domingo, 16 de febrero de 2014

Que me saquen un ojo...!

Odio la mezquindad.

Me parece una mezcla repulsiva de envidia y mediocridad que da como resultado poner  palos en las ruedas, constantemente, a cualquier acción que se intenta iniciar.

A veces me parece increíble la incapacidad de algunas personas para  percibir en los actos de otros la voluntad de hacer cosas positivas, teniendo como único interés machacar de una manera destructiva, sin dejar ni un atisbo a las sugerencias constructivas.

 Para estas personas es duro entender que alguien actúe sólo por convicciones y principios, sin esperar nada a cambio, y son capaces de no extender una mano aunque sea sólo para no ahogarse.

En mi vida me he encontrado, por desgracia, bastantes veces con personas así, y es agotador tener que nadar con ellas contra corriente. Son exactamente como aquel del chiste que para perjudicar a su enemigo,  al que el rey le había prometido darle el doble que a él , pidió que le sacaran un ojo...

Una pena. Porque como antes he comentado no dejan que se avance: son siempre como un lastre imposible. No obstante, yo soy un hueso duro de roer, incluso para estos especímenes. Con ellos aplico el principio de "ladran, luego cabalgamos"... Y sigo caminando.

Sed felices.

domingo, 9 de febrero de 2014

Malos tiempos para las princesas...

Malos tiempos para las princesas. Ya no exhiben su encanto en carrozas de la mano de sus príncipes azules, mientras el pueblo las aclama deslumbrados por su belleza.

Para algunas se acabaron los bailes y los zapatos de cristal. ¡Quién las hubiera dicho que serían protagonistas no de relatos sino de sumarios judiciales!

Y aunque sigan creyendo ser heroínas de  historias de  amor, no son conscientes de que este sentimiento
 ya no es tan poderoso como antaño, cuando movía montañas, mataba dragones y era capaz de despertar con un beso. Ahora el pueblo llano está hasta los mismísimos de escuchar cuentos. Cuentos que les siguen narrando situaciones que escapan de la mayor de las fantasías y que les prometen finales felices y platos llenos de perdices, cuando no tienen ni para un chusco de pan.

Es verdad que, tal vez, vivir durante un  tiempo en el País de las Maravillas ha hecho creer a algunos que todos andábamos en una especie de  ensueño del que no despertaríamos jamás, pero no ha sido así. No sólo tuvimos que espabilarnos, sino que, desde hace tiempo, pocos pueden conciliar el sueño agobiado por las facturas, los deshaucios y el paro.

Sí, malos tiempos para las princesas: han pasado del papel couché a las páginas de sucesos de los periódicos. Y , estoy segura,  no entienden lo que pasa. Ellas son princesas, hijas de reyes. Educadas para ser maravillosas y lucir entre sedas y oropeles, y sobre todo, sonreír, siempre: da igual que sea un desfile de Dior o la puerta de unos juzgados. Y nunca, nunca, parecer que se estaba enterada  de nada. Al fin y al cabo, entre las tareas de las princesas no está la de parecer inteligentes.


Sed felices.


martes, 4 de febrero de 2014

La nueva Edad Media

Existen sin lugar a dudas varias dimensiones. En una nos movemos las personas normales y corrientes que nos enfrentamos en el día a día a situaciones tan emocionantes como  es sobrevivir con cuatrocientos euros al mes o trabajar en una hamburguesería a pesar de hablar tres idiomas y contar con dos masters.

En la otra, con mucho más glamour y luminosidad, la clase dirigente, los banqueros, los Ibex 35 y todos aquellos cuya vida es lo más parecido a un anuncio de los mundos de Yupi.

Y digo esto porque cada vez estoy más alucinada. Oír las declaraciones de unos y otros se ha convertido, por lo menos para mi, como contemplar el mundo en un espejo del callejón del Gato. Es imposible apreciar la realidad más distorsionada.

No obstante,  esta realidad es tozuda y hoy, nuevamente, nos dice que ha aumentado el número de desempleados. Negro dato después de haber tirado los cohetes de que nos estamos recuperando económicamente.

Por eso hablo de las distintas dimensiones: en la suya, en la de este gobierno de incapaces y caras duras, la recuperación económica es un hecho. En la nuestra, en la de los curritos de a pie, que todos los días tenemos que luchar con el panorama de tener menos- menos dinero, menos derechos, menos trabajo, menos ilusión- pintan bastos y  la cuesta se hace cada vez más empinada.

