miércoles, 19 de marzo de 2014
jueves, 13 de marzo de 2014
La espada de Damocles del Concordato
Dicen que a todo se acostumbra una. No es cierto; o por lo menos no lo es en referencia ciertas cuestiones que mucho tiene que ver con una misma.
Desde hace varias semanas, y en distintas situaciones, como nuestro Don Quijote, no hago más que topar con la Iglesia, léase católica, que en España no puede ser otra.
Hace dos días recordamos el atentado más sangriento que ha sufrido nuestra historia reciente, el de el 11M. A colación con los actos conmemorativos se celebra un funeral de Estado bajo el rito católico y en la catedral de la Almudena. Ayer, el cardenal que presidió la misa, Rouco Varela, fue sustituído al frente de la Conferencia espiscopal. Dos días, dos mismos protagonistas.
Quiero dejar claro, de antemano, mi total respeto por cualquier creencia, igual que respeto cualquier ideología, siempre que respeten, en consecuencia, a aquellos que no creen o no comulgan- nunca mejor dicho -con ellas. Pero nunca apoyaré que la Iglesia sea protagonista agente de un funeral en el que se rinde homenaje a víctimas que, a su vez, eran de muy diferentes confesiones. España, se supone, es un estado aconfesional, y para esta circunstancia, en la que se atacó los cimientos del Estado y de sus ciudadanos, existen los funerales civiles.
Respecto a D.A.M. Rouco, que tanta paz lleve como deja. Creo que ha sido una de las personas más perjudiciales a la hora del respeto a los derechos de muchos colectivos, y su alineamiento, descarado, de caracter político flaco favor ha hecho a a la institución que ha presidido.Esperemos que su sucesor sea más tolerante, más caritativo y más amante del prójimo, vamos... más cristiano, tal y como parece que, tímidamente y poco a poco, va marcando el papa Francisco.
En fin, que los españoles suguimos arrastrando esta bola de la contradicción: defendemos la aconfesionalidad en nuestra Constitución y conmmoramos a nuestras víctimas de Estado con incienso y butafumeiro, mientras los obispos y cardenales le dictan a los ministros al oído la reforma de ciertas leyes.
Sobre las libertades civiles sigue pendiendo la espada de Damocles del Concordato.
Sed felices.
Desde hace varias semanas, y en distintas situaciones, como nuestro Don Quijote, no hago más que topar con la Iglesia, léase católica, que en España no puede ser otra.
Hace dos días recordamos el atentado más sangriento que ha sufrido nuestra historia reciente, el de el 11M. A colación con los actos conmemorativos se celebra un funeral de Estado bajo el rito católico y en la catedral de la Almudena. Ayer, el cardenal que presidió la misa, Rouco Varela, fue sustituído al frente de la Conferencia espiscopal. Dos días, dos mismos protagonistas.Quiero dejar claro, de antemano, mi total respeto por cualquier creencia, igual que respeto cualquier ideología, siempre que respeten, en consecuencia, a aquellos que no creen o no comulgan- nunca mejor dicho -con ellas. Pero nunca apoyaré que la Iglesia sea protagonista agente de un funeral en el que se rinde homenaje a víctimas que, a su vez, eran de muy diferentes confesiones. España, se supone, es un estado aconfesional, y para esta circunstancia, en la que se atacó los cimientos del Estado y de sus ciudadanos, existen los funerales civiles.
Respecto a D.A.M. Rouco, que tanta paz lleve como deja. Creo que ha sido una de las personas más perjudiciales a la hora del respeto a los derechos de muchos colectivos, y su alineamiento, descarado, de caracter político flaco favor ha hecho a a la institución que ha presidido.Esperemos que su sucesor sea más tolerante, más caritativo y más amante del prójimo, vamos... más cristiano, tal y como parece que, tímidamente y poco a poco, va marcando el papa Francisco.
En fin, que los españoles suguimos arrastrando esta bola de la contradicción: defendemos la aconfesionalidad en nuestra Constitución y conmmoramos a nuestras víctimas de Estado con incienso y butafumeiro, mientras los obispos y cardenales le dictan a los ministros al oído la reforma de ciertas leyes.
