viernes, 30 de marzo de 2012

El mar

Allí esperaba el mar. Inmutable y cambiante.
El mar lleno de azules. que se revolvían en espumas blancas cuando el viento le invitaba a bailar.
El mar que bañaba sus pies morenos en los cotidianos paseos por la orilla, en los que sus pensamientos volaban más altos que las gaviotas o se hundían en las más profundas de las simas más oscuras.
El mar, que al cabo generoso, terminaba devolviendo a la orilla aquello que arrebataba.
Sabía que allí estaba  el mar,  con su perfume salobre, que envolvía su cuerpo y depositaba una  fínisma capa de sal en su piel.
El mar,  que guardaba el secreto de un nombre escrito un día en la arena y que quedó prendido para siempre en las olas que se lo llevaron.

 El mar, distinto pero igual, la esperaba. Y ella fue fiel a su cita.

Sed felices.



jueves, 29 de marzo de 2012

Huelga general

Hace cien días hubo elecciones generales.Ganó por mayoría absoluta el Partido Popular
Yo no les voté.
¿A quién votaste tú? O simplemente no votaste.


martes, 27 de marzo de 2012

Troyano

Creo mucho en las conexiones, en las causalidades, que no en las casualidades (un día me detendré a explicarlo), y quizá sea por eso que al llamarme Elena  me haya encontrado un troyano en mi casa.
Pero no un macizo efebo, de musculosas piernas y faldita corta, así estilo Brad Pitt en la película Troya, sino un virus c..., que se ha colado en mi ordenador bloqueándome el arranque del sistema. Me he puesto de todos los colores. Era imposible pasar de una pantalla en la que se me solicitaba pagar 100 euros, metiendo, claro, mi número de tarjeta. Pasados los primeros momentos de espeluzne en los que he soltado por la boca improperios que harían sonrojarse al más curtido de los gañanes y se me venía encima todo el globo terráqueo, me he puesto a pensar como poder saltarme semejante engendro de Satanás creado por un programador que debe ser el propio diablo. En fin, que los conocimientos adquiridos en los años que he sido formadora en informática (sí, ese es otro de mis encantos ocultos) me ha posibilitado entrar en el sistema, meter un antivirus y cepillarme al troyano de cuajo.
 De menuda me he librado, aunque la lucha contra los virus informáticos es el pan de cada día. No obstante, mientras me dedicaba a  la placentera tarea de "matar" al troyano, que ha durado, entre encontrarle y eliminarle, unos cinco minutos, he reflexionado sobre lo  alejado que estaba Homero de pensar que siglos y siglos después las batallas que libraron los griegos y los troyanos frente a las murallas de Ilión las pelearíamos desde los escritorios, con un teclado y un ordenador, con menos literatura y más maldad. No se trata de vengar la honra, ni de conquistar ciudades. Se trata de algo más mezquino: de robar datos bancarios o personales.
Pasará el tiempo, pero los seres humanos siempre estamos librando batallas, de un manera u otra. Esta noche yo he peleado la mía y he salido vencedora.... por el momento.

Sed felices.

domingo, 25 de marzo de 2012

Tempus fugit

Que el paso del tiempo supone para algunos una inquietud y en casos extremos una obsesión no es ninguna novedad. La Historia y la Literatura está llena de ejemplos en los que hombres y mujeres han hecho lo imposible para retener al implacable Cronos en su inapelable viaje hacia los dominios de Tánatos. Basta recordar a Aguirre en su búsqueda de la Fuente de la eterna juventud o los pactos luciferinos que sirven de base a obras como Fausto o el retrato de Dorian Grey, pasando por ejemplos tan dantescos como el  de la condesa Bartholy, llamada la "condesa sangrienta", puesto que como tratamiento rejuvenecedor optó por bañarse en la sangre de doncellas asesinadas.
 Actualmente estos manantiales y contratos diabólicos se encuentran tras la puertas de los gimnasios y centros de estética, en donde las pociones mágicas adquieren los nombres de liposucción, cavitación, "lifting" o botox.
Ser jóvenes, atractivos y sanos se convierte en la tríada  de la sociedad actual.
Pero mira por donde que una serie de investigadores americanos han descubierto que el gráfico del sentimiento de felicidad en el ser humano a lo largo de su vida adquiere la forma de una U, en la que el punto valle se sitúa en  torno a los cuarenta y seis años, para empezar a ascender hasta llegar al punto álgido en la ancianidad entre los setenta y ochenta años, si la salud respeta, por supuesto. La falta de responsabilidades, más madurez al enfrentarse a las circunstancias y sobre todo, más facilidades para ocuparse de uno mismo, son las causas principales de esta situación más placentera.
"Tempus fugit", el tiempo se va, decían los clásicos. Y además inexorablemente. Pero mientras tanto es preferible intentar disfrutar que quejarnos de lo corta que es la vida.
Hoy hemos amanecido con un cambio horario. Habrá algunos que estarán diciendo que nos han robado una hora de sueño; otros se congratularán de una hora más de sol. ¿Quién disfruta más del tiempo?

Sed felices.


viernes, 23 de marzo de 2012

La donna è mobile

qual piuma al vento
muta d'accento
e di pensiero.