 Claro, que eso no es nuevo. En la Historia podemos encontrar ejemplos parecidos o casi similares, que creíamos superados. Se llamaban sociedades estamentales. Entonces esas clases privilegiadas se refugiaban en sus castillos, con unas murallas que le permitían aislarse de los vasallos, de los siervos. Hoy se refugian en los Parlamentos, Ministerios, consejos de Administración o FMI. Pero exigen lo mismo: la sangre, el sudor y las lágrimas de la  cansada y desilusionada  ciudadanía para sostener un feudalismo disfrazado de democracia.


Dos dimensiones que tienen todas las bazas para acabar coincidiendo en una nueva Edad Media.

Sed felices.


miércoles, 29 de enero de 2014

Un hondo e inexplicable hueco

Esa era una sensación que la acuciaba desde hacía tiempo. No era constante, ni siquiera diaria; pero, de pronto, como cuando quitas el tapón de una bañera, se escapaba por alguna parte la capacidad de sentir o de evocar o de recordar.

Quizá fuera que el duro entrenamiento al que se había sometido durante tantos, tantos meses -en los que se aplicó una autoanestesia cuando empezó a notar que su capacidad de aguantar el sufrimiento llegaba  al límite-, había dejado ese efecto secundario.

Era curioso, pero esa sensación de hueco interno llegaba sin avisar, sin que fuera precedido por nada ni por nadie. No había desencadenante. Simplemente se vaciaba. Estaba segura que incluso si afinaba el oído podría escuchar el glu, glu de sus sentimientos marchándose a no se sabe  dónde.

Al principio, ese efecto la asustó, cómo no. Ella, que era una persona sensible, emotiva, no entendía el proceso que la llevaba a caer en ese hondo e inexplicable hueco.

Casi nadie parecía darse cuenta. Solo aquellos que estaban más cerca la preguntaban  porque se presentaba en ocasiones tan sobrada, tan autosuficiente, ante situaciones que en otro tiempo la habrían conmovido. Pero ella callaba, y entonces los demás pensaban que no hacía otra cosa que mantener las distancias.

Poco a poco aprendió a convivir con ello. Transformó ante los ojos de los otros esos momentos en reflexiones o cansancio para justificar la falta de interés. También ellos se acostumbraron a percibirla lejos a ratos.

Un día cayó en sus manos una revista, de esas científicas, en la que pudo leer que la capacidad de alejarse de los problemas propios y contemplarlos como ajenos se denominaba disociación, y que era una manera bastante positiva de abordar conflictos.

Disociación... La explicación, aceptada por ser una conclusión científica, a sus hoquedades emocionales , aportó cierta claridad a la situación , pero  no evitó que, de vez en cuando, se siguiera vaciando por dentro para no sentir.

Sed felices.


jueves, 23 de enero de 2014

Hasta la peineta...y más allá

Sí, mis queridos lectores y lectoras: estoy que reboso.

Estoy más allá de la peineta de más de lo mismo todos los días. De las medidas que el gobierno nos quieren vender con la cara más dura que el cemento, que ganas dan de partirle los morros a todos  si no fuera porque corro el peligro de romperme los nudillos, sobre todo a Floriano, que nace más tarde y nace botijo, porque no se puede ser más estulto, defendiendo lo indefendible, aunque luego viene el ministro de  Interior y lo mejora diciendo que si algo falla no nos preocupemos que para eso está Santa Teresa, que digo yo debe mandar más que la Virgen del Rocío, con permiso de Fátima Báñez, porque ésta última nada, de nada y sin embargo ganas me dan de irme de peregrinación cuando oigo a Montoro jurar y perjurar que no va a subir el IVA,porque eso quiero decir que nos va a meter un rejonazo en todo lo alto, y me desespero y me vuelvo a desesperar porque acto seguido nos aparecen casos de corrupción, uno más, pero ahora en el fútbol,y ya veremos, porque con dios hemos topado y cualquiera le pone el cascabel al gato, al mismo tiempo que escucho que procesan al juez que encarceló al sinvergüenza de Blesa, otro golfo apandador, y entonces vuelve a salir el efecto Gamonal, al que se están apuntando tirios y troyanos, y yo me adhiero, pero también me pregunto si eso se reflejará en la urnas o más de lo mismo, y, sin haber salido del asombro, se me retuercen más la tripas escuchando al obispo de Alcalá opinando sacras majaderías sobre el feminismo, como si él supiera de los problemas que tienen las mujeres por llevar faldones, que flaco favor le hace a los católicos, él y todos a los que se les llena la boca de "defensa de la vida" y luego son de los a dios rogando y con el mazo dando, pobre papa Francisco, no le queda mili, y veo a esa tribu de involucionistas bailando alrededor de Ruiz Gallardón, al que le falta  un telediario para resucitar la Santa Inquisición y ....