Sobre las libertades civiles sigue pendiendo la espada de Damocles del Concordato.
Sed felices.
miércoles, 5 de marzo de 2014
Pesadilla en la cocina: coaching a collejas
Últimamente me encuentro como aquel que era el único que llevaba el paso cambiado. Veo como mucha gente disfruta con ciertas actividades, ciertas películas o ciertos programas de televisión que me resbalan o, incluso, me indignan.
Para ser más concreta me refiero a Pesadilla en la cocina. Confieso que he tardado en cojerle el sentido al título de este espacio televisivo que tanta aceptación tiene, pero al final me he dado cuenta que no se refiere a la situción económica de los restaurantes que aparecen, ni siquiera a las condicones insalubres que presentan (¿irán posteriormentelos de Sanidad sancionando, qué ascazo a veces...). La pesadilla es ver suelto por el local al propio Alberto Chicote como un Srek vestido por Agatha Ruiz de la Prada soltando insultos a diestro y siniestro, bufando como un toro herido y evocando constantemente a la Madre de Dios.Un absoluto coaching a collejas.
En el último programa, del que solo pude ver la media hora final, aparecía un restaurante de mi localidad, por lo que he tenido próximo el antes y después de la actuación de este desfacedor de entuertos culinarios. El paso de Chicote fue sobre el mes de junio y la verdad sí que cambió la decoración pero respecto a la afluencia de público no vi mucha mejoría (ni lo sigo viendo). Debe ser que pasado el susto, genio y figura...
¿Debería cundir el ejemplo en otras profesiones?
¿Os imagináis, queridos lectores, a otros profesionales actuando de la misma manera para ayudar al prójimo? Sin ir más lejos, yo misma, gritándole a un cliente que en mis años de profesión no he visto una mierda de campaña publicitaria peor planteada y un producto más asqueroso que no hay forma de vender.¡A tomar por c.... (frase muy querida por el presentador del programa pesadillero) la inteligencia emocional!(Y el cliente).
En fin, que algo tendrá el agua cuando la bendicen y que si tanta gente gusta de este programa será porque algo encuentran en él. Tal vez sea yo la rara...
Sed felices.
Para ser más concreta me refiero a Pesadilla en la cocina. Confieso que he tardado en cojerle el sentido al título de este espacio televisivo que tanta aceptación tiene, pero al final me he dado cuenta que no se refiere a la situción económica de los restaurantes que aparecen, ni siquiera a las condicones insalubres que presentan (¿irán posteriormentelos de Sanidad sancionando, qué ascazo a veces...). La pesadilla es ver suelto por el local al propio Alberto Chicote como un Srek vestido por Agatha Ruiz de la Prada soltando insultos a diestro y siniestro, bufando como un toro herido y evocando constantemente a la Madre de Dios.Un absoluto coaching a collejas.
En el último programa, del que solo pude ver la media hora final, aparecía un restaurante de mi localidad, por lo que he tenido próximo el antes y después de la actuación de este desfacedor de entuertos culinarios. El paso de Chicote fue sobre el mes de junio y la verdad sí que cambió la decoración pero respecto a la afluencia de público no vi mucha mejoría (ni lo sigo viendo). Debe ser que pasado el susto, genio y figura...¿Debería cundir el ejemplo en otras profesiones?
¿Os imagináis, queridos lectores, a otros profesionales actuando de la misma manera para ayudar al prójimo? Sin ir más lejos, yo misma, gritándole a un cliente que en mis años de profesión no he visto una mierda de campaña publicitaria peor planteada y un producto más asqueroso que no hay forma de vender.¡A tomar por c.... (frase muy querida por el presentador del programa pesadillero) la inteligencia emocional!(Y el cliente).
En fin, que algo tendrá el agua cuando la bendicen y que si tanta gente gusta de este programa será porque algo encuentran en él. Tal vez sea yo la rara...
Sed felices.
miércoles, 26 de febrero de 2014
Los genios mueren, los mediocres gobiernan
Hoy se me acumulan las sensaciones, muchas de ellas contradictorias.
