martes, 27 de enero de 2026

81 AÑOS DE LA LIBERACIÓN DE AUSCHWITZ: MEMORIA HISTÓRICA Y EL PRESENTE A DEBATE

 


Este 27 de enero se cumplen 81 años de la liberación de Auschwitz-Birkenau, el mayor campo de exterminio del régimen nazi y uno de los símbolos más contundentes del Holocausto. La entrada del Ejército Rojo en 1945 dejó al descubierto un sistema de asesinato masivo que costó la vida a más de un millón de personas, en su mayoría judíos, pero también gitanos, prisioneros de guerra soviéticos, personas con discapacidad y opositores políticos.

La conmemoración de este aniversario se produce en un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas, conflictos armados y un renovado debate sobre el uso político de la memoria histórica y democrática. Auschwitz ocupa un lugar central en esa discusión: su recuerdo funciona tanto como advertencia universal contra la deshumanización como referencia frecuente en discursos contemporáneos sobre seguridad, identidad y legitimidad estatal. Discursos que en ocasiones provienen de quienes se creen con la verdad por el hecho de haber sido refrendados en las urnas.

En el caso de Israel, la memoria del Holocausto ha sido un elemento clave en la construcción de su narrativa nacional. Diversos analistas señalan que esta memoria, vinculada al sionismo como proyecto político, ha sido utilizada para explicar —y en algunos casos justificar— políticas de seguridad y control territorial. Al mismo tiempo, organizaciones internacionales de derechos humanos han documentado prácticas en los territorios palestinos ocupados que incluyen restricciones de movimiento, castigos colectivos y un sistema legal diferenciado, generando críticas sostenidas desde distintos ámbitos y un mayoritario rechazo internacional.

No obstante, expertos en memoria histórica y democrática advierten sobre los riesgos de trasladar de forma acrítica una tragedia histórica única a conflictos contemporáneos. La mayoría coincide en que el Holocausto no admite comparaciones directas, pero sí ofrece un marco ético desde el cual evaluar el ejercicio del poder y el trato a poblaciones civiles que, a la luz de los últimos acontecimientos sucedidos en Estados Unidos resultan más que alarmantes. En ese sentido, el debate no se centra en equiparar hechos, sino en interrogar cómo se invoca el pasado para legitimar decisiones presentes. No hablamos de antisemitismo, hablamos de injusticia, de racismo, de xenofobia y crímenes contra la humanidad.

También dentro del propio mundo judío existen posiciones diversas. Intelectuales, académicos y organizaciones judías críticas del gobierno israelí han señalado que el recuerdo de Auschwitz debería reforzar principios universales de derechos humanos y no funcionar como un escudo frente a cuestionamientos políticos. Estas voces subrayan la necesidad de separar el combate al antisemitismo —una forma de odio persistente y real— de la crítica a políticas estatales concretas.

A 81 años de la liberación del campo, la desaparición progresiva de los sobrevivientes otorga mayor peso a la responsabilidad de instituciones educativas, medios de comunicación y líderes políticos. La memoria de Auschwitz, lo que representa,  ya no depende solo del testimonio directo, sino de cómo se la contextualiza y se la transmite.

La pregunta que atraviesa esta conmemoración no es únicamente cómo recordar el pasado, sino qué hacer con él en el presente. Auschwitz permanece como un punto de referencia histórico y moral. Su legado, coinciden muchos especialistas, no reside en su utilización como argumento político, sino en su capacidad para alertar sobre los peligros de la deshumanización, independientemente de quién la ejerza y contra quién se dirija.

 

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