jueves, 15 de noviembre de 2012

Alineación planetaria.

Hay ocasiones, como ahora, en que me siento alineada con el mundo, en una especie de extraña conjunción planetaria, de esas que hacen que las mareas se trastornen o que los niños nacidos bajo ella sean genios o psicópatas.

Veo las noticias, los diarios, y contemplo esa multitud de personas, cuyo número se encoge o se expande, según sean las fuentes que lo comentan, y que ayer llenaron las calles de nuestro país, reclamando unos derechos que se han arrancado de cuajo y sin anestesia.

Me conmueve el sentimiento, aunque no tanto como otras veces, pues me temo que mi capacidad de conmoción está practicamente ocupada en gestionar esta situación personal que se me ha venido encima, no como un tsunami, sino como el más catastrófico de los meteoritos.

Y entonces, a pesar de que me siento alineada, en ese afán de búsqueda de la justicia y de la libertad, no puedo por menos que relativizar, porque quizá soy egoísta y me duele, esta vez,  más mi dolor que el de los demás.

No obstante, siento que el mundo y yo lloramos por la misma causa: la injusticia. La que hay tras la muerte prematura o tras el abandono del necesitado.

Por eso ayer, me sujeté esa pena interior y salí a la calle, como tantos otros, como muchos que, seguramente, también tendrían su alma en su almario.

Y espero que, de la misma manera, el mundo y yo nos volvamos a alinear, pero esta vez en la esperanza.

Sed felices.


martes, 13 de noviembre de 2012

Es la vida...

He perdido parte de mi infancia y de mi adolescencia, porque eran recuerdos compartidos, y ahora serán nada más que soliloquios.
Nunca más un "te acuerdas cuando..." y después una risa, esa risa tuya tan contagiosa.
Canciones, libros, amores y desamores de nuestro imaginario particular,  la memoria paseada de la mano durante cincuenta años y que ayer se rompió  en dos mitades.
No soy nadie para lamentarme, es la vida, me digo en ese afán de justificar el por qué del dolor y la pérdida. Es verdad, es la Vida, con mayúsculas, que  no es más que un viaje, al que has llegado a su final envuelta en música de Hendel.
He abierto la agenda. Mañana es la huelga general, pero pasado las tareas cotidianas volverán a ocupar mis afanes, y además, tendré que borrar tu número de móvil, los últimos mensajes que nos cruzamos y empezar a pensar que ya no estás donde siempre estabas.
Es la Vida, la vida con mayúsculas, formadas por la vidas de cada uno de nosotros y de la que cedemos parte cuando alguien a quien queremos se va.
Hoy he perdido algo de mi infancia y de mi adolescencia....
Tú te has ido, Marta,  y yo un poco contigo.

Sed felices.



domingo, 11 de noviembre de 2012

El tiempo de las hojas amarillas

Ve desde la ventana el árbol que ha sido el testimonio físico del paso de las estaciones durante tantos años. Hoy luce una explosión de naranjas y amarillos, apenas veteados de verde. Pronto sus ramas asomarán desnudas y braceando bajo el viento invernal, para brotar verdes en primavera.
Pero hoy es tiempo de las hojas amarillas.
Le gusta el otoño, algo melancólico, pero que regala tanta luz, reflejada en esos doradas hojas que vislumbro a través de los cristales. También  es propicio para el recuerdo. Quizá porque ella  está en el  tiempo en que algunas de sus vivencias ya toman ese color significativo, como el del papel antiguo.
Estos días, han sido muchos los recuerdos  que a su cabeza han vuelto, que creía ya guardados en el baúl de su memoria, tras otros que fueron ocultando aquellos. Pero los acontecimientos, como un terremoto, han revuelto esos estratos, haciendo que volvieran a surgir en sus pensamientos.
Primas hermanas....siempre el segundo término prevaleció sobre el primero.
Ya sabe que no tendrá la oportunidad de que ella  lea las palabras que va escribiendo en su pequeño cuaderno de tapas negras,  de que ella sepa que, a pesar de las circunstancias en que la vida las fue colocando, y cuando su corazón se encoge pensando que la distancia ya se hará definitiva y para siempre, el recuerdo de esa tarde en que las dos, tan pequeñas, tan inocentes, con toda su vida por delante, que entonces no era más que un hoja en blanco, con muy pocas líneas escritas, y que quedó plasmada en una fotografía en blanco y negro, en el parque de El Retiro,  se ha quedado tatuada en su alma para siempre.
Para ella el otoño tiene  el hielo del invierno en el corazón....




jueves, 8 de noviembre de 2012

Mil palabras, mil vidas...

Aunque en la superficie parecía moverse en las aguas tranquilas de una laguna, en su interior fluían  con la fuerza de un torrente contenido. El equilibrio externo, forjado en disciplina y en el sacrificio que conlleva conducir la propia voluntad, que a veces díscola, pugnaba por ir al propio albedrío, se rompía en el momento que una mirada, surgida de la curiosidad o simplemente de la emoción, afloraba a sus ojos.

Si no fuera porque la física lo impide, hubiera sido el ideal descubridor de la cuadratura del círculo, por aquello que de simetría y orden tiene el tal polígono, aunque su imaginación  se perdiera en las redondeces de ciertas pupilas. Apóstol de la correción formal, gustaba de señalar ciertas faltas y defectos, ya que enseñar al que no sabe seguía siendo una obra de caridad, aunque, en ocasiones, ese afán de perfección no fuera recibido con el mismo entusiasmo por parte del corregido, quien no acababa de ponderar la importancia de una coma mal colocada en el devenir del universo.

