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domingo, 16 de enero de 2022

Haciendo historia desde mi sofá verde: marzo 2020

 Quienes me seguís, queridos lectores, conocéis mi sofá verde, lugar desde donde reflexiono sobre lo humano y lo divino, me asombro e intento trasmitiros mis sensaciones.

Tras casi dos años, recupero las reflexiones que lleve a cabo entre marzo y abril de 2020, cuando la pandemia nos golpeó,  con alevosía. No esta de más recordar, a mí me sirve para saber si he sido capaz de avanzar o sigo en un malsano círculo vicioso.

Comienzo con marzo de 2020.

 


 

14 de marzo

Reflexión desde mi sofá verde.

No suelo señalar lo que yo misma no soy capaz de hacer, o lo que no predico con el ejemplo.

Por eso critico a quien irresponsablemente se han ido a la costa. Tengo una casa en Denia, tengo 3 nietos y no se me ha ocurrido llevármelos para "cuidarlos" mejor. Entendimos desde el principio que es una cuarentena no unas vacaciones

A partir de mañana se decreta el estado de alarma que nos "obligará" a restringir la movilidad y a cumplir a rajatabla. Y es por nuestra salud. No lo olvidemos.

Gracias.

15 de marzo

Reflexión desde mi sofá verde.

En España somos mucho de acordarnos de Santa Bárbara cuando truena. Ayer, el homenaje en forma de aplauso hacia la Sanidad pública española, representada por su personal sanitario, fue maravilloso, emocionante y hasta catártico.

Pero es ese mismo personal el que lleva años reclamando las mejoras de esa Sanidad que, ahora, cuando ha sucedido lo impensable, muestra su cara más cruda. ¿Nos acordamos de las #MareasBlancas?

Tal vez, solo tal vez, esto nos hará valorar más aquello que es de todos: LO PÚBLICO, y a quienes lo defienden siempre, no solo cuando viendo las orejas al lobo se ponen ante una cámara para cantar las excelencias de un sistema que llevan esquilmando años (veáse Madrid 33 hospitales públicos , 55 privados).

Hoy nuestro objetivo es común. Y #Todosaldrabien. Pero cuando vuelva la calma recordemos que en tiempos de bonanza el mejor homenaje es apoyar #lopublico

19 de marzo

Reflexión desde mi sofá verde.

Yo tuve un gran padre. Imagino que para casi todos el suyo es ha sido el más grande, pero en mi caso, su tarea fue más allá de lo que en la paternidad se supone. Fue, sobre todo, un ejemplo de afrontar las dificultades con sabiduría y con un punto de ironía y humor.

Su enfermedad, una de esas que se denominan largas, porque es verdad, se hacen muy largas, fue todo un testimonio de como se puede gestionar un proceso que se sabe irreversible. No nos engañamos ni un solo día ninguno, ni él ni mis hermanos, y por supuesto yo, "su niña" hasta el día que se marchó. Su única voluntad, clara y meridiana, fue que no se alargara innecesariamente la vida cuando ya no lo fuera. Y así lo hicimos.

Estos días me he acordado muchas veces cómo estaría llevando esta situación. Mi contestación ha sido siempre: con esperanza y realidad. Esperanza en que todo acaba pasando, y realidad en el conocimiento de que somos nosotros los únicos que podemos decidir como vivir los avatares: como aprendizaje o como tragedia. El no recurrir al miedo ante lo imprevisto fue su mejor legado.

Hoy hubiera cumplido 86 años... Pronto hará 9 que se marchó, pero su sabiduría, repito, y su magisterio de hacer frente a la VIDA, así con mayúsculas, sigue perviviendo en sus hijos y sus nietos, quienes también se lo irán transmitiendo a sus bisnietos.

Sé, que de alguna manera, sigue velando por nosotros, aunque solo sea porque su recuerdo hace que hoy me sienta más fuerte.

Ahí lo dejo.

20 de marzo

Reflexión desde mi sofá verde.

Dijo el otro día el presidente del gobierno que se haría una auditoría de la Sanidad Pública cuando acabara esta crisis. Creo que es una de las cosas más importantes, políticamente hablando, que se han señalado. Porque son barros que han traído estos lodos.

