domingo, 27 de marzo de 2011

Brotes en el corazón


El frío me entra por los tacones negros de los zapatos negros, con los que piso el suelo helado de la iglesia. La homilía se me hace interminable, sin saber muy bien de que habla, mezclándose la muerte, el pecado, la eternidad. Con la punta de la lengua he intentado disimuladamente alcanzar una lágrima que se me ha depositado en la comisura del labio. Miro de soslayo el féretro que ocupa el centro del pasillo, que me trasmite todavía más frío que el que sube por mis piernas y cala los huesos.
El sacerdote sigue oficiando y yo, como una autómata, sigo las oraciones a trompicones, mientras estrujo un pañuelo de papel. Oigo un llanto contenido detrás de mí. Acaba por fin la misa, podéis ir en paz.
Me adelanto al centro del pasillo y me coloco delante del féretro, que brilla bajo los círios. Desfilan los vecinos, los amigos, lo siento, gracias, te acompaño en el sentimiento, gracias, una gran persona, gracias.... Mis hijos, a mi derecha, solemnes extienden la mano y repiten gracias, gracias, quizá pensando en que ese es el mejor homenaje que pueden darle a su abuelo, el saber estar ante la gente del pueblo que le acoge en su última morada.
Al salir rozo con los dedos la pulida superficie de la caja, a la que parte en dos un crucifijo, en una última caricia a aquel que ha sido mi suegro durante casi treinta años. Miro a mi marido, que sereno me coge de la mano y juntos iniciamos la marcha del cortejo, que en esta fría tarde de marzo se encamina al cementerio.
Mañana será otro día, y nosotros habremos cumplido con los ritos y servidumbres de las despedidas y los duelos. Pero para mí el recuerdo de Quico ha empezado a brotar en mi corazón como los sarmientos en la tierra manchega que tanto amó.
(En homenaje a mi suegro, Francisco Márquez)

4 comentarios:

  1. Muy hermoso, tierno y delicado. Increible descripción de algo difícilmente descriptible. Con ese mismo cariño y con la sensibilidad contagiosa de tu relato... un abrazo

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  2. Sentimos mucho lo de tu suegro, Elena... Le has dedicado un relato precioso. Mucho ánimo y un beso enorme

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