domingo, 10 de mayo de 2026

Ayuso en México: provocación política y revisionismo histórico

Maravillas de México: más que un destino turístico de sol y playa ...

 

El reciente viaje de Isabel Díaz Ayuso a México volvió a situar a la presidenta madrileña en el centro de la polémica internacional. Lo que pretendía ser una gira institucional y cultural terminó convertido en un episodio incómodo, marcado por declaraciones ideológicas, referencias históricas simplistas y una evidente intromisión en debates políticos ajenos. Lejos de fortalecer los vínculos entre España y México, la visita dejó una sensación de arrogancia política y desconocimiento histórico.

Ayuso insistió durante su estancia en reivindicar la figura de Hernán Cortés como símbolo de la herencia compartida entre España y América. Sin embargo, esa visión reduccionista ignora deliberadamente el profundo trauma histórico que la conquista española representó para millones de pueblos indígenas. Presentar a Cortés únicamente como un héroe civilizador supone borrar las masacres, la destrucción cultural y la imposición colonial que acompañaron la caída del imperio mexica.

La relación entre España y México exige sensibilidad histórica, especialmente en un momento en que los debates sobre memoria colonial siguen abiertos en América Latina. En lugar de contribuir a un diálogo sereno y plural, Ayuso optó por un discurso identitario dirigido más a su electorado interno que a construir puentes diplomáticos. Sus palabras parecieron responder a una batalla cultural española exportada artificialmente al contexto mexicano, donde esas declaraciones fueron recibidas con malestar por amplios sectores políticos y sociales.

El problema no radica únicamente en reivindicar determinados personajes históricos, sino en hacerlo desde una lógica de confrontación ideológica. La historia de la conquista no puede analizarse desde el triunfalismo nacionalista ni desde una nostalgia imperial. Hernán Cortés fue una figura compleja: estratega militar para algunos historiadores, pero también responsable de violencia extrema, alianzas oportunistas y del inicio de un proceso colonial devastador. Convertirlo en emblema político contemporáneo revela una utilización interesada del pasado.

Además, el viaje mostró una preocupante tendencia de Ayuso a intervenir en asuntos políticos internacionales desde un cargo autonómico cuya función principal debería centrarse en la gestión regional. Sus constantes guiños ideológicos contra gobiernos latinoamericanos de izquierda alimentan una diplomacia paralela impropia de una presidenta autonómica. España cuenta con una política exterior definida por el Estado, y actuaciones personalistas como esta solo generan tensiones innecesarias.

La polémica evidencia también una forma de hacer política basada en la provocación permanente. Ayuso parece entender cada escenario internacional como una extensión de la confrontación partidista española. Sin embargo, las relaciones entre países requieren prudencia, respeto institucional y conocimiento histórico. México no es un escenario para librar guerras culturales importadas desde Madrid.

Más que fortalecer la cooperación entre ambos países, la visita terminó reforzando estereotipos y reabriendo heridas históricas que exigen rigor y empatía, no consignas ideológicas.

 

 

 

sábado, 2 de mayo de 2026

VOX, EL IMPERIALISMO CATETO

Trump, Abascal y los intereses de España | Columnistas 

Hay imperios que se construyen con ejércitos, otros con comercio, y algunos —los más modernos— con hilos de Twitter mal traducidos. Vox pertenece a esta última categoría: un proyecto político que sueña con la grandeza imperial mientras espera instrucciones en diferido desde Donald Trump, Javier Milei o Viktor Orbán.

Podría llamarse internacional reaccionaria, pero también franquicia: cambias la bandera, mantienes el argumentario.

Vox lleva años señalando al extranjero como problema estructural. El inmigrante no es persona: es cifra, amenaza, titular. La xenofobia no aparece como un exceso, sino como columna vertebral del discurso. Eso sí, mientras tanto, el partido importa sin pudor consignas, miedos y teorías directamente empaquetadas desde Estados Unidos o Hungría.