"La mujer es voluble como una pluma al viento, muda de palabra y de pensamiento"
No, no va de ópera esta entrada. Simplemente que la estrofa de una de las más famosas arias, de la ópera Rigoletto, me sirve de excusa para reflexionar sobre la mutabilidad de carácter que se nos aplica a las mujeres y de la que no solamente se han hecho piezas tan sublimes como ésta, sino que ha servido de excusa para chistes y chascarrillos y lamentaciones masculinas.
Amén de  la influencia que la biología tiene en nosotras, y que es indiscutible  que se manifiesta en ciclos, en los que pasamos por distintos estados de ánimo- aunque ya me gustaría a más de uno recomendarle pasar por el S.P.M. (síndrome premenstrual) cada veintiocho días, durante cuarenta años- sería muy simple reducir a esto la explicación. 
Hormonas aparte, este aparente desequilibrio  es más que nada que una herramienta de adaptación al medio y de capacidad de protección de la especie. Las mujeres debemos acomodarnos a distintos ámbitos y sin solución de continuidad pasamos de ama de casa a trabajadora, de trabajadora a cuidadora de ancianos, de cuidadora a amante, de amante a consejera, de consejera a enfermera..... Y así hasta donde queramos llegar, con solo dos manos y un cerebro y en un intervalo a veces de doce horas.
¿Y cómo es posible? Pues eso, generando un carácter capaz de cambiar, capaz de entender todas y cada una de las facetas en cuestión de segundos, ponerse en marcha y buscar las soluciones con los recursos que se tienen.
¿Volubles? No, flexibles. Si no hace tiempo que nos habríamos quebrado.


Sed felices.

miércoles, 21 de marzo de 2012

De leopardos y manchas

Un tío mío, al que motivos que al caso ahora no vienen, le llevaban regularmente a África, me contaba un dicho que tenían allí: "el leopardo nunca cambia de manchas", que viene a ser en versión africana nuestro"genio y figura".
Y es que los seres humanos pensamos siempre que podemos cambiar las actitudes de los otros, que podemos adaptarlos a nuestra forma de ser y de pensar, y cuando no es posible, nos sentimos infelices.
Ya dijo el filósofo que somos nosotros y nuestras circunstancias, y son esas circunstancias las que nos van esculpiendo, tallando nuestro carácter y haciéndonos ser lo que somos. Y lo que somos puede ser que no guste o que a nosotros no nos agrade lo que los otros son, y entonces pretendemos que se acomoden a nuestro parecer o los demás intentarán cambiarnos.
En esto, siento tener que reconocerlo, las mujeres somos más insistentes que los hombres, dado que ellos, y eso ya he tenido la oportunidad de comentarlo en otras ocasiones, suelen quedarse más en la orilla, en lo evidente, en lo más externo - con excepciones, siempre-  sin  ahondar en las causas, mientras que nosotras pretendemos que se amolden a esa imagen de hombre ideal, complaciente, detallista, que nuestra mente forja. Craso error. Porque cuando diseñamos una posible estrategia para llevarnos al otro al huerto nos encontramos que ese otro ya está diseñando la suya para hacer lo mismo, o que, con una resistencia pasiva digna del mismo Gandhi, aguanta el tirón sin inmutarse, y por más que se le diga, sigue convencido de que son los demás y no él, los que tienen que cambiar.
Aunque, por otra parte,  deberíamos pensar que si el leopardo en vez de manchas tuviera rayas, no sería un leopardo sino un tigre.

Sed felices

domingo, 18 de marzo de 2012

Todos los ombligos son redondos

Me permito encabezar esta entrada parafraseando el título de un libro del escritor y humorista Álvaro de la Iglesia, cuyos cuentos y novelas recomiendo encarecidamente, dicho sea de paso, a aquellos que quieran disfrutar de un humor ocurrente.
 Pero no es el análisis literario lo que me motiva hoy a escribir. El titulo de este artículo, que es una obviedad por otra parte, viene a cuento por servirme de excusa para introducir una reflexión a cerca de las personas que se creen diferentes, distintas, especiales del resto de los seres humanos.
Es verdad que nos encontramos a diario, bueno, casi a diario, con personas brillantes en cierta actividades: científicos, intelectuales, deportistas, que se significan en sus campos. Y eso hace que esos mismos, quizá porque la vanidad es una capa difícil de no ponerse, se consideren por encima de los demás. Hay una frase de Albert Einstein que me gusta de manera especial: "Todos somos ignorantes, aunque, por suerte, no todos ignoramos lo mismo". De tal manera que podemos ver a un cirujano de prestigio incapaz de cambiar un enchufe, o a un escritor de éxito no saber ni freír un huevo.
No se trata, sería absurdo, de renunciar a nuestros propios méritos, alcanzados sin duda con esfuerzo, trabajo y tesón, sino de considerar que si se ha triunfado en un campo, no es demérito de otros no llegar al mismo sitio, pues seguro que nosotros seremos deficitarios en otras habilidades.
Al fin y al cabo, todos tenemos el ombligo redondo, aunque algunos se pasen la vida mirándoselo.


Sed felices.