sábado, 23 de mayo de 2026

La mano en el fuego

 

 

 El Incendio De Roma - Ecos De La Antigüedad

 

 Se suele decir que "uno no pone la mano en el fuego ni por su padre", haciendo referencia a que nunca podemos estar seguros de que alguien no haya hecho lo que dicen que ha hecho.

Eso puede ser cierto, aunque no exactamente. Posiblemente todos, ante ciertas circunstancias somos capaces de hacer cosas que para los demás serían inexplicables. Ya lo dijo el filósofo, somos nosotros y nuestras circunstancias.

Pero cuando las acusaciones vienen precedidas de otras acusaciones y esas de otras, y de otras, y siempre dirigidas al mismo fin, trufadas de mentiras y bulos, no es que haya que poner la mano en el fuego, es que nos rodea un incendio.

Hablando de incendios y de bulos, miremos la Historia, que siempre es un ejercicio interesante. Parece ser, al albur de las investigaciones, que Nerón no provocó el fuego que asoló Roma en el año 64 d.C, como tantas veces se ha dicho y visto en las películas. El propio historiador Tácito afirma que ni siquiera Nerón estaba en Roma en ese momento. La famosa imagen de Nerón tocando la lira o cantando mientras observaba la ciudad arder fue difundida por escritores posteriores (como Suetonio o Dion Casio) y se considera un mito o propaganda política.

Al regresar a Roma, Nerón organizó refugios y ayuda para los damnificados, pero el pueblo y los opositores alimentaban que había sido el emperador el incendiario. Entonces,  para desviar los rumores que lo acusaban de iniciar el fuego para construir su nuevo palacio, la Domus aurea, culpó a los cristianos, desencadenando su persecución. Un auténtico lawfare, si se me permite la comparación, a la romana.

Las víctimas sufrieron ejecuciones públicas con refinada crueldad:  fueron embadurnados con brea o cubiertos con pieles de animales y quemados vivos en los jardines imperiales de Nerón para iluminar las noches. Otros muchos fueron vestidos con pieles de fieras para ser arrojados a perros de caza en el circo y en la arena.Varios fueron clavados en cruces como escarmiento público. Todo para justificar la "buena fama y acallar los rumores del emperador".

Hoy en día, aunque no  haya esas torturas, no es menos la crueldad. La exposición pública, la "crucifixión mediática", y los "perros voraces" del capital que azuzan para incendiar una y otra vez la sociedad, y son los primeros que provocan las llamas de la injusticia.

Sin justicia no hay igualdad, sin igualdad no hay democracia. Y esta última, la democracia y quienes la defienden son, sin duda, los principales valedores de que yo siga poniendo la mano en el fuego por ellos.

Sed felices, a pesar de todo.



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