jueves, 27 de diciembre de 2012

Ilógica femenina

¿Existe una ilógica femenina? ¿Nos conducen a las mujeres unos comportamientos fuera de lo racional, en los que no seguimos aquello que sería lo coherente?
Hace tiempo leí un libro muy entretenido, titulado "Por qué los hombres no escuchan ni las mujeres saben leer un mapa", en el que se concluía que, efectivamente, nuestros parámetros físicos y mentales eran bastante distintos, por lo que las capacidades se medían de distinta manera. Desde una mayor o menor visión en perspectiva o circular hasta la capacidad verbal o lógica.
Claro, que eso no es absoluto, pues hay hombres que participan de  cualidades que son más femeninas y mujeres que, como yo, gozamos de una maravillosa orientación y leemos un mapa como si fuéramos el mejor explorador. Pero sí es verdad que en otras cosas la diferencia es importante, como ya he tenido ocasión de comentar en otros artículos, aunque en absoluto estoy de acuerdo en que nuestra lógica sea ilógica, simplemente responde a una categorización distinta de lo que importa o no.
Siempre  he dicho que la mente masculina, en general y salvando las excepciones,  prefiere el qué al por qué, el hecho a la causa. Por ejemplo:

- Mujer, no estés enfadada: postura masculina.

¿Qué esperamos oír nosotras?

- Cariño, ¿por qué estás enfadada?

Claro, que esa segunda opción es, para un hombre, la posibilidad de abrir la caja de los truenos, es decir de entrar en una discuaión que para nada, y menos si está esperando que empiece un partido o leyendo el periódico, desea. Por ello prefiere zanjar la cuestión con una frase que, en su opinión, da a entender que es consciente de la situación, pero que no va a entrar a mayores.
Y así  habría bastantes más ejemplos que, seguro, a todas se nos vienen a la cabeza.
Por ello no estoy en absoluto de acuerdo en que haya una falta de lógica en nuestro razonamineto femenino, sino que hay una que quiere ahondar en las causas y no quedarse en el simple "pues yo no lo veo así".
Porque seamos sinceros, más falta de lógica que hay en:

- (Ella) ¿Me quieres?
- (Él) Claro.
- ¿Por qué?
- Mujer, porque sí....

¿Nos suena?

Sed felices.

martes, 25 de diciembre de 2012

Navidad sin fantasmas.

Aunque dieron las doce, no hubo fantasmas de las Navidades pasadas, ni de las presentes, ni tan siquiera de las futuras.Aunque tampoco los esperaba.
Sabía que los fantasmas solo se presentan cuando hay cuentas pendientes y ella nunca las tuvo con la Navidad.

Siempre se sintió feliz en estas fechas. De niña, eran días de risas y alegría, de vacaciones, de panderetas y villancicos, del Nacimiento puesto en el salón, en el cual las ovejas a veces eran más grandes que los pastores, y en el que el castillo de Herodes, ese rey tan malvado que mataba a los niños, coronaba toda la composición.

Los días transcurrían entre visitas a la familia, representaciones de circo y películas del Walt Disney, a la espera del gran día, el día de Reyes, la mañana más luminosa de todo el año.

Cuando fue ya una mujer y vinieron sus hijos, les inculcó esa misma ilusión, y en su salón volvió a aparecer el árbol y el Nacimiento,  y la mañana del 6 de enero volvió a iluminarse con la sonrisa y los ojos admirados de sus niños.

Y el tiempo fue pasando, y en algunos años  ya empezaron a aparecer huecos en la mesa de Nochebuena, huecos de ausencia y de cariño que para nada  mermaron la alegría y la ilusión por celebrar lo mejor posible esas reuniones familiares, que a su vez se convertían en homenaje para aquellos que ya no estaban.

Le era difícil hacer entender a los que odiaban estas Fiestas, porque su gusto por ellas no emanaba de una creencia religiosa, ni tampoco por edulcorar la realidad,  sino de la propia esencia de saber que todo ser humano necesita de referencias en donde situar la felicidad y que, no cabe duda, ese espíritu reina esos días.

Porque, al final, todo se trata de eso, de buscar cómo y cuándo se puede ser feliz. Y la felicidad, siempre, conjura a los fantasmas.

Sed felices y Feliz navidad.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Contraseñas

- Marque el número del pin, por favor.
Y la dependiente nos coloca  la TPV delante para que nosotros teceleemos el número que nos va a permitir pagar con tarjeta.
También cuando vamos al cajero, nos indica la pantalla que escribamos el número secreto, al igual que para desbloquear el móvil, acceder al correo electrónico, entrar en Facebook.
En todas estas acciones hay que picar unos números o unas letras que, como el Abracadabra del cuento, nos permite el acceso.

