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domingo, 19 de marzo de 2017

Cuánto te añoro

El próximo día 5 de junio se cumplirá el sexto aniversario de la partida, de mi padre.
Escribí una pequeña entrada al día siguiente de su marcha y no pude volver a hacerlo, hasta hace unos meses. Entonces, como si abriera un grifo surgió este poema que hoy, día paradigmático, quiero vea la luz en este pequeño espacio  vuestro y mío, y que se publicará en unos meses dentro de mi próximo poemario Los poemas no cotizan en bolsa en Ediciones Vitrubio. Una vez más la poesía va sanando aquello que ya no tiene remedio.

A MI PADRE


Es la primera vez que me atrevo
a enfrentarme a la pantalla en blanco,
a dejar que las palabras se deslicen
por mis dedos, a escribir un poema
que hable de ti.

Guardé la llave para no abrir  esa puerta cerrada
por no sé si cobardía,
si miedo al dolor o simplemente
por sentirme incapaz de ir más allá
de escribir cuánto te añoro.

Pensé que el tiempo, barniz
que va ocultando las llagas de la pena,
haría lo mismo con las heridas de esta nostalgia
agarrada con cien patas a mi alma.

Me he acostumbrado,
a todo se acostumbra uno, dicen,
si no hay más que lentejas en el plato:
“lo tomas o lo dejas”.

Hoy por fin me decido:
quisiera escribirte tantas cosas,
pero no soy capaz ir más allá
de decirte cuánto te añoro.

Tengo el temor de nos faltó tiempo.
Todavía nos debíamos palabras.
Tú de consejo, de guía en mi terquedad,
de cariño, de consuelo en mi abatimiento.
Yo para darte las gracias una vez y otra
por enseñarme tantas cosas:
a no abandonarme ni un minuto en la queja,
a perder alguna batalla para ganar la guerra;
a sonreír a la vida para que la vida me sonría;
a dar valor a lo que no cuesta nada
porque suele ser lo más preciado.
A no esperar para que nada ni nadie te defraude;
a no juzgar, para no ser juzgada.

Quisiera escribirte tantas cosas
pero no soy capaz de ir más allá
de decir cuánto te añoro.

Sé que es ley de vida que los padres
precedan a los hijos pero hubiera deseado
tener un día más,
una hora más, tan solo un minuto.

Ahora las palabras se deslizan
por dedos hasta el teclado húmedo de lágrimas.
Ahora , que  por primera me decido
a escribirte un poema,
no soy capaz ir más allá de decir
cuánto te añoro.

 
Sed felices.

domingo, 5 de junio de 2016

También era domingo como hoy

También era domingo como hoy, papa. Hace ya cinco años. Y sin embargo parece que hace solo un instante que solté tu mano para siempre. O tal vez hasta que nos encontremos de nuevo, no lo sé. En estas cosas el deseo se impone a la razón.

Han pasado muchas cosas durante este tiempo. Los nietos te han crecido y son magníficos. Y alguna nueva tienes, otra niña, Miriam, con  lo que a ti te gustan las niñas. Es preciosa.

Yo voy a volver a ser abuela. Esta vez de David, el "chinejo" como tú le llamas. Tiene una pareja maravillosa, Raquel (fíjate que nombre tan bonito, que también te encanta). Me voy haciendo muy mayor yo también papá, ya dos veces abuela.

Mamá sigue como es ella, feliz, en su mundo que su mente transtornada ha fabricado, en el que tú sigues estando aquí, y vas y vienes. Realmente, es la que se ha negado ha pensar que te has ido y la que hace que permanezcas siempre presente. Mis hermanos y yo, con nuestras cosas, seguimos juntos, queriéndonos y respetándonos como nos enseñaste.

Hoy luce el sol, papá, como hace cinco años. Y estoy escribiendo en mi blog, porque, dicen, soy escritora. Sí, de las que escriben novelas y hace poemas, y publican libros. ¡Fíjate! Seguro que ahora sonríes pensando cuál es la siguiente barrera que voy a saltar. Bueno, ya sabes que en eso nos parecemos. No podemos dejar que los días pasen por delante sin hacer ni deshacer.


En fin, solo unas palabras para decirte, aunque no hace falta, lo sé, que te sigo queriendo, que no hay día en que no te  recuerde y que voy avanzando como tú me enseñaste: viviendo.

Como hace cinco años, con tu mano en mi mano, te doy un beso y te digo "que todo está bien", papá, descansa tranquilo.

Sed felices.