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domingo, 20 de septiembre de 2026

De bulos y payasadas

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Ayer estuve en una fiesta familiar. Primos, tíos, sobrinos, venidos de diversas partes, pero con una misma pregunta: ¿Habéis encontrado ya al Payaso de Rivas?

A veces no nos damos cuenta de la fuerza de los medios o de como calan los bulos que se lanzan. En este caso, aún habiendo demostrado su inexistencia, el famoso "payaso de Rivas" aún pervivía en mucha de la ciudadanía madrileña.

Los bulos no son de ahora, han existido siempre dentro del imaginario popular. La diferencia es que ahora, amparados y difundidos en cero coma se han convertido en el arma arrojadiza más letal para la democracia.Son recogidos por los principales dirigentes, como pasó en la ciudad ripense, cuya portavoz popular no tuvo empacho de hacerse un vídeo difundiendo algo que tuvo que ser desmentido por las mismas fuerzas de seguridad. ¿Y con qué propósito el partido de la oposición lo hizo? Simplemente para atacar las políticas del gobierno municipal. Qué más daba que no fuera cierto.

Pero es curioso como también aparece la estrategia contraria. Cuando hay que afrontar la verdad, se decide que no, que eso es un bulo. Muy próxima tenemos esa reacción. La presidenta Díaz Ayuso, al verse literalmente acorralada por el asunto del ático (¿sabremos alguna vez para qué se compró?)  determinó como "bulo del culo" el nuevo escándalo en un hospital público madrileño. Más allá de que esa expresión no sería de esperar por parte de la primera dignataria de Madrid, bastante ordinaria, debemos fijarnos que la salida mejor es huir hacia delante y señalar que todo es un  bulo, que todo es mentira, aunque se caiga por su propio peso. Ayuso lanza esa frase para distraer del tema principal, que es su inoperancia en la gestión.

Mucho se ha escrito sobre la utilidad de los bulos, en los que la ultraderecha y la derecha ultra son campeones. Primero se lanza el bulo, luego se saca la noticia. En ese momento se pone en marcha la maquinaria de denuncias de las asociaciones ultras bien pagadas, y por último se utiliza políticamente, machacando en medios y redes hasta que la ciudadanía no sabe, no recuerda, como comenzó ese círculo diabólico.

Soy consciente, mis queridos lectores, de que es difícil en estos momentos, a veces, distinguir la verdad de la mentira, pero debemos ser consecuentes. Si algo que oímos o leemos nos chirría, vayamos a la fuente, vayamos a la ciencia. No, la tierra no es plana, ni llevamos un chip implantado por las vacunas. Pero para muchos seguidores de la teoría de la conspiración es más fácil creer que nos manipulan a ser responsables de su propia suerte.

Tenemos que saber diferenciar la información de la propaganda. Os recomiendo que leáis o releáis Los 11  principios de la propaganda de Goebbels. Haced dos columnas, en una el principio nazi, en otra su correspondencia actual. Entonces entenderéis que la cosa va más allá de payasos y culos.

Lo bueno es que las urnas no admiten discusión.

Sed felices.