sábado, 18 de septiembre de 2021

"TEMPUS FUGIT" NO, "CARPE DIEM"

 Hace un mes que no entro en este sitio, mi lugar de refugio para tantas penas y alegrías, pero los diferentes acontecimientos me han llevado y traído como esas hojas que ya veo revolotear al anunciar el próximo otoño.

 

Junto con mis compañeros de Unicornio participé en el Festival de Teatro Aficionado de Girona (FITAG) con nuestra obra UNICORNIOS. Cuatro días agotadores pero llenos de la ilusión que siempre nos invade cuando pisamos el escenario.En Talavera de la Reina recogí el Premio del Público por nuestro montaje AMORES, DESAMORES Y OTRAS ZARANDAJAS, que nos concedieron por nuestra participación en su Festival internacional.


 

Un respiro para volver al mar con mis queridas amigas Encar y Gloria me cargaron de nuevo las pilas. Las Fiestas de mi municipio me abdujeron, como responsable de la caseta de Fiestas de Psoe de Rivas, durante otros cuatro días, con sus noches. Mientras la gestión en el Desarrollo económico y en el empleo como concejala han ido marcando mi día a día.

 


 

Todo ello intentando sobrellevar esta pandemia que, aunqueya percibimos su final, sigue pesando mucho.

Así ha transcurrido ese tiempo que se escurre entre las manos, a pesar de querer retener los momentos felices. 

Decían los clásicos "tempus fugit", aunque, para compensar, también exclamaban "carpe diem"... Pues eso, ante lo irremediable trufarlo de la ilusión de que mientras pasan los días, los meses y los años cada vez más deprisa, podemos detenernos para hacer aquello que nos llena de alegría. Porque las penas vienen solas...


Sed felices.

martes, 17 de agosto de 2021

Intransigencia

 

Me duele un poco esta confesión, pero cada día que pasa la intransigencia hacia ciertas cuestiones y actitudes van situándose en mí en primer plano. Cada vez aguanto menos a quienes pudiendo renuncian a sacar partido de sus fortalezas, o a quienes alientan, hipócritamente, los valores inexistentes en otros, simplemente por intereses espúreos. Qué decir de los que "discursean" incoherentemente entre lo que dicen y lo que hacen.

Se me hace muy cuesta arriba la mediocridad alentada por más mediocridad en una sociedad a la que día a día se le hurta la capacidad de pensar, de decidir por sí misma, mientras se le muestra como imprescindible lo que no es otra cosa que alpiste intelectual. Baste un barrido por las cadenas de TV, salvo raras circunstancias, para entender el ejemplo.

Pensábamos que esta crisis sanitaria nos haría mejores personas, y, en mi opinión, no ha sido así, salvo, y vuelvo otra vez a la salvedad, excepciones individuales. Hace tiempo que digo que me encantan las personas, pero que la "gente", como grupo, me resulta cada vez más incomprensible. 

Tal vez la cuestión, en mi caso, se reduce a ser intransigente con la propia intransigencia o la propia intolerancia. Quiero pensar que es es así, que sigo defendiéndome como gato panza arriba del discurso fácil del cortoplacismo y de la autocomplacencia.

Creo, que como todos vosotros, mis queridos lectores, hombres y mujeres de bien, lo sucedido en Afganistán estos días ha vuelto a ponernos delante de los ojos el horror y, al mismo tiempo, la decadencia de una sociedad occidental incapaz de ayudar de una manera real y práctica más allá de acciones puntuales. El fracaso de la vuelta de los talibanes nos lo demuestra. Veinte años convertidos en cenizas y lágrimas, abriendo de nuevo un tiempo de sufrimiento, sobre todo para las mujeres.

A veces, últimamente, me siento cansada, muy cansada, con la sensación de tirar de carros que apenas se mueven, encenagados en un barro de insolidaridad e inmadurez, donde importa más tomarse una cerveza que los fallecidos en las residencias de mayores; donde se vota a incompetentes simplemente porque dicen lo que queremos escuchar.

Tal vez sea el "síndrome post vacacional" o, y es lo más seguro, la constatación de que los seres humanos somos la única especie capaz de poner, un día y otro, las piedras en el camino para tropezar, y, luego, echar la culpa a las piedras.

