domingo, 9 de abril de 2017

Mejor el que anduvo en la mar

No soy religiosa (respecto a mis creencias son parte de mi privacidad) y cada vez que llegan estas fechas me chirrían.

No sé si es porque todavía me duran ciertos traumas (que creo haber hecho referencia por estos lares) de la infancia, pero la Semana santa me parece algo oscuro, morboso y tétrico. O me van a negar, queridos lectores, que celebrar la tortura y muerte cruel de una persona no es morbosidad pura.

Ya, ya sé que se me puede contestar que no es celebración sino reflexión acerca de como Cristo fue capaz de afrontar una de las más crueles ejecuciones por la redención de los pecados de la Humanidad. Eso me parecería bien sino se acompañara de toda esa parafernalia que lo rodea y lo asemeja más a una feria que una fiesta religiosa, en la que se muestran todo el fato y riqueza de la Iglesia Católica.

No sé yo de una María, madre de Jesús, cuyas vestimentas valgan más que los presupuestos de muchos ayuntamientos, cuando era una humilde mujer de Nazaret, esposa de un carpintero y madre de quien más defendió a los pobres. O que el propio nazareno crucificado esté rodeado de lámparas de plata y cientos de miles de flores.


Sé que muchos que sienten las procesiones, los cantos y el lujo que rodea la Semana santa de su ciudad o de su pueblo no alcanzarán a entender mi razonamiento.lo sé. Porque no hablamos de religión, sino de costumbres, de tradiciones, como las Fallas o los Carnavales de Cádiz. Muchos que no pisan una iglesia en todo el año, salen de penitentes, "picados" o costaleros, porque así lo hicieron sus padres y lo harán sus hijos. De la doctrina cristiana del día a día, de amar al prójimo, de no juzgar, de no tirar la primera piedra, de repartir entre los pobres, de perdonar ... Eso es harina  de otro costal.

No, no me gusta ver a un hombre colgado de un madero, ni celebrar su prendimiento, su martirio... Yo como Machado prefiero a Aquel que anduvo en la mar.

¡Sed felices!

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