domingo, 15 de marzo de 2026

No solo ética, sino también estética

     Milei y Ayuso contra la sociedad | Opinión | EL PAÍS 

 

    Hoy amanecemos con la imágenes Javier Milei saltando por un escenario como un poseso y gritando como un desgañitado.  Si no supiéramos que esta persona es el presidente de uno de los países más importantes de América, pensaríamos que era un payaso (con todos mis respetos hacia estos profesionales) haciendo su actuación.

    Pero, por desgracia, no es así. Milei, tras un discurso fundamentado en ser el ángel exterminador, llega a la presidencia de Argentina con promesas que, de momento, solo se han convertido en más dolor para un pueblo que lleva años sin levantar cabeza. La motosierra prometida hasta ahora solo ha cortado derechos sociales y no ha sacado al país de su crisis. Y para mayor abundamiento, a esta falta de ética hay que añadir  la falta absoluta de estética política. Gritos como un berrendo, un aspecto físico de rockero ridículo acompañan a este personajen, mientras salta en sus encuentros como si estuviera afectado del baile de San Vito.

    Claro que, si hablamos de estética no nos olvidemos de Trump. Ese atuendo de traje con gorra deportiva hace que a cualquier persona con un poco de sentido de la armonía le sangren los ojos. Gorra que sirve de complemento a los bailecitos con que nos tiene acostumbrados, mientras en Oriente medio caen las bombas y mueren inocentes, y que es incapaz de quitarse frente a  sus compatriotas caídos en esta guerra sin sentido.

    Este estilo no surge por casualidad. Forma parte de una lógica política muy clara: sustituir el argumento por el espectáculo. Cuando el discurso político se llena de descalificaciones, gritos y simplificaciones, se crea un ambiente emocional donde la indignación sustituye al análisis. En ese contexto, la cultura, la estética política —entendida como conocimiento histórico, rigor intelectual o capacidad de matizar— pasa a ser vista casi como un estorbo. Aquí en España tenemos unos de los mejores ejemplos, no por nada es gran admiradora de Milei o Trump. Supongo que ya habéis adivinado que se trata de Isabel Díaz Ayuso.

    En este caso no podemos hablar de falta de estética exterior, tan alabada por los periódicos de la derecha que se permiten reportajes sobre sus vestidos, sino de un comportamiento a todas luces impropio, en el tono, en los modos, y sobre todo, en los insultos. Por eso la presidenta de Madrid se identifica de tal manera con Milei y Trump que a uno le da una medalla y al otro le ofrece una verbena el 4 de julio.

    ¿Alguien se imagina a Pedro Sánchez en el Congreso con una gorra que pusiera "VIVA ESPAÑA"? Los memes, las  críticas y los señalamientos se iban a escuchar en Júpiter. Sin embargo aquellos que odian a Sánchez siguen como lacayos a horteras sin cultura, vocingleros y groseros, que enardecen a las masas con discursos facilones, sin sentido, y, por supuesto, llenos de demagogia.

Para terminar os dejo una reflexión de  Friedrich Nietzsche que afirmaba que la moral tiene criterios estéticos, lo que no es trivial. Para él, la belleza era fundamental hasta el punto de considerarla una estética capaz de dotar de sentido a la vida.

Sed felices. 

*Foto El País.


 

domingo, 8 de marzo de 2026

Igualdad y ejemplo

 


 

Soy la mayor de cuatro hermanos. La única mujer. 

Soy madre de dos hijos varones.

Monté mi pequeña empresa hace treinta ocho años, cuando el techo de cristal se parecía más a la cúpula de San Pedro.

¿Qué quiero decir con esto? Qué mi experiencia cercana a los hombres es absolutamente palmaria. Pero tuve la suerte de que mi padre fue criado por dos mujeres fuertes: su abuela y su madre, que le inculcaron un absoluto respeto por la igualdad.  Y mis hermanos, a pesar de que mi madre pudo presentar algún sesgo machista heredado de su educación, nunca lo evidenciaron con sus parejas o con sus hijas.

Pude estudiar una carrera superior (en una universidad pública) y durante toda mi vida,  con el mismo compañero desde hace cuarenta y cinco años, he podido trabajar y conseguir mis objetivos con libertad.