Y eso, realmente, cada vez lo aguanto menos.

lunes, 9 de agosto de 2021

Poema dedicado junto al mar

 

Todo el que me conoce sabe de mi pasión por el mar. Él y yo nos encontramos por primera ve z cuando apenas había cumplido los cinco años. En la orilla de la playa de la Barceloneta, contaba mi madre, me qudé extasiada contemplando esa inmensidad viva, ronroneante, cuya espuma acariciaba mis pies. Fué un amor a primera vista.

Después siempre he vuelto a él, y ha sido mi inspiración para muchos poemas que ahora pueblan mis tres libros de poesía. El que ahora os dejo es del primero, Momentos de arena y hielo (2015) , en el que el mar es testigo del amor.

 

 


 

 

 

Poema dedicado 

Quiero hacerte un poema. 

Un poema que hable de ti, de mí. 

Y de ese mar que nos observa,

que nos mide a veces pacífico,

a veces bronco,

que lame nuestros paseos

cuando vamos cogidos de la mano

 por su orilla, y viste de plata y poesía

nuestros besos en el atardecer.

Quiero hacer un poema

 y leerlo contigo junto al mar. 

 

 

 

 

(c) Todos los derechos reservados

 

 


domingo, 25 de julio de 2021

Reflexiones sobre poesía

 Dice una entrañable poeta, de gran experiencia, que en la actualidad  hay demasiados escritores de poemas pero poca poesía. Tal vez tenga razón, las redes sociales nos han permitido abrir al mundo la creación, lo que es bueno, pero con muy pocos filtros, lo que es malo.

En fin, permitidme, mis queridos lectores que os deje alguna reflexión sobre la poesía, mejor dicho, ocurrencia, porque surgen a bote pronto como un relámpago.


  La voz del alma habla el lenguaje de la poesía. Por eso no hay nada que entender en un poema, sólo sentir.

 

Ser poeta es mirar el mundo desde un punto de vista en el que la sensibilidad ha educado los ojos.

 

El poeta traduce la abstracción de la belleza a la realidad de la palabra.

 
Todo poema tiene eco: las emociones que provoca sin que importe la intención del poeta.

 

No existen poemas malos: si son malos no son poemas.

·          
Dentro de muchos existe un poeta: solo unos pocos desnudan el alma para mostrarlo.

 

Tal vez la poesía existe para poder acariciar en la distancia.

 

La poesía está en todas partes, en lo mínimo y en lo inmenso. Solo hay que sentirlo.

 Un poema se transforma a los ojos de cada lector: mantiene las palabras pero varía su significado.

Y de pronto, alguien, suavemente, como la brisa, se mete por un rincón tu alma como si fuera un poema, y lo llamamos amor.

 

 

(c) Fotografía Elena Muñoz


domingo, 18 de julio de 2021

En blanco y negro

 Es curioso como muchos de los recuerdos de nuestros episodios vitales son en blanco y negro. Para las nuevas generaciones esto es impensable porque los suyos no es que sean en color , sino en movimiento.

Hoy, 18 de julio, fecha ominosa en nuestra Historia patria por el levantamiento de los insurrectos franquistas, responde en mi historia familiar a la fecha de mi bautizo, inmediatamente previa a mi traslado al pueblo de Covaleda, en la provincia de Soria.

Como muchos de vosotros sabéis, mis queridos lectores, yo soy nacida en el barrio madrileño de Chamberí, uno de los más castizos, y fui bautizada en la iglesia de Santa Teresa y Santa Isabel. Entonces a los bebés nos bautizaban bastante pronto, no sé si por miedo a la mortandad infantil. Esto conllevaba que las madres se encontraban en el periodo postparto denominado de  cuarentena, y no era costumbre, o así por lo menos me lo contaron, que acudieran al bautizo. Pero la mía, que nunca se caracterizó por demasiado arrojo ni transgresión, en eso se plantó y estuvo conmigo (véase la foto).

Me vais a permitir que deje un testimonio de ese día que, a pesar de ser fecha non grata, si me hace recordara a tantos que ya se fueron. Un recuerdo en blanco y negro que tras tantos años transforma ese pequeño bulto entre mantillas que era yo en la mujer que os escribe. Un recuerdo en blanco y negro que evoca los colores del cariño y de la añoranza de quienes ese día, ese 18 de julio de 1959, veinte años después de terminar la Guerra Civil, se reunieron en la esperanza de celebrar una nueva vida, independientemente del sacramento a imprimir.

