sábado, 1 de agosto de 2020

AGOSTO





Mes por antonomasía de las vacaciones, sobre todo de los "curritos". El éxodo hacia las playas, la montaña o el pueblo de origen llenaba las carretera de automóviles cargados hasta los topes, porvocando unas caravanas de salida interminables. De fondo la cantinela infantil del "¿Cuándo llegamos?".

Pero este agosto es menos agosto. Le ha cortado las alas  un microscópico ser que ha invadido de la manera más atroz nuestro día a día como si de un desembarco alienígena se tratara. Ha torpedeado nuestra salud, nuestra economía y obligado a cambiar muchas de nuestras costumbres.

No obstante, hoy, primero de agosto, sigue guardando ese día inagural del mes del relax y del descanso, aunque sea tras la muralla de tela o celulosa de la mascarilla. Hay gente en la playa, a dos metros. Hay gente tomando paellas, máximo diez, por mesa. Hay gente capaz de sobreponerse al miedo propio y ajeno para hacer de lo poco normal la normalidad. Es un reto colectivo al que no podemos dar la espalda. Un día ganado al coronavirus es un día rescatado a recuperar nuestra vida, esa vida que se vió confinada un 15 de marzo, cuando asomaba ya la primavera.

Por muy duro que fuera el confinamiento, la prueba de nuestra solidaridad es ahora, cuando podemos demostrar que nos interesa más el bien colectivo que pasar un buen rato transgrediendo las normas. Nunca como ahora nuestras decisiones tienen consecuencias para todos y todas.

Por delante un mes de luz, de calor, de descanso. Para unos de días o de semanas; para todos poder demostrar que somos capaces de superar la necesidad de un capricho por la responsabilidad como ciudadanía.

Seamos solidarios, seamos responsables. Habrá otros veranos, seguro, para recordar ya sin mascarillas ni restricciones, que entre todos superamos a este virus que intentó, pero no consiguió, acabar con nuestra esperanza.

¡Sed felices!

miércoles, 22 de julio de 2020

Mano por codo

No cabe duda de que este coronavirus, bautizado como CoviD 19, ha puesto nuestra vida patas arriba, en muchas cosas pero sobre todo en las costumbres sociales.

Sé que no extensible a todos, hay quien no gusta del contacto con el prójimo, pero para quienes somos muy "latinos", lo peor que se lleva es la falta de acercamiento con amigos y familiares.

Ayer estuve como concejala en el homenaje que el municipio de Rivas Vaciamadrid ralizó a los servicios esenciales que durante la crisis más álgida  de la pandemia estuvieron al pié del cañón. Cuerpos y fuerzas de seguridad, médicos, profesorado, servicios de limpieza y mantenimiento, protección civil... Todos recibieron su justo reconocimiento público. Un acto muy emotivo.

Pero no cabe duda de que la presencia del virus no pasó desapercibida. Caras ocultas por la mascarilla y codos por manos, con ausencia de abrazos. Todo envuelto en una extraña ceremonía que nos convertía  en protagonistas de un evento al que le habían arrebato ciertas emociones, gestos y cariño.

Aún estamos en el camino, aún seguimos sofocados por esa pieza los la que nunca antes habíamos convivido fuera de las actuaciones sanitarias. Aún nos queda tiempo para abrazarnos y agarrarnos de las manos como antes, con libertad. Pero estoy convencida que cuando llegue ese día será maravilloso, como lo es todo lo que se recupera tras haberlo perdido por un tiempo.

Como ya dije una vez, hemos aprendido a sonreír con los ojos y a transmitir con las palabras, esos intrumentos maravillosos, y a veces olvidados y maltratados, que ahora son los puentes para acercarnos unos a otros. Los poetas sabemos de ello. 

Mientras, nuestros codos conectados seguirán diciendo lo que no pueden nuestras manos.

Sed felices.



sábado, 11 de julio de 2020

Diez años sobre mis tacones.