A veces pienso que los seres humanos también estamos programados con contraseñas y, en ocasiones, me encuentro con que necesitaría saber cuáles son las palabra o los números acertados para poder comunicarme con ciertas personas, cuyo hermetismo hace que sus pensamientos se oculten bajo siete candados.

Y mira que doy vueltas, digo, hablo, comento.... Pero nada. En la frente de mi interlocutor parece que está escrito: ¿Ha olvidado su contraseña? Y lo que es peor, al igual que una cuenta de cualquier red social o del propio teléfono, la insistencia en acceder a las ideas o pensamientos lo único que provoca es un bloqueo que ni con el número PUN -por cierto, que nombre tan gracioso- consigo desbloquearlo.

En fin, que en este mundo en el que todos nos movemos con esas cadenas alfanuméricas no sería desacertado que, cuando nos presenten a alguién, además de su nombre  nos diga cuál es su contraseña de acceso, más que nada por ahorrarnos intentos fallidos que llegan al agotamiento y, también,  porque hablando se entiende la gente.

Sed felices.

jueves, 20 de diciembre de 2012

La nota : un cuento para el día del Fin del Mundo.

Había terminado de escribir la nota.
Depositó con cuidado el bolígrafo en la bandejita de plata que estaba junto al teclado del ordenador y tomó el folio, color crudo, de textura gruesa y con  membrete de su nombre entre los dedos y se dispuso a leer las palabras que habían ido fluyendo, como un río, dejando la superficie virgen, en un principio, repleta de la palabras manuscritas.

Miró el reloj de pulsera: eran las doce menos cuarto de la noche.
Se levantó, cogió un sobre de una vieja caja de madera pintada y con su letra de fina caligrafía escribió unas palabras.
Encima de la mesa, también junto al teclado, había un bote de cápsulas, que fue a coger, arrepintiéndose después de su acción.
Las doce menos diez.
Miró por la ventana. La calle estaba en silencio. Sentía, a pesar de que la calefacción estaba a tope, un frío extraño que la hacía temblar. También sus ojos estaban llenos de lágrimas.
Las doce menos cinco.
Sobre el sofá, un periódico abierto y un títular dramático: "Hoy, día 21, el Fin".
Sí, el fin. Llevába días y días pensando en este momento.
Las doce menos tres minutos.
No esperaría más.
Se dirigió otra vez a la mesa y cogió el medicamento. Lo abrió quedándose en suspenso mientras su vista se enganchaba otra vez en el reloj.
Las doce del veintiuno de diciembre de 2012.
Abrió el bote y volcó las pastillas en la mano....
Cogió dos y se las tragó de un golpe.
¡ Maldita gripe! Precisamente hoy, que tenía la Fiesta  del Fin del Mundo en la oficina. Llevaba ya seis comprimidos y como si nada. Seguro que tenía fiebre.
Cogió el sobre,  se dirigió a la cocina en donde lo sujetó a la nevera con un imán. Escrito en él  se podía leer:
"Te dejo dentro la lista de la compra. Son las doce y me voy a la cama. Mañana no me despiertes".
Eran las doce y cuarto.Entre estornudos, lagrimeos y mala leche se acostó, sin darse cuenta de que había pasado la medianoche y el mundo no se había acabado.

Sed felices.

La conferencia: un cuento antes del fin del mundo.

 Esta  entrada del blog es algo especial. Se ha hecho un grupo en Facebook y a traves de él un número de "cuentistas" hemos quedado emplazados a  poner un cuento en nuestras bitácoras un hora antes de que entremos en el famoso 21-12-2012.  Yo dejo este. Espero que  os guste.