Mi abuelo Tomás, que fue mi padrino, mi abuela María Teresa mi madrina, tíos, primos, e incluso vecinos que seran considerados familia igual acudieron ese día. Rostros y nombres en esos inicios de mi vida que me ha traído hasta aquí.

Sed felices.

domingo, 11 de julio de 2021

Momentos

 Hoy, mis queridos lectores, os escribo desde mi adorada Denia,  mi tercera patria (las otras son Madrid, donde nací,  y Rivas, en donde soy).

Vuelvo de mi paseo matinal, aprovechando que todavía  no hace demasiado calor. Me encanta pasear por el interior, por la zona de huertas y naranjos, como si pudiera recorrer los paisajes de una novela de Blasco Ibáñez. Son momentos en los que en soledad me encuentro agusto, porque me encuentro conmigo misma, más allá de lo cotidiano, de lo mísero, de lo convencional, y dejo que mi pensamiento vuele, más allá de las cumbres del Montgó, hacia el mar...

Nos empeñamos en medir la existencia en fracciones horarias, o días de la semana, meses o años, y, sin embargo, yo hace tiempo que lo mido en momentos que forman esos pespuntes con los que he ido cosiendo mi vida. A estas alturas son ya muchos los que se  acumulan, unos relacionados con mi infancia, otros apenas nacidos, pero todos esos momentos han hecho que sea la que soy, con mis virtudes (pocas) y mis defectos ( a veces demasiados).

Aquí, junto al mar,, entre naranjos esos momentos adquieren la grandeza de lo que me apasiona: abrir los ojos y encontrarte con la belleza del horizonte en el que se ierguen, soberbias, las palmeras, o la puesta del sol en un estruendoso silencio, y, naturalmente, el mar, siempre. 

Esta tarde regresaré tierra adentro, a la ancha Castilla, de campos amarillos recién segados, del sol impenitente de verano. Volveré a la ciudad, cambiando la arena por asfalto, pero me llevo conmigo estos momentos en soledad, en la mañana recién nacida, en la que mis pensamientos se convierten en gaviotas, en bruma, para ascender y tocar el cielo luminoso del Mediterráneo...

Sed felices.

(c) Foto de la autora

sábado, 3 de julio de 2021

Esqueletos en los armarios

 Ha pasado casi un mes desde mi última entrada en este blog. Es curioso que cada vez voy espaciando más la escritura en este medio que durante más de 11 años ha sido una señal de mi vida personal y literaria. Sin embargo, poco a poco, me  voy dando cuenta de que , a pesar de las cuestiones que me suceden son muchas, lo que me rodea se me está convirtiendo en algo poco inspirador de una manera postiva.

Supongo que la pandemia me está ya pasando factura, aunque ya veamos un poco el final. Es algo habitual en mí mantenerme en las situaciones difíciles y cuando estas van pasando empezar a notar el cansancio cuando va bajando el estrés. Eso es concretamente: estoy muy cansada...

Dicen los ingleses que cada uno tenemos un armario lleno de esqueletos, en referencia a esa parte que ocultamos al mundo, a los secretos que guarda nuestro corazón. En mi caso son pocos, mi vida ha sido y es transparente (o casi), pero sí hay una parte de mí, sobre todo la de las emociones, que a veces me cuesta compartir.

Me enseñaron a no rendirme ante las dificultades y, sobre todo, a no mostrar signos de debilidad; me enseñaron a levantarme cada vez que me caía, sin pedir ayuda, solo por mi fuerza de voluntad. me enseñaron a que nadie tiene el derecho a no ser libre.

Pero no me dijeron que hubiera quien no tuviera reparos en ser débil, porque sacaría la fuerza de mí; no me dijeron que habría quien se apoyaría en mí para levantarse, aunque yo estuviera en el suelo; no me  dijeron que por mi libertad tendría que pagar con la incomprensión. No, no me lo dijeron, y cuando lo he descubierto ya es tarde...

Es verano, la estación del asueto y la diversión, sin duda la más esperada. En mi caso un tiempo más para seguir pensando hasta cuando dejaré esos esqueletos en el armario que  sin ser míos empiezan a no caber. Quizá es tiempo de cambio, y de no callar...

Sed felices.