domingo, 28 de diciembre de 2014

Pensando, pensando... ( I )

Todas la mañanas, durante esto últimos meses, he dado los buenos días con una frase más o menos acertada para afrontar la jornada y que pudiera hacer pensar. Os dejo una primera entrega resumen  de las mismas como broche de este 2014.



Ni todo lo que reluce es oro, ni el que dice serlo es un amigo. Ambos, el oro y la amistad no se oxidan con las inclemencias y se mantienen inalterables a lo largo del tiempo.


Hay quien se pasea con una cerilla y un bidón de gasolina, y cuando todo explota le echa la culpa a la cerilla.

El mayor error es tender puentes desde el pasado hacia el futuro olvidando que sólo existe el presente.

La gran paradoja es que medio mundo busca aumentar la esperanza de vida mientras condena al otro medio a una vida sin esperanza.


No hay guerra más desigual que la que enfrenta la razón y la incapacidad autocomplaciente. Cualquier intento de intercambio de opiniones se convierte en un diálogo de besugos.


Tal vez todo sea un juego en el que solo unos pocos conocen las reglas mientras otros improvisamos.


El triunfo de los mediocres siempre esconde su propia vanidad y el interés de quienes los han encumbrado.


Una gota de agua solo necesita tiempo para horadar la roca.

El gris no es un color: es una actitud.
 

Hay quien sube a tope el volumen de la voz de su ego para no tener que escuchar la de su conciencia.

 Hay quien encuentra un morboso placer en tropezar constantemente en la misma piedra cuando, tal vez, solo hay que rodearla.


Qué pereza me dan ciertas  personas, tan cortas de miras, tan mezquinas que sólo ansían que todos andemos descalzos en vez de buscar cómo conseguir zapatos .

Si en un microrrelato hay toda una historia yo en mis macetas veo un jardín
 
Quiero que me acompañen no que me sigan.

 La responsabilidad no se asume solo pidiendo perdón: hay que restituir de alguna manera el daño ocasionado.


 

3 comentarios:

  1. Me ha gustado lo de los microrrelatos, pues hay un ejercicio muy interesante, que consiste en coger una gran obra clásica y condensarla en un microrrelato, como estos dos míos:

    En la noche 1002, el Sultán se tapó los oídos.

    Aún no sé que me hizo sospechar de esos dos aspirantes a bibliotecarios que decían haber sido, en una época anterior, cura y barbero.

    Saludos.

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