 El paso de la calle al atrio del colegio mayor la hizo cerrar los ojos.  A Sara le costaba fijar la vista tras haber recorrido el largo trecho existente desde donde había aparcado el coche hasta el lugar en  se celebraría  la conferencia, bajo el sol abrasador de aquel junio madrileño.
Y a pesar de su liviano vestido de lino color café, que se sostenía con unos breves tirantes y más dejaba ver que cubría, no podía evitar sentir el calor. Menos mal que el aire acondicionado pronto volvería la temperatura de su cuerpo a los grados habituales.
Se quedó mirando el cartel anunciador de  la conferencia: “La rehidroxilación como método de datación en la cerámica antigua”, por el doctor César Montalvo.
Montalvo era una de las eminencias en datación de cerámica prehistórica y un avanzado en la utilización de los hidrófilos, en vez del carbono 14. A ella le habían encargado escribir un artículo sobre este método y por ello se encontraba allí, en esa tarde de verano.
Faltaba un cuarto de hora para que diera comienzo, aunque a pesar de ello no había mucho público. Sara comprendía que no era un tema para que se pegaran por asistir, a no ser que fueran como ella, especialista en la cerámica de la edad de bronce.
Suspiró aliviada al comprobar que el calor se iba evaporando y su piel empezaba a refrescarse. Se sentó, tirando sin mucho éxito del vestido hacia abajo, con la intención de que no quedarán demasiado al descubierto sus piernas. Y en estas estaba cuando le vio .Apoyado displicentemente en una columna,  con el pelo ondulado,  pantalón caqui y camisa blanca que resaltaba su bronceado. Sus ojos se quedaron fijos en él hasta que, como si sus pupilas le hubieran llamado, levantó la mirada y la observó a su vez.
Rápidamente bajó los ojos avergonzada de no se sabe qué. Se levantó deprisa y entró en la sala de conferencias, tomando asiento en la segunda fila, hacia el centro. Dejó su bolso en la silla a su derecha y comenzó a leer el programa de mano, hasta que una voz la interrumpió:
-    ¿Está ocupada?
Levantó la vista un tanto sobresaltada, comprobando que era el mismo hombre de la entrada.
-    No, no, lo siento- dijo Sara, balbuceando, mientras quitaba el bolso y se lo ponía en su regazo.
-    Gracias- contestó el desconocido, con una voz tenue, acompañando con una sonrisa su respuesta.
La sala se iba medio llenando, y   cinco minutos  después empezó la conferencia.
Se dio paso a los saludos y agradecimientos de rigor y el ponente comenzó su exposición, solicitando que se apagaran las luces. La  pantalla se iluminó y en grandes letras Sara pudo leer: “La rehidroxilación como método de datación en la cerámica antigua.” Bien- pensó- voy a concentrarme en la charla, que es a lo que he venido -mientras contemplaba una imagen de cerámica campaniforme del yacimiento de los Millares.
El conferenciante inició su charla, exponiendo las ventajas de su sistema.
– “… Este proceso ocurre de manera natural durante los periodos de calentamiento y enfriamiento veloces en la que moléculas de agua se incrustan entre los enlaces de ciertos compuestos, reformándose en grupos hidroxilos. Tiene especial importancia como forma de datación de elementos especialmente en la cerámica y alfarería prehistóricos”- Para a continuación exponer datos, cifras y porcentajes.
  Sara intentaba centrar su atención en ellos, a pesar de que no podía evitar mirar a su compañero de reojo. Cogió aire y al mismo tiempo percibió su aroma, suave, penetrante y masculino, que la empezó a  envolver y, sin saber por que, aceleró sus pulsaciones.
Su vista se fijó en un ánfora romana que ocupaba toda la pantalla, pero su mente volaba encalbalgada en ese olor que emanaba del hombre que tenía a su derecha.
Se removió intranquila, y al ir a colocarse nuevamente el vestido, rozó su mano.
-    Perdón- murmuró.
El se volvió hacia ella y la dirigió otra sonrisa acompañada de un leve movimiento de cabeza. Ella comprobó lo atractivo que era.
-    No hay de qué- respondió con un susurro.
El contacto de esa mano despertó en Sara una emoción inexplicable y el deseo de conocer su tacto. Esto hizo que se removiera un tanto nerviosa en su asiento, haciendo un verdadero esfuerzo por seguir el contenido de la conferencia.
- “La idea de la datación de cerámicas por rehidroxilación se desarrolló a partir de un problema conocido en la arquitectura , la cinética de expansión.- explicaba Montalvo, ilustrando con unas imágenes de un yacimiento arqueológico-  Las moléculas de arcilla tienen sitios en su configuración que naturalmente reaccionan con el agua, añadiendo así grupos hidroxilos que fueron removidos durante la producción de la pieza. Cuando la arcilla pasa por el fuego usado para hacer una olla o un ladrillo, se expulsan los grupos hidroxilos”- Y en la pantalla apareció una fórmula química, que Sara intentó relacionar con los retazos que había pretendido escuchar, abrumada por las sensaciones que sentía al notar la presencia del desconocido a su derecha: su olor, el calor que irradiaba y la silueta de su perfil recortada por luz proveniente de la pantalla de proyección  la envolvían y atraían sin remedio.
Con un sobresalto, sin saber al principio si era su pensamiento o la realidad, notó en verdad la presión de unos dedos en su pierna, que muy lentamente ascendían, milímetro a milímetro. A Sara se le cortó la respiración, sin saber que hacer. Se encontraba paralizada, mientras que esa mano seguía su ascensión, girando levemente su camino hacia la cara interna del muslo, en donde se detuvo. Si atreverse apenas a mirarle de reojo, vio que el hombre seguía con aparente atención la marcha de la conferencia. ¿Qué hacer? ¿Si se movía provocaría la huída? Notaba las mejillas ardiendo y  la respiración se le estaba acelerando. Cogió aire, y como si esa acción fuera la señal, la mano se puso otra vez en movimiento, algo más rápida, llegando hasta el pliegue de su pierna con el vientre. Ahí se volvió a detener, para que acto seguido, y esta vez con el dedo índice acariciara muy suave y lentamente el límite de su sexo. Sara notaba como su vientre se tensaba mientras que con su mano izquierda se aferraba al borde del asiento, intentando sujetar los gemidos que nacían de su interior. La mano empezó a descender, otra vez lenta e inexorablemente, pero con una suavidad que la estaba haciendo enloquecer. En un acto reflejo, cerró las piernas, dejando los dedos entre sus muslos, que ahora notaba empapados de sudor, mientras que  todo su cuerpo se convulsionó en  uno de los clímax más increíbles que jamás había gozado.
Y como si el universo hubiera entrado en colisión, los aplausos rompieron el silencio,  la mano se retiró presurosa y las luces se encendieron.
Sara, intentando recuperar  el  hálito, se giró a su derecha,  queriendo ver al hombre, pero solo distinguió su espalda, que se perdió entre el público.
-    ¿Se encuentra usted bien?-  escuchó a alguien preguntar.
-    ¿Eh? Si, si, perfectamente-contestó a una amable señora entrada en años que la intentaba abanicar.
-    Es que está muy sofocada, querida... Estos calores son terribles, ¿verdad?
-    Si,  – balbuceó Sara- sí, lo son. Gracias.
Todavía temblorosa, y con la respiración entrecortada, recogió su bolso, se levantó estirándose el vestido y salió lentamente de sala, dándose cuenta de que no había escuchado nada de la conferencia…

