jueves, 21 de septiembre de 2023

Me avergüenza (porque tengo vergüenza)

Lo repito y lo haré hasta la saciedad. Me avergüenza (porque tengo vergüenza) como los insultos se han instaurado como una manera de relación normalizada. 

Insultan a las instituciones, a los/las deportistas, a los políticos y hasta a curritos/as de pie que se les ocurre contestar un post. Las redes sociales, esos burladeros en los que se refugian tantos frustrados, malintencionados y destructores de la convivencia, se convierten  en muchas ocasiones en campos de batalla dialéctica en donde se destroza la buena fama de cualquiera. Y en muchas ocasiones, también, se empuja a que esto suceda por intereses espúreos: se vende mejor una noticia, se mueve mejor un post que contenga violencia, una anécdota, o sea absolutamente falso pero provocador, que uno que sea  conciliador. ¿Cómo solucionarlo? Pues visto lo visto muy difícilmente, ya que es el pan nuestro de cada día.

No hay conciencia de que cuando se insulta a Pedro Sánchez se insulta a la presidencia del Gobierno, no a un hombre de la calle. Es fácil insultar, es fácil ser violento. Lo difícil es apostar por la convivencia, la diversidad y la tolerancia que nos hace personas y no seres vociferantes y amargados.  

¡Cuánto tiempo perdido en comentar cosas inanes! ¡Cuánta tinta virtual gastada en titulares convertidos en chascarrillos!

Seguimos en muchas comunidades autónomas con los servicios públicos en mínimos, con privatizaciones salvajes.  Pero el tema estrella son los pinganillos del Congreso.

¡Qué pena!

sábado, 2 de septiembre de 2023

Vuelvo

 Miro por la ventana. Llueve.

¡Hace tanto que no veía caer esas gotas que van dejando surcos en los cristales!...

A lo lejos oigo un trueno, el cielo es gris.

La vuelta a Rivas se ha convertido en un saludo del otoño,  que ya ha entrado climatológicamente, aunque el astronómico tardará aún unos días en llegar con ese equinoccio en el que el día y la noche se igualan para ir ganando la oscuridad terreno a la luz. Volveremos a cubrirnos el cuerpo, las botas saldrán de los armarios y las hojas de los árboles irán muriendo poco a poco y sin ruido. El mismo ciclo que a la vez siempre es diferente porque nosotros también vamos mudando pensamientos, emociones, acciones...

Una vez más en mi vida me cambiaron el mapa, y he de volver a trazar el camino. Estoy acostumbrada, no me preocupa. Siempre he sabido que nada permanece eternamente y que de una depende ser la que dirija los pasos hacia donde marchar. Igual que sé que después de la tormenta escampará y saldrá 
el sol.

Vuelvo a la literatura, al teatro, a la cultura que tantas satisfacciones me han dado. Vuelvo a ese pequeño ecosistema de la palabra que me permite expresarme con libertad, con emociones, con historias y poemas que se convierten en la justificación y explicación de cómo y por qué estoy aquí.

Vuelvo a mi familia, siempre comprensiva con mi falta de tiempo y dedicación a ella. Vuelvo sobre todo con mis nietas y nieto para verles como descubren el mundo día a día, y yo con ellos.

Vuelvo, en resumen, a ser la que fui pero distinta, porque he ido desprendiéndome de las hojas secas e inservibles..

Vuelvo a mirar por la ventana... Sigue lloviendo.




miércoles, 23 de agosto de 2023

Calor, investidura y un beso en la boca

 El otro día comentaba con un viejo amigo en la literatura que este calor extremo me vuelve una persona gruñona y antipática. La verdad es que no me extraña que los demonios sean tan malos, quién va a poder tener un atisbo de bondad torrándose como San Lorenzo.

Os escribo, mis queridos lectores, después de una noche infernal, en la que apenas he podido pegar un ojo hasta la madrugada. Como el insomnio es tan cabrito la cabeza empieza a dar vueltas y los pensamientos danzan al mismo ritmo de las infructuosas aspas del ventilador, que se veían impotentes contra el calorazo inmisericorde.

En ese ir y venir reflexionaba sudorosa sobre varias cosas, entre ellas la propuesta de investidura del rey en la figura de Alberto Feijóo. Dice el monarca que lo ha hecho por costumbre, aunque me parece que dado el panorama como que no le ha dado muchas vueltas y allá os la compongáis. Es que, como he dicho, el calor es muy malo para pensar.

