Mostrando entradas con la etiqueta lectura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta lectura. Mostrar todas las entradas

lunes, 10 de mayo de 2021

Cita a ciegas

Siempre digo que la relación entre un escritor y un lector se asemeja a un cita ciegas, en laque ambos están deseando enamorarse a través de un libro. Muchos de mis compañeros en la literatura dicen no pensar en el lector cuando escriben, es decir, que el factor de la aceptación por público no les mediatiza a la hora de crear su obra literaría. De otra manera, me dicen, sería imposible escribir lo que en verdad se quiere.


Sí, no cabe duda que tener el mente como objetivo principal las ventas llevaría a crear solo aquello que sabemos va a ser comercial, restando a la palabra su auténtico fin. Y para eso ya están los best sellers que como churros publican las grandes editoriales, que vienen a ser, al final, el mismo libro con diferente título.


Bien, pues aceptando esta premisa, yo creo que se debe pensar en el lector no como fin sino como parte complementaria y debe tener su lugar en la vida de todo escritor. Los libros sin lectores no son más que objetos onanistas para mayor gloria del ego del autor, en los que cercenamos uno de los dos placeres que tiene que suponer la obra literaría: escribir y ser leído.


No hace falta renunciar a nada por valorar a aquellos que nos llegarán a leer o a los que ya nos leen. No hace falta olvidar que quienes compran nuestros libros están deseando encontrar en ellos las situaciones y los personajes con los disfrutar, las emociones con las que identificarse. Y también se merecen un producto bueno, cuidado, mimado, como recompensa a su confianza.


Últimamente, y más a menudo de lo deseable, veo y leo textos o poemas de poca calidad, defendidos por sus autores con el simple argumento de que es lo que ellos quieren escribir, lo que les “brota de dentro”. Bien, eso es muy respetable, sin lugar a duda, como lo es también el que el encuentro con los lectores sea un acto fallido, simplemente porque no les gusta.


La literatura es un arte y como tal se compone de técnica y de creación. No vale con dejar flotar a las musas a nuestro alrededor. Tenemos que disciplinarlas para que lo que salga de nuestra pluma o de nuestros dedos en el teclado sea de calidad y esas citas a ciegas se conviertan en amores eternos.

Los lectores se lo merecen.


domingo, 22 de abril de 2018

Sobre los libros

Que una escritora diga que no concibe su vida sin los libros es, como poco, redundante. De lo contrario estaríamos ante la situación paradójica de que un cirujano abominara de su instrumental o un músico de su instrumento.

Ante de ser escritora, muchísimo antes, fui una lectora impenitente. Antes de ser lectora ya tenía en mis manos cuentos ilustrados, de los que recuerdo, aún, su aroma a papel recién tintado y la textura de sus páginas, tan diferentes de la firmeza de la cubierta.

Luego vinieron los libros más serios en los que aprender, algunos subrayados con lápiz para remarcar aquello que era importante y de lo que seguro, algo caería en los exámenes. Y también otros que iban llenando las tardes y las noches de historias de amor, de aventuras, de terror.

Ya siendo universitaria viví como amante de los libros una experiencia maravillosa. Realizando mi tesis de licenciatura tuve la oportunidad de consultar ejemplares que se encuentran, o se encontraban, en una sección llamada - creo recordar- de Raros y manuscritos. Allí se guardaban ediciones antiquísimas que había que manejar con guantes, y que eran de una belleza excepcional.

Novela, biografías, poesía, relatos, libros siempre a mi alrededor que llenan las estanterías hasta en tres filas y que, en ocasiones, han de ocupar un lugar discreto en el suelo, dentro de cajas, esperando ocupar su sitio definitivo.

Ahora, como si de la concesión del mejor de los deseos, veo mi nombre en la cubierta de mis libros. Cuando los abro siguen oliendo a nuevo, y permanece ese mismo tacto de mi infancia, y la cubiera sigue teniendo esa firmeza. Pero son mis palabras las que ocupan sus páginas, son mis versos. Entonces pienso que otras personas, vosotros, mis queridos lectores, sentís en  mis libros las mismas emociones que yo he sentido: el amor, la aventura, el terror.

