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domingo, 26 de abril de 2026

María Esther Flórez, mi amiga.

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Ejemplo de resilencia y resistencia ante las adversidades, mi amiga María Esther es una luz que guía a los que amamos la vida con toda su intensidad. Artista de los pies a la cabeza.

Ayer tuve el honor de ser invitada a compartir un acto de poesía y diseño,  recitando un poema inspirado en uno de sus cuadros. Lo comparto con vosotros para que os suméis al homenaje de esta gran mujer.

Los colores de los sueños

Para mi amiga  María Esther Flórez

 

La noche despierta un anhelo leve,
y pinta silencios sobre el cielo,
mientras sin hacer ruido, cruzan luces
guardando secretos en terciopelo.

 

Bajo pinceladas de colores,

las formas se asoman a las miradas,
las almas se reconocen,
en  una sinfonía  sin palabras.

 

Azules que abrazan silencios fecundos

Amarillos y rojos  que cantan

cruzando  sus ecos al universo

Sueños pintados en  tonos profundos.

 

 Mujer que sostiene  el arte infinito,
y al mundo le ofrece su corazón
con manos que crean nuevos caminos,
trenzados de belleza y de pasión.

 

Mª Esther camina la vida con paso encendido,
y borra las sombras de lo más oscuro,
 su luz ilumina valiente la senda,
con fuerza constante y con fiel sentido.

 

Así se dibujan sin prisa ni prisas,
las huellas que deja  la artista y amiga,

colores del alma,  pintados en versos

que guardan constante su eterna sonrisa.

 

Te quiero amiga

Elena Muñoz

domingo, 26 de abril de 2020

Desescalada

Parece que comenzamos la primera etapa de esa tan deseada desescalada, palabra que, a pesar de que los puristas la denostan, pero que la RAE ha aceptado, significa el principio de una normalidad que promete ser no muy normal. Y será en una fecha que para los madrileños y madrileñas tienen un significado muy especial, como es el 2 de mayo, fiesta regional y conmemoración del inicio de la Guerra de la Independencia.

Como ya nos tiene acostumbrado las redes sociales se llenan de opiniones sobre la conveniencia de salir o no salir tan pronto, al igual que ha sucedido con la salida de los niños. Asimismo los periódicos publican artículos en los que ya se nos avisa de un posible repunte, no sea que disfrutemos demasiado pensando en el alivio del confinamiento. Angustia, que algo queda.

Cuando el tiempo pase, y podamos ver con perspectiva seremos capaces de valorar realmente lo que ha supueto este periodo de cuarentena. Solo con esa disociación que se produce el vernos como  otros seremos capaces de alcanzar la magnitud de este periodo histórico, que aún siendo corto, va a ser uno de los más trascendentes de nuestra vida.

En mi caso, y perdonad queridos lectores que personalice, porque me ha dado la oportunidad de poner en valor  todos aquellos conocimientos que sobre resilencia he estado aprendiendo casi durante toda mi vida. Pero no solo eso, sino que he constatado en mi propia familia como el principio de animar y no preocupar se ha cumplido.

Admirable el ejemplo de mis hijos. Unos con ERTES, otros trabajando en lugares con riesgo de contagio. Y sin transmitir preocupación o angustia. Mis nietos asumiendo con naturalidad la situación y enviándome sus sonrisas a través de los chat.

Cabe decir que la enfermedad, de momento nos ha respetado, pero ni tan siquiera en mi día a día ha sido el centro de temores o dudas, más allá de convertirme, como todos, en fregatriz e invadir la casa con lejía, o bajar a comprar con guantes y mascarilla.

Me duelen mucho las vidas que se han ido como las que se irán. Me duele mucho el drama humano que hay detrás de cada cifra, pero creo que si no aprendemos a convivir olvidando las diferencias, los rencores y las ambiciones personales, a pesar de que nos dejen salir de casa, seguiremos emocional y moralmente confinados.

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Acabo a mis nietos pequeños bajo mi ventana, y he escuchado sus voces...  Estamos en el camino.

domingo, 19 de abril de 2020

¿Cuánto falta?...

Los que tenemos hijos sabemos que esta pregunta significa la impaciencia que muestran los niños y niñas en los viajes, sobre todo en las vacaciones.
También recuerdo haberlo vivido como hija, sufriendo la pregunta recurrente de mis hermanos, sobre todo de los dos pequeños.  Y escucho el eco de la voz de mi padre diciendo:

- Llegaremos cuando lleguemos.

No cabe duda de que esa pregunta nos rebota una vez y otra en la cabeza a toda la ciudadanía, no se puede remediar. Pero es algo que no está en nuestra mano, ni tan siquiera, creo, que se tiene la certeza entre los que les cabe la responsabilidad de contestarla.

Leo en las redes sociales pronósticos, comparaciones con lo que han hecho otros países, especulaciones sobre cómo será la desescalada. No creo que sea positivo, porque anticipar, para bien o para mal, si luego no responde a nuestras expectativas, lo que nos va a traer es frustración. A día de hoy, conocemos lo que conocemos, y esas son nuestras cartas y hay que jugar con ellas.

El ser humano tiene una capacidad de adaptación, en general, asombrosa. Eso es lo que ha hecho que hayamos evolucionado de la manera en que lo hemos hecho. Hay excepciones, por supuesto, pero no creo que sean la mayoría. Quizá en esta última etapa de la Historia es cuando menos posibilidades hemos tenido de demostrar esa capacidad, porque hemos cifrado nuestra felicidad en elementos materiales en vez de fortalecer nuestro interior.

