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domingo, 29 de octubre de 2017

Demasiadas mentiras y violencia

Os escribo mis queridos lectores después de un fin de semana en el que la serenidad ha vuelto a mi espíritu tras la farsa del pasado viernes 27 de octubre.

He de confesaros que cuando vi a la diputada de la CUP Anna Gabriel  hablar de que la votación secreta era para evita "las pesecuciones y las torturas" a las que se podían ver sometidos por el estado español se me revolvieron las tripas de tal manera que tuve que salir de la habitación.En todos mis años de relación con la política jamás había oído semejante difamación en aras de poner el último clavo a la democracia.El ejemplo de cobardía mayor que se podía mostrar.

Todo este proceso ha estado plagado de mentiras disfrazadas de idealismo y de llamadas al patriotismo, más cercano al sainete que a la realidad.Tal vez la falacia más grande es que no ha sido un proceso violento por parte del independentismo: eso es mentira. No hace falta quemar contenedores o banderas, o dar palos para ser violentos. Lo que los independentistas han ejercido es una forma soterrada de violencia psicológica hacia quienes no querían ni comulgaban con su proyecto, secuestrando el parlamento y la democracia y mostrando a España como un país nefasto.

Nadie puede negar que hemos estado ante un bulling ciudadano en toda su extensión por parte de los independentistas. No quiero pensar cómo se han sentido aquellos que , estando en contra de esta locura, veían como día a día se usurpaba el poder de la mayoría en aras del interés de la minoría; como las empresas se marchaban sin que todavía se sepa realmente cuáles son las consecuencias futuras para la economía y el empleo; como eran señalados en los colegios o en el trabajo... Eso es, en toda su extensión, violencia, como también lo es manipular noticias, vídeos, fotografías para dar una imagen de un estado represor, de un país antidemocrático, de unas fuerzas de seguridad del estado que solo saben dar palos...También es violencia someter a casi la mitad de los diputados de un parlamento a la humillación y el desprecio,  manejando a su antojo el reglamento, las decisiones y la palabra, obligándoles a abandonar sus escaños obtenidos democráticamente Todo, todo esto es violencia.

Que nadie me diga que los independentistas han sido pacíficos, porque esa es la gran mentira. Con toda la poca vergüenza de quien no le importa los daños si le benefician para su delirio, han llevado a cabo el secuestro de siete millones de personas, unas que, engañadas por un imposible, les han servido de peones; otros impotentes al ver sus derechos pisoteados. ¿Hay que agaradecerles que aunque hayan querido dar un golpe de Estado no hayan dado palos a la gente? Pues va a ser que no.

Puigdemont, Forcadell, Gabriel, Romeva, Junqueras y demás adláteres, cobardes maltratadores de la democracia, de la justicia y de la igualdad. Y como tal los deben juzgar  los tribunales y la Historia.

Sed felices.

(Fotografía El  Diario. es)

domingo, 15 de octubre de 2017

Quien siembra odio recoge violencia



Os diré, mis queridos lectores, que estoy francamente preocupada por la violencia, explícita o soterrada, en la que estamos viviendo.

No cabe duda de que tras los atentados del 11S,  en Occidente cambió la percepción de nuestra propia invunerabilidad. Creíamos que la violencia era parte de una puesta en escena propia de determinados lugares o fruto de segmentos sociales dedicados a la delincuencia.

Sin embargo la violencia se extiende como un malsano charco de aceite que lo va impregnado todo de odio… ¿O tal vez lo que crece día a día es ese sentimiento de aborrecimiento al otro, al que piensa diferente, al que viste diferente, al que cree diferente? Y si para demostrarlo hay que mentir, se miente.

Como muchos de vosotros sabéis, me muevo diariamente en las Redes sociales. Allí es un universo en el que como valor añadido existe el anonimato. Son muchas las ocasiones en las que los debates se transforman en una serie de insultos y agravios hacia el que no opina de igual manera. Tal vez solo sea un desahogo a la frustración, pero sirve un poco de barómetro para comprobar la tendencia que señalo. Una gran parte seres humanos llevamos siglos intentando erradicar la violencia, pero, y no sé las razones, no conseguimos hacerlo.

Mujeres asesinadas a manos de sus parejas, abusos infantiles, agresiones homófobas, partidos ascendente de corte xenófobo, intolerancia alimentada desde la cuna para odiar al que es diferente al que no piensa como nosotros, aunque para ello haya que inventar cien mentiras. Hemos perdido la capacidad de la proporcionalidad y reaccionamos peor ante un penalti mal pitado que ante una agresión machista.

Cuando una lee las noticias, las opiniones y las consecuencias de este proceso independentista que estamos viviendo se da cuenta de que hemos incubado durante años el huevo de la serpiente, el enfrentamiento entre quienes tendrían que ser hermanos y no enemigos. Ahora que esa serpiente se ha convertido en una hidra de siete cabezas, se la sigue alimentando con desinformación y manipulación hasta que se convierta en un monstruo que nos devore a todos.

Creo que estamos llegando al borde del abismo como sociedad, en la que los valores fundamentales se diluyen como la sal en el océano para dejar paso a lo único que parace importar: el fin que justifica los medios. 

Sed felices.