Mostrando entradas con la etiqueta Fernando López Guisado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fernando López Guisado. Mostrar todas las entradas

domingo, 29 de enero de 2017

La rebelión de las musas


No hay nada más temido por un escritor que el llamado bloqueo o síndrome del folio en blanco. Nada peor que la sensación de querer escribir y no poder, pues todo aquello que sale de tus dedos hacia el teclado es pura basura (o por lo menos esa es la sensación).

Decía Thomas Edison que «el genio es un diez por ciento de inspiración y un noventa de transpiración», de ponerse al tajo. Por su parte, el pintor Pablo Picasso afirmaba algo muy parecido: «cuando llegue la inspiración que me encuentre trabajando».

Partiendo de estas dos premisas nacidas del intelecto de estos dos hombres universales- y no seré yo la que les quite ni un ápice de razón-, la cuestión reside en la práctica  y no tanto en la revelación divina que nos alumbre una idea genial. ¡Y quién necesita a las musas!

En toda creación artística, mejor dicho, en todo creador, ya sea pintor, músico o escritor podemos encontrar dos grupos diferenciados, uno mucho más numeroso que otro; y como esta es una sección literaria me ceñiré a esta actividad.

En el primer grupo colocaré a los llamados escritores currantes. Aquellos que se ponen todos los días y escriben, escriben, salga lo que salga, sin importarles, en principio, que sea bueno o malo. Toman notas en un cuadernito o libreta que suelen llevar a todos lados. Y de esas prolíficas siembras recogen abundantes cosechas.
 

En el segundo grupo se encuentran aquellos que no escriben a no ser que tengan una idea para ellos genial. Consideran que aquellos, los que lo hacen mucho e incluso publican, suele ofrecer una obra mediocre, pues para ellos la creación literaria son habas contadas. Las musas son cicateras en su inspiración y solo señalan a los elegidos.


Aún respetando, como no podría ser de otra manera, esta segunda postura, yo abogo por la primera, tal vez porque yo pertenezca a ese grupo. Y para afirmar mi tesis me vais a permitir una tercera cita, esta de un buen amigo mío y mejor poeta Fernando López Guisado: «a escribir se aprende escribiendo».

Sí, mis queridos lectores. Para escribir bien hay que escribir mucho para aprovechar, tal vez, de momento, una pequeña parte. No sabemos cuándo ese párrafo desechado nos servirá de palanca  para un relato o el inicio de una novela.Por eso, aún sin descartar la inspiración, que de vez en cuando se pasea e introduce una idea brillante que nos permite resolver un argumento o iniciar un relato, hay que trabajar todos los días.

Observar, anotar, procesar y escribir son las mejores estrategias para sujetar a esas musas rebeldes que a veces se ponen traviesas y se empeñan en dejarnos el papel en blanco.



Sed felices!

lunes, 24 de noviembre de 2014

Rocío para Drácula

¿Pueden amar los vampiros? ¿Pueden llorar, reír o entristecerse?



Seguramente el poeta Fernando López Guisado nos dirá que sí, que los vampiros pueden hacer todo lo que hemos señalado, porque él conoce bien su corazón  frío y sin latido. Él ha viajado durante mucho tiempo con el más paradigmático, extraña musa inspiradora de su último poemario: Rocío para Drácula, que fue presentado el pasado viernes 21 de noviembre en El Café Comercial de Madird.

Ante una sala repleta de amigos, familia, poetas y escritores varios se abrió la puerta de la cripta que encerraba al vampiro, ávido de recibir el rocío, a un minuto del amanecer maldito. Y los poemas se fueron desgranando y la poesía se encarnó en luces, tinieblas, amores, desamores y la fija mirada del gato.