Alaban de Feijóo la valentía que no tuvieron ni Arrimadas ni Rajoy. ¡Hombre! Valentía, valentía... Simplemente que si llevan un mes dando la turra conque deben gobernar ellos, por lo menos que se lance al ruedo aunque le coja el toro, porque mucho me temo que le va a empitonar, dada la cuadrilla que le acompaña, Yo, si fuera el candidato popular me temblarían la canillas de pensar que dependo de VOX para no hacer el mismo ridículo tras lo sucedido con la Mesa del Congreso.

En fin que no todo tenía que ser calor y política y las chicas de la selección nacional de fútbol nos dieron una alegría ganando el Mundial. Pero en vez de estar todos y todas celebrándolo pues estamos hablando del comportamiento de un impresentable, que lo es no de ahora, tras una acción que debería de conllevar su dimisión automáticamente. 

Durante la ceremonia de entrega de medallas y copa Rubiales no es que abrazara a la jugadoras, sino que las achuchaba, estrujaba y besaba como si no hubiera mañana. El remate fue el beso en la boca , censurado por todo el mundo, excepto por sus cuates en los medios deportivos, que apoyan al presidente y lo justifican, incluso mintiendo descaradamente. 

Una puede pensar que Rubiales estaba tan alegre que no midió sus exaltadas felicitaciones, pero cuando alguien ocupa  un cargo público ha de saber comportarse, y más en una ceremonia retransmitida al mundo mundial. No hay excusas, no hay más que irse o que le echen.

En fin, que hay para todos los gustos. 


Yo ya voy terminando antes de que me derrita como un flash de limón o mute en diablesa, que todo es posible.

Sed felices.


lunes, 7 de agosto de 2023

DE DESLEALTADES Y REINVENCIONES

Hubo un tiempo en el que escribía a diario en este blog. Fueron tiempos emocionalmente muy duros, en un constante debate interior, en una búsqueda de una reinvención tras un tsunami personal y laboral. 

Entonces empecé a darme cuenta de que me había pasado la vida intentando hacer siempre lo correcto, procurando no defraudar las expectativas que de mí se tenían, rodeada de gente que  se apoyaba en mí, pero que, curiosamente, no me hacían sentirme acompañada.

Recuerdo que mi padre, a quien me he referido tantas veces, me dijo un día que existían personas dedicadas a ayudar pero que pocas veces eran ayudadas. Me temo que yo ocupo uno de esos roles, y que, a estas alturas, poco o nada van a cambiar esas circunstancias. 

Pero, bueno, no hay que hacer demasiado drama de ello, aunque sí es verdad que a lo largo de mi vida sí ha habido varias personas que me han defraudado en ese sentido. Siendo sincera, eso si me ha dolido, mucho más que otras pérdidas. Porque si hay algo con lo que no puedo es con la deslealtad. Por muchos años que cumpla, aunque sea una anciana, no podré entender a esas cuatro o cinco personas a quienes entregué mi esfuerzo, mi amistad y mi empeño, y que por egoísmo, cobardía o vaya usted a saber, han sido incapaces de valorarme, o, simplemente, actuaron con deslealtad, anteponiendo intereses propios o ajenos, con injusticia y parcialidad.

Ahora recupero de nuevo la vida que tuve que dejar hace cuatro años, aunque cuesta, porque de alguna manera tengo que resetear mi mente, desprenderme de tanta política y de tanta mezquindad en la que hoy se vive, y retomar los parámetros en los que me siento tan cómoda. Algo parecido a lo que sucedió hace trece años, pero menos traumático, no cabe duda. También he de reconocer que, quizá, de no haber pasado por esas experiencias, no estará hoy escribiendo.

No creo que vaya a cambiar mucho mi manera de actuar, de intentar ayudar a quienes lo necesitan, pero, sin duda, me alejaré de aquellos, o aquellas, que lejos de aportarme nada, me muestran la cara más sombría de la deslealtad. 

Y convertiré de nuevo mis emociones en palabras, en poemas, en historias...

Es verano, sed felices.

sábado, 22 de julio de 2023

El alter ego de la escritora



Con ocasión de la presentación de mi segunda novela de la TRILOGÍA DEL VIENTO, Vientos del pasado, el secreto tras el cuadro, mi acompañante en la mesa se refirió a la protagonista de la misma, Marta Nogales, que también lo era de la anterior,  Como viento en la espalda, como mi alter ego, mi otro yo.