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Sanidad pública sí, gracias

El 23 de agosto de 1993 mi madre sufrió un grave accidente que la mantuvo en coma durante veintiocho días. Todo un equipo de intensivistas, neurólogos, Ats, celadores y demás personal se pusieron en marcha para llevar a cabo una preciosa tarea: salvar su la vida.
Tenía un traumatismo craneo encefálico grave, que le produjo un edema que fue necesario reducir. También la intubación prolongada obligó a realizarle una traqueotomía. Asimismo, dadas sus graves lesiones, el riesgo de muerte por infección múltiple tuvo que atajarse mediante un tratamiento, entonces experimental, del que era pionero el hospital en el que estaba ingresada, junto con uno de Munich y otro de Londres.
Cuando salió del coma y la subieron a planta, entró en otra fase del tramiento, en principio poco esperanzador pero que, gracias al empeño de los doctores, el cuerpo de enfermería y de la naturaleza de mi madre, fue teniendo efecto.
El  4 de noviembre de 1993 mi madre salía andando del hospital.
En esos tres meses pude comprobar la profesionalidad y entrega de nuestros médicos, de nuestro personal sanitario. Mi madre volvió a nacer.
El hospital era un hospital público, el Gregorio Marañón.
Y como yo, seguro que hay cientos que pueden contar sus experiencias en la Sanidad pública, que ha sido siempre nuestro orgullo.
Hoy mi corazón se encoge. Veo compañeros encerrados defendiendo el derecho que tenemos todos a nuestra salud y, sinceramente, no lo entiendo.
Valgan estas humilde palabras hoy como apoyo a todos lo que luchan por defender algo que, sin lugar a dudas, se defiende solo.
En mi nombre y en el de mi madre, gracias a la Sanidad Pública.

Sed felices.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Desconciertos

Cuando quien dice ser tu amigo no entiende tu libertad.

Cuando aquel que valora sus acciones dice que las tuyas son fruto del azar.

Cuando alguien dice ser justo con una sola vara de medir: la suya.

Cuando alguien habla con palabras que esconden otras palabras que teme pronunciar.

Cuando se critica en el otro aquello que en si mismo no se cumple.

Cuando se quiere ser el centro del mundo aunque el mundo no lo sepa.

Cuando un mal jinete, al que le tiran todos los caballos, le echa la culpa a los caballos.

Cuando en nombre de la amistad se ha izado la bandera de la obligación.

Cuando se han pedido respuestas y solo se han  encontrado evasivas.

Cuando el pensamiento no tiene lugar para el sentimiento.

Cuando el que dice quererte te hace llorar.....

Sed felices.