No cabe duda de que ni en nuestras peores pesadillas
podríamos haber imaginado que nos veríamos así, sufriendo una pandemia que ha
dejado miles de víctimas, con una crisis energética que ha supuesto una
inflación galopante, en gran medida acrecentada por la especulación de gente
sin escrúpulos.
Pero, para más
desgracia, si cabe, lo que tendrían que ser causas para la unidad es todo lo contrario porque los partidos de
derechas han decidido utilizar para su provecho este trauma nacional para arar
su campo de votos con la connivencia de la prensa y de los medios subalternos.
De a esta manera hemos pasado la sociedad estar instrumentalizada por estos
políticos sin escrúpulos que no pierden la oportunidad de alzarse, aunque sea
apoyados en los ataúdes de los fallecidos, en los lechos de los enfermos o en
el precio de la gasolina.
No es nuevo, ya lo intentaron en los atentados del 11M, en
los que por salvar sus muebles no dudaron en extender el bulo, nuevamente
arropados por la prensa pesebrera, de que había sido la ETA, cuando era
palmario que se trataba de una venganza por nuestra entrada en la guerra de Irak.
Supongo, quiero pensar que sí, que habrá personas de ideología
de derechas, buenas personas, que se encuentren asombradas y molestas por las
actitudes del líder del partido que han votado, ese que se supone ha llegado para infundir moderación.
Porque lo que estamos viendo, este acoso y derribo alGobierno, sin ninguna
tasa, fundamentándose en bulos, en querellas, en medias verdades, no va de
ideologías, va de eliminar a Pedro Sánchez y al gobierno de coalición.
Les da igual pensar que ese gobierno es el que es porque está
apoyado mayoritariamente por el voto de la ciudadanía, les da igual… Pero, y ¿a
nosotros? ¿Nos da lo mismo a quienes decidimos que queríamos que Pedro Sánchez
fuera nuestro presidente? No, no nos puede dejar indiferente esta sarta de
injusticias, de disparates, de conturbernios maliciosos, más aún que el propio
virus o la crisis energética. Es de mala gente aprovechar el miedo, el
desconcierto, la debilidad en que nos encontramos para sembrar todavía más
dudas y más pánico, es de mala gente.
Por eso también ha llegado el tiempo, el momento, en que la
ciudadanía, desde nuestras casas, reflexionemos en que, cuando el llegue el
momento de votar tendremos una tarea enorme que será la de poner en valor a
aquellos que pusieron el país otra vez en marcha desde el Gobierno, desde los municipios, desde las CCAA, sin haber perdido nuestros
derechos, sin haber perdido nuestra democracia, cumpliendo un programa y unos objetivos. Y, entonces, ¿a quién querremos
al frente de nuevo? A mí no me cabe duda, a quien se está dejando la piel para
sacarnos de este drama mundial, junto con su equipo, que están demostrando
capacidad de reacción y una templanza envidiable.
Tenemos que blindarnos contra estos “politicuchos” de tres al
cuarto, mis queridos lectores, vampiros tóxicos de la desgracia, que intentan
transformar nuestro esfuerzo ciudadano en el secuestro de un país cuyo
rescate es la recuperación de su poder, perdido hace cuatro años, cuando se
demostró su corrupción sin paliativos.
Es posible que ahora exista una razón parecida a la del 11M,
y es intentar gestionar todo el dinero de los Fondos Europeos, conseguidos por
haber hecho bien los deberes, y que desde la derecha y ultraderecha intentaron
bombardear de la manera más desleal.
Sí, ha llegado el momento de la ciudadanía, y debemos dar un
paso adelante.