Ya han pasado diez años desde que comencé esta andadura de bloguera, diez años desde que decidí un día abrirme a esta ventana al mundo que son las redes sociales.
Han sido unos años plenos de luces y sombras. En este mes de julio echaba el cierre a mi empresa de formación, tras veintidós años, a la que la crisis económica de 2008 dejó sin oxígeno. Tras veintidós años me vi sin trabajo, con una edad bastante complicada, y con la necesidad de reiventarme. No tardé ni un mes en encontrar la razón para seguir adelante. El 6 de agosto venía al mundo mi primera nieta, Leyre. Ese pequeño ser fue la gran razón para que no me rindiera.

Había dedicado más de veinte años a la enseñanza, a la formación, y tenía que encontrar nuevamente el camino. Entonces no me pregunté "qué quiero hacer", sino "qué soy". Me contesté a mí misma que una buena comunicadora. Me sumergí en el mundo de la comunicación, del marketing de contenidos, de la organización de eventos... Y sobreviví, además con un valor añadido de disponer del tiempo de una manera más libre, lo que me permitió dedicarme con más intensidad al mundo de la literatura. Tres novelas, tres libros de poemas, una novela juvenil y un libro de relatos atestiguan que han sido estos años bien aprovechados.

Sin duda que la sombra más profunda y alargada ha sido la pérdida de mis padres en este tiempo. No por mayor que una sea deja de echarles muy de menos cada día, y continúan presentes en mi corazón como si siguieran conmigo. Pero la luz también me ha acompañado y regalado otros dos preciosos nietos, Martina y Adrián, que colman mi felicidad y mi "abuelería".

Hoy es el día después de mi nombramiento como concejala de Desarrollo económico y empleo de la ciudad en donde resido, Rivas. Un reto que me emociona, porque he vivido desde el otro lado la gestión de la empresa, de los comercios, de la pérdida del empleo y el esfuerzo de ganarse la vida día a día. Pienso que es un gran broche a esta década en la que la vida de ha ido señalando que todo depende de cómo te la cuentes.

Estoy sentada frente al ordenador, mis queridos lectores, y me vuelvo hacer la misma pregunta: ¿qué soy? Sí, sigo siendo una buena comunicadora, no lo voy a negar, pero creo que tras estos años puedo decir que soy una persona con menos miedos, con menos ambiciones, pero con mucho más convencimiento de que un fracaso no es más que un mal ensayo y que de los errores se aprende sino abandonas.

No sé si podré seguir escribiendo con la asiduidad que lo he hizo haciendo en este tiempo, pero lo voy a intentar. No quiero bajar de estos tacones que me han permitido caminar y llegar a hasta aquí.

Sed felices.


sábado, 4 de julio de 2020

PENSANDO , PENSANDO XVI...

 
 Pensamiento que me surgen en el amanecer.


Triste cuando se prefiere la mentira que nos reafirma a la verdad que nos cuestiona.

Somos mortales por nuestros miedos, inmortales por nuestras ilusiones.

Una obra de arte no lo es por opinión de los críticos sino por la resistencia al paso del tiempo.

El amor da vértigo, siempre da vértigo...

Ser bueno no es no ser malo sino combatir la maldad.

La boca puede mentir, los ojos nunca.

¿Cómo entender a quien no quiere comprender?

La fantasía es imprescindible para no perderse en la realidad.

Hay silencios que son poemas escritos con la mirada.

La nostalgia es el pellizco del recuerdo.

domingo, 21 de junio de 2020

Nueva normalidad

Hoy hemos entrado en Madrid en la "nueva normalidad". 

Mi región ha sido una de las más golpeadas por la pandemia. Asumimos casi la mitad de fallecimientos y, todavía damos el mayor número de contagios. Escucho, leo el miedo, la aprensión, a retomar lo que podría ser aquel día a día que nos cambió de una manera abrupta el 14 de marzo pasado. Los medios de comunicación nos dicen que nada ya será igual, y a mí, que queréis que os diga, mis queridos lectores, me suena más como amenaza que como esperanza. No debe ser así.

