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sábado, 20 de junio de 2026

¿Mentir ya no es pecado?

 Existen tres tipos de mentiras; ¿cuál es la que más usas? 

Si ha habido un acontecimiento que ha hecho vibrar los cimientos sociales ha sido la visita del León XIV. Este hecho suele despertar siempre  emociones intensas. Para millones de creyentes representa la llegada del máximo referente espiritual de la Iglesia católica, una oportunidad para escuchar un mensaje de fe, reflexión y compromiso moral. Las imágenes se repiten: autoridades civiles en primera fila, discursos solemnes, apretones de manos, gestos de respeto y palabras de admiración. Sin embargo, hay algo que cada vez resulta más difícil ignorar: la presencia entusiasta de políticos cuya trayectoria pública está marcada por promesas incumplidas, medias verdades y, en ocasiones, mentiras demostradas. Y entonces surge una pregunta incómoda: ¿mentir ya no es pecado?

La tradición cristiana ha sido clara durante siglos. El octavo mandamiento, “no darás falso testimonio ni mentirás”, no deja demasiado espacio para interpretaciones ambiguas. La mentira no es una falta menor ni una simple estrategia de comunicación; es una conducta que erosiona la confianza entre las personas y debilita los fundamentos de la convivencia. Sin verdad, la palabra pierde valor y la sociedad se convierte en un escenario donde todo puede justificarse.

Por eso llama la atención la naturalidad con la que muchos dirigentes políticos participan en ceremonias religiosas, se muestran devotos ante las cámaras y reciben bendiciones mientras continúan practicando en la vida pública aquello que la doctrina moral que dicen respetar condena expresamente. No se trata de cuestionar la fe íntima de nadie. Cada persona mantiene una relación personal con sus creencias y con su conciencia. Lo paradójico aparece cuando la exhibición pública de religiosidad convive con una práctica política basada en la manipulación, la desinformación o la falsedad.

Quizá algunos argumenten que la política siempre ha sido un terreno imperfecto. Es cierto. La historia está llena de ejemplos de gobernantes que utilizaron la mentira como herramienta de poder. Pero precisamente por eso las religiones han insistido tanto en la importancia de la verdad. La exigencia ética no está pensada para los santos, sino para quienes enfrentan las tentaciones cotidianas del poder, la ambición y el interés personal.

La paradoja se vuelve aún más evidente cuando observamos la reacción social. Hace no tanto tiempo, descubrir que un dirigente había mentido de forma flagrante podía costarle el cargo o, al menos, una importante pérdida de credibilidad. Hoy parece que muchas mentiras apenas generan un breve escándalo antes de desaparecer bajo una nueva ola de titulares. La mentira se ha normalizado hasta el punto de convertirse en un elemento más del paisaje político.

En este contexto, la visita de una autoridad religiosa debería ser una ocasión para recordar la importancia de la coherencia entre los valores proclamados y las conductas reales. La fe no puede reducirse a una fotografía protocolaria ni a un gesto de reverencia frente a las cámaras. Si la verdad sigue siendo un valor central en la tradición cristiana, también debería serlo en la vida pública de quienes se presentan como creyentes.

La cuestión de fondo no es si un político tiene derecho a asistir a un acto religioso. Por supuesto que lo tiene. La cuestión es si la sociedad está dispuesta a aceptar sin más la contradicción entre los principios que se exhiben y las prácticas que se ejercen. Porque cuando la mentira deja de tener consecuencias, el problema ya no es únicamente moral o religioso: se convierte en un problema democrático.

Tal vez la pregunta correcta no sea si la mentira ya no es pecado. Quizá siga siéndolo exactamente igual que siempre. Lo que parece haber cambiado es nuestra tolerancia hacia ella. Y esa puede ser una noticia mucho más preocupante que cualquier contradicción individual. Porque una sociedad que deja de exigir verdad a sus dirigentes corre el riesgo de olvidar que la confianza, una vez perdida, es mucho más difícil de recuperar que cualquier elección o cualquier mandato político.

