jueves, 19 de septiembre de 2013

Pereza

Hay cosas en esta vida que me dan una pereza espantosa. Y también personas, he de reconocerlo: hay algún prójimo que me produce mucho, mucho, mucho cansancio.

Empecemos por el que siempre se está quejando: de lo mal que va todo, de lo mal que le va él, de la salud, del dinero, del amor, de los pájaros y de las flores.... Tan cansino que dan ganas de decirle que casi le está bien empleado, por eso, por cansino.

Seguimos por el caso contrario, con aquel que está por encima del bien y del mal y su palabra es ley. Tan pagado de si mismo que produce repelús. Se ha instalado en su atalaya, desde donde otea a todos los mindundis que reptamos bajo él, según su docto criterio: el suyo, claro. Y se permite aconsejar bajo el paraguas de la amistad y la experiencia, ya muy de vuelta de todo. Y qué decir decir del que no ve más allá de sus narices, que es capaz de echarse a la calle si su equipo baja a segunda pero que se la sopla lo que sucede politica o socialmente, aunque el riesgo sea  que con la pensión que le quede en un futuro no tenga  ni para gominolas, o que sus hijos no puedan estudiar por falta de recursos.

Sé lo que están pensando, queridos lectores: que el sentimiento que deberían  provocarme todos estos ejemplos no tendría que ser de pereza sino de indignación. Sí, así fue en un principio, cuando perdía el tiempo intentando convencer de la necesidad de encontrar un motivo en la vida, de ver que uno solo no tiene la visión real de este mundo plural y cambiante,  o de azuzar a reaccionar ante tanto borrego. Ahora, en este momento, mi propio desarrollo personal me ha llevado a pensar que quizá estas personas sean felices en su situación y que ya no merece la pena que intente convencerles de nada, evitando, entre otras cosas,  caer en lo que critico: la cansinez.

En fin, que he decidido definitivamente no entregar mis esfuerzos a aquellos que parecen convencidos de que su perspectiva es la exacta, aunque sea infelices, prepotentes o ceporros, porque  he llegado al convencimiento de que cada uno es como es y , sobre todo, porque me da mucha pereza.

Sed felices.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Un segundo por una eternidad: un relato para el fin del verano.

La tarde caía y los árboles alargaban sus sombras, intentando agarrar esos últimos rayos de un sol que buscaba ya aquel lado oculto del mundo.
En la radio sonaba una música suave, apenas imperceptible, pero que vestía el momento de sosiego y tranquilidad solo rotos por el tenue sonido al pasar las páginas del libro.
Levantó la cabeza. El jardín, ya casi en penumbra, evocaba otros momentos, otros tiempos. Como ecos de voces del pasado escuchó risas de niños- tal vez entre ellas la suya-, canciones que festejaban cumpleaños o simplemente su nombre en los labios de quienes ya no volverían a pronunciarlo.
Se permitió ese momento  de nostalgia, de buscar en el pasado, porque no era doloroso, sino cálido: estaba lleno de cariño y de recuerdos felices.
Cerró el libro y cerró los ojos con un suspiro, deseando depositar ese instante en el  rincón de su memoria donde guardaba los momentos inolvidables.
- ¿En que piensas?- la voz de él rompió el silencio ya casi nocturno.
Ella giró la cabeza para mirarle y, de repente, le volvió a ver. Después de mucho tiempo volvió a encontrarse con su mirada, con lo que él significaba. Sonrió.
-En que a veces me olvido de que la felicidad solo depende de mi.
Y él, acostumbrado a su peculiar forma de ser, a esas respuestas un tanto desconcertantes que en ocasiones dejaban todavía más incógnitas abiertas, acarició su mano en silencio. Sabía que, como el agua entre los dedos, sólo la podía retener unos momentos, hasta que volvía a volar a su mundo, ese mundo que decía estaba al otro lado del espejo. Sabía que tenía que ser así, que no había otra forma de quererla, pero le merecía la pena, pues sus ojos y su sonrisa llenaban de dicha un simple segundo y lo transformban en una eternidad....

