domingo, 25 de diciembre de 2016

El sentido de la Navidad

Domingo y, además, Navidad.

Sé que muchos de vosotros, queridos lectores no celebráis estas Fiestas, ya sea porque no creéis en ellas o, simplemente, porque no están en vuestra cultura.
 
He de confesaros, por mi parte, que el conmemorar la noche pasada y el día de hoy no es tanto por considerarme cristiana, que lo soy (¡ojo!, no católica), como para encontrar una fecha en la que parecemos coincidir espiritualmente muchos de nosotros.


Ya he tenido la ocasión de contaros que en mi familia la tradición navideña está muy arraigada y siempre relacionada con momentos felices. Incluso la primera en la que no estuvo mi padre, que adoraba la Nochebuena, todos los hermanos la celebramos con más fuerza y en honor a él, como lo hizo él en honor de su madre.

Es cierto que van quedando huecos, pero también es verdad que se van supliendo por aquellos que llegan. En esta ocasión  mi nueva nieta, que hoy cumple su primera semana de vida, ocupó su lugar en brazos de sus padres. Y ha sido una felicidad inmensa.

Quiero y deseo creer que Martina, junto con Leyre, se sentarán  siendo dos mujeres también un día de Nochebuena y recordarán a su abuela Elena y lo que disfrutaba con los villancicos, con
cocinar ricos platos y amar con todas sus fuerzas la vida.

Para mí ese relevo en la felicidad es el verdadero sentido de la Navidad.

Sed felices.

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