Quizá la mentira siga siendo pecado. Lo que parece haber dejado de ser es un obstáculo para alcanzar el poder, conservarlo o incluso presentarse como ejemplo de virtud.


domingo, 14 de junio de 2026

Porque la ética empieza donde termina el doble rasero

La "doble moral", en ventas...Cada vez que escucho a un político exigir ejemplaridad a sus adversarios, me hago la misma pregunta: ¿aplicaría ese mismo nivel de exigencia a los suyos?

En democracia, exigir transparencia, honestidad y responsabilidad a quienes gobiernan no debería ser una cuestión ideológica. Es una exigencia básica de cualquier sociedad que aspire a confiar en sus instituciones.

Por eso resulta llamativo cuando un partido construye buena parte de su discurso sobre los errores, escándalos o posibles irregularidades de sus adversarios, mientras muestra una tolerancia mucho mayor hacia los problemas que aparecen en su propio entorno.

En Madrid, el debate político convive con hechos que invitan a la reflexión: varios expresidentes autonómicos del mismo espacio político han estado implicados en procedimientos judiciales; la situación de la pareja de la presidenta Isabel Díaz Ayuso sigue siendo objeto de investigación y controversia pública; y muchos ciudadanos expresan una creciente preocupación por el estado de servicios públicos esenciales como la sanidad o la educación.

No se trata de decidir quién lo ha hecho peor. Tampoco de negar que la corrupción, la mala gestión o las conductas impropias puedan aparecer en cualquier partido. La cuestión es otra: ¿se aplican los mismos criterios a todos?

La credibilidad moral de una crítica depende de la disposición a someterse a las mismas reglas que se exigen a los demás. Cuando la indignación cambia según quién sea el protagonista, deja de ser una cuestión de principios para convertirse en una cuestión de conveniencia.

La democracia necesita vigilancia, pero también coherencia. Porque la corrupción no tiene color político, la mala gestión no entiende de siglas y la ética pública solo tiene sentido cuando se aplica por igual a amigos y adversarios.

La verdadera integridad no consiste en señalar los errores ajenos, sino en reconocer los propios con la misma firmeza.

Porque la ética empieza donde termina el doble rasero.

 

 

Foto. (c) Mafalda. Quino.

 

sábado, 21 de febrero de 2026

EL EFECTO DUNNIG-KRUGER Y LA INCOMPETENCIA POLÍTICA

 Política e ignorancia económica

     

     Nadie es más osado de su incompetencia que el ignorante, porque su osadía nace de la falta de percepción de su ausencia de conocimientos, y eso le hace lanzarse a tumba abierta a juzgar y calificar, minusvalorando, hechos y personas cuyo trabajo y capacidad intelectual es superior.

      La prueba estriba en lo que se ha venido a llamar "el efecto Dunnig-Kruger", y que se basa en varios principios:

  1.       Los incompetentes tienden a creer que son mejores de lo que son.
  2.       Los incompetentes no reconocen la habilidad de otros.
  3.       Los incompetentes son incapaces de reconocer su extrema insuficiencia.
  4.       Los incompetentes son muy vanidosos.

      Sin que haga falta señalar a nadie,  en esta sociedad, muchos, y muchas, afectados por el efecto DK, ocupan  puestos de responsabilidad en los que esa incompetencia tiende a ser más peligrosa que  meter una cerilla en un bidón de gasolina. Entonces, cuando consiguen llegar a un cierto poder, se vienen arriba, apoyados por quienes tienen interés en que esa incompetencia sirva a sus objetivos espúreos, independientemente  de que hagan el ridículo una vez y otra...

      Es cierto que podemos afirmar que esto no es de ahora, que la Historia está trufada de individuos o individuas cuya falta de competencia en distintas áreas han podido lleva a desastres de proporciones bíblicas. Pero no cabe duda que en estos tiempos, en los que bregamos con unos medios de comunicación que manipulan, retuercen y mienten, es mucho más sencillo convertir a un o una inútil en alguien con capacidad de decisión, aunque sea la persona más incapaz.   Lo peor es cuando esa falta de “luces” es aprovechada, como antes hemos señalado, para crear una especie de guiñol manejado por quienes, al final, van a conseguir “cacho”.

