la edad de 33 años. Por eso cuando llegaba el 1 de diciembre parecía respirar. Ya había pasado el nefasto mes y se acercaban las Fiestas de Navidad, que en mi familia siempre han sido un hito. Y como si fuera una profecía cumplida mi abuela murió un 22 de noviembre, su nieta mayor un 12 y mi madre el 5 de noviembre del año pasado.

No soy una mujer muy supersticiosa, ni me gusta creer que los meses, los lugares o las personas pueden influir en nuestra vida. Además, como para conjurar esa negatividad novembrina mi hermano Fernando, el mayor de los chicos, nació tal  día como hoy, el 11 de noviembre.

Es curioso como desde que el mundo es mundo ser humano ha sentido ciertos temores a aquello
que achaca a la mala suerte, o que no nos es favorecedor como menos, sin darnos cuenta de que nos movemos en convencionalismos que nosotros mismos nos  hemos dado para justificar lo que nos sucede porque nos tiene que suceder.

No sé cuándo ni  en qué mes me tocará marcharme, eso da igual. La única realidad es que llegará esa hora y entonces ya sean las hojas de los árboles verdes o amarillas, ya sople el viento o abrase el sol, mi único deseo es haber vivido la vida que he querido..., y queriendo.

Sed felices.


lunes, 8 de octubre de 2018

No me gusta

No me gustan muchas cosas.

No me gustan las pandillas a las que escucho desde la ventana, hablando en un lenguaje soez que no encaja con sus rostros en los que la inocencia de una infancia recién perdida aún deja su rastro.

No me gusta el césped pisoteado en senderos que no existían por el único motivo de no dar un  rodeo, de no dar una vuelta al seto.

No me gustan los bancos rodeados de cáscaras de pipas, con una papelera a menos de medio metro, paisaje que es fruto de la desidia de quienes lo ocuparon.

No me gusta la falta de criterio, en la que vale crematísticamente más dar patadas a un balón que investigar cómo curar las enfermedades.

No me gusta la falta de modales, la cortesía, que no tienen nada que ver con normas caducas, sino con facilitar la convivencia.

No me gusta la escala de valores en la que es más importante la macroeconomía que el que a todos llegue el pan.

No me gustan las frases huecas que a base de repetirlas parecen llenarse, pero solo de aire.

No me gusta quien se apropia del arte sin que ni siquiera sepa que no es ni será nunca un artista.

No me gusta quien me dice que no entiende la poesía pero se regodea cuando lee un índice bursátil.

No me gusta la envidia, ni la ignorancia, ni la xenofobia, ni el patriotismo de bandera, ni...

No me gustan ... muchas cosas.


Sed felices.



domingo, 4 de marzo de 2018

Adelantar al tiempo

Tras la excepción dela semana pasada, vuelvo a escribiros en domingo, frente a mi ventana salpicada aquí y allá de gotas de lluvia. Leyre está desayunando y la casa se ve imbuida en un silencio que llega desde la calle solitaria  de gente que se refugia en las casas , huyendo de lo que para la mayoría es "mal tiempo".

El invierno está llegando a su fin y en pocos días el gran chopo que vislumbro en la plaza cubrirá sus amplias ramas de los brotes que rápido se convertirán en hojas verdes y brillantes recien nacidas.

Es el ciclo de la vida, claro. La manera que el tiempo tiene  de hacerse visible, ajeno a nuestra queja de su paso inexorable.

Los días pasan volando, decimos. Pero es que, en realidad, la vida es muy corta. Y, además, nosotros intentamos consumirla aventando la prisa, el ansia, y la intranquilidad, intentando adelantar  ese tiempo del  que nos quejamos por su brevedad.

