viernes, 26 de abril de 2013

Seis millones de escraches

En ocasiones no puede remediar que se me instale en el fondo de las entrañas un regusto a amargura y desesperanza, a pesar de mi fortaleza de ánimo curtido en mil batallas.

Hoy podría poner en la mesa más de seis millones de razones de por qué la botella me parece medio vacía y además, los posos que la quedan me parecen teñidos de desesperación. Más de seis millones de vidas retorcidas por la falta del derecho a ganarse el pan.
Sé que estas palabras que salen de mis dedos, llenas de tristeza, hoy, en este viernes que solo para los que tenemos ese preciado bien del trabajo entendemos que abre la puerta al descanso, no llegarán más allá de aquellos que tienen la sensibilidad y la humanidad- ambas cosas son intrínsecas- de entender la magnitud del desastre de los datos de la EPA de ayer.
Al mismo tiempo esa tristeza se mezcla con la rabia y la indignación de escuchar tantas mentiras, tantas falsedades de la boca de los que SÍ, con mayúsculas, tienen la potestad y obligación de cambiar las cosas, de ponerse al lado de los débiles, de saber tener sentido de Estado. Se me revuleven las tripas de ver tanta y tanta inquinidad gobernada por un inútil sin sangre, que se queja del acoso a sus chalets de alto standing, y a sus niños, que viven en el país de las maravillas sin enterarse que otros niños no tienen ya ni para comer...
El mayor escrache es el de este gobierno que nos acosa día y noche con su incompetencia, con sus tergiversaciones y sobre todo con su falta de vergüenza de no dimitir ante tal fracaso y de venderse al mejor postor, con la complicidad del silencio de aquellos que, a sabiendas del perjuicio, les han votado y callan por el odio a una alternativa diferente, y que está llevando a la deriva a este país.
No sé si pedir perdón a mis lectores por este tono tan  distinto a mis habituales entradas, pero es que, a veces, el corazón te aprieta tanto que, si no te desahogas, revientas.

Sed felices.

2 comentarios:

  1. Hablar de ello no trae las soluciones pero
    te desahoga. ocultarlo es en parte darle
    la razón a la sinrazón.
    Un fuerte abrazo y las cosas hay que
    contarlas tal y como son, sin tapujos.

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  2. Sí, Paco, llega un momento en que te brotan a borbotones. Un abrazo.

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