Vivimos, no cabe duda, un gran drama social, pero antes, durante y después se han vivido, se viven y se vivirán dramas individuales a los que se ha tenido, se tiene y se tendrá que hacer frente. Pero son dramas de puertas para dentro que, en muchos casos, nos pasan desapercibidos. Tal vez, aquellos a los que la vida ha curtido, ahora estamos un poquito mejor preparados para no rendirnos


Es cuando sucede una catástrofe como esta cuando nos damos cuenta de la propia vulnerabilidad, y nos asusta. ¿Cómo no se podía haber evitado? Pues porque la mayor mentira es que se puede tener bajo control nuestra propia existencia. Tal vez, solo tal vez, podamos ir paliando consecuencias a posteriori, pero siempre nos quedará un margen para el error.

No sé cuánto falta para que empecemos a atisbar el final de esta pandemia. Ciertamente que me lo pregunto, cómo no, mis queridos lectores, pero poco. Quizá es porque veo que mis hijos y mis nietos, mis hermanos, mis sobrinos, están bien. No tengo que preocuparme de mis padres, porque ya no los tengo: murieron como han muerto muchos antes, sin ruido, pero no por ello dejaron menos dolor ni menos ausencia en los que aún les queremos. Mientras procuro llenar mis horas con actividades que me ayuden, con relaciones aunque sean virtuales, con escribiros estas palabras que no se si os sirven de algo pero, sin duda, a mí sí.

En fin, dejadme que termine diciendo eso: "llegaremos cuando lleguemos". Y siempre se llega, siempre.

Sed felices, si queréis.


domingo, 29 de septiembre de 2019

Aunque la casa se queme

Tengo que decir, sin falso orgullo, que provengo de una familia de mujeres de raza.  Perdonad, mis queridos lectores, si esta afirmación os suena un poco imperialista, pero no sé de qué otra manera definirlo. Mujeres que, a pesar de los reveses de la vida, han contado siempre con una resilencia grande, incluso cuando esa palabra, resilencia, no estaba de moda, y lo que se decía era  aguante.

Varias generaciones, con sus excepciones, claro, de abuelas, tías y primas que han sido capaces de reiventarse para seguir siendo ellas mismas, sin renunciar a valores y principios. Y eso no es nada fácil.

También, he de reconocerlo, tenemos un pequeño fallo, aunque para nosotras forma parte de nuestra manera de ser. Y es que, a pesar de los pesares, puede quemarse la casa, pero no dejamos salir el humo. No sé si esto es bueno o es malo, solo sé que es la manera con la que hemos decidido afrontar la vida, pensar que no se trata de lo que te pase, sino de qué manera haces el relato.

Algún día me deciré a escribir sobre ellas, sobre quienes en el día a día han sido unas heroínas que no han salido en los papeles, ni en la TV, pero que han contribuído en gran manera a señalarme cómo la decisión de ser o no feliz en la vida la tienes tú.

Por eso hoy, domingo primero de este otoño que se resiste a soltar el verano de la mano, he querido escribir este artículo, sino como homenaje - se queda sin duda corto- si como agradecimiento. Porque tras de mí están Leyre y Martina, y no encuentro mayor ilusión que ser para ellas lo que las mujeres que me antecedieron han sido: un ejemplo. Ójala que el día de mañana puedan recordarme como alguien de quien pudieron aprender alguna cosa, sencilla, pero que las ayude a hacer camino. Si es así, habrá valido la pena. Porque no importa que la casa se queme, no importa que no salga el humo... No hay mejor bombero que la fuerza interior, esa que te dice todos los días que aún queda esperanza.

Sed felices.

Dedicado a mis abuelas Rosa y Teresa, a mi tías  Mary Tere y Rosi, a mi prima Érika y a mi querida amiga María Jesús.




domingo, 4 de febrero de 2018

Invierno

Lo bueno de hacerse mayor, entre otras cosas, es la aceptación de lo irremediable. Con el tiempo aprendes a que no se pueden pedir peras al olmo (bueno, a no ser que sea uno de esos transgénicos), y que lo que ha de ser será.
Pero no quiero confundiros, mis queridos lectores. Nada tiene que ver esta postura vital con la resignación, sino, más bien, con ese concepto tan en boga de la resilencia. Porque antes de que la psicología acuñara este vocablo (tomado literalmente de la ingeniería de resistencia de materiales), nuestros abuelos nos decían que al mal tiempo buena cara.

Encuentro en estos días invernales como en el de hoy, paradójicamente, calidez. Ahora que estoy escribiendo esta entrada para vosotros las gotas de lluvia se están convirtiendo en pequeños copos de nieve, que curiosamente me confortan.

Siempre he dicho que soy una mujer de invierno y de otoño, a pesar de haber nacido en verano. Y no es que no me gusten los días luminosos, las noches cálidas, pero es cuando el sol no aprieta tanto, cuando buscamos ese calor en el hogar, cuando me siento más yo.
Es cierto que mi vida es amable, que tengo una familia y un techo con el que cubrirme, que no es lo mismo que cuando la intemperie son tus cuatro paredes. Por eso me siento feliz y agradezco a la vida que, a la vez que me va sumando años, me va dejando apreciar y aceptar aquello lo que ha de ser así: es invierno y hace frío.

Y llueve, está lloviendo . Cae ese agua tan necesaria para la vida, ese agua de la que provenimos y que nos conforma; ese agua que apaga nuestra sed y hace brotar vida; ese agua por la que hace un instante clamábamos temerosos de que no volviera...

Todavía habrá quien diga que hoy hace mal tiempo.


Sed felices.