Cierto es que en los primeros cincuenta años muchos de nosotros cumplimos con parte nuestro mandato vital de crecer y reproducirnos,  para afrontar la llegada del final lo más tarde posible, en los veinte o treinta restantes, pero la vida ( o la muerte) no sabe de cuentas con los dedos. Las estadísticas hablan de la esperanza de vida, pero no de la única certeza, ante la que muchos tocan madera. Sin embargo nos complicamos los días, nos angustiamos las horas, y tememos perder constantemente, cuando nuestra mortalidad es lo único que es seguro. Somos la sociedad del drama, de la tragedia, de la hipérbole. Somos la sociedad del miedo.

La mayor paradoja es que a pesar de toda la tecnología, de todos los avances no somos más felices que nuestros congéneres de hace dos siglos, sino, por el contrario, bastante menos. Tal vez por que ellos consideraban que la vida era el ahora, que en invierno ha de hacer frío y el verano calor. Es decir que ellos vivían, y nosotros solo buscamos como eludir a la muerte.

Y ella siempre nos encuentra... A todos.

miércoles, 3 de enero de 2018

Vivid vuestra propia vida

Es curioso como el ser humano utiliza el tiempo. Tan sólo un segundo y pasamos de un año a otro, en ese ritual de las campanadas de medianoche.

Mi última entrada, para todos los efectos fue el año pasado. Y, sin embargo, apenas han transcurrido dos semanas de ellas, semanas llenas de celebraciones, felicitaciones y recordatorios de que lo importante es ser feliz.

La de veces que habremos deseado estos días y por todos los medios a nuestro alcance a los amigos, a los no tan amigos, al mundo en general, ser tocados por la varita de la Dicha, así, con letras mayúsculas.Pero, la cosa no estan sencilla... ¿O sí?

Hace un tiempo le comenté a una amiga muy querida que mi único objetivo en esta vida, de la que espero todavía me queden años, es alcanzar esa sensación  de bienestar que comporta el hacer aquello que quieres hacer y con la gente que te apetece hacerlo. Hay momentos, no me cabe duda, de que lo consigo, y, en una especie de extraño malabarismo, consigo estirar su efecto como si fuera chicle, y llegar a otros que me son más apetecibles. Quizá por que diariamente hago mía la máxima de "no solo hacer lo que me gusta, sino también que me guste lo que hago", Porque no siempre es posible esa situación paradisiaca de cumplir los deseos más absolutos, pero si soy capaz de divertirme e intentar sacar partido a situaciones que, a priori, no eran muy atractivas.

Reconozco que he sido una mujer afortunada, y lo sigo siendo. No tanto por lo que tengo, que sin duda es más que suficiente, sino por mi capacidad de adaptarme a las situaciones y, sobre todo, por no quedarme lamentando de mi mala suerte o de mi desgracia, cuando los tiempos me han sido adversos, como a cada hijo de vecino. Mi suerte no ha sido el azar sino el encontrar la salida y aprovechar las oportunidades.

Dejadme que en esta primera entrada de 2018 os desee fortaleza, inteligencia y voluntad para caminar por esa vida que hayáis elegido vosotros y no otra. Amad con toda el alma, haced lo que os llene de ilusión, soñad, imaginad...En resumen, vivid vuestra propia vida.




sábado, 24 de septiembre de 2016

Carta abierta a una persona infeliz

Mi querida persona infeliz:

Permíteme que este último domingo de septiembre, en las puertas del veranillo del membrillo (o de San Miguel para los creyentes) te dedique esta entrada de mi blog desde el cariño y la amistad.



Hoy te quiero dirigir unas palabras, no para insuflar alegría ni felicidad a tu vida, sino simplemente para preguntarte si te merece la pena estar lamiéndote persistentemente las heridas en público, encogida ante el día a día y llenando de preocupación a los que te rodean. No solo lo digo por mí, que también- convendrás conmigo que no es agradable estar escuchando frases demoledoras y que te ponen el ombligo en la garganta-, sino fundamentalmente por ti.