Rompiendo mi costumbre de no asomarme a la actualidad temprano, hoy he caído en la tentacion de hacerlo, sobre todo por tomar el pulso y comprobar como los medios de comunicación, sobre todo "ciertos" medios siguen siendo la voz de su amo a la hora de calificar ese evento, que más es un circo, al que llamamos el Debate del estado de la Nación. Tremendo....
Sinceramente, desde lo más profundo de mis entretelas, Rajoy saca lo peor de mi . Nada tiene que ver la ideología, aunque no comulgue con ella, sino la catadura moral. Defender lo que ayer defendió en la tribuna, echando balones fuera después de haber llevado este país, antes España, al borde del precipicio es la muestra de una falta de sentido de estado absoluta y, sobre todo, de respeto a una ciudadanía que ve y oye estupefacta como hemos "doblado el cabo de Hornos"... Imagino que lo siguiente que nos espera es acabar como los "últimos de Filipinas", por seguir con la Historia y la Geografía.
Mientras, en el banco azul, sus adláteres escuchan agradecidos a semejante personaje apoyar su gestión al frente de los distintos ministerios. Y, sí, digo personaje, porque el presidente del gobierno a pasado de persona a caricatura, como esos cartoons animados, en los que la voz y los ademanes están al servicio del esperpento. La ley del aborto, el copago sanitario , la reforma laboral, la política de inmigración, la subida de impuestos, el rescate de los bancos, el aumento del paro hasta seis millones de personas, el recorte en Educación, se encuentran sentados con nombres y apellidos en ese banco azul que jalea y aplaude como monitos de feria los delirios de su jefe: Sainz de Santamaría, Gallardón, Fernández Díaz, Montoro, Wert, Mato, Bañez...
En fin, que hoy el café, a pesar de la sacarina, me ha sabido muy amargo. Después, me entero de la muerte de Paco de Lucía...
Mal día: los genios se van y los mediocres gobiernan...
Sed felices.
PD: Y la Virgen del Amor condecorada con la medalla deal mérito policial... Lo dicho: un esperpento.
Rompiendo mi costumbre de no asomarme a la actualidad temprano, hoy he caído en la tentacion de hacerlo, sobre todo por tomar el pulso y comprobar como los medios de comunicación, sobre todo "ciertos" medios siguen siendo la voz de su amo a la hora de calificar ese evento, que más es un circo, al que llamamos el Debate del estado de la Nación. Tremendo....
Sinceramente, desde lo más profundo de mis entretelas, Rajoy saca lo peor de mi . Nada tiene que ver la ideología, aunque no comulgue con ella, sino la catadura moral. Defender lo que ayer defendió en la tribuna, echando balones fuera después de haber llevado este país, antes España, al borde del precipicio es la muestra de una falta de sentido de estado absoluta y, sobre todo, de respeto a una ciudadanía que ve y oye estupefacta como hemos "doblado el cabo de Hornos"... Imagino que lo siguiente que nos espera es acabar como los "últimos de Filipinas", por seguir con la Historia y la Geografía.
Mientras, en el banco azul, sus adláteres escuchan agradecidos a semejante personaje apoyar su gestión al frente de los distintos ministerios. Y, sí, digo personaje, porque el presidente del gobierno a pasado de persona a caricatura, como esos cartoons animados, en los que la voz y los ademanes están al servicio del esperpento. La ley del aborto, el copago sanitario , la reforma laboral, la política de inmigración, la subida de impuestos, el rescate de los bancos, el aumento del paro hasta seis millones de personas, el recorte en Educación, se encuentran sentados con nombres y apellidos en ese banco azul que jalea y aplaude como monitos de feria los delirios de su jefe: Sainz de Santamaría, Gallardón, Fernández Díaz, Montoro, Wert, Mato, Bañez...En fin, que hoy el café, a pesar de la sacarina, me ha sabido muy amargo. Después, me entero de la muerte de Paco de Lucía...
Mal día: los genios se van y los mediocres gobiernan...
Sed felices.
PD: Y la Virgen del Amor condecorada con la medalla deal mérito policial... Lo dicho: un esperpento.
domingo, 23 de febrero de 2014
Un cuento con final feliz....