No era la primera vez que sucedía. Es más, aquellos  lectores que mantienen conmigo un contacto personal  o cercano no se quedan en considerar a Marta Nogales como es otra sino que la identifican total y plenamente conmigo. De tal manera, que me han llegado decir que no solamente le ponen mi rostro, sino que la voz que les va narrando es la mía también.

Y, claro, volvió a suceder con la tercera novela El huracán y el destino, en la que se resolvían las aventuras de mi protagonista.

No han sido una ni dos las entrevistas en las que se me ha preguntado que hay de Elena en Marta. Yo siempre contesto que ójala me pareciera a ella, porque mi protagonista me parece una mujer fantástica, mucho más valiente e intrépida que yo, dispuesta a correr aventuras y arriesgar con tal de encontrar su camino y su libertad.

Muchos han sido los escritores que han utilizado a este tipo de personajes, estos alter ego,  para explorar su propio interior y, quizá,  enmascarar narraciones que en el fondo son autobiografías: Nick Adams – Ernest Hemingway; Ariadna Oliver- Agatha Christie; Henry Bech – John Updike; Henry Chinaski – Charles Bukowski; Esther Greenwood – Sylvia Plath; Arturo Belano – Roberto Bolaño, entre otros.

Por otra  parte, es posible que, más allá de ese viaje interior realizado en una  ficticia tercera persona a través de ese “otro yo”, los escritores nos permitamos vivir experiencias que no nos suceden en la vida real, a veces escasa de emociones.

No cabe duda, mis queridos lectores, de que los novelistas dejamos algo de nosotros en nuestros personajes. También de nuestros familiares, de nuestros conocidos. La veracidad de los protagonistas de nuestras historias consiste en que puedan ser reconocidos en la vida real, aunque ésta suceda más allá de Orión. Por eso los construimos desde una realidad, desde el puzle de personas y personalidades que nos acompañan en la vida cotidiana.

En resumen, no niego que mi querida Marta Nogales no comparta conmigo muchos detalles de su vida o de sus gustos, incluso de sus debilidades, como también lo hace de mujeres que conozco y me rodean. Pero, y mala escritora de ficción sería, mi protagonista va mucho más allá que yo. Al fin y al cabo goza de la libertad más absoluta que existe: la imaginación, que como diría  Alfred Musset, “abre unas alas grandes como el cielo en una cárcel pequeña como la palma de la mano”.

Lo cierto, también, es que empiezo a echar a Marta Nogales de menos o, quizá, nos echemos de menos mutuamente. Siento que caben muchas posibilidades de que nos volvamos a encontrar de nuevo en otra aventura... Muchas.

Sed felices.

 

domingo, 18 de junio de 2023

L A DIFAMACIÓN Y LA FALSEDAD COMO ESTRATEGIA ELECTORAL



A pesar del tiempo que una lleva en este valle de lágrimas y alguna alegría que es la política, no acabo de  acostumbrarme, mis queridos lectores, a esta forma de entender que la estrategia de mentir y falsear pueda dar réditos. Sobre todo réditos electorales. Sé mi queridos lectores que este es un tema del que ya he escrito hasta la saciedad, pero me niego a no insistir, e insistir...


No importa de qué administración estemos hablando: desde Pedro Sánchez hasta un concejal o concejala de cualquier ayuntamiento, todos están expuestos, por el solo hecho de ejercer un cargo público, a la difamación y vulneración del honor, sobre todo cuando no se puede atacar la acción política o la gestión.


Sé que para algunos puede sonar muy calderoniano, pero existe el derecho al honor, que junto al de la vida, es un patrimonio invulnerable del ser humano. La fundamentación legal del derecho al honor aparece en la Constitución Española, Capítulo Segundo (Derechos y libertades), Sección 1ª (De los derechos fundamentales y de las libertades públicas), artículo 18.1: 1. Se garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen. 


Bien, pues este derecho comprensiblemente protegido por nuestra Carta magna es vulnerado una vez y otra en esta selva en que han convertido algunos  la política, y, aunque en todas partes cuecen habas, suele darse mucho más en el ámbito  de quienes se niegan a  que la igualdad y la justicia social triunfen.
No importa que lo que se cuente de alguien sea falso o absurdo, que no se sostenga ni un minuto porque está tan lleno de contradicciones que más parece un teléfono escacharrado. Habrá quien lo compre por el solo hecho de poner al adversario a caer de un burro, o porque mejor que a mí me saquen un ojo para que al otro le saquen dos.