Sed felices.




viernes, 13 de septiembre de 2013

La venus del espejo

Siempre quiso ser ella desde el día en que cayó en sus manos una estampa que estaba guardada en un cajón cualquiera.

Siempre quiso ser ella, con su nívea espalda, curvada hacia las caderas que acogían la tierra prometida para aquel que quisiera conquistarla.

Soñaba  con estar desnuda, ante el reflejo de su propio cuerpo, para ser contemplada, adorada, envuelta en las miradas lascivas de los hombres.

Cumplió su deseo sobre la blanca y blanda cama de un hotel cualquiera.

A través de  un espejo de mano vio su rostro, su ansia  por poseerla como humana. Pero ella era Venus, la diosa, y él un mero mortal sin derecho a rozarla que pedía, rogaba, suplicaba acercarse al altar de Eros para  atar la cinta rosa alrededor de su fino cuello , acariciar las suaves piernas, besar sus cabellos.

- Mirar solo, - le dijo ella sonriendo-ese es  el juego.

Entonces él, solitario y vencido, consumó  en la distancia su anhelo, tocando sin tocar a la venus del espejo.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Corazón roto

Hay muchas clases de corazones rotos.

Corazones como de barro rotos en grandes trozos que, con cuidado, se puede pegar sin que se noten demasiado las junturas. Son  fuertes, hechos a los avatares del destino y que, aunque con muchas cicatrices, siguen acogiendo sentimientos sin rezumar demasiado.

Pero otros son frágiles y cuando se quiebran lo hacen en mil pedazos, en añicos, estallando como esos vasos de Duralex de nuestras madres. Son trocitos cortantes y filosos que pueden hacer sangrar en un descuido, muy difíciles de rehacer y que requieren mucha  paciencia. Algunas veces llegando al final de la reconstrucción ,se echa a  faltar algún pedacito olvidado en algún rincón y ahí queda el hueco para siempre.

Tal vez-pensó ella- existan corazones irrompibles.

No hubo de pasar mucho tiempo cuando conoció a quien tenía uno. Estaba hecho  de algo parecido al plástico, como el del juego de anatomía que tenía de pequeña. Todo resbalaba por su superficie sin que sufriera ningún menoscabo: era totalmente impenetrable al sentimiento, a pesar de su aspecto externo, limpio y reluciente. Con él no se sufría, pero tampoco se sentía la felicidad y todo era oscuro.

Entonces, se dio cuenta de que, a pesar de las junturas pegadas o de lo pequeños pedazos que hubiera que recoger, no  importaba tener un corazón vulnerable y frágil, si con él podía sentir la sístole y diástole de la vida.

Sed felices

domingo, 8 de septiembre de 2013

Juegos olímpicos: ni a la tercera.

Pues eso, ni a la tercera fue la vencida: Madrid no consiguió hacerse, nuevamente, con la organización de unos Juegos Olímpicos.
Hace unos días tuve la ocasión de confesar, seguramente con el desagrado de algunos, que me importaba un bledo si perdíamos en esta oportunidad. Debo de ser sincera ahora: realmente no es que no me importara, es que en mi fuero interno deseaba que Madrid perdiera. ¿Por qué esta actitud anti patriota, dirán los muchos que ayer esperaban ilusionados la decisión del COI? Precisamente porque quiero a mi ciudad natal (soy madrileña de cuatro generaciones)  y porque a pesar de todo me siento española por los cuatro costados (música de pasodoble, por favor).  Por eso, porque quiero a mi país, sé que el triunfo de la candidatura de Madrid se hubiera instrumentalizado hasta la náusea por este gobierno de incapaces que está apoyado por un partido que lleva no sé cuanto tiempo con las vergüenzas al aire.
Es hora de que como país vayamos madurando. No  sé puede representar los valores del olimpismo teniendo un presidente del gobierno que, además de inútil, está bajo sospecha de mentir y llevárselo crudo, y con una Corona, máxima representación de la Jefatura del estado, que está en cuestión por una serie de circunstancias también vergonzosas.
No obstante, también diría a aquellos que hoy están desolados, que no se sientan humillados en sus entretelas ni se revuelvan en ellos los genes del Cid campeador (¡Japón y cierra España!). En estas decisiones pesan más los intereses políticos y económicos que cualquier otro.
En fin, no sé si habrá una cuarta intentona, pero de momento, y a la espera del próximo mundial de fútbol o similar, quizá, de una puñetera vez, este gobierno se decida a resolver los problemas reales que acogotan a los ciudadanos, empezando por invertir ese dinero que de Guindos debía de tener en un calcetín en educación, sanidad, bienestar social.