El teléfono la sobresaltó. Últimamente siempre
la asustaba. Seguramente era porque tenía los nervios de punta. Habían sido
unos meses muy duros por los exámenes
finales. Incluso su familia la había regañado por su celo y su empeño, que se
encarnaban en los varios quilos que había adelgazado. Pero qué le iba a hacer. Ella era así,
competitiva, con un gran amor propio que la impulsaba constantemente a
superarse.
Con prisa, respondió. Escuchó su nombre y luego una retahíla de palabras de las
que entendió sólo algunas de ellas, las más importantes. Y aunque lo había
esperado, la tardanza en notificárselo había hecho que casi desestimara esa
opción.
Se despidió
cortésmente dando las gracias y colgó. El espejo del recibidor le devolvió su
imagen. El pelo corto, casi de chico enmarcaba su rostro y las gafas que,
coquetamente solo utilizaba para estudiar, se le habían ido resbalando a la
punta de su nariz menuda.
Intentó asimilar
la noticia…. Era el final de un proceso, de meses, en los que a pesar de todo
tuvo claro que lo conseguiría.
Por eso, cuando
dos días después, en el acto de final de curso de Bachillerato, el director del
colegio pronunció su nombre como premio extraordinario, su corazón palpitaba como un loco.
Seguramente todos creerían era el resultado de la emoción por el premio
conseguido, pero ella sabía que no, que no solo era eso.
Recogió el
diploma y se colocó a la derecha del estrado, seria, con su falda gris y su
jersey azul marino, que dejaba asomar el
cuello blanco de su blusa. Y allí volvió a escuchar otro nombre también
premiado por sus excelentes resultados académicos. Le vio acercarse con paso
seguro, un tanto displicente como era él, y una vez que recogió su diploma fue
a situarse a su lado. Sus miradas se cruzaron y ella, inconscientemente alargó
su mano, que el cogió con fuerza., quizá un segundo más de lo indicado.
El salón de
actos rompió a aplaudir y las lágrimas se le saltaron. Lágrimas de alegría, de
recompensa por tantos días, por tantas noches de estudio y sacrificio que al
final le habían reportado el mejor galardón. Poder compartir con él, el alumno
más brillante del centro, uno de los
momentos más importantes de sus vidas. Era el resultado de la promesa que se
había hecho a si misma cuando le vio, el primer día de curso, dos años atrás, a la puerta del aula, y le sonrío: conseguiría que se fijara en
ella, costara lo que costara…
Y jamás cejaba
en su empeño
Años después,
cuando su propio hijo era alumno también del mismo colegio, le señaló la
fotografía de aquel extraordinario momento, que enmarcada junto con otras,
adornaba el hall del edificio y preguntando:
-
¿Quiénes son?
El niño,
marcando con su dedito contestó:
-
Papá…. y mamá….
Sed felices.
Sed felices.
domingo, 16 de febrero de 2014
Que me saquen un ojo...!
Odio la mezquindad.
Me parece una mezcla repulsiva de envidia y mediocridad que da como resultado poner palos en las ruedas, constantemente, a cualquier acción que se intenta iniciar.
A veces me parece increíble la incapacidad de algunas personas para percibir en los actos de otros la voluntad de hacer cosas positivas, teniendo como único interés machacar de una manera destructiva, sin dejar ni un atisbo a las sugerencias constructivas.
Para estas personas es duro entender que alguien actúe sólo por convicciones y principios, sin esperar nada a cambio, y son capaces de no extender una mano aunque sea sólo para no ahogarse.
En mi vida me he encontrado, por desgracia, bastantes veces con personas así, y es agotador tener que nadar con ellas contra corriente. Son exactamente como aquel del chiste que para perjudicar a su enemigo, al que el rey le había prometido darle el doble que a él , pidió que le sacaran un ojo...
Una pena. Porque como antes he comentado no dejan que se avance: son siempre como un lastre imposible. No obstante, yo soy un hueso duro de roer, incluso para estos especímenes. Con ellos aplico el principio de "ladran, luego cabalgamos"... Y sigo caminando.
Sed felices.
Me parece una mezcla repulsiva de envidia y mediocridad que da como resultado poner palos en las ruedas, constantemente, a cualquier acción que se intenta iniciar.