Se intenta en Madrid paliar en dos semanas la destrucción de más de 20 años de la Sanidad pública. Se piensa que por arte de magia se puede de un día para otro restaurar las camas, abrir las plantas cerradas y poder tener las mismas plantillas, aunque el Ministerio de Sanidad ha contratado 50.000 médicos, 30.000 fueron despedidos por las CCAA en los últimos años.

Un enfermero, hace unos días, le recriminó a Cristina Cifuentes en Tele5 que ya faltaba material, entre ellos respiradores, cuando ella era presidenta. Yo vivo en una ciudad de 90.000 habitantes en la que no hay ni un solo centro médico público de especialidades,por lo que tenemos que ir al hospital de referencia, con interminables listas de espera para una prueba. Hace un momento he leído que uno de los centros de salud cerrará por las tardes por "reorganización del personal". Es decir desvestir a un santo para vestir a otro. Tristemente uno se puede morir de más cosas que de coronavirus si no hay médicos para atender...

Años llevan los trabajadores de la Sanidad Pública clamando por más recursos, pero qué más daba, si la "pública" es para los pobres... ¿No? Al fin y al cabo, como dijo Esperanza Aguirre no hay mejor negocio que la Sanidad privada, aunque sea, como ahora, a costa de vidas.

Ahí lo dejo.

 22 de marzo

Reflexión desde mi sofá verde:

Esa persona, hombre o mujer, que está doblando guardias a los pies de tu padre, o de tu madre, o de un vecino, o de una amiga, intentando vencer al monstruo invisible... Esa persona, hombre o mujer, que consuela a nuestros mayores y los atienden para que noten menos la ausencia de los suyos ...Esa persona, hombre o mujer, que tuvo que afrontar el pánico de ver como hordas entraban en los supermercados sin pensar en los demás, y al día siguiente hizo de tripas corazón y volvió a su trabajo... Esa persona, hombre o mujer que conduce los camiones de abastecimiento todos los días para que no nos falte alimento... Esa persona , hombre y mujer que gestiona el pequeño comercio local abierto para que podamos seguir comiendo fresco... Esa persona, hombre o mujer, que limpia nuestras calles para que la suciedad no aumente el problema... Esa persona, hombre o mujer, de los cuerpos de seguridad del estado, del ejercito, que vela porque se cumpla la ley y apoya las iniciativas de lucha contra el virus... Esa persona, hombre o mujer, que sigue enseñando a nuestros hijos e hijas para que lo anormal tenga un poco de normalidad..

Esas personas sostienen nuestro sistema ahora, son los puntales para que no se derrumbe. Y yo me pregunto: ¿Cuántos antes éramos conscientes de su papel fundamental?

Quizás sea ahora el momento de replantearnos quiénes han de ser nuestros ídolos, y darnos cuenta que sin fútbol, por ejemplo, se puede vivir sin problemas, pero sin cajeras/os de supermercados, no.

(Y no cedo a la tentación de decir cuántos respiradores se podrían comprar con el sueldo de Messi o de Ramos... Qué no, qué no lo digo, a ver si va a ser demagogia).

23 de marzo

Reflexión desde mi sofá verde.

No importa si es verdad o mentira. Lo único que importa son los 'likes', atacar al enemigo, que no el adversario, porque muchos en este país llevan tatuado en el corazón aquello de 'al enemigo ni agua', ni tregua, aunque sea en un momento tan grave como este
.
Oí decir una vez a alguien muy sabio que no nos debía de extrañar el comportamiento de alguno, mezquino y miserable. Los genes de aquellos que nunca iban en vanguardia, y que aprovechaban el descuido para robar un mendrugo de pan a un niño en época de hambruna están instalados en muchos compatriotas.

Este tiempo de mascarillas ha hecho caer las máscaras a algunos que parecían gente de bien. Tiempo en el que todo vale por un clik sobre un titular que aumente la audiencia y así el contrato de publicidad. No importa que haga cundir el pánico, no importa que invada los hogares, hoy paredes de confinamiento de buena gente, con datos, con informes falsos, con sospechas, y dejar que ruede hasta dónde sea, dejando su rastro de miedo e incertidumbre. ¡Qué más da si se conseguir minar la moral de la población y que desconfíen de la autoridades que han de bregar, además de con el virus, con la deslealtad del otro!