Es decir: fronteras cerradas para las personas, pero puertas abiertas para los eslóganes.

Hay algo entrañable en esa contradicción. Es como montar una taberna “muy española” donde todo —desde el vino hasta el menú— viene del extranjero, pero el camarero grita mucho “¡Viva lo nuestro!”.

Si algo ha perfeccionado Vox no es una política pública, sino un estilo. Un tono. Una manera de convertir el insulto en herramienta de movilización. Cuando Santiago Abascal llama a Pedro Sánchez “chulo de putas” en un mitin, no está perdiendo los papeles: está siguiendo el guion.

Porque el insulto no es un accidente, es el mensaje.

La lógica es simple: si no hay complejidad, no hay debate; si no hay debate, solo queda ruido; y en el ruido, quien grita más fuerte parece tener razón. Es una política de barra de bar elevada a categoría ideológica, con menos ironía que un chiste malo y más eco que una caverna.

El nacionalismo de Vox tiene una peculiaridad: necesita subtítulos. Sus lemas, sus obsesiones y hasta sus enemigos parecen venir ya redactados desde fuera. El “Make Europe Great Again” no deja de ser un “Make America Great Again” con acento y jet lag.

En las cumbres internacionales de la ultraderecha —esas reuniones donde Orbán sonríe, Trump inspira y Milei vocifera— Vox encuentra algo parecido a un hogar. No uno español, claro, sino uno ideológico: una comunidad de agravios compartidos, enemigos reciclados y soluciones simplistas.

Ahí, entre banderas y consignas, se construye esa curiosa forma de imperialismo: no el que conquista territorios, sino el que coloniza discursos ajenos y los revende como propios.

El verdadero hallazgo de Vox es haber logrado globalizar el catetismo. No como insulto costumbrista, sino como categoría política: una mezcla de simplificación extrema, orgullo mal digerido y dependencia intelectual.

Se trata de un fenómeno fascinante. Cuanto más se proclama la soberanía, más evidente resulta la imitación. Cuanto más se habla de identidad, más reconocibles son las plantillas importadas.

El resultado es un nacionalismo de copia y pega. Una España que no se piensa a sí misma, sino que se traduce mal.

Quizá por eso Vox necesita exagerarlo todo: las amenazas, los enemigos, incluso su propia relevancia. Porque en el fondo, detrás del gesto épico, hay algo más modesto: un partido que no lidera un imperio, sino una sucursal.

Un imperialismo sin imperio.
Una revolución sin ideas propias.
Una épica que, vista de cerca, cabe perfectamente en un meme.

 Sed felices...

 Foto periódico EL MUNDO

 

domingo, 26 de abril de 2026

María Esther Flórez, mi amiga.

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Ejemplo de resilencia y resistencia ante las adversidades, mi amiga María Esther es una luz que guía a los que amamos la vida con toda su intensidad. Artista de los pies a la cabeza.

Ayer tuve el honor de ser invitada a compartir un acto de poesía y diseño,  recitando un poema inspirado en uno de sus cuadros. Lo comparto con vosotros para que os suméis al homenaje de esta gran mujer.

Los colores de los sueños

Para mi amiga  María Esther Flórez

 

La noche despierta un anhelo leve,
y pinta silencios sobre el cielo,
mientras sin hacer ruido, cruzan luces
guardando secretos en terciopelo.

 

Bajo pinceladas de colores,

las formas se asoman a las miradas,
las almas se reconocen,
en  una sinfonía  sin palabras.

 

Azules que abrazan silencios fecundos

Amarillos y rojos  que cantan

cruzando  sus ecos al universo

Sueños pintados en  tonos profundos.

 

 Mujer que sostiene  el arte infinito,
y al mundo le ofrece su corazón
con manos que crean nuevos caminos,
trenzados de belleza y de pasión.

 

Mª Esther camina la vida con paso encendido,
y borra las sombras de lo más oscuro,
 su luz ilumina valiente la senda,
con fuerza constante y con fiel sentido.