A veces me parece increíble la incapacidad de algunas personas para percibir en los actos de otros la voluntad de hacer cosas positivas, teniendo como único interés machacar de una manera destructiva, sin dejar ni un atisbo a las sugerencias constructivas.Para estas personas es duro entender que alguien actúe sólo por convicciones y principios, sin esperar nada a cambio, y son capaces de no extender una mano aunque sea sólo para no ahogarse.
En mi vida me he encontrado, por desgracia, bastantes veces con personas así, y es agotador tener que nadar con ellas contra corriente. Son exactamente como aquel del chiste que para perjudicar a su enemigo, al que el rey le había prometido darle el doble que a él , pidió que le sacaran un ojo...
Una pena. Porque como antes he comentado no dejan que se avance: son siempre como un lastre imposible. No obstante, yo soy un hueso duro de roer, incluso para estos especímenes. Con ellos aplico el principio de "ladran, luego cabalgamos"... Y sigo caminando.
Sed felices.
domingo, 9 de febrero de 2014
Malos tiempos para las princesas...
Malos tiempos para las princesas. Ya no exhiben su encanto en carrozas de la mano de sus príncipes azules, mientras el pueblo las aclama deslumbrados por su belleza.
Para algunas se acabaron los bailes y los zapatos de cristal. ¡Quién las hubiera dicho que serían protagonistas no de relatos sino de sumarios judiciales!
Y aunque sigan creyendo ser heroínas de historias de amor, no son conscientes de que este sentimiento
ya no es tan poderoso como antaño, cuando movía montañas, mataba dragones y era capaz de despertar con un beso. Ahora el pueblo llano está hasta los mismísimos de escuchar cuentos. Cuentos que les siguen narrando situaciones que escapan de la mayor de las fantasías y que les prometen finales felices y platos llenos de perdices, cuando no tienen ni para un chusco de pan.
Es verdad que, tal vez, vivir durante un tiempo en el País de las Maravillas ha hecho creer a algunos que todos andábamos en una especie de ensueño del que no despertaríamos jamás, pero no ha sido así. No sólo tuvimos que espabilarnos, sino que, desde hace tiempo, pocos pueden conciliar el sueño agobiado por las facturas, los deshaucios y el paro.
Sí, malos tiempos para las princesas: han pasado del papel couché a las páginas de sucesos de los periódicos. Y , estoy segura, no entienden lo que pasa. Ellas son princesas, hijas de reyes. Educadas para ser maravillosas y lucir entre sedas y oropeles, y sobre todo, sonreír, siempre: da igual que sea un desfile de Dior o la puerta de unos juzgados. Y nunca, nunca, parecer que se estaba enterada de nada. Al fin y al cabo, entre las tareas de las princesas no está la de parecer inteligentes.
Sed felices.
Para algunas se acabaron los bailes y los zapatos de cristal. ¡Quién las hubiera dicho que serían protagonistas no de relatos sino de sumarios judiciales!
Y aunque sigan creyendo ser heroínas de historias de amor, no son conscientes de que este sentimientoya no es tan poderoso como antaño, cuando movía montañas, mataba dragones y era capaz de despertar con un beso. Ahora el pueblo llano está hasta los mismísimos de escuchar cuentos. Cuentos que les siguen narrando situaciones que escapan de la mayor de las fantasías y que les prometen finales felices y platos llenos de perdices, cuando no tienen ni para un chusco de pan.
Es verdad que, tal vez, vivir durante un tiempo en el País de las Maravillas ha hecho creer a algunos que todos andábamos en una especie de ensueño del que no despertaríamos jamás, pero no ha sido así. No sólo tuvimos que espabilarnos, sino que, desde hace tiempo, pocos pueden conciliar el sueño agobiado por las facturas, los deshaucios y el paro.
Sí, malos tiempos para las princesas: han pasado del papel couché a las páginas de sucesos de los periódicos. Y , estoy segura, no entienden lo que pasa. Ellas son princesas, hijas de reyes. Educadas para ser maravillosas y lucir entre sedas y oropeles, y sobre todo, sonreír, siempre: da igual que sea un desfile de Dior o la puerta de unos juzgados. Y nunca, nunca, parecer que se estaba enterada de nada. Al fin y al cabo, entre las tareas de las princesas no está la de parecer inteligentes.
Sed felices.
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