domingo, 6 de marzo de 2022

Y parece que no pasa nada...

 El cielo está azul. Un suave viento mece las ramas y enfría esta mañana de domingo en la que parece que no pasa nada. Sin embargo acabo de apagar la televisión removida por dentro con las imágenes de la guerra de Ucrania.

No hay peor sensación que la de la impotencia. Contemplar el llanto desgarrador de una madre porque le han matado a su hijo de año y medio me parte el alma,  porque no sé que puedo hacer... Me gustaría abrazarla contra mi pecho, consolarla...

Llevo más de media vida dedicada al activismo político y me doy cuenta de que hemos fracasado, aunque nuestros fines sean nobles. Todo es demasiado inmenso, todo se me hace inabarcable e increíble. Empiezo a pensar que nunca habrá paz para los inocentes.

Mi perra dormita a mis pies, oigo la conversación a lo lejos de Leyre con su padre... Parece que no pasa nada. Sin embargo no logro acallar los lamentos de esa madre gritando "¿por qué, por qué?, intentando que alguien le explique para que vale el sacrificio de su hijo, muerto antes casi de empezar a vivir. Maldita guerra, mil veces maldita.

Tantas tragedias, tantas vidas y esperanzas truncadas. Cuando apensa vamos saliendo de la pandemia, aparece el otro jínete de la Apocalipsis con la cara de Vladimir Putin, cabalgando sobre misiles y amenazas nucleares. 

Mientras escribo escucho la canción de "Dream, baby dream" de Bruce Springteen... Sueña, cariño, sueña... Tal vez es eso lo que nos queda. Intentar soñar en que todo pasará, en que volverán los días tranquilos, de sonrisas, de paz.

Se posa una paloma en el abeto que veo desde mi ventana. Se atusa las plumas y echa el vuelo. Es curioso, a mi alrededor y por un momento parece que no pasa nada, nada...

Me doy cuenta de que estoy llorando ahora, mis queridos lectores. Pero mis lágrimas no borran de mi mente a esa pobre madre a la que han arrebatado criminalmente a su pequeño. Lágrimas de impotencia y de dolor por la injusticia.

Y el tiempo de este domingo va pasando como si no pasara nada...


(c) Dibujo Elena Muñoz. "Mujer mirando el mar"/2022

sábado, 26 de febrero de 2022

La fuerza bruta, el dinero y el poder

 
 
 No creo que la historia se repita, sino que los seres humanos somos como somos, con las mismas pulsiones, emociones y tentaciones que nos han llevado a utilizar a los largo de nuestra historia la fuerza bruta para dirimir las diferencias. Y lo llevamos haciendo de maneras muy diferentes y siempre con un solo objetivo: el poder.

En el caso de la invasión de Ucrania no estamos ante un nuevo Hitler, sino ante las mismas motivaciones que impulsaron al dictador naz:, el afán del poder expansionista, de megalomanía alimentada por los avances tecnológico y armamentísticos.

¡Es la guerra! Y es la guerra en la frontera de la Unión europea, amenazando las libertades y la democracia.

Hay una pregunta que seguro ronda vuestras mentes, como también ronda la mía. ¿Cómo en el siglo XXI un país entiende que sin haber provocación alguna puede invadir otro sin consecuencias? La primera respuesta es que Putin está loco, inmerso en esa prepotencia de las ideas en la que o estás con él o contra él. Las imágenes de los tanques, de los cañones, de las tropas nos ponen los pelos de punta y nos sobrecogen.

Pero a veces no somos conscientes de que hay otra guerra soterrada que está separando cada vez más a los seres humanos, que abre una brecha entre ricos y pobres y que no aterroriza de la manera como lo hace este último conflicto bélico, pero que también utiliza la fuerza bruta del poderoso para conseguir el empeño.

Mi anterior afirmación proviene en considerar como fuerza bruta no solo la que proviene de un alarde físico sino aquella que utiliza una posición privilegiada para conseguir su objetivo. Sin ir más lejos el famoso tema de las mascarilla de Tomás Ayuso que, a pesar de lo dicho por su hermana, cada vez se va desbrozando y poniendo de manifiesto el tinglado montado, sin importar las víctimas que en aquel entonces morían en esa cruel guerra con el Covid 19.