¿Significa esto que no he sufrido desigualdad? Pues no. Todo lo contrario. Porque a pesar de que  persona y profesionalmente he podido resolver siempre, volaba sobre mí ese sentimiento que es el germen, en mi opinión, de la discriminación silenciosa: la culpa.

Sí, la culpa. Ese gusano que te roe la conciencia cuando estás en una reunión de trabajo y has dejado a tu pequeño con tu madre porque tiene fiebre. Ese run, run, que hace que no disfrutes de la película en el cine con tus amigas porque no llegaste a hacer la comida del día siguiente. Esa voz interior que te repite, cuando estás tan cansada de trabajar dentro y fuera de casa, si merece la pena.

Yo reconozco que la he sentido, a veces alimentada por mi entorno que me señalaba como una madre o una esposa descuidada. Pero también esas críticas me fortalecían. Mis hijos son grandes hombres, con hijos también, y lo que me transmiten ahora es admiración y agradecimiento. Su relación con sus parejas es de equidad, y quiero creer que, de alguna manera, yo he sido camino.

Hace mucho que abandoné ese cargo de conciencia

Hoy, 8 de marzo, he querido reflexionar con vosotros, mis queridos lectores, sobre cómo a veces la mejor lucha por la igualdad es el ejemplo, para desde ahí ayudar a las que aún no lo han logrado.

domingo, 1 de marzo de 2026

LLAMADME CHARO


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Con este tema escribí, hace un tiempo, un artículo en un medio de comunicación. Pero ante la realidad que nos rodea, en la que la puerilidad política es nuestro adversario, en el que insultos pueriles parece ser la base de la oposición, lo recupero.

Desde hace tiempo,  cuando en redes  sociales, ese proceloso mundo virtual a veces cielo, a veces infierno,  escribo un post en el que defiendo la gestión de mi partido, mi presidente y secretario general, o critico la gestión de Díaz Ayuso, la peor presidenta de la Comunidad de Madrid que  la Historia ha conocido, muchas repuestas de la fachosfera lleva incluido el adjetivo de “Charo” o “ charito”, acompañado siempre de otros originales insultos.

Tengo que reconocer que no entendía muy bien el por qué de atribuirme un nombre que no es el mío, pero indagando resulta que (cito Wikipedia) «Charo» es un término peyorativo surgido en España en la década de 2010 como crítica a las mujeres feministas y progresistas de mediana edad.

Me sorprende que este calificativo me haya llegado tan tarde, quince años después de ponerse de moda, aunque es cierto que mi presencia política en las redes es mucho más reciente.

¡Ah! Pero si sigo indagando encuentro otra definición de una tal Beatriz Miranda, de ese diario tan “ecuánime”que es El Mundo, y escrito en 2020: Charo es una tipa ajada de izquierda. Ojo que no tiene que ser vieja: puedes ser 'charo' con 29. La condición es estar maltratada por la vida y refugiarte en un izquierdismo lobotomizante. Suele ser funcionaria, pero no siempre. Divorciada las más de las veces. Fumadora de Marlboro light, da la turra con el 8-M como si ella fuera la única que entiende el feminismo y es ideológicamente cerrada, aunque vaya de lo contrario”. Bueno, aquí ya empezamos a discrepar. Soy de izquierdas, pero no me veo ajada; la vida no me ha maltratado, todo lo contrario y la militancia de izquierdas no solo no me ha lobotomizado, sino que me ha hecho mejor persona, más reflexiva y crítica. He sido autónoma durante treinta cinco años y ahora me dedico a la política activa; llevo con la misma pareja más de cuarenta años, y hace veinticinco que dejé de fumar. Es posible que de la turra con el 8M, lo mismo que la doy con el 25M, porque creo que como mujer que ha tenido privilegios mi obligación es defender a compañeras, amigas y  mujeres que no los tienen, por el simple hecho de que creo en la sororidad como herramienta de igualdad.  Puedo aceptar que soy ideológicamente cerrada si eso supone  ser intolerante con el racismo, la xenofobia, los crímenes de guerra, y el neofascismo nacional católico que se defiende desde tribunas de pseudomedios, disfrazado de pseudo libertad, y no, no voy de lo contrario porque se me ve venir de lejos. Así que por esta parte, no me veo muy charo…

Sigo leyendo el artículo y encuentro, por fin, algo de sentido. Dice la señora Miranda que lideresas de las 'charos' son “Almudena Grandes, Adriana Lastra, Maruja Torres, Elvira Lindo, Julia Otero...". Ahora sí, ahora con el ejemplo de estas grandes mujeres sí que encuentro sentido ese desprecio, a esa mala baba que destilan todos y cada uno de los troll, boots y botarates defensores de lo más casposo que pululan en las RRSS.