 

Así se dibujan sin prisa ni prisas,
las huellas que deja  la artista y amiga,

colores del alma,  pintados en versos

que guardan constante su eterna sonrisa.

 

Te quiero amiga

Elena Muñoz

domingo, 12 de abril de 2026

Soy una terrestre enamorada de la luna

 

 

 

Las espectaculares imágenes de la Tierra captadas por la tripulación de  Artemis II, que se encuentra ya a mitad de camino de la Luna - BBC News  Mundo 

Recuerdo el momento en el que llegamos a la Luna en es mes de julio de 1969. Y recuerdo la emoción de mi padre, un hombre que adoraba la ciencia y el arte. Yo no sé si entonces alcancé a medir el alcance de lo que había ocurrido, pero a lo largo de los años ese recuerdo de infancia me ha emocionado.

Soy una terrestre enamorada de la luna... Vamos, que soy una lunática. Me fascina la luna llena, pero también en cualquiera de sus fases crecientes o menguantes. Me encanta esa luna que recuerda al Gato de Cheshire de Alicia en el País de las Maravillas, porque, al fin y al cabo en él se recoge la locura de aquellos que estamos alunados...

También me conmueve, cuando miro la Luna, su sensación de soledad. Será también porque no puedo, a veces evitar sentirme yo también así, ser  centro de atención , pero poco de comprensión.

Hoy he escuchado las declaraciones de los astronautas del Artemis II. Eran de esperanza para la humanidad de aquellos que han visto nuestro hermoso planeta desde la distancia y el silencio del espacio. Mientras la locura y el desatino perviven en otros humanos lleno de ambición, poder y maldad. ¿Cómo convivir con estos dos panoramas?

Pobre Tierra, que vemos tan azul y bella en las imágenes enviadas. Es posible que sea ella la que mira, llena de envidia y tristeza la soledad gris de su satélite, despoblado, inmutable y perenne certeza, protagonista de poemas e ilusiones.

Es domingo, llueve, es primavera. Sed felices.

 

La espectacular imagen de la Tierra captadas por la tripulación de Artemis II,  a mitad de camino de la Luna - BBC News


jueves, 2 de abril de 2026

LA PROCESIÓN VA POR DENTRO

 


Nunca me gustó la Semana Santa.  Yo provengo de una generación en la que todo era paños negros en las iglesias, música sacra en la radio, y películas de La Pasión. Y todo ello, en vez de despertar en mí devoción me producía una miedo tremendo. El terrible tormento sufrido, según las Escrituras, por Jesús de Nazaret me parecía de una crueldad espantosa a mis ocho, nueve o diez años. Y verlo colgado de la cruz, sangrando por el costado, con los ojos moribundos no despertaba en mi piedad sino susto.

Aún sigo sin entender que hay detrás de cada paso, de cada procesión, mis queridos lectores. Decidme que es típico, pero yo sigo la palabra del maestro Machado cuando dijo que prefería el Cristo que anduvo en la mar que el que colgaron del madero.

Tampoco entiendo esa devoción sin límites a los pasos que procesionan. Como color, brillantez y tipismo no cabe duda, aunque para mi gusto los penitentes son un poco tétricos. Pero, con todo el respeto que me merece quien lo siente, no dejan de ser esculturas, algunas de ellas de gran firma, como Salcillo, Gregorio Hernández  o Montañés. 

Lo que me cuestiona es que algunos que lloran viendo pasar a la Virgen o al Cristo, no siente lo mismo por su prójimo. Sus actos o declaraciones como figuras públicas se dan de bruces con es devoción de temporada. ¿Dónde están las mentiras, las intrigas, el racismo, la xenofobia, la homofobia, cuando pasa el Nazareno? ¿Dónde está realmente el Mensaje que conmemora la muerte de quien fue leal a sus principios, quien defendió a los pobres? No sé si estaría tan de acuerdo con ese despliegue de riqueza y boato. 