Cuando todo esto pase, que pasará, habremos aprendido en carne propia una lección dura, muy dura, de vida, y que para muchos, en una de sus premisas, no era más que literatura:
'en el amor y en la guerra todo vale'...

¡Qué poco amor para tanta guerra!

Ahí lo dejo.

24 de marzo

Reflexión desde mi sofá verde.

Si nos comparamos con Alemania, preguntándonos por qué esas cifras entre contagiados y fallecidos, tal vez debamos mirar atrás.

En 2018 Alemania invirtió en Sanidad el 21,56% del gasto público, el 9,48 del PIB.

España en la misma fecha, 2018, el 15,14% del gasto público, lo que viene a ser el 6,24% del PIB.

Respecto a la Comunidad de Madrid la inversión en sanidad privada entre 2015-2019 triplicó a la de la pública.El 60,35% del gasto sanitario en la Comunidad de Madrid fue a parar en 2017 a manos de empresas privadas.

Con esos mimbres cada uno hace unos cestos...

Ahí lo dejo.

25 de marzo

Reflexión desde mi sofá verde.

Piedras y caceroladas contra los mayores.

Apedrean y abuchean en La Línea a policías que custodian a los ancianos de Alcalá del Valle.

Dos detenidos en unos altercados que han congregado a decenas de personas ante la residencia Tiempo Libre; caceroladas reciben a los mayores en otras zonas de la ciudad.

¿Nos estamos convirtiendo en una jauría humana, pero deshumanizada?

26 de marzo

Reflexión desde mi sofá verde.

Tal vez, ante situaciones extremas como esta, ciertas declaraciones pasan desapercibidas a pesar de la carga de malicia que llevan implícitas.

El partido medieval, cuyo nombre es la acepción latina de la palabra voz, dijo el otro día en un tuit que se está demostrando como los agricultores son necesarios pero que los titiriteros (refiriéndose a actores y actrices, y por extensión a gente de la cultura), no.

En esta declaración está el resumen de su ideología populista e ignorante, cuando pone el foco en un sector al que señala como necesario, pero que implícitamente lo aparta de todo contacto con la cultura. Si eres agricultor o ganadero no te puede gustar el teatro, ni el cine, ni los libros. Solo esa noble tarea de cultivar el campo, no el espíritu, que eso es de "progres".

En el mundo feliz de Abascal, los alfa serían ellos (él, por supuesto, el macho), todos los demás deberían ser relegado a deltas, y aquellos que hemos cometido el gran error de dedicarnos a la cultura ser exterminados.

Porque esta ultraderecha no entiende más allá de una visión de la Reconquista nacional-española, fundamentada en "Santiago y cierra España" (incluyendo a ambos Santiagos, el santo y el otro) en donde a las demás culturas que convivieron con el cristianismo en la Península, durante ochocientos años, ni agua.

En mis peores pesadillas pienso que si llegaran a gobernar volarían la Alhambra de Granada como los talibanes hicieron con los budas de Bamiyán.

Su error es de base. Yo también valoro la tarea de agricultores y ganaderos, nos ayudan a subsistir a alimentar el cuerpo. Pero la cultura nos mantiene vivos si entendemos por vida ir más allá de las funciones vitales.

Ahí lo dejo.

31 de marzo

Reflexión desde mi sofá verde.

Hoy he hablado con mi hijo, me dice que la empresa para la que trabajan él y su mujer ha presentado ya un ERTE, y me dice que lo comprende. Es una empresa pequeña, y lo que le extraña es que haya aguantado hasta ahora.

Hemos compartido la opinión de que lo importante son las noticias que nos dicen que se está conteniendo la pandemia. "De lo otro saldremos, hijo, juntos".
"Lo sé, mamá. - me contesta- Pero me gustaría que la gente supiera que fuera de las declaraciónes de Casado o de la CEOE, hay empresas responsables que saben anteponer la salud a todo lo demás, y personas trabajadoras que creemos que se está haciendo lo correcto, pero que no tenemos voz".

Bueno, pues hoy he querido que la voz de David sea la que suene en este post, cuya única preocupación es que se acabe con el virus, porque, como hemos dicho para cerrar nuestra conversación, "apoyar a los sanitarios es lo primero, de volver a poner en marcha España ya nos encargaremos...".

