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jueves, 7 de diciembre de 2023

De Papá Noel, Reyes Magos y comercio de barrio

Voy a aprovechar la oportunidad  que da tener este espacio para hacer una confesión: no me gusta Papá Noel.

Al decir que no me gusta, es que no me gusta, ni el personaje, ni el que traiga regalos. Ya, ya sé el clásico argumento de que de esa manera los niños y niñas tienen más tiempo para jugar con los juguetes que se  les pone al pie del árbol, pero es que ante los tiernos infantes e infantas se abre todo un año nuevo para jugar. Además, raro es el hogar pudiente (dícese de tener capacidad económica) que no vuelve a poner más regalos el día de los Reyes Magos.

Bien, pues aparte de ese detalle, entiendo que Papá Noel carece del encanto de los de Oriente, y si no, probad a ponerle en el Nacimiento, al lado de los pastores, junto al hombre que hace gachas, o guiando los pavos… Pues como que no. Si queremos añadir al escenario de Belén el trineo con los renos, pues ya apaga y vete. Es que Papá Noel es un producto importado, como los burgers o Halloween, a pesar de que nos parezca que lleva toda la vida entre nosotros, quizá no llegue la tradición en España a más de medio siglo.

No digo que no sea emotivo pensar en ese regordete abuelo de luengas barbas blancas, residente en el Polo Norte,  repartiendo a diestro y siniestro regalos la noche de Navidad, pero nada que ver con nuestros tres Reyes y su prestancia. ¿Alguien se imagina (y vuelvo a las comparaciones) a Papá Noel en un cuadro como la Adoración de los Magos de Rubens? A que no. Naturalmente, quedaría grotesco. De hecho, no sé si hay ninguna obra de arte que incluya al carmesí personaje, sobre todo porque esa vestimenta no corresponde al original, sino a una representación que la compañía con más ventas de refrescos de cola popularizó en los años 30 del siglo pasado. Es la transformación de San Nicolás, cuya fiesta ha sido el 6 de diciembre y que en muchos países europeos lleva regalos a los niños y niñas.

De niña nunca tuve regalos de Papá Noel (lo veíamos sólo en la películas de Walt Disney), y siendo ya madre tampoco al principio, me resistía al intrusismo. Pero la presión llegó a ser tan grande que terminé cediendo, como en tantas cosas, que sin querer pero que por la fuerza del grupo acabas entrando por el aro, aunque solo fuera poniendo un “detalle” la noche de Nochebuena.

Bien, pues hecha esta confesión que sé que no todos ni todas compartiréis, me pongo seria y bajo a la realidad. No soy quién para indicar el gasto de nadie estas Fiestas, pero sí quiero haceros, humildemente, una sugerencia: decid a Papá Noel, decid a los Reyes Magos que vuestras cartas pedirán regalos que se pueden comprar en el comercio de proximidad  de vuestra ciudad, que hace barrio, que hace ciudad.

No hace falta un gran gasto, pero seguro que vuestras comidas y cenas os sabrán mejor si sobre la mesa, aunque solo haya seis comensales, hay alimentos comprados en esas tiendas que han estado al pie del cañón día a día para que no nos faltara lo esencial en épocas no tan lejanas.

“Echémonos” como sociedad la solidaridad de estar cerca de aquellos que nos necesitan. Antes de buscar en las grandes plataformas de venta on-line (ya, ya sé que son muy cómodas y tienen de todo), pensad si el pequeño comercio del barrio puede responder a vuestras necesidades: seguro que si os acercáis a él, os sorprenderá con su cercanía y su profesionalidad. Pensad que detrás de cada mostrador hay familias que necesitan poner regalos al pie de su árbol, también.

Porque las Fiestas han de ser felices para todos y todas.

 

 

domingo, 5 de enero de 2020

Los Reyes Magos, ¿la gran mentira?

Nada más entrar en estas redes sociales que nos marcan el día a día veo varias afirmaciones acerca de la gran mentira que suponen los Reyes Magos.

Me sorprende que en una sociedad en las que las relaciones, muchas de ellas, las transacciones comerciales, e incluso, el sexo, se llevan a cabo a través de algo que llamamos "virtual", sin estar seguros de quién está al otro lado, consideren mentira el que los niños y las niñas crean, como creímos nosotros, que esta madrugada tres magos llegados de Oriente dejaran regalos si hemos sido buenos.

Estamos rodeados de "fakes", de personajes construidos en laboratorios, de tendencias, de estudios de mercado que invaden nuestras comunicaciones para llevarnos a comprar lo que en ese momento interesa, y nos cuestionamos si debemos abrir los ojos respecto a la existencia de los Reyes Magos.