      Seguramente, a estas alturas del artículo algún nombre se nos habrá presentado, nombre del panorama social o político. Seguramente, también, muchos habremos coincidido en esos nombres, haciéndonos la sempiterna pregunta de cómo es posible que fulanita o menganito hayan llegado a dónde están.

      En épocas pretéritas se encumbraban a las personas incompetentes de una manera bastante más, digamos, “directa”, y muchos llegaban al poder gracias a que su antecesor se había cruzado con un puñal o veneno. Los incapaces quedaban a merced de sus consejeros y personajes que alagaban su vanidad a cambio de prebendas, hasta que dejaban de ser útiles.

      Pues bien, aunque hayan pasado años, y años, y aunque ahora pongamos nombres rimbombantes, sigue habiendo inútiles y otros que se aprovechan de ello.

      Cualquier parecido con la realidad que nos rodea no es pura coincidencia, sino fruto de que, aunque pase el tiempo, la sociedad será más tecnológica, pero las ambiciones  son las mismas.

 

sábado, 4 de octubre de 2025

Estimados(as) rivales políticos

 


Estimado (a) rivales políticos:

Me dirijo a conscientemente con el sustantivo "rival", a pesar de que sé que para ustedes somos el enemigo. 

Lo primero que le quiero transmitir es mi comprensión: debe ser cansadísimo ser ustedes, todo el día maquinando insultos, bulos y mentiras que, además, son desmentidos en el minuto uno porque son bastante malos; debe ser agotador tener que correr de un lugar a otro haciendo canutazos y vídeos poniendo a actuaciones nuestras a parir, aunque en realidad no sea así, como acaba demostrándose siempre.

Pero lo que me parece que debe ser terrible es intentar llevar una cierta coherencia política, allá donde estén ejerciendo, y cuando parece que han encontrado el camino vienen sus "mayores" y se lo tiran para atrás. Porque, no me dirán ustedes que lo de la señora Díaz Ayuso y el euskera no es para que en las sedes de sus partidos no se hayan dado cabezazos contra las paredes. O la obscena respuesta de sus representantes en la Asamblea de Madrid riendo sin misericordia las gracias desgraciadas sobre el Genocidio de Gaza. De cada declaración del señor Núñez Feijóo, el señor Tellado, o la señora Muñoz casi que pasamos de puntillas, porque son para llorar. Repito lo dicho: debe ser terrible tener que seguir esas pautas, a sabiendas -porque muchos de ustedes, estoy segura, tienen bastante más dedos de frente que todos ellos- que no son más que una sarta de sandeces.

No obstante, como son disciplinados y, además, les ponen por delante la zanahoria de lograr el poder, pues se ponen pico,pala, pico, pala, a buscar resquicios por dónde criticarnos, humillarnos, e incluso llevar acabo acciones de dudosa legalidad, con las que luego alimentan a sus medios bien pagados, que de otra manera no sobrevivirían, porque no dejan de ser unos panfletos inmundos.

Pero lo que me cuestiona más, mis queridos (as) rivales políticos, lo que más me asombra, es esa incongruencia entre sus acciones, palabras, y declaraciones y la devoción que demuestran en actos religiosos. Pueden estar en una procesión el domingo y al día siguiente llenar las redes de insultos y vejaciones; pueden hacerse fotos con el clero, y al día siguiente mentir sin despeinarse ; se va uno a Ferraz a rezar el rosario y se insulta con toda la boca.