Orgullo de madre.

domingo, 19 de diciembre de 2021

Me sobra información, me faltan besos

 

Hoy me he permitido usar como entrada dos versos de un poema que se incluye en mi nuevo libro en preparación: "Como un sediento a la orilla del mar". Aunque este poema está escrito hace tiempo sigo con la misma sensación.

Cada día amanezco con la reiteración de las mismas palabras, las mismas noticias, el mismo tono de los periodistas que comentan sin solución de continuidad la muerte por violencia de género, la subida de la inflación o los goles del equipo de turno. Palabras tremendas, agobiantes, que se convierten en una pinza en el estómago y cuyo protagonista principal es la pandemia.


No niego que me preocupa contagiarme, pero sin duda, en estos momentos mi mayor preocupación es no dejarme vencer por le desánimo que me ronda como buitre a la carroña. Da igual con quien estés, en donde estés, que la conversación derivará en lo mismo: un cuñado, un amigo de un amigo, un primo, un "esto no se acabará nunca", "la tercera dosis no protege de la variante omicrón"... Todo un despliege de barrenas que van explotando minando cualquier esperanza.

Esa "información" me sobra. porque me urta la ilusión y las ganas de sonréir. Porque me roba los besos, y los abrazos, esos que ya nunca más podré dar.

Soy absolutamente consciente de la situación sanitaria, pero no necesito que me machaquen todos los días con  la misma historia, sobre todo por parte de quienes piensan que ser "realistas" salvaguarda de nada. A lo más que llegamos es a convertir la vida, la ajena y la propia en un auténtico agobio.

Perdonad, mis queridos lectores, que este post destile tanta falta de alegría, pero una, que siempre se ha tenido por resilente, está llegando a flojear, sobre todo porque empieza a no entender para qué tanta información sin solución.

Dentro de unos días comenzará las Fiestas de Navidad. No sabemos muchos aún cómo ni con quien, pero yo haré el solemne propósito de empezar a vislumbrar más allá de lo que me rodea. Necesito vivir, no sobrevivir.

¡Ah! Y el 26 de diciembre me pondré la tercera dosis.

FELICES FIESTAS.

domingo, 4 de abril de 2021

De sueños y pérdidas

 No suelo tener pesadillas. Me refiero a esos sueño terroríficos que sí acudían a mí hace años, sobre todo en mi época de adolescente. Sin embargo, sufro sueños recurrentes en los que pierdo cosas tales como el coche- no sé en qué lugar lo tengo aparcado-, el bolso con dinero o, como esta noche, unos zapatos que necesitaba para una representación.

Obviamente, y porque es fácil y lo tenemos todos a mano, buscas información en internet y lo que te cuentan es que soñar con pérdidas es, más o menos, que te encuentras en una encrucijada en la que no te hallas del todo, en la que te sientes inquieta, en la que buscas un cambio. Es posible, la situación que nos rodea no podría generar sueños menos complicados.

Hoy hace un espléndido día de primavera, una mañana aún fría, pero que promete una tarde de agradable paseo. Sin embargo, si una tiene la tentación de asomarse a las noticias, a la realidad circundante, el panorama seguirá siendo el mismo: elecciones, pandemia, cifrás, contagios, encuestas... Raro es, entonces, que la inquietud no haya tomado al asalto el descanso nocturno. 

Quienes me conocéis un poco más de cerca, queridos lectores, sabéis que suelo ser mujer a la que el ánimo no le falta, pero últimamente me siento un poco perdida, como ese coche, esos  zapatos o ese bolso de mis sueños.  A pesar de que una parte de mí gusta de la aventura y la improvisación, otra parte- y así es como he podido gestionar familia, trabajo, política, arte, literatura- ha necesitado siempre saber que tengo el control... Hasta hoy.

Estoy cansada, creo que eso, simplemente. Cansada de no ceder al desánimo, a la tentación de reconocer que mi vida nunca será la misma y que he de doblegarme a un entorno a veces hostil, en el que los valores, mis cimientos para crecer como persona y que comparto con muchos de vosotros, son manipulados y retorcidos en intereses espúreos. Sí, estoy cansada de no ceder al miedo, incluso a ese universal de la enfermedad y la muerte, para que no me arrebate ni un solo instante de vida.

