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domingo, 14 de febrero de 2021

Tres sonetos para celebrar el Amor

El soneto es la composición poética por antonomasía para hablar de amor. Algunas aprendizas, aún, de poeta osamos componer alguno . Hoy os los dejo para que los dediquéis a quien os apetezca.
 
 
 
AMOR
 
 
Arquero que avista ya la pieza
preparando su flecha apasionada.
Con precisión aguda es lanzada,
a su víctima traspasa con certeza.
 
Atraviesa el alma cautivada,
que al pronto pierde la cabeza
incapaz de ver más que belleza
al instante de estar enamorada.
 
Ora ríe, ora llora, corazón preso.
Parece no estar en sus cabales,
tormenta de emociones y de exceso.
 
Vuelve Amor a jugar, niño travieso.
Pobres de nosotros, tristes mortales
que entregamos la vida por un beso.

 

AMANECER

 

En tus ojos amanece el nuevo día
un rayo de sol se despereza,
siento junto a mi cuerpo la tibieza
y espero que tu boca me sonría.

Sintiendo nuestros besos todavía,
la pasión convertida ya certeza,
sin rincón en que quepa la tristeza,
envueltos en un velo de alegría. 

Selló nuestro amor la noche oscura 
mudo testigo y cómplice callado,
coartada al deseo siempre procura

Pensar en perderte es mi locura, 
a pesar de tenerte aquí, mi bien amado.
¡Por qué será el amor siempre tortura!

 

SONETO II

 

Te amo y te amo sin medida.
Te amo más allá del pensamiento.
Noto dentro de mí tanto tormento
que si te amo más daría la vida.

Toma mi amor como ascua encendida,
huracán, tornado, seísmo violento
que me trae y me lleva con el viento.
Cuando no estás tú estoy perdida.

El sol en el día, en la noche luna,
el agua en el ardoroso yermo:
tú eres mi guía, tú eres mi fortuna.

Vivir tu ausencia es el infierno,
saber que la esperanza es ninguna:
la muerte en un instante eterno.

 

 

 

domingo, 1 de noviembre de 2020

Soneto para un 1 de noviembre con permiso de Bécquer y Espronceda

Este título tan largo no es más que una justificación y una mención a dos de mis autores favoritos del Romanticismo español y que a mí, particularmente, me seducen poderosamente.

Me gusta la noche, me gusta la luna, me gustan las tormentas (siempre que esté al resguardo). Desde muy pequeña me atrajeron los relatos del espíritus, del más allá.  Soy de grandes pasiones y, a veces de importantes melancolías... Necesito sentir el pulso de sentirme persistentemente enamorada.

Es decir que soy una romántica emperdernida, pero muy alejada de las historias melífluas, de amores empalagosos. Romántica hasta los tuétanos, pero a la manera de aquellos escritores y poetas que se expresaban con libertad, que adoraban la naturaleza y se entregaban a ojos cerrados a la imaginación. 

Por eso hoy, Día de Todos los Santos, me permito recuperar este soneto escrito hace algunos años, y pido disculpas de antemano a aquellos grandes que admiro por esta osadía de querer rozarles con la punta de los dedos.

ADIÓS

El rostro de negros tules cubierto
como negras también las vestiduras.
En el cielo unas nubes tan oscuras
presagian el aguacero como cierto.

El muro presenta el nicho abierto,
triste imagen que la oración conjura
rezada con murmullos y premura
por deber, sin orden ni concierto.

Ya la viuda doblada la cintura
llora ante aquel que yace muerto,
y acaricia la madera con dulzura.

El aire sopla, como la Parca, yerto.
La soledad será ya su clausura,
recuerdo, ceniza en un desierto.

 

(c) Elena Muñoz. Reservados todos los derechos.