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lunes, 6 de diciembre de 2021

Junto al mar

 Un año más estoy aquí, junto al mar. 

 

Un paisaje conocido, pero muy distinto, porque este mar no es el del verano, rodeado de gentío, cubierto de bañistas, con su orillas convertidas en paseos atestados, haya o no pandemia.

No, este mar se transforma en su propia identidad, inmensidad azul que se extiende hasta donde abracan mis ojos. Un año más me acerco en estos días de reposo a su acogedor abrazo y sosiego: sé que nunca me va a defraudar.

Este año he llegado a su orilla especialmente cansada, un tanto abatida. Entiendo y me comprendo, porque los días se suceden con una impenitente monotonía: pandemia, economía, economía, pandemia, lo mal que va todo según la oposición, nueva variante, economía... 

No es que me queje, no he sido nunca de quejarme mucho. Primero porque no he tenido razones objetivas, y, segundo, porque mi manera de ser me impide hacerlo, aunque las tuviera. Si  encontrara, además,  una tercera razón, diría que siempre la vida me ha colocado en el lado de tirar del carro, de ser yo la que anime, de convertir la lástima en resistencia.

Pero con todo y con ello, con el entrenamiento que mi existencia me ha ido marcando, hay momentos en que me siento cansada,  en que miro a mi alrededor y el desconcierto me invade. Entonces me acerco a la playa y noto como dentro de mí surgen emociones reconfortantes, reconocibles, esas que me hablan de que, a pesar de todo, cada día que amanece es una esperanza para hacer y para cambiar.

Por eso, un año más, estoy junto al mar.

Sed felices.


martes, 30 de agosto de 2016

"Síndrome postvacacional"

Concluyendo el mes de agosto, mes que parece cerrar el verano, aunque todavía nos quedan unos veinte días de esta estación, en breve oiremos hablar, de nuevo, como todos los años, del síndrome posvacacional. Esta situación se define como el  estado que se produce en el trabajador al fracasar el proceso de adaptación entre un periodo de vacaciones y de ocio con la vuelta a la vida activa, ocasionando molestias que nos hacen responder a nuestras actividades rutinarias con un menor rendimiento.

Vamos, lo que  viene siendo el fastidio que produce dejar de estar todo el día rascándote la barriga, comiendo paellas en el chiringuito o leyendo a la sombra de un árbol. Algo normal desde que el mundo es mundo, pues ya desde la Biblia se señala el trabajo como un castigo.

Vivimos en una sociedad de estiquetas y de estridencias en la que , para romper la monotonía de un día a día basado en la adquisición de meros bienes materiales, hay que buscar una causa patológica a algo que es completamente natural pero que convertirmos en agustia vital.

Que haga calor en Sevilla en verano, o que en Alicante las playas estén llenas es algo que recuerdan los más viejos del lugar y sin embargo se hace noticia convirtiendo lo banal en extraordinario. Al final también lo extraordinario se acaba convirtiendo en algo camuflado entre tantas obviedades y pasando totalmente desapercibido.

En fin, mis queridos lectores,  en toda esta vorágine de manipulación no es de extrañar que la "cosa" política funcione como funcione. Hemos perdido el sentido de la proporción, de lo que importa y de lo que no., envolviendo en grandilocuencia aquello que no deja de ser algo cotidiano, y dejando pasar lo que en realidad importa.

¿Habrá con el tiempo algo parecido al síndrome de Rajoy para señalar a quien con la mayor cara dura del mundo se desliga de su responsabilidad y se la pasa a quien no la tiene?

Sed felices y buscad ilusiones, que es mejor remedio para afrontar la vuelta de vacaciones.