Por eso, cuando llega la noche, mi inconsciente se rebela y decide introducirme en esos paisajes extraños en donde me esconde aquello que necesito, en un tránsito onírico que me causa, en ocasiones, angustia. Es posible que sea cierto, pues a veces me siento un poco verso suelto ante las situaciones que se me plantean cada día, fruto de un inconformismo que los años no han logrado apaciguar. 

No obstante, seguiré soñando, dormida y, sobre todo, despierta, para poder sobrellevar este largo camino en el que  pierdo cosas o me pierdo yo.

Sed felices.

domingo, 15 de noviembre de 2020

Amor en tiempos de pandemia

 Hace unos días, mis queridos lectores, tuve ocasión de escuchar una noticia curiosa, con ciertos matices de "frikada", como se dice ahora.

Parece ser que la filiación a las páginas de contactos  ha experimentado una sustancial crecida en estos meses posveraniegos y otoñales. La razón, dicen los expertos, reside en que ante la posibilidad de tener que abordar un nuevo confinamiento total,  de esos que solo puedes salir a la compra, a pasear al perro, o a tareas esenciales, muchos que hasta ahora se planteaban la "soltería" o ser "singles", dicho de manera  cool, las pasaron canutas durante el estado de alarma, más aburridos que una ostra. Es comprensible por tanto, que escaldados como gatos que huyen del agua fría, quieran remediar esta situación, previendo que el siguiente confinamiento sea más llevadero.  

Ante esta situación me planteo ciertas cuestiones. ¿Habrán cambiado los parámetros de coincidencia? Tal vez ahora sea una gran ventaja saber hacer bizcochos, u otros bollos, incluso conocer un buen sustituto de la levadura si es que empeza a escasear en las tiendas, o si tiene buenos armarios capaces de almacenar cantidades ingentes de papel higiénico. Así mismo puede ser muy valorable estar suscrito a una de las plataformas de TV que nos ofrecen series y más series de todos los tipos y gustos. Para los más selectos puede caber también que en el domicilio elegido para confinarse haya una buena biblioteca. Y sin duda el Top será una conexión a internet que no se cuelgue si están teletrabajando dos a la vez.

Sí, ya sé, mis queridos lectores, que pensaréis en dónde dejo los sentimientos, la atracción, la química... Bueno, eso es importante cuando los acontecimientos son, vamos a llamarles, normales, pero, no cabe duda que ante semejante reto hay que dar una vuelta de tuerca.

Decía Gustavo Adolfo Bécquer que la soledad es buena si tienes a quien contarlo. Yo estoy completamente de acuerdo. Por ello me parece absolutamente comprensible que haya quien se cura en salud y quiere, ante esta época tan incierta, unir su soledad a otra soledad, y , quién sabe, tal vez esta pandemia sea la cómplice involuntaria de grandes historias de amor.

¡Llamadme romántica!



viernes, 18 de septiembre de 2020

PONGAMOS QUE HABLO DE MADRID

 Llego a mitad de septiembre sin haber hecho ninguna entrada en este blog mío, espejo de mi vida cotidiana y de mi pensamiento. El tiempo, en ocasiones, parece que se acorta, como una mala prenda que encoje en la lavadora.

Son días de desasosiego e incertidumbre por los que camino como si siguiera un sendero lleno de trozos de cristal y yo fuera con los pies descalzos. Lo peor es que no existe un atajo, ni otra manera de alcanzar un horizonte difuminado por esta pandemia que nos tiene a


bducidos, separados de lo que siempre ha sido nuestra vida, la propia, aunque estuviera llena de luces y sombras.

Se agota el optimismo porque no tiene recambio, sino la cantinela persistente del desastre contínuo. Lo peor es que también se une la impotencia de saber que estamos al albur de la incapacidad, de la falta de criterio ante una crisis que no hemos conocido nunca.


¿Qué podemos hacer? ¿Dejar que el tiempo pase en un demencial "sálvese quien pueda"?

Puedo reconocer, mis queridos lectores, que ante esta situación, en ocasiones, como ciudadanía no hemos dado todo lo que podría ser (la indisciplina es tentadora), pero en este momento culpar al sursum cordam , con argumentos maniqueos, incluso racistas es total y absolutamente torticero.

