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domingo, 12 de noviembre de 2023

Posverdad, carcoma de la sociedad

 Es domingo y luce un sol espléndido. 

Soy una mujer de otoño e invierno, creo que ya lo he dicho en alguno de mis anteriores post, porque la naturaleza ofrece sus mejores colores o se va remansando esperando la próxima primavera.

No obstante, corren malos tiempos para la lírica, que diría aquel. Tanta bronca, tanta palabra gruesa, tanta mentira enturbia una época que debería ser de sosiego, víspera de ese tiempo, apenas dentro de un mes, que llamamos Navidad,

 Sin embargo nos vemos atacados por fenómenos violentos que sin ser nuevos han llegado en estos días a sus últimas consecuencias, alentados por lo que se ha convertido en la carcoma de esta sociedad y arma de aquellos que se han instalado en la más radical de las posiciones : la POSVERDAD.

La posverdad, un fenómeno en el cual las emociones y creencias personales tienen más influencia en la opinión pública que los hechos objetivos, plantea desafíos significativos para la sociedad contemporánea. Su impacto negativo se manifiesta en la erosión de la verdad objetiva y la confianza en las instituciones. En un entorno saturado de información, la posverdad favorece la propagación de desinformación y teorías de conspiración, creando un terreno fértil para la polarización y la desconfianza.

Además, la posverdad  está ya socavando la calidad del debate público y la toma de decisiones contrastadas. Cuando las emociones y percepciones subjetivas pesan más que los datos verificables, se corre el riesgo de adoptar políticas y acciones basadas en percepciones distorsionadas en lugar de la realidad. Esto puede tener consecuencias graves en áreas como la política, la salud pública y el medio ambiente, crear caldos de cultivo para esa nefasta especie emergente que son los negacionistas.

Basta un paseo por las redes sociales para ver cómo políticos y medios que los apoyan, sin vergüenza ni reparos, sueltan por la boca lo que luego recogen las hordas infectadas de odio y también carcomidas por la homofobia, la xenofobia y la más abyecta ideología. Sin pruebas, o lo que es peor a sabiendas que es mentira.

Duro camino para los que creemos en la libertad y en la democracia, pero sabemos que no hay otro, y seguimos adelante.

Sed felices.

domingo, 31 de mayo de 2020

PANDEMONIUM


Aquellos que hayan leído EL PARAÍSO PERDIDO  de Milton sabrán que Pandemonium se refiere a la capital del Infierno, así llamada por el autor. Pero esa palabra de origen griego tiene otras acepciones, entre ellas la de ruido, confusión, jaleo. Y todas me sirven para el argumento de este artículo.
 
Porque el panorama político al que nos enfrentamos desde hace varios meses está lleno de ruido, de broncas, de estruendos verbales por una parte de la sociedad jaleada por los políticos y medios de la derecha ya ultra,  que convierten el día a día en un agotamiento de intenciones. Esto unido al calor de la canícula que se nos aproxima, más parecido al del Averno, nos da la fórmula perfecta del Pandemónium.

Una cree que por experiencia ya ha visto de todo, o de casi todo, respecto a situaciones en las que las alianzas, los pactos y las movilizaciones a izquierda y derecha de los partidos sitúan cada encrucijada política. Nada más lejos de la realidad.  Creo que a todos nos han movido los límites y nos está costando separar la realidad de las ambiciones, de los delirios y de la falta de rigor de muchos.

¿Qué ha sido de las ideologías? ¿Dónde de hemos dejado los valores y los principios? ¿En qué momento la información pasa a ser solo titulares a golpes de clic? ¿Cuándo la verdad se reduce a  mínimo grupo de caracteres?

Hay tanto ruido, tantas voces altisonantes que impiden el simple hecho de elaborar un pensamiento, una idea, que una parte de la sociedad ha optado por no pensar. ¿Para qué? Es mejor asumir aquellas ideas que te dan ya precocinadas en los microondas televisivos, o en los libelos  sin importar que estén requemadas, manipuladas o revenidas. Si cuadra se compra, aunque ponga en peligro la salud de los conciudadanos o sea jalear la caída del Gobierno es una situación tan complicada como la que tenemos.


Ya no existe la VERDAD. Existe esa  hija bastarda del Pandemonium llamada  POSVERDAD, que distorsiona y retuerce palabras y hechos para conseguir modelar la opinión pública. Así nos están vendiendo los inútiles y mediocres la forma de hacer política y así nos están llevando a quienes creemos que la sociedad se merece justicia e igualdad a las mismas puertas del Infierno a base de chantajes de apoyos por sillones.

Al igual que Ulises ante los cantos de sirena hemos de atarnos al mástil de la sensatez. No debemos caer en el escepticismo de que la política es un nido de aprovechados, que no anteponen el mensaje de las urnas a los intereses personales.

El pasado diciembre un partido ganó las elecciones, y es el que tiene que gobierna en una coalición de progreso, acordando, sí, pero preservando aquello por lo que le votó una amplia mayoría de electores. Todo lo demás y no me cansaré de decirlo no es más que la distracción de malos prestidigitadores a los que cada vez más se les ve las cartas en la manga, el conejo en la chistera y la inutilidad en sus acciones. Todo, eso sí, aderezado por un insoportable ruido.

(Ilustración  Pandemonium, de John Martin. Museo del Louvre).

domingo, 21 de octubre de 2018

Mentiras

Nos enseñan a no mentir, enseñamos a no mentir. Y a pesar de ello mentimos. La mentira, dicen, es consustancial al ser humano. Si no fuera por ella, dicen,  acabaríamos matándonos unos a otros.
Tanto asumimos la mentira que hemos acuñado una expresión: mentiras piadosas.

Mentiras piadosas para no decir que un vestido le queda fatal a nuestra mejor amiga, que el niño de la vecina  es muy feo, que las cortinas del salón de tu hermana parecen un mantel, que hemos sido infieles, que ya no estamos enamorados... ¿Justificables? No sé.. Pero desde que el mundo es mundo las hemos ido utilizando, y ahí siguen.

Porque nada es más de temer que cuando escuchamos esa frase : "¿Quieres que te sea sincero?", seguido de un torrente de reproches, de palabras gruesas o de vocablos que golpean más que puñetazos... O tal vez de una verdad que ni queremos, ni buscamos.

Pero, y estaréis de acuerdo conmigo, mis queridos lectores, que lo que jamas es admisible es la mentira cuyo objeto es destruir, arrebatar el derecho de saber, conocer y decidir. Ya, ya sé que no existe la verdad absoluta, y que siempre está matizada por las propias vivencias personales, aunque eso no sea óbice para transformar lo más evidente: hay verdades como puños.

Contemplo estupefacta, día a día, como la mentira va ganando el terreno en muchos de nuestros espacios, aunque en ninguno más que en la política de cierto sesgo, apoyada por los medios de la misma cuerda. Además, esa mentira asume un grado y se convierte en difamación. No importa cuanto se retuerzan las palabras si, al final, son capaces de crear eso tan horrible que hemos llamado "posverdad" (1), y que no es más que una falsedad con encaje y puntillas.

¡Pobre verdad! Qué poco la quieren ahora. No interesa, porque a veces no es simpática, ni agradable, ni, mucho menos, sirve a los intereses más egoístas.

Nos enseñan a mentir, enseñamos a no mentir... Y mentimos.

Sed felices.

(1)-“Distorsión deliberada de la realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”.