No soy mujer, ni mucho menos, que de la espalda a la tecnología. Acepto la digitalición de la escritura- no se pueden poner puertas al campo- pero defiendo y defenderé que mis historias, que mis poemas, encuentren acomodo en ese mundo hecho de papel que sigue acariciando mis dedos.

Sed felices.

lunes, 19 de diciembre de 2016

"No sé leer"

Volvía  a mi casa el pasado sábado toda contenta e ilusionada. Había estado declamando mis poemas en la inauguración de la exposición  en la galería ARA ARTE (absolutamente recomendable) y había tenido un gran éxito a la vista de los libros vendidos de Momentos de arena y hielo.

Como una no vive en la capital, el uso del transporte público se convierte en una excursión en la que tengo que hacer varios transbordos. En el último de ellos, una mujer joven, que por su acento y aspecto me pareció de etnia gitana y que empujaba un cochecito de niño,  me preguntó qué línea tenía que coger para llegar a una determinada estación. Yo le señalé el directorio, pero ella, con una espléndida sonrisa me contestó: "lo siento, princesa, pero no sé leer".

La casualidad hizo que yo llevara esa misma dirección y así se lo transmití, invitándola a que me acompañara. Durante todo el recorrido su afán por no perderme entre los pasajeros que pululaban por los pasillos era casi angustiosa. Por fin, llegamos a su destinos, el andén contrario al mío, y nos despedimos: "Adiós, princesa, que suerte encontrarla, dios la bendiga", me dijo, manteniendo su sonrisa.

El resto de mi periplo me sirvió para reflexionar sobre el tesoro que sigifica poder leer y escribir. Nos lamentamos de aquellos que no pueden ver físicamente, pero el no ser capaz de interpretar los símbolos que suponen las palabras, sus significados, nos colocan en una auténtica ceguera social.

Dice un refrán castellano que Dios da mocos a quien no tiene pañuelo. Que pena, mis queridos lectores, que no seamos conscientes de nuestra propia fortuna al haber podido acceder a una alfabetización y una educación; qué lástima el poco aprecio que le damos y cuanto lo desperdiciamos por falta de uso.

Por que es eso y no otra cosa lo que nos permite ser independientes y no perdernos por los pasillos infinitos de la ignorancia y de la manipulación. Es, en resumen, lo que nos permite ser libres.

Sed felices.



domingo, 4 de diciembre de 2016

El libro, un regalo vivo.



Para muchos de nosotros los libros son objetos tan cotidianos como los cepillos de dientes o las servilletas. Nos rodean y conviven en nuestro espacio vital desde que somos capaces de recordar.

Primero como cuentos de hadas o de aventuras. Luego con los clásicos que vienen cargados de preguntas a responder en los exámenes. Más tarde, ya adultos, llenos del placer de la lectura por la lectura. Pero no para todos esto es así. Para algunos el libro es un total desconocido, por decisión propia o por simple carencia de medios en acceder a él, ya sean económicos o sociales.

Es una pena que esto ocurra. No solo porque es cierto que en los libros se encierra una gran sabiduría, sino porque son una herramienta inigualable para llenar un tiempo con nosotros mismos. En la acción de la lectura se encierra, sin lugar a dudas, una relación que no tiene la contemplación o disfrute de otras artes u otras actividades. Entre el libro y el lector se genera una intimidad casi de pareja, en la que el tacto de las páginas o de la cubierta de convierte en algo sensual.

Estamos en unas fechas en las que tenemos la costumbre de intercambiar regalos. Sin lugar a dudas los libros tendrán su protagonismo al pie del árbol o junto a los zapatos que esperan a los Reyes magos. Me gustaría, queridos lectores, que se vieran  los libros  como enlaces con otras personas, con otras culturas, con otras vidas; que intenten encontrar en ellos pequeños microcosmos en los que habitan seres especiales, tocados por un don: ser capaces de transmitir sentimientos parecidos a los que cualquiera puede sentir en un momento determinado o ante una experiencia vital importante pero a través de la belleza de la palabra. Me gustaría, queridos lectores, que se viera el libro como un regalo vivo.

Los libros nos hablan de la vida para, quizá, poder comprenderla un poco mejor.

Al fin y al cabo ¿qué es la vida sino un libro que escribimos cada día?
Pedid libros, regalad libros.