Si hay algo que la sociedad tenemos obligación de preservar es la salud, la nuestra y la de los demás. Confiamos en los poderes públicos para que así se haga, y cuando estos no cumplen hay que cambiarlos. En este caso, pongamos que hablo de Madrid.

Ayuso no va a dimitir. No lo va a hacer porque sería reconocer su culpabilidad de unos hechos que no son tan inanes como robar un lápiz de labios o un perfume en un centro comercial. Es asumir las consecuencias de unas políticas llevadas a cabo por sus antecesores, y que, nunca nos cansaremos de decirlo, han esquilmado los servicios públicos hasta no dejar más que unos huesos esqueléticos.Ahora pide ayuda al Gobierno de España, al que han tachado de ser el culpable de todos los males, en vez de reconocer que no puede ni sabe. 

No tengo otras palabras que estas que hoy os llegan, grises y oscuras como este día de final de verano. Tal vez por eso he tardado en asomarme a este espacio: no encontraba, como antes, la manera de transmitir esperanza, más allá de negarme a tirar la toalla y de mi firme propuesta seguir trabajando para salir de este  vórtice demencial

Mientras, cuidaros mucho, seguid creyendo en los valores que nos unen y sustentan. No hay otra.


miércoles, 22 de julio de 2020

Mano por codo

No cabe duda de que este coronavirus, bautizado como CoviD 19, ha puesto nuestra vida patas arriba, en muchas cosas pero sobre todo en las costumbres sociales.

Sé que no extensible a todos, hay quien no gusta del contacto con el prójimo, pero para quienes somos muy "latinos", lo peor que se lleva es la falta de acercamiento con amigos y familiares.

Ayer estuve como concejala en el homenaje que el municipio de Rivas Vaciamadrid ralizó a los servicios esenciales que durante la crisis más álgida  de la pandemia estuvieron al pié del cañón. Cuerpos y fuerzas de seguridad, médicos, profesorado, servicios de limpieza y mantenimiento, protección civil... Todos recibieron su justo reconocimiento público. Un acto muy emotivo.

Pero no cabe duda de que la presencia del virus no pasó desapercibida. Caras ocultas por la mascarilla y codos por manos, con ausencia de abrazos. Todo envuelto en una extraña ceremonía que nos convertía  en protagonistas de un evento al que le habían arrebato ciertas emociones, gestos y cariño.

Aún estamos en el camino, aún seguimos sofocados por esa pieza los la que nunca antes habíamos convivido fuera de las actuaciones sanitarias. Aún nos queda tiempo para abrazarnos y agarrarnos de las manos como antes, con libertad. Pero estoy convencida que cuando llegue ese día será maravilloso, como lo es todo lo que se recupera tras haberlo perdido por un tiempo.

Como ya dije una vez, hemos aprendido a sonreír con los ojos y a transmitir con las palabras, esos intrumentos maravillosos, y a veces olvidados y maltratados, que ahora son los puentes para acercarnos unos a otros. Los poetas sabemos de ello. 

Mientras, nuestros codos conectados seguirán diciendo lo que no pueden nuestras manos.

Sed felices.



domingo, 21 de junio de 2020

Nueva normalidad

Hoy hemos entrado en Madrid en la "nueva normalidad". 

Mi región ha sido una de las más golpeadas por la pandemia. Asumimos casi la mitad de fallecimientos y, todavía damos el mayor número de contagios. Escucho, leo el miedo, la aprensión, a retomar lo que podría ser aquel día a día que nos cambió de una manera abrupta el 14 de marzo pasado. Los medios de comunicación nos dicen que nada ya será igual, y a mí, que queréis que os diga, mis queridos lectores, me suena más como amenaza que como esperanza. No debe ser así.

Soy nieta de aquellos que sufrieron la Guerra Civil, soy hija de niños que pasaron la posguerra, con todas las carencias que ello supuso. Unos y otros lo superaron y continuaron caminando, dejando un legado de superación y dignidad. Me imagino ese 1 de abril de 1939 cuando tantos, tantos, tuvieron que salir de un país asolado, o tuvieron que agachar la cabeza y tirar para delante, porque eran los vencidos. Eso sí que debió ser "una nueva normalidad"...

Ahora nos piden que respetemos las normas que nos llegan desde las autoridades, para que no demos pasos atrás. Solo eso... ¿A que no es difícil?