El papa Francisco, a quien demostraron ustedes tanto afecto cuando murió, elaboró una serie de preguntas para hacer un buen examen de conciencia, entre las que destacaría: ¿Sé perdonar, tengo comprensión, ayudo a mi prójimo? ¿Juzgo sin piedad tanto de pensamiento como con palabras? ¿He calumniado, robado, despreciado a los humildes y a los indefensos? ¿Amo y cultivo la pureza de corazón, de pensamientos, de acciones? ¿Nutro venganzas, alimento rencores? ¿Soy misericordioso, humilde, y constructor de paz? Mucho me temo que este examen lo tendrían suspendido casi todos ustedes. Claro, que presuponemos que tienen conciencia, lo cual es mucho suponer

En fin, mis estimados(as) rivales políticos, no quiero caer en esa tentación de juzgarles sin piedad - me temo que lo estoy haciendo-, y menos de despreciarlos, bastante tienen con lo que tienen. Por mi parte seguiremos el camino que hace mucho recorremos: el de la justicia y la igualdad.

Un saludo

PD: Viva Palestina Libre.

(Foto Romería Xto Rivas. (c) Elena Muñoz/2025)

domingo, 12 de noviembre de 2023

Posverdad, carcoma de la sociedad

 Es domingo y luce un sol espléndido. 

Soy una mujer de otoño e invierno, creo que ya lo he dicho en alguno de mis anteriores post, porque la naturaleza ofrece sus mejores colores o se va remansando esperando la próxima primavera.

No obstante, corren malos tiempos para la lírica, que diría aquel. Tanta bronca, tanta palabra gruesa, tanta mentira enturbia una época que debería ser de sosiego, víspera de ese tiempo, apenas dentro de un mes, que llamamos Navidad,

 Sin embargo nos vemos atacados por fenómenos violentos que sin ser nuevos han llegado en estos días a sus últimas consecuencias, alentados por lo que se ha convertido en la carcoma de esta sociedad y arma de aquellos que se han instalado en la más radical de las posiciones : la POSVERDAD.

La posverdad, un fenómeno en el cual las emociones y creencias personales tienen más influencia en la opinión pública que los hechos objetivos, plantea desafíos significativos para la sociedad contemporánea. Su impacto negativo se manifiesta en la erosión de la verdad objetiva y la confianza en las instituciones. En un entorno saturado de información, la posverdad favorece la propagación de desinformación y teorías de conspiración, creando un terreno fértil para la polarización y la desconfianza.

Además, la posverdad  está ya socavando la calidad del debate público y la toma de decisiones contrastadas. Cuando las emociones y percepciones subjetivas pesan más que los datos verificables, se corre el riesgo de adoptar políticas y acciones basadas en percepciones distorsionadas en lugar de la realidad. Esto puede tener consecuencias graves en áreas como la política, la salud pública y el medio ambiente, crear caldos de cultivo para esa nefasta especie emergente que son los negacionistas.

Basta un paseo por las redes sociales para ver cómo políticos y medios que los apoyan, sin vergüenza ni reparos, sueltan por la boca lo que luego recogen las hordas infectadas de odio y también carcomidas por la homofobia, la xenofobia y la más abyecta ideología. Sin pruebas, o lo que es peor a sabiendas que es mentira.

Duro camino para los que creemos en la libertad y en la democracia, pero sabemos que no hay otro, y seguimos adelante.

Sed felices.

domingo, 6 de noviembre de 2022

¿Qué nos pasa?

 Una tras otra, las crisis se no han ido sumando, y una tras otra  que con las medidas del Gobierno de España y el esfuerzo de la ciudadanía las vamos paliando.Los últimos datos así nos lo reflejan.

Entonces, ¿qué nos pasa que no somos capaces de reaccionar? Reaccionar al acoso y derribo de un presidente y de un Gobierno que son ejemplo para el mundo. Reaccionar ante las mentiras, ante las manipulaciones, ante las absurdeces que desgastan y desaniman con un solo afán electoralista. Afán  convertido en un juego sucio en el que todo vale.

Representantes electos en parlamentos nacionales, regionales, e incluso municipales falseando de forma descarada. Incluso cuando les demuestras con datos que es falso inisiten y persisten, apoyados por quienes prefieren ser gobernados por insolidarios y desleales que por progresistas.

