domingo, 8 de febrero de 2015

Yo escribo, tú escribes, él escribe... Solos

Ayer estuve en el I Congreso de Escritores de Madrid, que se celebró en Alcalá de Henares. Todo un éxito, con más de noventa asistentes y siete ponentes  hablando durante cuatro horas sobre literatura. Fueron varios los aspectos que se trataron: cómo escribir, sobre qué hacerlo, cómo publicar, qué ayudas solicitar.

Una de las ponencias que más me gustaron fue la de Julia Barella, directora de la Escuela de creación literaria de la Universidad de Alcalá. En ella, Julia nos fue narrando su experiencia con los alumnos que se acercan para que les enseñen a expresarse por escrito. Lo curioso es que no solo se van aquellos que tienen inquietudes literarias, sino, también, aquellos que encuentran grandes dificultades en manejar la escritura y se dan cuenta de que tanto a la hora de examinarse como de ejercer una profesión les va a ser necesario.

A lo largo de la exposición la profesora Barella repitió varias veces que ve sufrir a muchos de estos estudiantes al enfrentarse a las palabras y que la causa que ella encuentra es que no leen, y si no se lee es muy difícil escribir. No puedo estar más de acuerdo. A escribir se aprende leyendo.

Pero no habló solo de la escritura creativa, sino de la escritura como disciplina de comunicación. El ejemplo está claro en la ortografía. Se pueden estudiar las reglas ortográficas hasta que se hiele el infierno, pero al final aprenderemos la manera correcta de escribir viendo una y otra vez las palabras.

La falta de lecturas, como no podía ser de otra manera, también ejerce gran influencia a la hora de sentarnos a imaginar tramas. Es muy posible que, comentaba la profesora, se nos ocurra una maravillosa aventura de un hombre que pierde el seso por leer demasiados libros y no saber que ya, hace siglos, alguien tuvo la misma idea. Y esa también es la causa de que encuentre textos técnicamente escritos de una manera correcta pero carentes de alma.


Para finalizar, y creo que esto fue de lo más ilustrativo, habló de la incapacidad de muchos jóvenes que quieren escribir de afrontar uno de los elementos fundamentales: la soledad. El escritor tiene que saber estar solo para poder entablar un diálogo entre si mismo y el mundo.

Luego Julia y yo coincidimos frente a una copa de buen vino. La felicité por su ponencia y la obsequié con un ejemplar de Mi vida en tacones, quedando para charlar, como invitada en sus cursos sobre blogs y escritura, en un futuro.



Sed felices.

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