Se acaban las vacaciones y tenemos que volver a empezar con nuestras tareas cotidianas. Me gusta más llamarlo así que "rutina, esta palabra me recuerda a la monotonía y el aburrimiento de los que huyo como de la quema.
Siempre he dicho que si algo es capaz de "matarme" es el aburrimiento. No creo haber caído en él desde que tengo memoria, ni un solo día de mi vida consciente. Tanto es así, que he sido catalogada por amistades y familia, a veces, como de hiperactiva.
No creo llegar a eso, porque puedo estar, también, en lo que mis hijos denominaban "mamá está planchando el sofá". Pero, incluso, en ese dolce far niente no me he aburrido.
De pequeña pasaba mucho tiempo sola, a pesar de ser miembro de una familia numerosa. Pero las circunstancias de ser la única chica y llevarles bastante edad a mis hermanos me entrenó para divertirme a mi manera. Dibujaba mucho, hacía teatro delante del espejo, estudiaba y leía... Mejor dicho devoraba libros. Quién me iba a decir a mí que con el tiempo yo sería la autora de obras que serían leídas por otros.
También me gustaba salir con las amigas y amigos, aunque para eso he sido muy selectiva. La vida me ha enseñado que la mayoría de las personas están contigo, simplemente, porque te necesitan y hasta que dejan de necesitarte. Por eso, con el devenir de los años me he dado cuenta que, como dijo aquel, no se trata de que el tiempo pasa, sino de lo que haces con él.
Todo puede ser un nuevo comienzo, aunque nos esperen las mismas tareas o la misma gente, porque no lo son, ni lo somos. Las circunstancias van atravesando momentos y personas, incluso a nosotros mismos, y nos ayudan a romper esa supuesta monotonía, esa supuesta rutina, y hacer la cobra al aburrimiento y a ese tan manido síndrome posvacacional, que nunca he entendido que sea, más allá, que volver al día día.
Así que, mis queridos lectores, empecemos con ánimo e ilusión, sin prisa pero sin pausa. De nosotros depende.
Sed felices.