Pensamos que la Humanidad ha avanzado mucho porque consideramos la tecnología como el epítome de la superación humana. Pero creo, mis queridos lectores que respecto a la empatía y a la conciencia del otro vamos para atrás.  Da igual la guerra que sea: por el territorio o contra un virus, sempre estará detras el dinero y el poder.

Llueve en la calle, y en muchos de nosotros se instala una tristeza al recordar tiempos felices que ahora parecen tan lejanos.


miércoles, 2 de febrero de 2022

DIÁLOGO SOBRE EL MIEDO Y LA DERROTA

 

 

Imaginen queridos lectores dos personas, el sexo da igual, 

sentados en un parque...


—El miedo solo es una búsqueda. Aprender que el único camino es el amor. 

No creo que el miedo, tal como lo expresas que en ocasiones se acerca al pánico, sea una búsqueda, sino una justificación para no abandonar el pasado y no avanzar. Respecto a que te muestra que el único camino es el amor, ahí me pierdo... Nunca he llegado al amor a través del miedo.


—No llegar al amor a través del miedo, es como no haber llegado a la vida a través de la muerte. Como haber llegado a la cima de una montaña sin haber sentido que te falta el aire. Pero está bien que no creas en el miedo, entendido como pánico que NO paraliza, o como incomodidad.


No tengo conciencia de haber llegado a la vida a través de la muerte. Sí la tengo de llegar al amor a través de la vida y de dar vida a través del amor. Lo que creo también es que se llega a la muerte en vida a través del miedo.


—Todo ser humano llega a lo que quiere primero a través de lo que no quiere.


Según tú, ¿primero se aprende a rechazar que a desear?


—No solo se aprende. Y para aprender primero uno tiene que errar.


De acuerdo, el error forma parte del aprendizaje, porque cuando erramos también aprendemos. Pero es el acierto lo que determina nuestra elección.


—¿Aprender del acierto o aprender del error? Algunos dicen que aprenden más en la derrota que en la victoria.


La derrota nos prepara para la victoria, nos enseña a resistir, a no abandonar, a vencer con humildad cuando llega el momento del triunfo, que no ha de ser el que los demás esperan de nosotros. Nada nos derrota, nos derrotamos nosotros mismos cuando abandonamos aquello que significa tanto.


—No habló de la derrota entendida como renuncia. Hablo de lo que entendemos todo como derrota aunque no sea así. Por supuesto que la única derrota es de la que hablas.


Esa derrota convencional no es más que una estrategia equivocada en un momento y espacio concreto, que solo necesita recuperar su lugar y su tiempo.


—Y la derrota bien entendida no nos enseña a resistir. Nos enseña a aceptar quienes somos. Nos alivia. Nos hace jugar y no luchar.

 

¿Tal vez el miedo es consecuencia de la derrota, o caemos porque el miedo nos impide luchar? 


Vosotros, ¿qué opináis?

domingo, 16 de enero de 2022

Haciendo historia desde mi sofá verde: marzo 2020

 Quienes me seguís, queridos lectores, conocéis mi sofá verde, lugar desde donde reflexiono sobre lo humano y lo divino, me asombro e intento trasmitiros mis sensaciones.

Tras casi dos años, recupero las reflexiones que lleve a cabo entre marzo y abril de 2020, cuando la pandemia nos golpeó,  con alevosía. No esta de más recordar, a mí me sirve para saber si he sido capaz de avanzar o sigo en un malsano círculo vicioso.

Comienzo con marzo de 2020.

 


 

14 de marzo

Reflexión desde mi sofá verde.

No suelo señalar lo que yo misma no soy capaz de hacer, o lo que no predico con el ejemplo.

Por eso critico a quien irresponsablemente se han ido a la costa. Tengo una casa en Denia, tengo 3 nietos y no se me ha ocurrido llevármelos para "cuidarlos" mejor. Entendimos desde el principio que es una cuarentena no unas vacaciones

A partir de mañana se decreta el estado de alarma que nos "obligará" a restringir la movilidad y a cumplir a rajatabla. Y es por nuestra salud. No lo olvidemos.

Gracias.

15 de marzo

Reflexión desde mi sofá verde.