Lo dicho: hasta la peineta (*)

(*) Nota de la autora: el título de esta entrada ha sido modificado para no herir la sensibilidad que rodea este, nuestro país, que día a día vuelve al Nacionalcatolicismo,  y por no responder a una realidad fisiológica de la escritora. El título inicial era "Hasta los huevos..."

sábado, 18 de enero de 2014

Entonces, el Mar.


Confiesa siempre que la hechiza el mar en invierno. Es cuando,  realmente, se muestra con toda su pureza y su fuerza. Es, entonces el Mar, con mayúsculas.

En verano se convierte en una especie de gran piscina coloreada por los bañistas, las sombrillas y las toallas. Pero ahora la silenciosa playa  permite contemplarlo en su amplitud.

Habla con el mar y él la escucha. La brisa marina parece que trae rumores , ecos de otras tierras, de otros lugares, que quizá algún día visite, o tal vez no.

Ve a un hombre y  un perro, que corretea tras una gaviota.

 Lanza un piedra al agua,que se hunde entre las ligeras espumas de unas olas mansas.

El horizonte se funde con el mar: ambos tienen un color argenta, dando la sensación de estar en una especie de cinta de Moebius en donde no existe arriba y abajo.

No hace frío y, excepcionalmente, no hay algas en la playa, testigos otras veces de la fiereza del temporal.

Chillidos de gaviotas  y los ladridos del perro se confunden con sus voces interiores, esa voces que hablan y narran sus propias historias construidas de su percepción del mundo, que en un tiempo relativamente corto se ha transformado,  y que, a igual que ese mar que contempla, muestra una superficie aparentemente en calma, mientras que su fondo bulle un universo.

Sed felices.

miércoles, 15 de enero de 2014

Círculos rojos y azules: una vela a dios y otra al diablo

Soy una cabra que siempre tiro al monte. Y aunque, últimamente, se me va conociendo por mis tareas literarias, mi mayor fascinación es el mundo del arte.

Por eso, el pasado lunes 13 de enero, no tuve más remedio que acudir, cual mosca a la miel, a la inauguración de la exposición de Carlos Gregorio Simón Godoy, más conocido en estas lides como CalaveraDiablo, titulada Circulos rojos y azules.

Podría detenerme pormenorizamente en el simbolismos de los círculos, de los propios colores que él maneja con maestría, desde la frialdad del azul hasta el calor de los rojos subidos que saltan de sus cuadros hasta nosotros, o de la sensualidad que emanan muchas de las obras expuestas en el Centro social de Covibar, en la madrileña ciudad de Rivas Vaciamadrid.

Conozco a Calaveradiablo desde hace poco, y a través de la preparación de la antología de terror Anatomías secretas, siendo él autor de la ilustración de la cubierta y cuya reproducción está expuesta. Aunque solo contempláramos esa obra ya sería suficiente como para darnos cuenta de la calidad del autor.

Nos inquieta con esa duplicidad de atmósferas, de dos temperaturas en las que sitúa a sus personajes contando historias surgidas de la cabeza de su autor, a través de ese juego simple, pero impactante, ayudado por un trazo impecable y en el que intervienen los antagonistas sempiternos: el Bien y el Mal, el Ying y el Yang en esa dualidad en que se mueve el universo.


Un mundo de fantasías o, tal vez, soñado por CalaveraDiablo, y que no deben perderse los amantes de la ilustración. Merece la pena.

Sed felices.

En la fotografía el artista CalaveraDiablo con las escritoras Dolores Leis Parra, Elena Muñoz  y Patricia Pérez, directora de la revista cultural El Ballet de las palabras.