Un libro que conforma una vampírica trinidad: El beso del demiurgo, Monstruo en prácticas y La captura de lo invisible. En palabras de su presentador, el también poeta Rafael Soler, es un recorrido lógico, coherente que acaba con la intención de atrapar lo que no vemos, que es al fin y al cabo, el objeto de la poesía.
He de confesar que en esta pequeña reseña no puedo ser objetiva. Y no lo puedo ser no porque el autor sea un gran amigo mío, mi hermano pequeño, como me gusta llamarle; tampoco porque ya conocía el poemario en gran parte. Cada uno de sus poemas, que Fernando me hacía llegar por mail,  me sorprendían más y más en su altura y calidad. Mi falta de objetividad estriba en mi admiración por la buena poesía, por la que va más allá de acariciar el sentimiento, convirtiéndose llámadas, golpes, vaivenes para la conciencia. Poemas que son confesiones, heridas, miradas, incluso historias que te atrapan desde el primer verso y te enganchan como lo hace un relato. Emociones diversas encerradas en un poemario de 152 páginas, lo que también nos indica la valentía de su autor, cubierto con el clásico smoking de charol con el que Ediciones Vitruvio viste su colección  Baños del Carmen.

Y, además, para esta humilde escritora este poemario encierra un valor añadido. Contiene un poema, Feedback, dedicado a mi persona, eco de una conversación de madrugada, repleta de calor y sentimiento, y que me llena de emoción y agradecimiento:

FEEDBACK

Por un instante, volví a la magia de antaño
durante el crepúsculo, aferrado al volante:
un calor en la piel y un miedo,
también una libertad y su certeza de pérdida,
de algunos sueños conseguido,
de mucho tiempo mlagastado
aprehendiendo quién no soy;
quién soy, quién
se acomoda tras los mandos bajo mi piel
aún lo desconozco, pero espero hacerlo,
invitarle a café, decir:

¡Si se trataba de tí! Ya no te esperaba.
Mi verdadero yo.
¡Vaya coincidencia,
seguir creyendo en la magia!

Beberemos mirándonos a los ojos
aferrados a las tazas de la noche;
No hablaremos del pasado,
no hablaremos del futuro,
seremos "Ahora" , seremos
el botón de "PAUSE"
en el video del destino.

Os animo a leerlo. Si sois habituales de la poesía, imprescindible; si sólo os acercáis tímidamente a ella, vais a tener la oportunidad de conocer un magnífico libro y una voz poética extraordinaria.



Sed felices.

domingo, 6 de octubre de 2013

Tiempo de escritura

"Una mujer para escribir solo necesita dos cosas: dinero y una habitación." (Virginia Wolf)

Y tiempo, añadiría yo...

Comentaba el otro día con mi amigo Fernando López Guisado, excelso poeta y compañero en la escuela literaria Letras Vivas, sobre el secano creativo en que me encuentro y que, parece ser, compartimos. Según me cuenta Fernando, él tiene muy mosca al busto de Lovecraft, al que solamente hace caso para quitarle el  polvo que se acumula de una mala manera.

Tal vez sea porque la creación solo nace del sufrimiento o del relajo más absoluto, y este tiempo de idas y venidas y de puesta en pie de tantas cosas, está sembrando de sal mis neuronas.

Busco y rebusco y vuelvo a rebuscar las ideas, hasta que alguna asoma, tímidamente en esta mañana de domingo. Abro el ordenador y pongo en pantalla una de mis próximas novelas, leo lo hasta ahora escrito e intento avanzar... Mente en blanco.

¿Seré yo escritora de un solo título? Esa pregunta emerge desde las profundidades de mi cerebro y me causa mucha, pero que mucha inquietud. Luego, para relajarme, pienso que quizá esté cansada, que el ambiente ahora no sea el más  propicio o que deba madurar un poco más mis proyectos. Los que me rodean me dicen que no me estrese, que me de tiempo... Tiempo, eso es lo que necesito.

Salgo a dar un paseo: quizá el viento, que hoy llega norteño y  mas  frío, remueva un poco las telarañas de mi creatividad. El sol ilumina de una manera esplendorosa este paisaje tan familiar y a la vez tan cambiante, ya vestido de amarillo. Imágenes, conversaciones, situaciones se van colocando en esa habitación que es la imaginación El puzzle comienza a tomar forma. Aprieto el paso, necesito llegar para comprobar si la idea funciona.

Vuelvo a estar frente al ordenador, tengo el borrador de la nueva novela ante mis ojos, Mis dedos empiezan a moverse en el teclado y las frases, los párrafos, la escritura, al fin, fluyen de mi cerebro a la pantalla del ordenador. Leo lo que hasta ahora he escrito, dándome cuenta de que no está mal, nada mal. Respiro... ¿Habrá esperanza?

Sed felices.