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miércoles, 29 de julio de 2026

Vivir con miedo

 

 Es el peor incendio de la historia de Madrid": los fuegos sin control que  han obligado a evacuar a decenas de miles de personas en el centro de  España - BBC News

 

No es el incendio. No es la dana. No es la crisis política. No es el calor. No es la guerra. Es la suma de todo ello y, sobre todo, la manera en que nos lo cuentan.

Vivimos en una sociedad sometida a un bombardeo permanente de estímulos. Basta abrir el teléfono para encontrarnos con un desfile de titulares donde casi todo es "histórico", "sin precedentes", "terrible", "devastador", "apocalíptico" o "el peor escenario posible". Da igual que la noticia hable de un incendio, de la economía o de una tormenta: el lenguaje parece diseñado para mantenernos en un estado constante de alerta.

Estos días lo hemos vuelto a comprobar con los incendios de la Comunidad de Madrid. Mientras los equipos de emergencia lograban avances objetivos, mientras los profesionales trabajaban para estabilizar la situación, muchos titulares insistían inmediatamente en el "pero". El fuego mejora, pero podría reactivarse. La situación evoluciona favorablemente, pero el peligro sigue siendo extremo. Es cierto: cualquier incendio puede complicarse. También cualquier operación médica puede presentar complicaciones y cualquier avión puede sufrir una avería. Sin embargo, convertir la excepción en el eje del relato acaba deformando la realidad.

No se trata de ocultar los riesgos. Se trata de ofrecer información completa, proporcionada y honesta.

El problema es que el miedo vende. Un titular moderado compite en inferioridad de condiciones frente a otro que promete el desastre. Los clics se han convertido en una moneda demasiado valiosa y, para conseguirlos, muchas veces se sacrifica el equilibrio informativo. El algoritmo premia la emoción intensa y castiga la serenidad.

Pero ese modelo tiene consecuencias.

Nuestro cerebro no está preparado para vivir permanentemente en alerta. Si cada día nos anuncian la catástrofe definitiva, terminamos instalados en una ansiedad difusa. La sensación de que todo empeora, de que el futuro es una amenaza constante y de que nunca hay motivos para el optimismo acaba formando parte de nuestra manera de mirar el mundo.

Paradójicamente, vivimos en una época con un acceso extraordinario a la información y, sin embargo, cada vez cuesta más distinguir entre informar y alarmar.

La información debería ayudarnos a comprender la realidad, no a temerla. Debería ofrecer contexto además de emoción, datos además de adjetivos. Porque cuando las palabras se utilizan para provocar una reacción inmediata en lugar de favorecer una reflexión pausada, dejan de ser un puente hacia el conocimiento para convertirse en un mecanismo de estrés colectivo.

Quizá haya llegado el momento de reivindicar otro periodismo. Un periodismo que no necesite exagerar para ser leído. Que no confunda intensidad con rigor. Que entienda que la esperanza también es noticia cuando está respaldada por los hechos.

La realidad ya es suficientemente compleja. No necesita que la convirtamos, además, en una sucesión interminable de alarmas. Necesita ciudadanos bien informados, no ciudadanos permanentemente asustados.

Porque una sociedad que vive con miedo acaba reaccionando peor ante los problemas reales. Y ese sí debería ser un titular que nos preocupara.

Sed felices.

Foto BBC.

 

lunes, 30 de marzo de 2020

Carta a los medios de comunicación.

Estimados/as directores/as de los medios de comunicación:

Soy consciente de que la noticia de "perro muerde a un niño" no es tan vendible como la de que "un niño muerde a un perro". Pero si lo que ha ocurrido es lo primero y ustede cuentan lo segundo están falseando la verdad. Todos sabemos lo difícil que ha sido el paso de la información en papel a la digital y que ustedes se han dejado muchos pelos en la gatera, pero también, muchos, la dignidad profesional. 

El que los contratos de publicidad que los sustentan dependan de los clics o de la audiencia ha desvirtuado de tal manera la profesión de periodista que ya es irreconocible, salvo raras y honrosas excepciones. Todo vale para que entremos como moscas a la miel a compartir, a retuitear o desinformarnos con la opinión sectaria  e interesada.

Porque no me vale que ustedes se refugien bajo el paraguas de la libertad de expresión, porque, precisamente, la libertad se nutre de la verdad. Quien miente muestra su esclavitud a quien le debe esa mentira. Y ustedes son esclavos de los grandes grupos de comunicación que los tienen cogidos por las pelotas o los ovarios, que tanto monta.

Cuando su parcialidad se dirigía en el día a al desgaste del gobierno de coalición (que les sentó muchos como un tiro), ente temas económicos o legislativos, o se cebaban con la tesis doctoral de Pedro Sánchez, vaya, que aún siendo tremendamente injusto, el daño era parcial. Pero para muchos de ustedes lo importante era defender la voz de su amo, aunque fuera ensalzar la mediocridad de Pablo Casado  o el trifachito.

Pero. ahora, lo que ustedes están permitiendo hacer, o animando, es no vergonzoso sino malvado. Sí, malvado, porque muchos de ustedes permiten inundar el país con noticias falsas en sus diarios, y otros miran para otro lado en vez de denunciarlo, convirtiéndose en cómplices de este "crimen" de lesa ciudadanía.

Ustedes saben que está el país confinado en sus casas, sino lo está  en hospitales, y que la única manera de asomarnos al mundo son sus publicaciones, y, sin embargo, utilizan los medios de comunicación como lija para desgastar al gobierno y a la población. Sus titulares, los que son ciertos, estan llenos de palabras que alarman más que informan y de verdades a medias, que son en realidad medias falsedades. Otros mienten, y mienten para atacar al Gobierno. Claro, que todo vale para que les entren clics en sus web, o vean los programas.

Pero si su actitud, en una amplia mayoría, es haber tomado la determinación de no colaborar a desestresar y ceñirse a la realidad de los hechos, hay algunos que son auténticos criminales, como es el caso de OK Diario. ¿Qué hacen ustedes que permiten que alguien como Eduardo Inda se ponga a la misma altura que ustedes? ¿Cómo es posible que se le permita seguir ejerciendo cuándo es el rey de la fakes news? A ustedes, los que se les supone más profesionales,  les está pasando lo que al PP con VOX, que cada se parecen más al libelo de Inda, perdiendo credibilidad.

El presidente del Gobierno les dió las gracias el otro día por su colaboración, no creo que se la merezcan del todo. Porque si es cierto que hacen pedagogía con las medidas a tomar como prevención, no lo es más que día a día buscan como retorcer esa noticia para que en vez de alivio siga siendo carnaza para los buitres, aumentando los clics y los shares.

Una pena.