Tres meses y medio trabajando codo a codo, aunque fuera desde nuestra casa, para llegar a este día: ¿no lo vamos a estropear ahora, verdad? Hagamos caso omiso a esos iluminados, por no llamarlos orates que nos hablan de conspiraciones, de chips y de conjuras de Bill Gates y de Soros. Imbéciles ha habido siempre. La vacuna llegará, como han llegado tantas: la viruela, la polio, la famosa trivalente, la gripe estacional... Pero mientras tanto, la responsabilidad es nuestra.

Yo no puedo tomar decisiones por nadie, ni convencer a nadie de lo que ha de hacer. Lo que si está en mi mano es intentar, desde los medios que están a mi alcance, advertir que lo que hemos pasado, y aún no ha acabado, no es un juego, ni un invento del gobierno para controlarnos, sino de algo que es capaz, lo hemos visto, de matar.

Hace un día espléndido en Madrid en este verano recién estrenado. Ójala sea el presagio de un tiempo luminoso que nos espera de aquí en adelante. Lo deseo con todas mis fuerzas. 

Sed felices.



domingo, 19 de abril de 2020

¿Cuánto falta?...

Los que tenemos hijos sabemos que esta pregunta significa la impaciencia que muestran los niños y niñas en los viajes, sobre todo en las vacaciones.
También recuerdo haberlo vivido como hija, sufriendo la pregunta recurrente de mis hermanos, sobre todo de los dos pequeños.  Y escucho el eco de la voz de mi padre diciendo:

- Llegaremos cuando lleguemos.

No cabe duda de que esa pregunta nos rebota una vez y otra en la cabeza a toda la ciudadanía, no se puede remediar. Pero es algo que no está en nuestra mano, ni tan siquiera, creo, que se tiene la certeza entre los que les cabe la responsabilidad de contestarla.

Leo en las redes sociales pronósticos, comparaciones con lo que han hecho otros países, especulaciones sobre cómo será la desescalada. No creo que sea positivo, porque anticipar, para bien o para mal, si luego no responde a nuestras expectativas, lo que nos va a traer es frustración. A día de hoy, conocemos lo que conocemos, y esas son nuestras cartas y hay que jugar con ellas.

El ser humano tiene una capacidad de adaptación, en general, asombrosa. Eso es lo que ha hecho que hayamos evolucionado de la manera en que lo hemos hecho. Hay excepciones, por supuesto, pero no creo que sean la mayoría. Quizá en esta última etapa de la Historia es cuando menos posibilidades hemos tenido de demostrar esa capacidad, porque hemos cifrado nuestra felicidad en elementos materiales en vez de fortalecer nuestro interior.

Vivimos, no cabe duda, un gran drama social, pero antes, durante y después se han vivido, se viven y se vivirán dramas individuales a los que se ha tenido, se tiene y se tendrá que hacer frente. Pero son dramas de puertas para dentro que, en muchos casos, nos pasan desapercibidos. Tal vez, aquellos a los que la vida ha curtido, ahora estamos un poquito mejor preparados para no rendirnos


Es cuando sucede una catástrofe como esta cuando nos damos cuenta de la propia vulnerabilidad, y nos asusta. ¿Cómo no se podía haber evitado? Pues porque la mayor mentira es que se puede tener bajo control nuestra propia existencia. Tal vez, solo tal vez, podamos ir paliando consecuencias a posteriori, pero siempre nos quedará un margen para el error.

No sé cuánto falta para que empecemos a atisbar el final de esta pandemia. Ciertamente que me lo pregunto, cómo no, mis queridos lectores, pero poco. Quizá es porque veo que mis hijos y mis nietos, mis hermanos, mis sobrinos, están bien. No tengo que preocuparme de mis padres, porque ya no los tengo: murieron como han muerto muchos antes, sin ruido, pero no por ello dejaron menos dolor ni menos ausencia en los que aún les queremos. Mientras procuro llenar mis horas con actividades que me ayuden, con relaciones aunque sean virtuales, con escribiros estas palabras que no se si os sirven de algo pero, sin duda, a mí sí.

En fin, dejadme que termine diciendo eso: "llegaremos cuando lleguemos". Y siempre se llega, siempre.

Sed felices, si queréis.