¿Qué nos pasa? Nunca, y ya llevo un tiempo en este valle de lágrimas, he vivido esta situación. 

Estamos ante la usurpación por parte de los medios, por parte de partidos políticos que no aceptan el estar en el lugar al que les han mandado las urnas; estamos en un constante intento de golpe de Estado soterrado.

Lo último que ha sucedido en Madrid con la sanidad debería convencer de que hemos traspasado el límite de la ideología, de la política, para entrar ya en el de el daño social, en el de la  vulneración de derechos. Existe en una idolatría a la imagen de Isabel Díaz Ayuso en ciertos sectores que ya me parece patológica. Me recuerda, en otra cuerda, a la de Evita Perón.

Por suerte el día a día va menoscabando los pies de barro de esta lideresa obsesionada con el presidente del Gobierno y que ansía llegar a ocupar su lugar a la Moncloa. La verdad que Feijóo no se lo está poniendo muy difícil pues, a pesar de los capotes que echan sus compinches para tapar su meteduras de pata, cada día se presenta más inoperante. La bajada de pantalones a horas de firmar la renovación del poder judicial así lo demuestra.

No hay ideología tras las acciones del PP o VOX ( de Cs ya ni hablamos) y , por ende, de sus votantes. Simplemente machacan con el único propósito de alcanzar el poder para seguir manteniendo el estatus de esa rancia "aristocracia" apuntalada por el franquismo, que no quieren perder sus privilegios ni sus puestos, ni sus puertas giratorias. Al grito de ¡fuera el sanchismo! pagan a quienes les colocan en el escaño para devolverles el favor, ya sea en los tribunales, en lo medios de comunicación o en el IBEX 35. La ciudadanía les importa un guano, solo son peones de una partida que les permita controlar el centro del tablero. Hipócritas que gritan que España se rompe, mientras ellos piensan cómo pueden venderla por trozos.

Feliz domingo.


domingo, 22 de mayo de 2022

Cuestión de genes

Todos los días amanecemos con noticias, bulos y chascarrillos que nos llegan del proceloso mundo politico. Quienes vivimos en Madrid solemos aterrizar con esas frases dignas de pasar a los anales de la Historia de nuestra presidenta. También causan estupor todo lo que nos llega de la ultraderecha. Después, en los cafés y sobremesas se comenta cómo y de qué manera pueden recabar tanta cantidad de votos, y los que nos quedan. 

Si bien es cierto que para quienes nos hemos situado en eso que llaman izquierda es incomprensible ver cómo programas sin contenido o, lo que es peor, que recortan derechos que han costado mucho en tiempo y vidas conseguir, son apoyados sin ambages, subidos al carro de la demagogia más aplastante, no faltan razones. Porque aunque cueste entenderlo, sí,  si somos un poco observadores, mis queridos lectores, podremos darnos cuenta de que no es otra cosa , en mi opinión,  que una cuestión de genes. Voy a poner un ejemplo. 

Me cuenta un compañero que tiene un amigo que siempre ha sido votante socialista. Pero ahora ha cambiado su voto a VOX (¡¡¿¿??!!). Sí, el asombro el total. ¿Cuál puede ser la razón de este recorrido ? Pues simple y llanamente porque es taurino y la izquierda está en contra de la Fiesta de los toros.  Aún no siendo cierta esa afirmación, yo tengo compañeros y compañeras socialistas que les gustan los toros, ¿es eso razón suficiente para apoyar a un partido fascista, homófomo, xenófobo y todas las demás fobias que queramos buscar? Sí, digo, porque está en los genes.

Nuestros genes son egoístas, miran por nuestro propio bien, olvidando el de los demás. Como escuché decir a un conocido "coach" provenimos en una gran mayoría de aquellos que en las batallas se quedaban en la retaguardia, de los que robaban la comida, de los que delataban a  sus vecinos para salvar la vida. Los otros, los valientes, generosos y leales morían las más de las veces en aras de sus ideales: la Historia está llena de ejemplos.