Parafraseando el inicio de la novela de Hermann Meville Moby Dick: “llamadme Ismael”, yo digo “llamadme Charo” porque es el reflejo de la falta de imaginación, de la redundancia, de la simpleza de aquellos que, a falta de ideas, recurren al insulto hacia quienes hemos dedicado nuestra vida al trabajo y a la defensa de la justicia y la libertad, y, sobre todo es la certeza de que estoy en el lado correcto.

sábado, 21 de febrero de 2026

EL EFECTO DUNNIG-KRUGER Y LA INCOMPETENCIA POLÍTICA

 Política e ignorancia económica

     

     Nadie es más osado de su incompetencia que el ignorante, porque su osadía nace de la falta de percepción de su ausencia de conocimientos, y eso le hace lanzarse a tumba abierta a juzgar y calificar, minusvalorando, hechos y personas cuyo trabajo y capacidad intelectual es superior.

      La prueba estriba en lo que se ha venido a llamar "el efecto Dunnig-Kruger", y que se basa en varios principios:

  1.       Los incompetentes tienden a creer que son mejores de lo que son.
  2.       Los incompetentes no reconocen la habilidad de otros.
  3.       Los incompetentes son incapaces de reconocer su extrema insuficiencia.
  4.       Los incompetentes son muy vanidosos.

      Sin que haga falta señalar a nadie,  en esta sociedad, muchos, y muchas, afectados por el efecto DK, ocupan  puestos de responsabilidad en los que esa incompetencia tiende a ser más peligrosa que  meter una cerilla en un bidón de gasolina. Entonces, cuando consiguen llegar a un cierto poder, se vienen arriba, apoyados por quienes tienen interés en que esa incompetencia sirva a sus objetivos espúreos, independientemente  de que hagan el ridículo una vez y otra...

      Es cierto que podemos afirmar que esto no es de ahora, que la Historia está trufada de individuos o individuas cuya falta de competencia en distintas áreas han podido lleva a desastres de proporciones bíblicas. Pero no cabe duda que en estos tiempos, en los que bregamos con unos medios de comunicación que manipulan, retuercen y mienten, es mucho más sencillo convertir a un o una inútil en alguien con capacidad de decisión, aunque sea la persona más incapaz.   Lo peor es cuando esa falta de “luces” es aprovechada, como antes hemos señalado, para crear una especie de guiñol manejado por quienes, al final, van a conseguir “cacho”.

      Seguramente, a estas alturas del artículo algún nombre se nos habrá presentado, nombre del panorama social o político. Seguramente, también, muchos habremos coincidido en esos nombres, haciéndonos la sempiterna pregunta de cómo es posible que fulanita o menganito hayan llegado a dónde están.

      En épocas pretéritas se encumbraban a las personas incompetentes de una manera bastante más, digamos, “directa”, y muchos llegaban al poder gracias a que su antecesor se había cruzado con un puñal o veneno. Los incapaces quedaban a merced de sus consejeros y personajes que alagaban su vanidad a cambio de prebendas, hasta que dejaban de ser útiles.

      Pues bien, aunque hayan pasado años, y años, y aunque ahora pongamos nombres rimbombantes, sigue habiendo inútiles y otros que se aprovechan de ello.

      Cualquier parecido con la realidad que nos rodea no es pura coincidencia, sino fruto de que, aunque pase el tiempo, la sociedad será más tecnológica, pero las ambiciones  son las mismas.

 

sábado, 7 de febrero de 2026

LA GUERRA DE MI ABUELA


 Fotos - Primeros años 40... | Facebook

 

De pequeña mi abuela me hablaba de la Guerra civil. De un viaje hasta Valencia, un lugar que yo aún  no conocía, y a dónde les evacuaron  huyendo de las bombas que destrozaban  Madrid, nuestro Madrid.

