domingo, 19 de julio de 2026

Ulises nunca regresó a Itaca

ULISES NUNCA REGRESÓ A ITACAUlises en el país de los lotófagos: la flor del olvido

 Aprovechando  el estreno de la película "Odisea" traigo a esta bitácora un poema mío, que ya tiene sus años sobre este personaje y su aventura llena de dificultades, de tal manera, que hemos asumido que llevar a cabo un trabajo costoso es para cualquiera una "odisea".

Desde pequeña me sentí atraída por esa historia plagada de magia, monstruos, agonía y un final feliz. Ver "en carne y hueso" esa primera película protagonizada por Kirk Douglas hizo que los ojos de una niña se convirtieran en el asombro más profundo: Polifemo, las sirenas, el arco que solo él pudo tensar...

Medio siglo después publiqué en mi segundo libro de poesía Los poemas no cotizan en bolsa un poema titulado Ulises nunca regresó a Ítaca. Con media vida vivida fui consciente que nunca regresamos, porque después de todo lo que experimentamos ya no somos los mismos. Y, eso, a veces, produce esa nostalgia del tiempo pasado. Espero que os guste.

 ULISES NUNCA REGRESÓ A  ÍTACA

Ulises nunca regresó a Ítaca.

No arribó a su puerto,

no dejó que su mar,

pupila azul de los dioses,

acariciara de nuevo

sus tobillos.

No escuchó a las sirenas,

ni cegó a Polifemo

con su ingenio cantado

por Homero.

No besó a Penélope,

porque no era ya Penélope,

sino la que tejía y destejía

los recuerdos olvidados.

No sintió el abrazo fuerte,

otrora infantil, de Telémaco

porque ya no era Telémaco,

sino un joven huérfano

alimentando una leyenda.

Ulises nunca regresó a Ítaca.

Él quedó junto a las murallas

de Ilión derrotada,

Envuelto en los restos 

de la astucia del caballo hueco,

rodeado de nombres de héroes,

de huesos rojos por la sangre ,

blanqueados por la Historia.

Ulises nunca regresó a Ítaca.

Porque Ulises ya no era Ulises.

Ni Ítaca era Ítaca.

Nunca se regresa.

Los que nos vamos nunca

retornamos a los mismos lugares

ni a las mismas personas,

porque ya son distintos

aunque sigan siendo ellos.

También nosotros,

al igual que Ulises,

lloramos nuestra Ítaca perdida.

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