En España somos mucho de acordarnos de Santa Bárbara cuando truena. Ayer, el homenaje en forma de aplauso hacia la Sanidad pública española, representada por su personal sanitario, fue maravilloso, emocionante y hasta catártico.

Pero es ese mismo personal el que lleva años reclamando las mejoras de esa Sanidad que, ahora, cuando ha sucedido lo impensable, muestra su cara más cruda. ¿Nos acordamos de las #MareasBlancas?

Tal vez, solo tal vez, esto nos hará valorar más aquello que es de todos: LO PÚBLICO, y a quienes lo defienden siempre, no solo cuando viendo las orejas al lobo se ponen ante una cámara para cantar las excelencias de un sistema que llevan esquilmando años (veáse Madrid 33 hospitales públicos , 55 privados).

Hoy nuestro objetivo es común. Y #Todosaldrabien. Pero cuando vuelva la calma recordemos que en tiempos de bonanza el mejor homenaje es apoyar #lopublico

19 de marzo

Reflexión desde mi sofá verde.

Yo tuve un gran padre. Imagino que para casi todos el suyo es ha sido el más grande, pero en mi caso, su tarea fue más allá de lo que en la paternidad se supone. Fue, sobre todo, un ejemplo de afrontar las dificultades con sabiduría y con un punto de ironía y humor.

Su enfermedad, una de esas que se denominan largas, porque es verdad, se hacen muy largas, fue todo un testimonio de como se puede gestionar un proceso que se sabe irreversible. No nos engañamos ni un solo día ninguno, ni él ni mis hermanos, y por supuesto yo, "su niña" hasta el día que se marchó. Su única voluntad, clara y meridiana, fue que no se alargara innecesariamente la vida cuando ya no lo fuera. Y así lo hicimos.

Estos días me he acordado muchas veces cómo estaría llevando esta situación. Mi contestación ha sido siempre: con esperanza y realidad. Esperanza en que todo acaba pasando, y realidad en el conocimiento de que somos nosotros los únicos que podemos decidir como vivir los avatares: como aprendizaje o como tragedia. El no recurrir al miedo ante lo imprevisto fue su mejor legado.

Hoy hubiera cumplido 86 años... Pronto hará 9 que se marchó, pero su sabiduría, repito, y su magisterio de hacer frente a la VIDA, así con mayúsculas, sigue perviviendo en sus hijos y sus nietos, quienes también se lo irán transmitiendo a sus bisnietos.

Sé, que de alguna manera, sigue velando por nosotros, aunque solo sea porque su recuerdo hace que hoy me sienta más fuerte.

Ahí lo dejo.

20 de marzo

Reflexión desde mi sofá verde.

Dijo el otro día el presidente del gobierno que se haría una auditoría de la Sanidad Pública cuando acabara esta crisis. Creo que es una de las cosas más importantes, políticamente hablando, que se han señalado. Porque son barros que han traído estos lodos.

Se intenta en Madrid paliar en dos semanas la destrucción de más de 20 años de la Sanidad pública. Se piensa que por arte de magia se puede de un día para otro restaurar las camas, abrir las plantas cerradas y poder tener las mismas plantillas, aunque el Ministerio de Sanidad ha contratado 50.000 médicos, 30.000 fueron despedidos por las CCAA en los últimos años.

Un enfermero, hace unos días, le recriminó a Cristina Cifuentes en Tele5 que ya faltaba material, entre ellos respiradores, cuando ella era presidenta. Yo vivo en una ciudad de 90.000 habitantes en la que no hay ni un solo centro médico público de especialidades,por lo que tenemos que ir al hospital de referencia, con interminables listas de espera para una prueba. Hace un momento he leído que uno de los centros de salud cerrará por las tardes por "reorganización del personal". Es decir desvestir a un santo para vestir a otro. Tristemente uno se puede morir de más cosas que de coronavirus si no hay médicos para atender...

Años llevan los trabajadores de la Sanidad Pública clamando por más recursos, pero qué más daba, si la "pública" es para los pobres... ¿No? Al fin y al cabo, como dijo Esperanza Aguirre no hay mejor negocio que la Sanidad privada, aunque sea, como ahora, a costa de vidas.

Ahí lo dejo.