Ya, ya sé que me dirás que tu vida es el rigor de las desdichas, que no ves sentido a tu existencia y que tienes todo el derecho a quejarte, y, puedes rematar,  que si a mí no me gusta que le ponga un lazo. De acuerdo. Pero a fuer de ser sinceros hay quien lo tiene bastante peor que tú y no se dedica a rasgarse persistentemente las vestiduras y cubrirse la cabeza con ceniza, tal vez porque el tiempo que tiene lo ha de dedicar a sobrevivir y porque sus carencias son básicas.

Déjame que te cuente una historia:  hace siglos una persona fue encerrada por la Inquisición en una jaula en la que no podía estar ni sentado, ni de pie, ni tumbado. Las perspectivas no podrían ser menos halagüeñas pero... Vivió dieciséis años contra todo pronóstico. La conclusión: sus ganas de vivir vencieron al tremendo suplicio.

Vivir no es fácil, desde luego. Por el contrario es el mayor reto al que se enfrenta el ser humano. Es un logro diario sorteando enfermedades, frustraciones, pérdidas de los seres queridos, desamores, etc. Pero también hay momentos, a veces pequeños, en los que poder recrearnos en el placer de una conversación, de un paseo, de una felicitación por algo bien hecho, con una caricia, con un beso. Clavos ardiendo a los que nos agarramos para no caer en el abismo del tedio y la cotidianeidad.

Mi querida persona infeliz: no creas que los que parecemos a tus ojos vivir en un anuncio de mi pequeño pony no tenemos nuestros momentos oscuros. Lo que ocurre es que no solemos mostrar las llagas y preferimos ver la botella medio llena, por aquello de no amargarnos la vida. También porque hace tiempo que hemos entendido que nadie va a alfombrarnos el suelo con rosas y a invitarnos a desayunar con diamantes.

La felicidad no es tener salud, ni amor, ni dinero, ni siquiera las tres cosas juntas, aunque estas alturas de mi vida sigo sin saber, exactamente, qué es la felicidad. Lo que sí se es lo que no es: ahondar un día tras otro en el sufrimiento, propio o ajeno -como si echar sal en la herida fuera la única manera de que los demás nos quieran- quejarnos, lamentarnos y, sobre todo, creer que somos únicos en nuestro penar.

En fin, mi querida persona infeliz, no sé si mis palabras te calarán más allá de esa coraza de persona desdichada que has decidido ser, pero hoy sentía la necesidad de dedicarte esta carta.


Tuya afectísima...

domingo, 13 de marzo de 2016

Pensando, pensando VI


Una nueva selección de las frases con las que doy los buenos días.


La genialidad estriba en no tener miedo a romper los moldes. Para el erudito que se encorseta en lo establecido, atado por las normas, el genio es un loco.


Los sueños son versos pintados con tinta de noche y pluma de deseo sobre el lienzo blanco de la almohada.


Las conversaciones matutinas con Leyre son como el vuelo de las golondrinas: van y vienen sin cesar y te alegran la mañana...


Solo aquel conoce la pérdida sabe que el coste de las cosas no se relaciona con su valor.

Para poder perdonar a los demás debemos empezar por perdonarnos a nosotros mismos. Reconocer nuestras limitaciones nos ayuda a aceptarlas en los demás.

El sentido de la vida se encuentra en aquello que hacemos y sentimos movidos por la pasión . El resto no es más que paja al pesebre.

El miedo es el peor carcelero: deja la puerta jaula abierta pero nos corta las alas.

Nunca pediré perdón por ser como soy, por ser yo y no otra que se adapte a la costumbre; no pediré perdón por inventarme cada amanecer y por intentar que cada instante sea mi rincón de felicidad.

No hay nada más atrevido que la imaginación. Con ella se puede hacer todo aquello que parece imposible. Imaginemos pues, antes de morir de tedio por la fuerza de la costumbre.

 El amor no se cansa de perdonar: se cansa la razón de tener que justificar por qué seguir perdonando.Por eso es tan fácil perdonar a quien se ama .