Soy nieta de aquellos que sufrieron la Guerra Civil, soy hija de niños que pasaron la posguerra, con todas las carencias que ello supuso. Unos y otros lo superaron y continuaron caminando, dejando un legado de superación y dignidad. Me imagino ese 1 de abril de 1939 cuando tantos, tantos, tuvieron que salir de un país asolado, o tuvieron que agachar la cabeza y tirar para delante, porque eran los vencidos. Eso sí que debió ser "una nueva normalidad"...

Ahora nos piden que respetemos las normas que nos llegan desde las autoridades, para que no demos pasos atrás. Solo eso... ¿A que no es difícil?

Tres meses y medio trabajando codo a codo, aunque fuera desde nuestra casa, para llegar a este día: ¿no lo vamos a estropear ahora, verdad? Hagamos caso omiso a esos iluminados, por no llamarlos orates que nos hablan de conspiraciones, de chips y de conjuras de Bill Gates y de Soros. Imbéciles ha habido siempre. La vacuna llegará, como han llegado tantas: la viruela, la polio, la famosa trivalente, la gripe estacional... Pero mientras tanto, la responsabilidad es nuestra.

Yo no puedo tomar decisiones por nadie, ni convencer a nadie de lo que ha de hacer. Lo que si está en mi mano es intentar, desde los medios que están a mi alcance, advertir que lo que hemos pasado, y aún no ha acabado, no es un juego, ni un invento del gobierno para controlarnos, sino de algo que es capaz, lo hemos visto, de matar.

Hace un día espléndido en Madrid en este verano recién estrenado. Ójala sea el presagio de un tiempo luminoso que nos espera de aquí en adelante. Lo deseo con todas mis fuerzas. 

Sed felices.



domingo, 14 de junio de 2020

Más que un problema político


La resaca que nos está dejando esta pandemia se parece bastante a la del vino cabezón: confusión y boca seca. A mí, además, una sequía literaria, a excepción de algún artículo como este, o comentarios en las redes sociales.

Redes sociales queestán que arden, preguntándose muchos si es que el pueblo, soberano por nuestra Constitución, no tiene memoria para saber qué es VOX, qué es el fascismo, ese carro al que también se ha apuntado en sus maneras el PP. En mi opinión no es un problema de memoria, ni tan siquiera político, es un problema de esta sociedad a la que hemos acostumbrado a creer todo lo que se dice sin contrastar, si supone escuchar las promesas que interesan aunque sean demagogias.


Está todo inventado. La fórmula sigue funcionando: búsquese chivos expiatorios, ya sean judíos, musulmanes, negros, migrantes, el 8M… Acúsense de todos los males que acontecen y  a esperar los votos.

En el fondo subyace la pérdida de valores tales como la solidaridad, la igualdad y la justicia, nublados bajo el lema de “ande yo caliente y ríase la gente”. El caldo de cultivo de la falta de formación, de la ignorancia democrática, de la educación para la ciudadanía comporta que cuando llega el momento de acudir a las urnas el resultado sea el que ahora vemos. Un partido cuyo único programa es el mismo cántico de la selección de fútbol: “soy español, español, español…”, que empuja a otro hacia el abismo de la inutilidad y la descalificación, en una época, no me cansaré de decirlo, queridos lectores, en unos momentos en los que más necesitamos la unidad.

Quiero ser optimista y pensar que de esta triste experiencia podremos encontrar una solución que frene, de una vez por todas, esta ola que ya lame las playas de los derechos sociales, que podemos perder si no somos capaces los progresistas de hacer una barrera democrática y obligar a quienes quieren acabar con el estado social a moderarse.