 22 de marzo

Reflexión desde mi sofá verde:

Esa persona, hombre o mujer, que está doblando guardias a los pies de tu padre, o de tu madre, o de un vecino, o de una amiga, intentando vencer al monstruo invisible... Esa persona, hombre o mujer, que consuela a nuestros mayores y los atienden para que noten menos la ausencia de los suyos ...Esa persona, hombre o mujer, que tuvo que afrontar el pánico de ver como hordas entraban en los supermercados sin pensar en los demás, y al día siguiente hizo de tripas corazón y volvió a su trabajo... Esa persona, hombre o mujer que conduce los camiones de abastecimiento todos los días para que no nos falte alimento... Esa persona , hombre y mujer que gestiona el pequeño comercio local abierto para que podamos seguir comiendo fresco... Esa persona, hombre o mujer, que limpia nuestras calles para que la suciedad no aumente el problema... Esa persona, hombre o mujer, de los cuerpos de seguridad del estado, del ejercito, que vela porque se cumpla la ley y apoya las iniciativas de lucha contra el virus... Esa persona, hombre o mujer, que sigue enseñando a nuestros hijos e hijas para que lo anormal tenga un poco de normalidad..

Esas personas sostienen nuestro sistema ahora, son los puntales para que no se derrumbe. Y yo me pregunto: ¿Cuántos antes éramos conscientes de su papel fundamental?

Quizás sea ahora el momento de replantearnos quiénes han de ser nuestros ídolos, y darnos cuenta que sin fútbol, por ejemplo, se puede vivir sin problemas, pero sin cajeras/os de supermercados, no.

(Y no cedo a la tentación de decir cuántos respiradores se podrían comprar con el sueldo de Messi o de Ramos... Qué no, qué no lo digo, a ver si va a ser demagogia).

23 de marzo

Reflexión desde mi sofá verde.

No importa si es verdad o mentira. Lo único que importa son los 'likes', atacar al enemigo, que no el adversario, porque muchos en este país llevan tatuado en el corazón aquello de 'al enemigo ni agua', ni tregua, aunque sea en un momento tan grave como este
.
Oí decir una vez a alguien muy sabio que no nos debía de extrañar el comportamiento de alguno, mezquino y miserable. Los genes de aquellos que nunca iban en vanguardia, y que aprovechaban el descuido para robar un mendrugo de pan a un niño en época de hambruna están instalados en muchos compatriotas.

Este tiempo de mascarillas ha hecho caer las máscaras a algunos que parecían gente de bien. Tiempo en el que todo vale por un clik sobre un titular que aumente la audiencia y así el contrato de publicidad. No importa que haga cundir el pánico, no importa que invada los hogares, hoy paredes de confinamiento de buena gente, con datos, con informes falsos, con sospechas, y dejar que ruede hasta dónde sea, dejando su rastro de miedo e incertidumbre. ¡Qué más da si se conseguir minar la moral de la población y que desconfíen de la autoridades que han de bregar, además de con el virus, con la deslealtad del otro!

Cuando todo esto pase, que pasará, habremos aprendido en carne propia una lección dura, muy dura, de vida, y que para muchos, en una de sus premisas, no era más que literatura:
'en el amor y en la guerra todo vale'...

¡Qué poco amor para tanta guerra!

Ahí lo dejo.

24 de marzo

Reflexión desde mi sofá verde.

Si nos comparamos con Alemania, preguntándonos por qué esas cifras entre contagiados y fallecidos, tal vez debamos mirar atrás.

En 2018 Alemania invirtió en Sanidad el 21,56% del gasto público, el 9,48 del PIB.

España en la misma fecha, 2018, el 15,14% del gasto público, lo que viene a ser el 6,24% del PIB.

Respecto a la Comunidad de Madrid la inversión en sanidad privada entre 2015-2019 triplicó a la de la pública.El 60,35% del gasto sanitario en la Comunidad de Madrid fue a parar en 2017 a manos de empresas privadas.

Con esos mimbres cada uno hace unos cestos...

Ahí lo dejo.

25 de marzo

Reflexión desde mi sofá verde.

Piedras y caceroladas contra los mayores.

Apedrean y abuchean en La Línea a policías que custodian a los ancianos de Alcalá del Valle.