Me hablaba de lentejas que había que limpiar, de condenas a muerte, conmutadas, y de Francia y Argelia, países que yo buscaba en el Atlas  recorriendo, con el dedo, los caminos de la huida y del exilio. Me hablaba de hambre y de miedo.

Una guerra entre hermanos, civil, la llamaba. Me contaba que fue un golpe de Estado contra el pueblo que votó  la república, mientras zurcía calcetines  y yo  jugaba con una caja de botones al calor del brasero.

Mi madre me decía que no preguntara tanto, que había cosas de las que no  se hablaba. Y yo no lo entendía, porque una guerra no se hace entre hermanos— “a los hermanos se les quiere  y se les perdona”—  me explicaban, cuando yo protestaba de los míos.

Tampoco la guerra la perdían los buenos. Eso nos contaban  en todas  las películas de sesión continua en el cine Quevedo. Pero está sí, esta de la que me hablaba  mi abuela, mientras cosía la ropa y esperaba  que llegara mi abuelo para hacer  la cena, la perdieron ellos, los que defendían la justicia, la igualdad, y  pan para todos , pero también libros.

Perdieron la guerra los obreros, los maestros, los poetas. Se llenaron de  tiros las tapias  del cementerio, las cunetas de desconocidos, y se marchitaron  las rosas.  De pequeña me hablaban de la guerra, pero siempre de puertas para adentro de la casa. Fuera, éramos los vencidos, y ahí mandaban los gloriosos vencedores de la épica cruzada. Misa los domingos, bandera roja y gualda, siempre ese grito de: ¡Viva  España!

Cuando era pequeña, mi  abuela me hablaba  de la guerra con los ojos nublados y en susurros.

 

viernes, 30 de enero de 2026

El dolor selectivo de Ayuso

 


Isabel Díaz Ayuso ha convertido el duelo en una herramienta política. No todas las víctimas merecen el mismo respeto institucional ni el mismo reconocimiento público: todo depende de si su dolor refuerza su relato o, por el contrario, lo pone en cuestión. Si el luto la favorece, y no hablamos de ropajes, o por el contrario la señala a ella o a su partido

El reciente funeral organizado en Madrid por las víctimas de Adamuz es un ejemplo claro de esta política del gesto selectivo. Ayuso se presenta envuelta en solemnidad, reivindicando empatía y respeto, y utilizando el lenguaje del luto colectivo. Sin embargo, esa sensibilidad desaparece cuando las víctimas señalan directamente a su propia gestión.

Durante la pandemia, más de 7.000 personas murieron en residencias de mayores en la Comunidad de Madrid sin ser derivadas a hospitales. No hubo funeral institucional, ni homenaje público, ni un reconocimiento oficial del daño causado. Las familias, lejos de ser escuchadas, fueron despreciadas desde el poder. La propia presidenta las ha descalificado, acusándolas de formar “plataformas de frustrados”, una expresión que revela hasta qué punto se optó por la confrontación y el insulto en lugar de la reparación y la memoria.

El mismo patrón se repite con las víctimas de la DANA. Ante una tragedia con consecuencias humanas evidentes, el Gobierno de la Comunidad de Madrid optó por el silencio institucional. Ni duelo oficial ni gestos simbólicos. La ausencia de actos públicos fue también una forma de mensaje político subliminal: el dolor que no conviene, se invisibiliza.

Esta selección interesada del duelo no es neutral ni inocente. Ayuso distingue entre víctimas útiles y víctimas incómodas. A las primeras se las eleva como símbolo; a las segundas se las niega, se las desacredita o se las borra del espacio público. Es una estrategia calculada que instrumentaliza el sufrimiento ajeno para proteger un relato de éxito y evitar cualquier asunción de responsabilidades.

El duelo institucional no puede ser una herramienta de propaganda ni una trinchera ideológica. Cuando una presidenta decide qué muertos merecen memoria y cuáles merecen desprecio, se rompe algo más profundo que la coherencia política: se rompe la dignidad democrática. Porque el respeto a las víctimas no debería depender nunca del interés electoral de quien gobierna.