Solo la educación en valores  ha ido moldeaando, en algunos casos, esa tendencia nuestra a mirarnos el propio ombligo. Mirada que se vuelve aún más descarada en épocas de crisis, en las que "el sálvese el que pueda" aparece como motivo en muchos de los casos.

Egoísmo y miedo, un tandem que funciona de maravilla, aún cuando no sea cierto y se acabe siendo la víctima propiciatoria de lo que se está apoyando: no importa que comer raíces, como el anciano de la fábula, pero son "mis raíces" y no voy a tolerar que la izquierda venga y me las robe, aunque me prometa pan.

Es muy difícil pelear contra las emociones nacidas de las tripas, sobre todo en una sociedad en la que se echa de menos el criterio, la duda y el debate, y en la que la mentira, la amenaza y el retroceso se han convertido para muchos en bandera.

Mientras, aquellos y aquellas que optamos por la libertad, la igualdad y la justicia seguimos,aún con alguna flaqueza a veces. Al fin y al cabo lo nuestro ya es, también, 
una cuestión de genes.

Sed felices.

lunes, 7 de octubre de 2019

Lágrimas de rabia

A veces pienso si lo que hago, que intento sea coherente con lo que digo, servirá de algo.

Empiezo a no reconocer muchos y a muchos de mi entorno. Personas que han sido parte de mi vida, desde hace más de cuarenta años y que hora justifican lo injustificable, y se unen a quienes han hecho de la mentira su bandera, aunque ellos quieran defender la roja y gualda.

¿Qué hemos hecho mal los demócratas? ¿Por qué nuestro mensaje se entrella, una vez y otra, contra el muro de la falsedad y la difamación? ¿En que momento perdimos la capacidad de llegar a quienes necesitan de sus derechos y, sin embargo, siguen a los que enarbolan un nacionalismo trasnochado y sin futuro?. Sé dónde estoy, pero a veces dudo de para qué, si no soy capaz de traspasar a quienes dicen respetarme e incluso admirarme el mensaje de justicia e igualdad.

Hoy he tenido que contener lágrimas de rabia al ver las imágenes de VOX en Vista Alegre, sabiendo que una de las personas queridas por mí, amigos desde la adolescencia, estaba allí. Desconocía que era militante de esta formación ultraderechista. Cuando me dijo que había venido desde su lugar de origen a Madrid para asistir a ese "circo" no me lo podía creer. Intento justificarlo por el cansancio, por la necesidad de encontrar respuestas a una persecución que sufren por parte de otros fascistas ultranacionalistas... Pero cuando colgué el teléfono sentí que algo se rompía dentro de mí.

Él sabe que soy socialista, y tras una amistad de más de cuarenta años, nada de los valores que a ambos nos han unido en una estrecha amistad han servido para nada. Siento, como en la canción, el corazón partido entre mis principios y mi amistad.

Porque no es cierto que la política no debe romper las amistades cuando la amistad ha de basarse en valores que para mí son irrenunciables. Espero y deseo que cuando Santiago Abascal defendiera y llamara "españoles" a los violadores de la Manada mi amigo sintiera vergüenza de encontrarse allí.

No obstante, hoy siento que mucho de mi esfuerzo se ha convertido en agua derramada en un cesto. Y me siento cansada, y no puedo contener las lágrimas llenas de rabia e impotencia.

Sed felices por mí.

miércoles, 10 de julio de 2019

De juegos, de tronos, de mentiras y tiros en el pie

No sé vosotros, mis queridos lectores, pero una ya empieza a estar muy cansada de la falta de seriedad de algunos y algunas.

La manera tan frívola con la que se asumen ciertas responsabilidades (y no quiero señalar a nadie, aunque si seguís leyendo lo vais a comprender) ante retos de una importancia suprema me llenan de desaliento.