Sed felices.

PD: esta humilde ciudadana agradece a la alcaldesa de Madrid, Ana  "la bien peiná", excelsa señora de José María Aznar (ahora se comprende su depurado inglés) sus esfuerzos por cargarse la candidatura de la ciudad. Estoy segura que sin ella, tal vez, se hubiera conseguido.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Mosquitos

Esta noche me han picado los mosquitos.
Después de todo el verano haciéndoles la cobra, a base de repelentes e insecticida, esta noche ha llegado su venganza y además con alevosía, pues las picaduras las han colocado en zonas a las que me era casi imposible acceder  para calmar el picor.
Cuando era niña y estaba convalenciente del sarampión me regalaron un cuento en el que se narraba una historia sobre estos odiosos insectos. Ni más ni menos, decía, que son vestigios de los antiguos dragones, muy venidos a menos, como se puede comprobar. Lo que no recuerdo es el  motivo por el que fueron empequeñeciendo. Tal vez es esa la causa de su ataque furibundo: el cabreo por haber perdido el estatus nada despreciable de dragones que luchaban contra caballeros, para terminar teniendo que esquivar aerosoles venenosos y colonias repelentes.
Anoche, cuando me encontraba en pleno safari mosquiteril, recordé esta leyenda y, como no, enseguida me vino la moraleja: no hay enemigo pequeño; es más, los hay que, cuanto más mindundis son, más te tocan las narices (y no hablo solo de bichos).
En fin,  que a pesar de haber visto contra mi costumbre las noticias, de saber que hoy tendría que trabajar y de tener por delante un montón de cuestiones, ese heminóptero, enano y puñetero, ha sido el único capaz de tenerme toda la noche en danza.
Y luego decimos que la naturaleza es sabia...

Sed felices.

Sed felices.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Regreso

Uno de septiembre.
A pesar de que el verano no ha acabado, todos tenemos la sensación de que ha sido así, cuando, haciendo caso de la prorrata estacional, todavía nos quedan tres semanas de estío.
Y yo, cumpliendo mi promesa, regreso a mi costumbre de asomarme encima de mis tacones al mundo, a los sentimientos, para luego contarlo a quienes tienen la generosidad de leerlo en este blog.

Todavía con el color del mar en mi retina y ese sol mediterráneo transformado en bronceado, que en pocos días se irá amortiguando, vuelvo a esta vida cotidiana que abre septiembre, y que promete ser francamente interesante.

Tengo ante mi actividades de todo tipo: laborales, literarias que me motivan e impulsan a no sentir ninguna nostalgia por las vacaciones, alejando de mi ese fantasma, que volverá a ser noticia, llamado síndrome postvacacional y que en palabras de un buen amigo mío, mejor psicólogo y excelente poeta, Emilio González Martínez, no deja de ser un cabreo normal porque se han acabado las vacaciones. Tal vez lo sufran aquellos cuyo trabajo no es interesante o no les llena. Puede ser, tal vez,  que quienes muestran ese hastío  necesiten un poco de sal y pimienta en sus vidas, lo que no es mi caso.

Pues lo dicho: aquí me tenéis, otra vez, cargada de ilusiones y, sobre todo, de ganas por vivir esta vida mía en tacones que para bien o para mal, es la mía, y compartirla con vosotros.

Sed felices.