Y no obstante, esa contradicción entre lo que pensaba y lo que sentía y que, a veces, le hacía obrar como pensaba que debía sentir, no le inquietaba en exceso. Quizá porque sabía que todo lo que dentro de él bullía como la lava de un volcán terminaría por brotar en las líneas escritas. Por eso era escritor, para contar en boca de otros aquellas emociones que se quedaban tras la sonrisa esbozada o la mirada tímida pero descarada, más explícitas que mil palabras, y así poder vivir mil vidas con que afrontar una existencia vestida con lo cotidiano.

Sed  felices.

martes, 6 de noviembre de 2012

El bien más preciado

Dicen que los dioses, reunidos en el Yggradsil y hartos de las quejas de los humanos, a los que habían colmado de dones y de privilegios sobre otras criaturas de la creación, decidieron darles un escarmiento.

Para ello llamaron a los gnomos y les encargaron que escondieran el bien más preciado, la Felicidad, en el lugar más recóndito, para que así, los hombres y las mujeres, tuvieran que esforzarse en encontrarla.

La siguiente cuestión a dilucidar sería en donde ocultarla.

La diosa Hela, cuyo dominio estaba en el lo más subterráneo, en el noveno mundo, debajo del Árbol sagrado, sugirió enterrar la Felicidad lo más profundo que se pudiera, para que de esa manera, quienes quisieran encontrarla tuvieran que trabajar duro para ello.

 Fregg, la clarivendente, y esposa de Odín, manifestó que el lugar mejor sería en lo alto de los abetos más altos del más arcano bosque. También así, la humanidad tendría que empeñarse en su búsqueda.

Otras opiniones  fueron a su vez aportadas: hundida en el fondo del mar,  colgada en las  nubes, al borde del fin del mundo...,  y todo ello en medio de  una gran algarabía.


Entonces se oyó la voz de Odín, padre de los dioses, sobre todas las demás:

- Todos esos lugares serían posibles, pero lo que haremos será guardar la Felicidad en el interior de cada hombre, de cada mujer. Y así, solo aquellos que sean capaces de mirar en si mismos, de buscar dentro de su corazón, podrán obtenerla.

Así me lo contaron, así os lo cuento.

Sed felices.



domingo, 4 de noviembre de 2012

Amor donado

A veces, entre las noticias que se desgranan en los telediarios, y ocultas entre la información económica y la deportiva, aparecen historias que enternecen y llenan mis depósitos, a veces en reserva, de la confianza en el ser humano.

Noticias como la que cuenta que una mujer china que ha donado un trozo de su hígado a su ex marido, quien hubiera muerto si no llega a ser transplantado. De por sí, el hecho es digno de admiración, habida cuenta de que se trataba de una relación acabada. Pero, además, la maravillosa acción de esta mujer ha ido más allá pues al prohibir la legislación china la donación a no familiares, tuvo que volver a contraer matrimonio con el enfermo para salvarle la vida.

Cuando lo oí, no pude por menos que pensar que hechos le llevaron a la ruptura. La infedelidad, la incompatibilidad de caracteres,  el que el amor se acaba....  Si siempre digo que no hay mayor acto generosidad que la de quien se da a sí mismo, en este caso es textual, porque esta mujer dió parte de su cuerpo en un acto enorme de solidaridad a quien, supuestamente, ya no estaba unida. ¿Cuántos de nosotros, que no dejamos de proclamar y de exigir seríamos capaces de una acción así? Visto lo visto.....



Espero y deseo que esta historia tenga el final más feliz que se espera. Y, con esa vena romántica que a veces me sale, pienso que, quizá, al tiempo que ese pedacito de víscera vaya creciendo y realizando sus funciones, crezca de nuevo el amor en esa pareja, a la que, a quienes tal vez la vida les haya dado una segunda oportunidad.


Sed felices



viernes, 2 de noviembre de 2012

Sobre defectos y culos

A veces los defectos son como el culo, que solo nos  lo pueden ver los demás.

Extraña reflexión, pensarán mis lectores. Bueno, no tan rara. Si nos fijamos, es muy complicado vernos esa parte del cuerpo de una manera clara, so pena de ser la niña de El exorcista, y poder girar la cabeza hasta límites inhumanos. De eso sabemos mucho las mujeres cuando nos tenemos que probar pantalones y necesitamos ver si se ajustan de manera adecuada a nuestro trasero; por eso la mayoría de las veces pedimos opinión a otra persona- que suele ser amiga- que nos confirma o no como nos sienta.


Bien, pues con los defectos viene a pasar algo similar, sobre todo  en aquellos en que la autoestima está por encima de los máximos y a los que habitualmente les cuesta reconocer que, como todos los mortales, tienen sus carencias.

Claro que se podría pensar que cada uno es como es, y que para qué decir nada, si normalmente nadie va a cambiar. Pues, y siempre en mi opinión, señalar lo que no nos gusta de otros viene a cuento siempre que distorsionen la relación y que esa relación nos merezca la pena. En muchas ocasiones, en más de las que quisiéramos, acabamos poniéndonos cien veces amarillos, por no pasar el trago de decirle a alguien- y si nos importa, más- que no nos gusta algo que hace o como se comporta y lo mismo que con los pantalones, a  veces preferimos callar y permitir que quien nos pidió opinión vaya fatal, antes que decir que la prenda le hace un culo como un pandero o más bolsas que una  reunión de canguros.

Aunque, y eso es comprensible, para una cosa y otra hace falta delicadeza, cariño y sobre todo pensar que todos tenemos culo....y defectos.

Sed felices.