En mi opinión, queridos lectores, se parte de una premisa falsa. La Noche de Reyes, el Día de Reyes que cierra un ciclo de seis Fiestas en dos semanas, no está hecho solo para los pequeños. O por lo menos, no así lo viví yo, ni lo vivo ahora. El gran error ha sido convertirlo en una fiesta del consumo, porque vivimos en una sociedad en la que consumir es el objeto de todo. Pero en su orígen, esa Noche de Reyes era mágica, porque cumplía los deseos más anhelados. No culpemos a una tradición de nuestros excesos consumistas.


Tal vez mi condición de escritora, que me permite estar más allá que acá, haga que conciba la ilusión como uno de los bienes más necesarios para la Humanidad. Pero no la ilusión del truco del prestidigitador, sino la que hace que creamos que lo imposible puede ser realidad.

Hay mucha diferencia entre mentira e ilusión. Las mentiras se cuentan para provecho de alguien (no existen las mentiras piadosas), normalmente del mentiroso. Las ilusiones se despiertan para hacer que nuestra imaginación tienda las alas y por unos instantes nos hagan partícipes de un mundo más luminoso.

Ya no soy esa niña con coletas que temía dormirse tarde porque los Reyes Magos podían pillarla despierta, pero aún me emociono recordando ese alboroto tan temprano en el que mis hermanos y yo gitábamos por el pasillo "Ya han venido, ya han venido"... 

Ahora, en la mañana del día 6 de enero reencuentro mi niñez en los ojos de mis nietas, como antes lo hice en los de sus padres. Esa es la verdadera magia de los Reyes Magos y de las tradiciones que tienen como objeto mantener una ilusión.

Creáis o no ... ¡Felices Reyes!


domingo, 6 de enero de 2019

El mejor regalo.

Primera entrada de Mi vida en tacones este 2019.

Como mujer disciplinada que soy, y porque me gusta este pequeño rincón en el que me comunico con todos vosotros, me siento al teclado, aun con la certeza de que poco tengo que añadir a un día ya por sí especial.Vinieron los Reyes Magos, los primeros, porque luego, por la tarde nos juntaremos la familia e intercambiaremos aquellos que han "caído" en otras casas.

Un rito que llevo haciendo tanto tiempo y sin embargo distinto cada año. En mi carta han ido faltando nombres y apareciendo otros. Es así, y así será siempre, porque, y eso es seguro, yo también desapareceré un día de esas cartas para convertirme en recuerdo.

Pero me alegro de conservar la ilusión todavía de abrir la puerta y ver los paquetes y esa mágica luz, que surge no de la ventana sino de ellos mismos. En el fondo esta fiesta me permite regresar a la niña que fui desde la mujer que soy para poder comprender por qué la vida te da y te quita.

Llegado este día siempre, siempre, doy las gracias a quienes me enseñaron que no es de ilusos tener ilusión sino de quienes se rebelan ante la imposición de la angustia, de lo gris, de los oscuro.

¡Claro que hay magia en la noche de los Reyes Magos! A mí, todos los años, me vuelven a susurrar en sueños que sobre el sofá amanecerá el regalo de seguir viviendo.

Sed felices.

domingo, 4 de diciembre de 2016

El libro, un regalo vivo.



Para muchos de nosotros los libros son objetos tan cotidianos como los cepillos de dientes o las servilletas. Nos rodean y conviven en nuestro espacio vital desde que somos capaces de recordar.

Primero como cuentos de hadas o de aventuras. Luego con los clásicos que vienen cargados de preguntas a responder en los exámenes. Más tarde, ya adultos, llenos del placer de la lectura por la lectura. Pero no para todos esto es así. Para algunos el libro es un total desconocido, por decisión propia o por simple carencia de medios en acceder a él, ya sean económicos o sociales.

Es una pena que esto ocurra. No solo porque es cierto que en los libros se encierra una gran sabiduría, sino porque son una herramienta inigualable para llenar un tiempo con nosotros mismos. En la acción de la lectura se encierra, sin lugar a dudas, una relación que no tiene la contemplación o disfrute de otras artes u otras actividades. Entre el libro y el lector se genera una intimidad casi de pareja, en la que el tacto de las páginas o de la cubierta de convierte en algo sensual.

Estamos en unas fechas en las que tenemos la costumbre de intercambiar regalos. Sin lugar a dudas los libros tendrán su protagonismo al pie del árbol o junto a los zapatos que esperan a los Reyes magos. Me gustaría, queridos lectores, que se vieran  los libros  como enlaces con otras personas, con otras culturas, con otras vidas; que intenten encontrar en ellos pequeños microcosmos en los que habitan seres especiales, tocados por un don: ser capaces de transmitir sentimientos parecidos a los que cualquiera puede sentir en un momento determinado o ante una experiencia vital importante pero a través de la belleza de la palabra. Me gustaría, queridos lectores, que se viera el libro como un regalo vivo.

Los libros nos hablan de la vida para, quizá, poder comprenderla un poco mejor.

Al fin y al cabo ¿qué es la vida sino un libro que escribimos cada día?
Pedid libros, regalad libros.

Sed felices.