Faltas de educación, de respeto, mentiras, invenciones, difamaciones, declaraciones fuera de contexto, trufan los medios de comunicación y las redes sociales señalando y atacando a quienes no podrían serlo, como ya he señalado,  por su éxito en la gestión . Da igual que se demuestre su mentira, no pasa nada, sale prácticamente gratis porque en muchas ocasiones se refugian detrás de ese burladero que denominamos libertad de expresión.


No sé quién es más culpable, si el que miente o el que le compra la mentira, porque de esta manera justifica tirar por tierra a aquel que odia profundamente y desea fervientemente ver muerto, aunque sea políticamente. 


En este orden de cosas, en unos días, cuando se abra la puerta de las distintas citas electorales, veremos elevar a la enésima potencia todo lo que ya venimos soportando desde 2018, que no es otra cosa que la antidemocrática y desleal actitud de una parte de esta clase política sin, permitidme la redundancia, clase ninguna. 


Esto que vivimos no es democracia, es, simplemente, el intento de socavamiento constante del Estado de bienestar por parte de quienes estarían felices en el sistema caciquil del siglo XIX, rodeados de “santos inocentes” que les besaran la mano y les llamaran “señoritu”.


No obstante, y ese es el consuelo de quienes creemos que el pueblo es soberano — más allá de las tertulias, de los tuits, de las mentiras y las fakes news—, nos quedan las urnas, esas que deben hacer  callar tanta injusticia y hacer que triunfe la verdad. No hemos tenido mucho éxito el 28M pero, como el cartero siempre llama dos veces, nos espera el 23J... Tenemos , debemos y lo vamos a lograr.

 

domingo, 4 de junio de 2023

A quién le importa lo que yo haga, a quién le importa lo que yo diga...

Bailando por el despacho al ritmo de una conocida canción, la presidenta de ese minúsculo territorio se sentía como en una nube. En cuatro años había pasado de ser una segundona, o un personaje de tercera fila, ha ser adorada por las masas.

El estribillo que resonaba  a través de su equipo de música reflejaba exactamente la realidad: a nadie le importaba lo que ella hacía ni decía. Podía sugerir que para el cambio climático lo ideal era poner un ventilador en el balcón  para contrarrestar el calor que a la gente le hacía mucha gracia. O afirmar que el presidente del Gobierno  tenía el maléfico plan de llevar a cabo la unión con el país de al lado para instaurarse ad eternum, que  la gente lo aceptaba como si fuera palabra de Dios.

Lo que más la asombraba era que ella tampoco entendía, más allá de los guiones que la entregaban para que leyera o de los comentarios que le llegaban a través del pinganillo en las comparecencias públicas, por qué la gente aceptaba semejantes majaderías. Hasta ella era consciente de que algunas veces decía tales estupideces que sonrojarían al más pintado.

Lo de la pandemia fue proverbial. Tener que encerrar a la gente en su casa para frenar las muertes y el contagio era necesario, pero eso corría a cargo del Gobierno. Ella, muy bien aconsejada, se convirtió en la madre consentidora que daba lo que la pedían cuando el padre lo negaba, culpando a este último de todos los desastres.

Se sentía eufórica, maravillosa, tremenda... Era lo más de los más....

"Y así se seguiré, y presidireé y presidiré, nunca cambiareeee".- Cantó a voz en cuello, modificando ocurrentemente la letra que cerraba el estribillo...

Se abrió la puerta del despacho y entró su asesor principal. Su paso vacilante señalaba que no se había desayunado café con churros, precisamente.

- Tengo al teléfono a quien tú ya sabes.- Indicó a la presidenta guiñando el ojo.

- ¡Qué pereza!.- contestó.- Dile que ahora le llamo.

Tener a ese pan sin sal ante ella todos los días le  rayaba. Decían las mismas barbaridades pero ella, por lo menos, las decía con gracia y con salero castizo, no con esa falta de enjundia que aburría a las ovejas. Y por delante una campaña...

En fin, cogió su chaqueta roja, esa que le daba suerte y se dispuso a presidir el Consejo de Gobierno. Esperaba que no fuera muy largo ni con muchos puntos. A ella lo que le gustaba era darse baños de masas.

Fuera en la plaza una multitud gritaba reclamando los servicios públicos arrebatados, pero en su cabeza resonaba esa cancioncilla tan pegadiza:

"A quién le importa lo que yo haga, a quién le importa lo que yo diga"...

Pues eso 


NOTA: el parecido con la realidad es pura coincidencia. Los hechos que aquí se cuentan son pura ficción.