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sábado, 3 de febrero de 2024

Son mis principios, y no tengo otros


Decía Larra que escribir en España era llorar. En estos momentos no solo escribir, sino defender unos principios que nos hace humanos, defender la verdad que nos permite convivir, defender la empatía con el  otro, en ocasiones hace que, aunque sea de una manera simbólica, se te salten las lágrimas.

En el fondo subyace la pérdida de valores tales como la solidaridad, la igualdad y la justicia, nublados bajo el lema de “ande yo caliente y ríase la gente”. El caldo de cultivo de la falta de formación, de la ignorancia democrática, de la educación para la ciudadanía comporta que cuando llega el momento de acudir a las urnas el resultado sea el que ahora vemos. Aferrados a un pensamiento único, que es el mismo cántico de la selección de fútbol: “soy español, español, español…”, que empuja a otro hacia el abismo de la inutilidad y la descalificación, en una época, no me cansaré de decirlo, queridos lectores, en unos momentos en los que más necesitamos la unidad.


Quiero ser optimista y pensar que de esta triste experiencia podremos encontrar una solución que frene, de una vez por todas, esta ola que lame las playas de los derechos sociales, que podemos perder si no somos capaces los progresistas de hacer una barrera democrática y obligar a quienes quieren acabar con el estado social a moderarse.


La democracia es como un diamante, dura y frágil  al mismo tiempo. Un arma que en buenas manos es capaz de hacer progresar a los pueblos, pero que también permite que en su nombre  o que desde su tribuna se insulte y se lancen falsedades, o que se falte al honor en conciliábulos callejeros, aunque  no se debiera consentir, ni siquiera en aras de la tan traída y lleva libertad de expresión.


Ahora, más que nunca necesitamos que la sociedad civil tome protagonismo, siendo el caldo de cultivo de donde han de emerger de nuevo los valores del consenso y del pacto social. Dejar al albur de los que suceda cada cuatro años conlleva un alto riesgo, véase el ejemplo de lo que está sucediendo, sobre todo en torno a los colectivos vulnerables.

Nunca fue más difícil que ahora ser fieles a esos valores y principios, pero si no los defendemos nosotros, los que creemos en ellos como camino de vida,  ¿quién queda?

Sed  felices.

miércoles, 16 de mayo de 2018

Ku Kux Katalán

Como si de una maldita Ley de Murphy se tratara, lo que parecía no poder ir peor, va y empeora.
Imbuida como he estado en el románico palentino y en el encuentro con buenos amigos, así como las Fiestas patronales de mi ciudad,  he tenido poco tiempo de reflexionar, ni desde el sofá verde ni desde otro lugar, sobre la nueva y a la vez reterativa solución del Procés catalán.

"Por sus frutos los conocereis", dice Mateo (7:15-20).· Efectivamente, este árbol que cada vez crece más torcido no está dando más que malos frutos, podridos desde su nacimiento por la insensatez, la falsedad y unos objetivos torticeros.

El remate es la elección del nuevo presidente de la Generalitat Quim Torra. Un personaje que parece sacado de esa  parte de la historia oscura y tétrica, supremacista y racista, más cercana al Ku Kux Klan que de cualquier otra ideología.

Cuando yo estudiaba en la facultad los fascismos y totalitarismos europeos de tan infausto recuerdo me asombraba de que hubieran sido apoyados por personas en teoría de bien. Pero visto lo visto en Cataluña se me han despejado muchas cuestiones. ¿Os imagináis, mis queridos lectores, si Hitler, Mussolini, o Benjamín Franklin Butler, redactor del acta del Ku Kux  Klan, hubieran contado con medios como la televisión, la educación pública e internet para expandir su ideología?

Estamos ante el peor caso de adoctrinamiento ideológico de los últimos tiempos en España que ha generado una masa  crítica que apoya un proyecto fascista, sí fascista, dictador y excluyente  . Torra es el último clavo del ataúd de la libertad  de quienes no piensan como estos fanáticos del lazo amarillo, lazo que, junto con las esteladas de todos los tamaños, siembran la región catalana como si las famosas cruces del Klan se tratara.

La megalomanía de Puigdemont, absolutamente fuera de de todo límite, abducido, no me cabe duda, por la patología de la omnipotencia de las ideas (la misma que afectó a Napoleón o Hitler) ha encontrado en este hombre de paja el reflejo de la mayor de las intolerancias. pero que son la base de su delirio y de todos los que le siguen.

Y todo habiendo perdido las elecciones.

No sé que solución podrá tener esto, que ya nos tiene más que agotados, sobre todo porque los que somos demócratas de verdad no podemos exigir otras medidas que las surgidas del estado de derecho.

Sed felices.