Cuanto mayor me hago menos aguanto la incoherencia. Me avergüenzan esas manifestaciones de quienes no sienten compasión por aquellos más vulnerables , o por lo que sufren las guerras o las injusticias. El hambre, el éxodo y la muerte son la pasión de muchos en este momento.

Lo siento, pero obras son amores y no buenas razones. Hacer de la fe y la creencia un negocio o una justificación que tape la injusticia no es admisible. Es hipocresía, es falta de respeto a lo que debe de ser  la humanidad.

Para muchos y muchas de nosotros que luchamos por la igualdad y la justicia la procesión va por dentro, todos los días.

Sed felices.


domingo, 15 de marzo de 2026

No solo ética, sino también estética

     Milei y Ayuso contra la sociedad | Opinión | EL PAÍS 

 

    Hoy amanecemos con la imágenes Javier Milei saltando por un escenario como un poseso y gritando como un desgañitado.  Si no supiéramos que esta persona es el presidente de uno de los países más importantes de América, pensaríamos que era un payaso (con todos mis respetos hacia estos profesionales) haciendo su actuación.

    Pero, por desgracia, no es así. Milei, tras un discurso fundamentado en ser el ángel exterminador, llega a la presidencia de Argentina con promesas que, de momento, solo se han convertido en más dolor para un pueblo que lleva años sin levantar cabeza. La motosierra prometida hasta ahora solo ha cortado derechos sociales y no ha sacado al país de su crisis. Y para mayor abundamiento, a esta falta de ética hay que añadir  la falta absoluta de estética política. Gritos como un berrendo, un aspecto físico de rockero ridículo acompañan a este personajen, mientras salta en sus encuentros como si estuviera afectado del baile de San Vito.

    Claro que, si hablamos de estética no nos olvidemos de Trump. Ese atuendo de traje con gorra deportiva hace que a cualquier persona con un poco de sentido de la armonía le sangren los ojos. Gorra que sirve de complemento a los bailecitos con que nos tiene acostumbrados, mientras en Oriente medio caen las bombas y mueren inocentes, y que es incapaz de quitarse frente a  sus compatriotas caídos en esta guerra sin sentido.

    Este estilo no surge por casualidad. Forma parte de una lógica política muy clara: sustituir el argumento por el espectáculo. Cuando el discurso político se llena de descalificaciones, gritos y simplificaciones, se crea un ambiente emocional donde la indignación sustituye al análisis. En ese contexto, la cultura, la estética política —entendida como conocimiento histórico, rigor intelectual o capacidad de matizar— pasa a ser vista casi como un estorbo. Aquí en España tenemos unos de los mejores ejemplos, no por nada es gran admiradora de Milei o Trump. Supongo que ya habéis adivinado que se trata de Isabel Díaz Ayuso.

    En este caso no podemos hablar de falta de estética exterior, tan alabada por los periódicos de la derecha que se permiten reportajes sobre sus vestidos, sino de un comportamiento a todas luces impropio, en el tono, en los modos, y sobre todo, en los insultos. Por eso la presidenta de Madrid se identifica de tal manera con Milei y Trump que a uno le da una medalla y al otro le ofrece una verbena el 4 de julio.

    ¿Alguien se imagina a Pedro Sánchez en el Congreso con una gorra que pusiera "VIVA ESPAÑA"? Los memes, las  críticas y los señalamientos se iban a escuchar en Júpiter. Sin embargo aquellos que odian a Sánchez siguen como lacayos a horteras sin cultura, vocingleros y groseros, que enardecen a las masas con discursos facilones, sin sentido, y, por supuesto, llenos de demagogia.

Para terminar os dejo una reflexión de  Friedrich Nietzsche que afirmaba que la moral tiene criterios estéticos, lo que no es trivial. Para él, la belleza era fundamental hasta el punto de considerarla una estética capaz de dotar de sentido a la vida.

Sed felices. 

*Foto El País.