miércoles, 21 de marzo de 2012

De leopardos y manchas

Un tío mío, al que motivos que al caso ahora no vienen, le llevaban regularmente a África, me contaba un dicho que tenían allí: "el leopardo nunca cambia de manchas", que viene a ser en versión africana nuestro"genio y figura".
Y es que los seres humanos pensamos siempre que podemos cambiar las actitudes de los otros, que podemos adaptarlos a nuestra forma de ser y de pensar, y cuando no es posible, nos sentimos infelices.
Ya dijo el filósofo que somos nosotros y nuestras circunstancias, y son esas circunstancias las que nos van esculpiendo, tallando nuestro carácter y haciéndonos ser lo que somos. Y lo que somos puede ser que no guste o que a nosotros no nos agrade lo que los otros son, y entonces pretendemos que se acomoden a nuestro parecer o los demás intentarán cambiarnos.
En esto, siento tener que reconocerlo, las mujeres somos más insistentes que los hombres, dado que ellos, y eso ya he tenido la oportunidad de comentarlo en otras ocasiones, suelen quedarse más en la orilla, en lo evidente, en lo más externo - con excepciones, siempre-  sin  ahondar en las causas, mientras que nosotras pretendemos que se amolden a esa imagen de hombre ideal, complaciente, detallista, que nuestra mente forja. Craso error. Porque cuando diseñamos una posible estrategia para llevarnos al otro al huerto nos encontramos que ese otro ya está diseñando la suya para hacer lo mismo, o que, con una resistencia pasiva digna del mismo Gandhi, aguanta el tirón sin inmutarse, y por más que se le diga, sigue convencido de que son los demás y no él, los que tienen que cambiar.
Aunque, por otra parte,  deberíamos pensar que si el leopardo en vez de manchas tuviera rayas, no sería un leopardo sino un tigre.

Sed felices

2 comentarios:

  1. Es que no sólo vemos la paja en el ojo ajeno, sino la viga también...
    Un beso

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