Dos detenidos en unos altercados que han congregado a decenas de personas ante la residencia Tiempo Libre; caceroladas reciben a los mayores en otras zonas de la ciudad.

¿Nos estamos convirtiendo en una jauría humana, pero deshumanizada?

26 de marzo

Reflexión desde mi sofá verde.

Tal vez, ante situaciones extremas como esta, ciertas declaraciones pasan desapercibidas a pesar de la carga de malicia que llevan implícitas.

El partido medieval, cuyo nombre es la acepción latina de la palabra voz, dijo el otro día en un tuit que se está demostrando como los agricultores son necesarios pero que los titiriteros (refiriéndose a actores y actrices, y por extensión a gente de la cultura), no.

En esta declaración está el resumen de su ideología populista e ignorante, cuando pone el foco en un sector al que señala como necesario, pero que implícitamente lo aparta de todo contacto con la cultura. Si eres agricultor o ganadero no te puede gustar el teatro, ni el cine, ni los libros. Solo esa noble tarea de cultivar el campo, no el espíritu, que eso es de "progres".

En el mundo feliz de Abascal, los alfa serían ellos (él, por supuesto, el macho), todos los demás deberían ser relegado a deltas, y aquellos que hemos cometido el gran error de dedicarnos a la cultura ser exterminados.

Porque esta ultraderecha no entiende más allá de una visión de la Reconquista nacional-española, fundamentada en "Santiago y cierra España" (incluyendo a ambos Santiagos, el santo y el otro) en donde a las demás culturas que convivieron con el cristianismo en la Península, durante ochocientos años, ni agua.

En mis peores pesadillas pienso que si llegaran a gobernar volarían la Alhambra de Granada como los talibanes hicieron con los budas de Bamiyán.

Su error es de base. Yo también valoro la tarea de agricultores y ganaderos, nos ayudan a subsistir a alimentar el cuerpo. Pero la cultura nos mantiene vivos si entendemos por vida ir más allá de las funciones vitales.

Ahí lo dejo.

31 de marzo

Reflexión desde mi sofá verde.

Hoy he hablado con mi hijo, me dice que la empresa para la que trabajan él y su mujer ha presentado ya un ERTE, y me dice que lo comprende. Es una empresa pequeña, y lo que le extraña es que haya aguantado hasta ahora.

Hemos compartido la opinión de que lo importante son las noticias que nos dicen que se está conteniendo la pandemia. "De lo otro saldremos, hijo, juntos".
"Lo sé, mamá. - me contesta- Pero me gustaría que la gente supiera que fuera de las declaraciónes de Casado o de la CEOE, hay empresas responsables que saben anteponer la salud a todo lo demás, y personas trabajadoras que creemos que se está haciendo lo correcto, pero que no tenemos voz".

Bueno, pues hoy he querido que la voz de David sea la que suene en este post, cuya única preocupación es que se acabe con el virus, porque, como hemos dicho para cerrar nuestra conversación, "apoyar a los sanitarios es lo primero, de volver a poner en marcha España ya nos encargaremos...".

Orgullo de madre.

miércoles, 5 de enero de 2022

Noche de Reyes

 
 
Hoy más que nunca, en una noche como esta, me acuerdo de mi padre. Si de por sí era una noche especial, él la hacía más especial todavía. Siempre había un cuento, inventado especialmente para la ocasión, que nos contaba a mis hermanos y a mí.
 
 Recuerdo su sonrisa al arroparme bajo dos mantas, y su frase casi susurrada;
 
- Duérmete pronto , para que no te encuentren despierta...
 
Nadie me puede decir que los Reyes Magos no existen porque para mí son ese recuerdo de mi padre, la ilusión de mis hijos años más tarde, y , ahora, la sonrisa de mis nietos cuando abren sus regalos.
 
Y a pesar la tristeza que no deja de embargarnos por esta pandemia hemos de hacer el esfuerzo de impregnar de magia la Fiesta más bella de la año, aquella en la que, a través de los regalos, decimos a los demás que les  queremos.
 
Es bueno crear espacios de ilusión para los niños y para los adultos. Para afrontar la realidad y madurar no hace falta comerse los hechos crudos, duros y sin emociones que lo endulcen. La ilusión activa la imaginación y la creatividad y, ambas pueden aportar mucho a la vida propia y ajena.


