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sábado, 16 de marzo de 2019

"Hasta las bestias del monte temen"

La frase que da título a esta entrada corresponde a la primera escena de Divinas Palabras, obra magistral de Valle Inclán, que en la tarde de ayer pusimos en escena Unicornio teatro. Para poneros en situción , mis queridos lectores, os diré que es la réplica que Pocapena le da a Séptimo Miaú, descreído buhonero que señala que él no teme a nada, ni siquiera Dios.

No voy a hablar, temáis, sobre ser o no ser creyente, no. Eso queda a la conciencia de cada cual. Esta comparación con las bestias me sirven para reflexionar sobre como el ser humano llega  a superar, en ocasiones, a las propias alimañas, a las que consideramos más inhumanas.

No cabe más horror para las buenas personas que el asesinato. Y ese horror se eleva exponencialmente cuando ese crimen se comete de unos padres a unos hijos, como ha sucedido en Godella. Cabe siempre el recurso de pensar que esa madre, que golpeó hasta la muerte a sus hijos estaba enferma, estaba, en lenguaje coloquial, loca. Quienes somos madres sabemos lo que se quiere a un hijo, más allá de cualquier otra cosa en el mundo. ¿Entonces?

No sé deciros, mis queridos lectores. Solo me cabe en la cabeza pensar que esta sociedad no es capaz de anteponer el remedio antes de que llegue la enfermedad. Leo con el corazón encogido cómo la abuela avisó a los servicios sociales y estos no vieron señales de alarma en una primera visita, y ante la insistencia de aquella, abrieron un nuevo expediente, pero ya no hubo tiempo. Los niños estaban muertos.

No me quiero extender en detalles, en decir que debían de haber alertado a las autoridades. Ya no queda remedio para Rachel y Amiel. Como tampoco lo hay para los caídos en la masacre de Nueva Zelanda, nuestras antípodas, y en la que el horror también ha golpeado de manera irracional vestido de asesino  al que la prensa llama "extremista". 

En toda esta espiral de espanto un pequeño rayo de esperanza se abrió paso ayer en las marchas que los jóvenes del mundo protagonizaron para "tirar" de las orejas a los gobiernos que se ponen de perfil ante la dergradación del planeta. Reconforta contemplar como la juventud se abre paso, aunque sea a codazos, para señalar nuestros errores.

Termino como comencé. Hasta las bestias del monte temen. El problema es que nos temen a nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI que cabalgamos a lomos de la diosa de la tecnología pensando que esa es nuestra salvación, mientras que a nuestro alrededor suceden toda clase de espantos , eso sí, muy suceptibles de compartir en nuestras redes sociales para así conseguir más "likes".

Sed felices.




viernes, 8 de julio de 2016

Valor y Humanidad

Tengo la sensación de que somos capaces de tasar el precio de las cosas pero no así tanto su valor. Ya, ya sé que todos sabemos -o creemos saber- el valor de un abrazo, de la amistad, de una sonrisa, que es incalculable.
Yo me refiero al valor que tiene para algunos cosas que para otros es lo cotidiano. ¿Cuánto pan se va a la basura? ¿Cuántas luces dejamos encendidas? ¿Cuánta agua sale del grifo que se desperdicia? En estos días que el calor es sofocante  cada vez que tomo un vaso fresco  pienso en aquellos que no lo tienen y soy incapaz de abarcar en toda su magnitud lo que se puede sentir ante esa terrible carencia.

El ser humano ha sobrevivido como especie por ser la más cruel y egoísta de todas las que pueblan la Tierra.Esquilmamos, matamos, consumimos, extinguimos como si no hubiera a haber mañana. Hemos llegado a tales extremos que esquilmamos, matamos, consumimos y extinguimos hasta a los de nuestra propia especie olvidándonos del valor de algo tan fundamental como la dignidad y el valor que debe tener la vida humana.

En un enloquecedor ¡sálvese quien pueda! seguimos viendo como cada vez se exige más a los de abajo: se lo tritura, se les arrebata  lo más básico mientras que aquellos que tienen la capacidad de decidir se decantan por ellos primero, solo ellos tienen derecho a  salvarse del naufragio.

Mientras, en lo cotidiano, ya casi anestesiados por la desinformación y manipulación informativa, por el alpiste televisivo, por las consignas diluidas en el agua de la conformidad,  damos el mismo valor a la subida o bajada de la Bolsa, a la final de la Copa de Europa o a cincuenta muertos en las aguas del Mediterráneo.
No sé... Creo que la Humanidad es un valor a la baja, tan a la baja que ya en muy pocos corazones es capaz de cotizar.

Sed felices.