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domingo, 8 de marzo de 2026

Igualdad y ejemplo

 


 

Soy la mayor de cuatro hermanos. La única mujer. 

Soy madre de dos hijos varones.

Monté mi pequeña empresa hace treinta ocho años, cuando el techo de cristal se parecía más a la cúpula de San Pedro.

¿Qué quiero decir con esto? Qué mi experiencia cercana a los hombres es absolutamente palmaria. Pero tuve la suerte de que mi padre fue criado por dos mujeres fuertes: su abuela y su madre, que le inculcaron un absoluto respeto por la igualdad.  Y mis hermanos, a pesar de que mi madre pudo presentar algún sesgo machista heredado de su educación, nunca lo evidenciaron con sus parejas o con sus hijas.

Pude estudiar una carrera superior (en una universidad pública) y durante toda mi vida,  con el mismo compañero desde hace cuarenta y cinco años, he podido trabajar y conseguir mis objetivos con libertad.

¿Significa esto que no he sufrido desigualdad? Pues no. Todo lo contrario. Porque a pesar de que  persona y profesionalmente he podido resolver siempre, volaba sobre mí ese sentimiento que es el germen, en mi opinión, de la discriminación silenciosa: la culpa.

Sí, la culpa. Ese gusano que te roe la conciencia cuando estás en una reunión de trabajo y has dejado a tu pequeño con tu madre porque tiene fiebre. Ese run, run, que hace que no disfrutes de la película en el cine con tus amigas porque no llegaste a hacer la comida del día siguiente. Esa voz interior que te repite, cuando estás tan cansada de trabajar dentro y fuera de casa, si merece la pena.

Yo reconozco que la he sentido, a veces alimentada por mi entorno que me señalaba como una madre o una esposa descuidada. Pero también esas críticas me fortalecían. Mis hijos son grandes hombres, con hijos también, y lo que me transmiten ahora es admiración y agradecimiento. Su relación con sus parejas es de equidad, y quiero creer que, de alguna manera, yo he sido camino.

Hace mucho que abandoné ese cargo de conciencia

Hoy, 8 de marzo, he querido reflexionar con vosotros, mis queridos lectores, sobre cómo a veces la mejor lucha por la igualdad es el ejemplo, para desde ahí ayudar a las que aún no lo han logrado.

domingo, 7 de marzo de 2021

8 de marzo responsable y solidario

Mañana es 8 de Marzo: el Día Internacional de la Mujer  declarado por las Naciones Unidas en 1975. Dos años más tarde se convirtió en el Día Internacional de la Mujer y la Paz Internacional. En Estados Unidos se celebra oficialmente tan solo desde 1994, a pesar de que es en aquel país donde se encuentran los orígenes de la conmemoración. ¿Por qué se eligió ese día? 

La explicación más verosímil se remonta a mediados del siglo XIX, en plena revolución industrial. El 8 de marzo de 1857, miles de trabajadoras textiles decidieron salir a las calles de Nueva York con el lema 'Pan y rosas' para protestar por las míseras condiciones laborales y reivindicar un recorte del horario y el fin del trabajo infantil.

Fue una de las primeras manifestaciones para luchar por sus derechos, y distintos movimientos, sucesos y movilizaciones (como la huelga de las camiseras de 1909) se sucedieron a partir de entonces. El episodio también sirvió de referencia para fijar la fecha del
Día de la Mujer.

El capítulo más cruento de la lucha por los derechos de la mujer se produjo, sin embargo, el 25 de marzo de 1911, cuando se incendió la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist de Nueva York. Un total de 123 mujeres y 23 hombres murieron. La mayoría eran jóvenes inmigrantes de entre 14 y 23 años.

Estas reivindicaciones se han ido sucediendo, en los últimos años, en el 8 de marzo con manifestaciones tumultuosas que nos daban la dimensión de la respuesta social al tema de igualdad. Un tema al que aún le falta recorrido a nivel nacional y mundial.

Este año no se podrán celebrar esas manifestaciones,  pero no porque se criminalice el feminismo, sino por todo lo contrario, para que no se le utilice tal y como se hizo el 8 de marzo de 2020.  Criminalizan el feminismo aquellos que criminalizan el matrimonio de personas con el mismo sexo, la eutanasia, las vacunas, y un largo etcétera de derechos que son una amenaza para los intolerantes e intransigentes.

Hemos pasado tres olas de la pandemia terribles, sobre todo la última, en la que han muerto miles de personas. Ciudades, pueblos, regiones confinados perimetralmente  durante semanas para contener el virus. Ahora, junto con las vacunaciones, empezamos a ver algo de luz.

Creo que solo se trata de eso. De hacer un 8 de marzo responsable y solidario que ponga el foco en las mujeres, motor de la Historia y de la sociedad, muchas de las cuales han sido vaguardia en distintos frentes en la lucha contra el virus. 

Lo demás son posiciones políticas que a veces se alejan de la realidad y que solo ven el dedo que apunta.

(Fuente documental El Periódico)