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miércoles, 10 de enero de 2024

SOLTAR LASTRE

 Hubo una época en la que escribía todos los días en esta bitácora que ya va a cumplir catorce años. Puedo decir que fue la puerta para intentar proyectos de más envergadura, que me han llevado a día de hoy a publicar doce libros, tanto de poesía como de narrativa, además de varias incursiones en la dramaturgia.

Casi todo me provocaba a reflexionar, a pensar, a expresar aquello que sentía, aquello que me emocionaba, y que surgía de muchas circunstancias, alegres unas, y de pérdida otra. Había veces que las palabras me brotaban con gran facilidad, sin apenas buscarlas.

Al cabo del tiempo me doy cuenta de que he perdido esa capacidad de dejarme llevar, de buscar en la escritura aquello que me parecía tan necesario para seguir caminando. Creo que estos tiempos tan llenos de cinismo, de mentiras y de intereses me ha vuelto  una persona mucho más escéptica respecto al género humano.

Siempre he sido una mujer optimista, positiva, y mi mayor impulso vital ha sido trabajar para mejorar la vida de los míos y, también, de esta sociedad en la que me ha tocado vivir. Sin embargo, cada día me voy dando cuenta de que muchos de esos valores que me han sostenido ni se tienen en cuenta ni, por supuesto, se agradecen.

Como tantas personas, sobre todo aquellas que tomamos la decisión de ser emprendedoras, he tenido económicamente momentos mejores y peores, aunque nunca me ha faltado para vivir bien. Por eso, por mero agradecimiento, siempre he pensado que tenía la obligación moral de trabajar por quienes no habían tenido la misma fortuna que yo... 

Pero ahora, a estas alturas de la película, me he dado cuenta de que estaba confundida. La lealtad, la voluntad de mejorar, la valoración del mérito del trabajo bien hecho, no se tiene en cuenta, frente a los intereses de quienes han hecho de su propio ombligo el centro de su interés.

He de desprenderme de este lastre que me sujeta, que me bloquea la imaginación y me impide volver a tener el alma abierta para sentir, para emocionarme... Para volver a encontrar en la palabra el sentido de mi vida.

Y lo haré... Seguro.

domingo, 30 de agosto de 2020

FUTURO...¿QUÉ FUTURO?

El futuro, esa palabra que nos proyecta más  allá del momento que estamos viviendo y, sin embargo, es causa de ilusión y de alegría en unos casos, o de estrés y ansiedad en otros.

El futuro positivo está absolutamente ligado a la imaginación. Para muchas personas, sobre todo para quienes se sienten creadores, y llevan a cado sus ideas a la realidad. Ese futuro, aún siendo sencillamente una proyección de nuestro presente es muy positivo. Nos impulsa a movernos, a avanzar, a llegar a esa meta que un día solo estaba en nuestra mente, pero que hemos hecho realidad a base de etapas, con la suma de ahoras.

Sin embargo, en otras ocasiones, el futuro se convierte en la proyección de todos nuestros temores, aliñados con las experiencias negativas que nos sucedieron en el pasado. Esa imaginación, que puede ser, como ya he dicho, impulso creador, se convierte en la cárcel que guarda el miedo. Entonces contemplamos el futuro con ansiedad, convirtiendo el presente, ese  tiempo único real en angustia propia y ajena. Sí, también ajena, porque en ocasiones ese estrés ante una situación futura no proviene de una propia experiencia sino de lo que supone que nos puede pasar si nos sucede lo que sucedió a otros.

No quiero que se confunda, mis queridos lectores, la falta de proyección negativa hacia lo que puede venir, con el exceso de temeridad que nos puede llevar a cometer un error para nosotros y para los demás. Pero no podemos vivir con la constante amenaza de lo que nos puede pasar, sino con la realidad de lo que nos está pasando y de cómo, a tenor de  ello, debemos actuar.

Lo que venga tendremos que afrontarlo, no cabe la menor duda, pero si antes nos hemos estado desgastando, pensando lo peor, cuando tengamos que ponernos delante de ese nuevo reto, no estaremos en las mejores condiciones y, por tanto, nos encontraremos con dificultades para salir adelante.

"Que Dios no te mande todo lo que puedas soportar", dice ese pozo de sabiduría popular que es el refranero. Pues eso, en ocasiones somos nosotros los peores jueces de nosotros mismos, hurtándonos la realidad de sentirnos bien ahora frente a la posibilidad de lo que nos puede venir, pensando que nos superará.

No es cierto que un pesimista sea un optimista bien informado. Esa es la justificación que se dicen a ellos mismos, aquello cuya postura vital recuerda un poco al del pollito Calimero, aquel que todavía no había salido del cascarón, la vida le parecía una cuesta arriba y nada le parecía "justo". En reaidad es un pesimismos defensivo que anticipa un "por si acaso..." El optimista, que en nada es un iluso, es más realista de lo que parece porque no se queda mirando el abismo sino que se cree capaz de construir un puente.

Solo tenemos una vida, y se vive ahora, porque la vida no entiende ni de ensayos generales ni permite bises. Todo el tiempo que perdamos pensando en  lo que nos puede pasar no lo invertiremos en experimentar lo que ahora nos está ocurriendo, y por tanto no estaremos viviendo.

Sed felices.

domingo, 3 de julio de 2016

Sugerencias (que no consejos) para avivar la pasión

No cabe duda de que los primeros momentos de una relación de pareja  son los más apasionados. Es como adentrarse en un terreno desconocido pero lleno de melodías, sonidos,  paisajes sugerentes que apetece enormemente descubrir y nos llena de un deseo exhacerbado por recorrer una y otra vez esas tierras ignotas y placenteras.

Pero, con el tiempo, ese paisaje otrora desconocido, se convierte, para nuestro pesar, en algo muy sabido, que aunque nos de cierta seguridad, nos puede producir monotonía en ocasiones. Seguimos queriendo pero la atracción ha ido bajando hasta convertirse en una mera camaradería. En casos más extremos se llega evitar esos lugares que antes se buscaban con tal de no coincidir.

Es curioso como, quizá porque una escribe de ciertos temas, me preguntan mi punto de vista en asuntos de alcoba (me encanta esta expresión). Pero, dios me libre, de dar consejos. Simplemente puedo sugerir que en ocasiones lo que hace falta es un poco de iniciativa,  cambiar eso tan manido de "sábado, sábadete", que convierte a las relaciones de pareja previsible.
 
Porque entonces, ante esa falta de sorpresa,  es  posible que se busque la salida del cambio pasajero ( al poco tiempo ese círculo se volverá a iniciar, una vez pasada la novedad) o de simplemente dejarse llevar hasta que la pareja muera por inanición. En mi humilde opinión, hay más alternativas a  la de caer en la desidia, o en la trampa de pensar que cambiando de pareja avivaremos esa que nos falta pasión, si realmente se está por la labor. Es absurdo relativizar la importancia del erotismo en una pareja, pensando que, con el transcurso de los años, pasa a segundo plano. Precisamente el tiempo y el conocimiento debería hacer que se perfeccionaran e invitaran a explorar nuevas alternativas.


Los seres humanos contamos con un arma magnífica, como es la imaginación, y si permitimos que esta sea nuestra aliada seguramente encontraremos la manera de convertir ese paisaje plano en algo maravilloso de nuevo. Es nuestra mente la que ha de trabajar y, por qué no, construir ciertas fantasías que animen el entorno, cualquiera en general, y el sexual en particular.

Estamos en una época propicia para reencontrar esas emociones: noches cálidas, poca ropa, vacaciones, juegos y la seducción como aliados.

Sed felices.