Como el maná en el desierto durante el Éxodo bíblico se saludó la llegada de los "nuevos partidos". Venían a regenerar la nueva política caduca del bipartidismo, abriendo las ventanas y trayendo aire fresco. ¿Recordamos lo de PPSOE? ¿O lo de PSOE y PP la misma mierda es?

Pocos años después, muy pocos, aunque se nos han hecho muy largos, esos mismos partidos están bloqueando la investidura de quien ha conseguido doblarles e , incluso, triplicarles en votos. Quien era el adalid del centro liberal, la voz de los moderados, se ha convertido en el vociferante que niega lo innegable, como es su alineación con la ultraderecha para conseguir el mismo poder y con los mismos que habían corrompido la política que venían a regenerar. Los otros, los que querían asaltar los cielos en nombre de la gente, lo único en lo que están fijos como un toro ante el capote es en asaltar el poder ministerial, sin importar que su enrocamiento rayano en la locura aboque a unas nuevas elecciones. Y ambos utilizando la herramienta que da titulares y que creen que les puede impulsar en sus torticeros objetivos: la mentira.

Porque mienten cuando justifican sus acciones, que de otra manera serían imposibles de justificar. Cómo poder tragarse la rueda de molino que significa que quienes querían acabar con la corrupción pactan con ella y con su apéndice ultraderechista bajo el paraguas de que no lo hacen simplemente toman café. Cómo poder soportar que se esté paralizando la investidura de un gobierno que ponga en marcha medidas sociales tan necesarias para la ciudadanía sino es bajo el embuste de que se hace, no para pillar "cacho", sino para controlar. Enfrentarse al espejo de la verdad para estos partidos ha de ser como contemplar el retrato de Dorian Grey en todo su esplendor.

Pero creo que ambos, los naranjas y los morados, y todos sabéis de quiénes estamos hablando, no cuentan con la variable de que la sociedad es bastante más madura que ellos, y que tampoco asusta, si fuera al fina el último recurso, ir a unas nuevas elecciones, en las que ellos serían los más perjudicados.

Quedan pocos días para la investidura de Pedro Sánchez y para que, en un alarde de responsabilidad política, algunos dejen de jugar a los reyezuelos o de pegarse tiros en los pies, que ya vemos de cuál
cojean.

Sed felices.



domingo, 8 de abril de 2018

De perros, collares, lobos y corderos

 El lobo se vestía con piel de cordero y el rebaño consentía el engaño (Mary Shelly)


Cada vez me cuesta más, mis querido lectores, conservar la tranquilidad y sujetar la lengua para no caer en lo que denominamos políticamente incorrecto al refererirme a ciertos temas, a ciertas personas.Se me acaban las palabras intentando no caer en insultos ni en descalificaciones. Y, sobre todo, lo que para mí es peor, el tedio y el aburrimiento me invaden al contemplar como siguen ladrando los mismos perros con distintos collares.

La crisis de la Comunidad de Madrid, en la figura de su presidenta Cristina Cifuentes, y por un asunto que ni en sus peores pesadillas se podría haber imaginado el Partido Popular abre unas expectativas que a todas luces marcarán un antes y un después, por lo menos en los analistas serios y rigurosos. Porque luego tenemos a aquellos "cazatitulares" a los que les interesa mucho más subir los shares que otra cosa.

Leo hoy, antes de desayunar, lo que no sé si es bueno para mi salud, una nueva encuesta (y las que nos quedan). Nuevamente se pone el foco en el ascenso de Ciudadanos, mientras que, cómo no, se señala la lenta caída del PSOE. Sinceramente, es increíble, y patético, como diarios antaño símbolo de la prensa objetiva y progresista se vende al mejor postor, pero eso es otro cantar. La realidad es que, como dijo el otro día Pedro Sánchez, los votantes tratan mejor al socialismo que las encuestas. Recordemos el tan traído y llevado sorpasso de las elecciones pasadas que no funcionó y tuvo un margen de un millón de votos perdidos.