La democracia es como un diamante, dura y frágil  al mismo tiempo. Un arma que en buenas manos es capaz de hacer progresar a los pueblos, pero que también permite que en su nombre entren partidos como VOX en el Congreso, o que desde su tribuna se insulte y se lancen falsedades, aunque esto último no se debiera consentir, ni siquiera en aras de la tan traída y lleva libertad de expresión.

Ahora, más que nunca necesitamos que la sociedad civil tome protagonismo, siendo el caldo de cultivo de donde han de emerger de nuevo los valores del consenso y del pacto social. Dejar al albur de los que suceda cada cuatro años conlleva un alto riesgo, véase el ejemplo de lo acontecido estos cuatro meses, en los que mientras que muchos se debatían entre la vida y la muerte, otros intentaban acabar con el Gobierno salido de las urnas.

Es más que un problema político, nos jugamos una forma de sociedad justa, igual y solidaria.

domingo, 7 de junio de 2020

Desescalada mental

Mañana entramos en Madrid en la fase 2 de la desescalada. Confieso que me tengo que mirar con más detenimiento qué es lo que nos permite hacer que aún no podíamos. No obstante, a excepción de la mascarilla, a la que casi me he acostumbrado, y a no poder reunirme con más asiduidad con mi familia, esta primera fase no me ha sido muy costosa, por lo que asumiré las demás como vengan.

Otra cuestión es mi desescalada mental. Creo, me temo, que esa me va a costar más. 

No me refiero, mis queridos lectores, a ese temido síndrome de la cabaña, que sospecho no existe, como tampoco el llamado síndrome posvacacional, más allá de lo mal que sienta dejar las vaciones y volver al curro. No, no me refiero a eso. Ni tampoco a la capacidad de adaptación a esa nueva normalidad en la que se nos dice hemos de hurtar los besos y los abrazos, y eso que soy muy besucona... 

La desescalada mental a la que refiero es a  poder reunir los trozos de confianza que, hacia algunos semejantes, se ha convertido en un auténtico rompecabezas. En estos tres meses he visto y he descubierto en persona,s de las que nunca lo esperaría, una cara que no me gusta nada. Sobre todo porque en vez de primar el sentimiento, el cariño, el respeto,  han antepuesto el odio más visceral hacia aquello que soy y que represento.

Quien habitualmente me sigue sabe de qué pie "cojeo" sin ambages. Es más, cuando ante mis propias narices han hablado de la incapacidad de los políticos, no es que me diera de refilón, sino que me pega de plano, porque yo soy política y en ejercicio. Y cuando he visto hastag llamando al PSOE criminal o a su secretario general y presidente del gobierno sepulturero, me dolía en el alma porque yo milito en el partido (soy militanta, no solos afiliada) y "pedrista".

Han sido semanas de insultos, infamias, bulos, ataques de todo tipo ante un esfuerzo ímprobo de contener a un enemigo que nos había tomado con alevosía. Nos decribieron los síntomas: tos, dolor de garganta, fiebre.... Pero nadie nos dijo que el odio, un odio cainita e irracional también se iba a manifestar para envenenar la convivencia, fruto de una conspiración de gentes malas que iban a aprovechar nuestra vulnerabilidad para arrebatarnos la democracia. También, muchos de los que creía gente de bien apoyaron y aplaudieron este ataque frontal e injusto.

Por eso, mis queridos lectores, la inquietud no me la causa el tener que convivir con la distancia social, la mascarillas, o el codo por un beso... Eso, al final, pasará. Ni siquiera me produce un temor extremo los repuntes. Sí tengo miedo de no ser capaz de recoser esas costuras por dónde he visto irse mi confianza y mi estima hacia ciertas personas que me han dañado, que han dañado gratuítamente cundo más falta hacía la unión y la solidaridad.

Es una vez más cuando he de buscar en mi interior mis valores más arraigados, y ser capaz no de olvidar, sino de perdonar sin rencor.