Sed felices.

sábado, 15 de octubre de 2016

Y tú, ¿por qué escribes?



Esta es una de las preguntas con las que nos encontramos aquellos que dedicamos  parte de nuestro tiempo a este arte de la escritura. Seas novel o consagrado, en cualquier entrevista, antes o después, surge.
Algunos escritores se ponen trascendentes y le dan un carácter metafísico o espiritual a la necesidad de rellenar folios en blanco, reales o virtuales. Otros, en cambio, se quedan en una razón mucho más pragmática y más relacionada con el gusto por contar cosas. Luego estamos, porque yo me incluyo, aquellos que participamos de las dos posiciones.
No cabe duda de que hay una necesidad por escribir que trasciende el mero hecho físico. Se ha comentado siempre el carácter  terapéutico de la escritura para curar males del alma. Al fin y al cabo, ya sea en prosa o en verso, en un poema o en una historia, el escritor juega con las emociones y son ellas las protagonistas. Emociones que surgen de vivencias propias o ajenas, pero sustentadas en algo que no es físico ni psíquico.
Por otra parte, el placer que supone para quien gusta de la lectura,  en cualquier género o estilo, ser capaz de construir un poema o una historia es muy grande. Creo que todos aquellos que conocen el proceso creador estarán de acuerdo conmigo.
Decía Virginia Woolf, no cito textual,  que una mujer para escribir solo necesitaba dinero y una habitación. Imagino que lo del dinero iría más por el tema de la independencia económica, todavía complicada en el caso de las mujeres en la primera mitad del siglo XX;  lo de la habitación por la independencia física que supone la creación. Siempre he pensado que las dos razones se resumen en una: escribir por sentirnos libres.
Para mi ese sería el motivo fundamental. Nunca me siento más libre que cuando escribo, porque la escritura me libera como no lo hace ninguna otra cosa.
Hace unos días ponía una reflexión en  Facebook acerca de lo que me asombra, y no es postureo, el que me llamen escritora, supongo por el respeto que me produce esa palabra, sobre todo cuando leo a otros escritores. Yo sólo me considero una mujer a la que la vida se le queda estrecha y por tanto necesito ampliarla, y lo hago a través de mis novelas, de mis poemas o de artículos como este
Cuento cosas a los demás porque necesito contármelas a mi misma para saber que hay algo más allá de la rutina diaria, de la situación política, de las crisis económicas o de los problemas que nos acucian a los seres humanos corrientes.

Cuando escribo abro la puerta a mundos desconocidos, construyo personajes que pueden llorar, reír o morir a través de mis dedos. Soy capaz de imaginar grandes epopeyas, o maravillosos romances.
En resumen, escribo  porque cuando lo hago soy feliz.
Y tú…¿Por qué escribes?
 

sábado, 23 de abril de 2016

Mi premio Cervantes

Hoy es el Día del Libro, hoy se concede el premio Cervantes de las Letras a  quien  ha contribuído a difundir a literatura. Por eso hoy quiero dar yo también un premio Cervantes propio, extensible a todos lo que han hecho posible que la lectura y posteriormente la escritura se convitiera en uno de mis referentes vitales.


 Por eso mi premio va...

- A mis padres y abuelos que me leían y contaban cuentos e historias que despertaron mi imaginación y mis ganas de saber.

- A mis maestros que me guiaron por las primeras letras e hicieron posible que los signos, al principio ilegibles, se convirteran en palabras, y estás en pensamientos.

-A mis profesores que me indicaron las lecturas y los libros que las contenían y saciaban mi sed de conocimiento, aunque nunca terminaba de agotarse.

- A mis amigos y familia que compartían y comparten conmigo sus experiencias lectoras y que en fechas señaladas me regalan libros.

- A Paco, a quien debo que me gusten autores (él sabe cuáles), que al principio me fueron un poco ásperos.

- A mis amigos escritores, que con su ejemplo y sabiduría me muestran que el, a veces árido, camino de la escritura y del libro merece la pena.

- A los libreros y editores que creen que el libro debe y puede seguir existiendo.

Y a todos  vosotros, lectores, que amáis los libros y que me regaláis unos minutos de vuestro tiempo para  leer estas humildes palabras.

Feliz día del libro.