Gabilondo y el grupo socialista ha hecho en Madrid lo que tenía que hacer. Presentar una moción de censura, no contra una persona (mantra que repite Cifuentes) sino contra una situación que no se puede mantener permanentemente, y es la de una presidencia de gobierno de una región bajo sospecha. Bastante tenemos ya con Cataluña, que lleva viviendo en un sindiós desde hace meses, y lo que nos queda.

Porque en ambas hemos visto escenificado el poco respeto que se tienen a las instituciones, y, también la postura de no mojarse del partido naranja. En mi opinión Arrimadas tenía que haber intentado la investidura en Cataluña, que hubiera sido fallida, sí, pero que hubiera demostrado que tenía un programa y un acercamiento a los partidos constitucionales. Por otra parte, en Madrid, no tienen ningún sentido promover una Comisión de investigación para investigar (alargando el proceso) lo que ya está claro meridiano.Mi conclusión es que el discurso de Ciudadanos puede ser convincente, pero en ningún caso capaz de llegar a ser real. Como he dicho en muchas ocasiones, son maravillosos toreros de salón, pero con miedo en bajar al ruedo.

De nada vale salir a la calle, protestar, gritar y clamar al cielo si luego cuando hay que decidir a quién  votar no distinguimo (no queremos ver) los lobos con piel de cordero.

Sed felices.



sábado, 15 de octubre de 2016

Y tú, ¿por qué escribes?



Esta es una de las preguntas con las que nos encontramos aquellos que dedicamos  parte de nuestro tiempo a este arte de la escritura. Seas novel o consagrado, en cualquier entrevista, antes o después, surge.
Algunos escritores se ponen trascendentes y le dan un carácter metafísico o espiritual a la necesidad de rellenar folios en blanco, reales o virtuales. Otros, en cambio, se quedan en una razón mucho más pragmática y más relacionada con el gusto por contar cosas. Luego estamos, porque yo me incluyo, aquellos que participamos de las dos posiciones.
No cabe duda de que hay una necesidad por escribir que trasciende el mero hecho físico. Se ha comentado siempre el carácter  terapéutico de la escritura para curar males del alma. Al fin y al cabo, ya sea en prosa o en verso, en un poema o en una historia, el escritor juega con las emociones y son ellas las protagonistas. Emociones que surgen de vivencias propias o ajenas, pero sustentadas en algo que no es físico ni psíquico.
Por otra parte, el placer que supone para quien gusta de la lectura,  en cualquier género o estilo, ser capaz de construir un poema o una historia es muy grande. Creo que todos aquellos que conocen el proceso creador estarán de acuerdo conmigo.
Decía Virginia Woolf, no cito textual,  que una mujer para escribir solo necesitaba dinero y una habitación. Imagino que lo del dinero iría más por el tema de la independencia económica, todavía complicada en el caso de las mujeres en la primera mitad del siglo XX;  lo de la habitación por la independencia física que supone la creación. Siempre he pensado que las dos razones se resumen en una: escribir por sentirnos libres.
Para mi ese sería el motivo fundamental. Nunca me siento más libre que cuando escribo, porque la escritura me libera como no lo hace ninguna otra cosa.
Hace unos días ponía una reflexión en  Facebook acerca de lo que me asombra, y no es postureo, el que me llamen escritora, supongo por el respeto que me produce esa palabra, sobre todo cuando leo a otros escritores. Yo sólo me considero una mujer a la que la vida se le queda estrecha y por tanto necesito ampliarla, y lo hago a través de mis novelas, de mis poemas o de artículos como este
Cuento cosas a los demás porque necesito contármelas a mi misma para saber que hay algo más allá de la rutina diaria, de la situación política, de las crisis económicas o de los problemas que nos acucian a los seres humanos corrientes.

Cuando escribo abro la puerta a mundos desconocidos, construyo personajes que pueden llorar, reír o morir a través de mis dedos. Soy capaz de imaginar grandes epopeyas, o maravillosos romances.
En resumen, escribo  porque cuando lo hago soy feliz.
Y tú…¿Por qué escribes?