Recorda lustrar los sueños para que brillen como el charol y esperar que en cada zapato nos dejen también la generosidad de compartir la alegría y el agradecimiento. Yo intentaré no tardar en dormirme, y soñaré con la sonrisa de mi padre en la noche de Reyes cuando era niña....

viernes, 31 de diciembre de 2021

Cada uno en su casa

 Última entrada de 2021

De las tres fechas que celebramos dentro de la Navidades la que menos me gusta es esta, la de hoy, la del paso de un año a otro. Aunque tengo que decir que la he celebrado  siempre, excepto en dos ocasiones, en familia.

Este año será totalmente diferente. No estaré con mis hijos, ni con mis nietos, ni con mis hermanos. Cada uno estará en su casa. Unos porque han recibido la desagradable visita del coronavirus. Otros, como es en nuestro caso, por prevención.

A pesar de ello quiero que no pase sin pena ni gloria. Quiero, precisamente porque esta Noche vieja viene teñida de tristeza y frustración hacerla lo más tradicionalmente posible. El menú está elegido, y dentro de poco encenderé el horno para el plato principal y comenzaré a preparar los entrantes. Antes de dar las campanadas nos conectaremos por Internet con mis hijos y nietos para comer las uvas juntos y desearnos un feliz año.

Lo haremos con toda la fuerza que en cualquier circunstancia acompaña a la necesidad de olvidar lo amargo para disfrutar, aunque sea de una manera más pequeña o diferente, de aquello que se hace con amor. La distancia nada tiene que ver con el olvido. Conmigo estarán también aquellos que, ojala pudiera, no pueden ya hacerse presentes nada más que con el recuerdo, pero estarán.

Todos los días, todas las noches, y la de hoy no va a ser una excepción, persisto en la tarea de entender esta vida que nos coloca tantos óbices, pero que es la que tenemos aunque nos ponga a prueba y nos obligue una noche como esta a brindar por 2022 cada uno desde su casa.

Feliz año, mis queridos lectores, feliz año. Os deseo que el tránsito se un año a otro sea todo lo feliz que os sea posible. Cuidaos mucho.

domingo, 19 de diciembre de 2021

Me sobra información, me faltan besos

 

Hoy me he permitido usar como entrada dos versos de un poema que se incluye en mi nuevo libro en preparación: "Como un sediento a la orilla del mar". Aunque este poema está escrito hace tiempo sigo con la misma sensación.

Cada día amanezco con la reiteración de las mismas palabras, las mismas noticias, el mismo tono de los periodistas que comentan sin solución de continuidad la muerte por violencia de género, la subida de la inflación o los goles del equipo de turno. Palabras tremendas, agobiantes, que se convierten en una pinza en el estómago y cuyo protagonista principal es la pandemia.


No niego que me preocupa contagiarme, pero sin duda, en estos momentos mi mayor preocupación es no dejarme vencer por le desánimo que me ronda como buitre a la carroña. Da igual con quien estés, en donde estés, que la conversación derivará en lo mismo: un cuñado, un amigo de un amigo, un primo, un "esto no se acabará nunca", "la tercera dosis no protege de la variante omicrón"... Todo un despliege de barrenas que van explotando minando cualquier esperanza.

Esa "información" me sobra. porque me urta la ilusión y las ganas de sonréir. Porque me roba los besos, y los abrazos, esos que ya nunca más podré dar.

Soy absolutamente consciente de la situación sanitaria, pero no necesito que me machaquen todos los días con  la misma historia, sobre todo por parte de quienes piensan que ser "realistas" salvaguarda de nada. A lo más que llegamos es a convertir la vida, la ajena y la propia en un auténtico agobio.

Perdonad, mis queridos lectores, que este post destile tanta falta de alegría, pero una, que siempre se ha tenido por resilente, está llegando a flojear, sobre todo porque empieza a no entender para qué tanta información sin solución.

Dentro de unos días comenzará las Fiestas de Navidad. No sabemos muchos aún cómo ni con quien, pero yo haré el solemne propósito de empezar a vislumbrar más allá de lo que me rodea. Necesito vivir, no sobrevivir.

¡Ah! Y el 26 de diciembre me pondré la tercera dosis.

FELICES FIESTAS.