Con este tema escribí, hace un tiempo, un artículo en un medio de comunicación. Pero ante la realidad que nos rodea, en la que la puerilidad política es nuestro adversario, en el que insultos pueriles parece ser la base de la oposición, lo recupero.
Desde hace tiempo, cuando en redes sociales, ese proceloso mundo virtual a veces cielo, a veces infierno, escribo un post en el que defiendo la gestión de mi partido, mi presidente y secretario general, o critico la gestión de Díaz Ayuso, la peor presidenta de la Comunidad de Madrid que la Historia ha conocido, muchas repuestas de la fachosfera lleva incluido el adjetivo de “Charo” o “ charito”, acompañado siempre de otros originales insultos.
Tengo que reconocer que no entendía muy bien el por qué de atribuirme un nombre que no es el mío, pero indagando resulta que (cito Wikipedia) «Charo» es un término peyorativo surgido en España en la década de 2010 como crítica a las mujeres feministas y progresistas de mediana edad.
Me sorprende que este calificativo me haya llegado tan tarde, quince años después de ponerse de moda, aunque es cierto que mi presencia política en las redes es mucho más reciente.
¡Ah! Pero si sigo indagando encuentro otra definición de una tal Beatriz Miranda, de ese diario tan “ecuánime”que es El Mundo, y escrito en 2020: “Charo es una tipa ajada de izquierda. Ojo que no tiene que ser vieja: puedes ser 'charo' con 29. La condición es estar maltratada por la vida y refugiarte en un izquierdismo lobotomizante. Suele ser funcionaria, pero no siempre. Divorciada las más de las veces. Fumadora de Marlboro light, da la turra con el 8-M como si ella fuera la única que entiende el feminismo y es ideológicamente cerrada, aunque vaya de lo contrario”. Bueno, aquí ya empezamos a discrepar. Soy de izquierdas, pero no me veo ajada; la vida no me ha maltratado, todo lo contrario y la militancia de izquierdas no solo no me ha lobotomizado, sino que me ha hecho mejor persona, más reflexiva y crítica. He sido autónoma durante treinta cinco años y ahora me dedico a la política activa; llevo con la misma pareja más de cuarenta años, y hace veinticinco que dejé de fumar. Es posible que de la turra con el 8M, lo mismo que la doy con el 25M, porque creo que como mujer que ha tenido privilegios mi obligación es defender a compañeras, amigas y mujeres que no los tienen, por el simple hecho de que creo en la sororidad como herramienta de igualdad. Puedo aceptar que soy ideológicamente cerrada si eso supone ser intolerante con el racismo, la xenofobia, los crímenes de guerra, y el neofascismo nacional católico que se defiende desde tribunas de pseudomedios, disfrazado de pseudo libertad, y no, no voy de lo contrario porque se me ve venir de lejos. Así que por esta parte, no me veo muy charo…
Sigo leyendo el artículo y encuentro, por fin, algo de sentido. Dice la señora Miranda que lideresas de las 'charos' son “Almudena Grandes, Adriana Lastra, Maruja Torres, Elvira Lindo, Julia Otero...". Ahora sí, ahora con el ejemplo de estas grandes mujeres sí que encuentro sentido ese desprecio, a esa mala baba que destilan todos y cada uno de los troll, boots y botarates defensores de lo más casposo que pululan en las RRSS.
Parafraseando el inicio de la novela de Hermann Meville Moby Dick: “llamadme Ismael”, yo digo “llamadme Charo” porque es el reflejo de la falta de imaginación, de la redundancia, de la simpleza de aquellos que, a falta de ideas, recurren al insulto hacia quienes hemos dedicado nuestra vida al trabajo y a la defensa de la justicia y la libertad, y, sobre todo es la certeza de que estoy en el lado correcto.
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