Hoy amanecemos con la imágenes Javier Milei saltando por un escenario como un poseso y gritando como un desgañitado. Si no supiéramos que esta persona es el presidente de uno de los países más importantes de América, pensaríamos que era un payaso (con todos mis respetos hacia estos profesionales) haciendo su actuación.
Pero, por desgracia, no es así. Milei, tras un discurso fundamentado en ser el ángel exterminador, llega a la presidencia de Argentina con promesas que, de momento, solo se han convertido en más dolor para un pueblo que lleva años sin levantar cabeza. La motosierra prometida hasta ahora solo ha cortado derechos sociales y no ha sacado al país de su crisis. Y para mayor abundamiento, a esta falta de ética hay que añadir la falta absoluta de estética política. Gritos como un berrendo, un aspecto físico de rockero ridículo acompañan a este personajen, mientras salta en sus encuentros como si estuviera afectado del baile de San Vito.
Claro que, si hablamos de estética no nos olvidemos de Trump. Ese atuendo de traje con gorra deportiva hace que a cualquier persona con un poco de sentido de la armonía le sangren los ojos. Gorra que sirve de complemento a los bailecitos con que nos tiene acostumbrados, mientras en Oriente medio caen las bombas y mueren inocentes, y que es incapaz de quitarse frente a sus compatriotas caídos en esta guerra sin sentido.
Este estilo no surge por casualidad. Forma parte de una lógica política muy clara: sustituir el argumento por el espectáculo. Cuando el discurso político se llena de descalificaciones, gritos y simplificaciones, se crea un ambiente emocional donde la indignación sustituye al análisis. En ese contexto, la cultura, la estética política —entendida como conocimiento histórico, rigor intelectual o capacidad de matizar— pasa a ser vista casi como un estorbo. Aquí en España tenemos unos de los mejores ejemplos, no por nada es gran admiradora de Milei o Trump. Supongo que ya habéis adivinado que se trata de Isabel Díaz Ayuso.
En este caso no podemos hablar de falta de estética exterior, tan alabada por los periódicos de la derecha que se permiten reportajes sobre sus vestidos, sino de un comportamiento a todas luces impropio, en el tono, en los modos, y sobre todo, en los insultos. Por eso la presidenta de Madrid se identifica de tal manera con Milei y Trump que a uno le da una medalla y al otro le ofrece una verbena el 4 de julio.
¿Alguien se imagina a Pedro Sánchez en el Congreso con una gorra que pusiera "VIVA ESPAÑA"? Los memes, las críticas y los señalamientos se iban a escuchar en Júpiter. Sin embargo aquellos que odian a Sánchez siguen como lacayos a horteras sin cultura, vocingleros y groseros, que enardecen a las masas con discursos facilones, sin sentido, y, por supuesto, llenos de demagogia.
Para terminar os dejo una reflexión de Friedrich Nietzsche que afirmaba que la moral tiene criterios estéticos, lo que no es trivial. Para él, la belleza era fundamental hasta el punto de considerarla una estética capaz de dotar de sentido a la vida.
Sed felices.
*Foto El País.