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domingo, 12 de marzo de 2017

Según el color del cristal con que se mira

Si alguna ventaja tiene ir cumpliendo años (yo le encuentro bastantes) es la de aprender a relativizar las cosas. Sí, a darte cuenta que, a la postre, son muy pocas las que merecen la pena tomártelas a pecho.

Yo, años ha, fui una persona de grandes contrastes y pocos matices. Muchos blancos y negros, pero excasos grises. Tal vez mi manera apasionada de ver la vida me hacía beberla a grandes tragos, a veces sin degustar y sin respirar.

Luego el paso del tiempo me ha ido señalando que nada es verdad o mentira que "todo es según el color del cristal con que se mira". Y no es que me de todo igual, por supuesto, sino que ya va habiendo menos cosas en las que poner alma y vida, aunque como las meigas, hailas.

Por eso, y me reitero en la afirmación primera, he aprendido a poner mi esfuerzo solo en aquello que considero merecedor de ello y que de alguna manera está a mi alcance. Sobredimensionar las capacidades solo lleva a la frustración.

¡Ah! No quiero que de mis palabras se desprenda, mis queridos lectores, que me he vuelto comodona, no, simplemente que ahora sé, casi con seguridad, cuál es mi posición en el tablero del la vida y así juego.

Cotidianamente vemos como nos estrujan el alma a través de los medios con atrocidades ante las cuales poca capacidad de actuación directa tenemos, pero que nos sumerjen en un mar de miedo y angustia. Yo hace tiempo que me he pertrechado con el flotador del sentido común y aplico mi esfuerzo en aquello que pienso puede ser útil. Por lo demás vivo y procuro ser feliz.

El paso del tiempo me ha mostrado una maravillosa paleta de color, del rojo al violeta con la que pintar la existencia.


Sed felices.

domingo, 19 de junio de 2016

Cansada

Empiezo a sentirme muy cansada. Cansada de debatir, de discutir, de justificarme, de intentar comprender. Cansada de que sea tan difícil hacer entender que no se puede ir  quedándose siempre en medio, estorbando, sin entrar ni salir. Cansada de no comprender por qué se prefiere que elijan por nosotros a nosotros decidir. Cansada de que el trabajo de años se cae como un castillo de naipes por el soplo oportunista de quienes oyen pero no escuchan. Cansada, en resumidas cuentas, de sentir que una mentira vale más que mil verdades.

Miro a mi alrededor y en ocasiones el mundo se me aparece como algo que no tiene ningún sentido. Valores que para mí han sido fundamentales se van desvaneciendo en palabras gruesas, teorías kafkianas y dogmas tan insólitos que el de virginidad de María aparece como asumible.

En serio, mis queridos lectores, empiezo a sentirme muy cansada de reconstruir a diario la fortaleza de mis propias convicciones, de seguir creyendo que el bien de todos es mi propio bien, cansada de no caer en la tentación de tirar la toalla de mi esfuerzo en colaborar en la mejora de lo que me rodea. Cansada de rechazar una y otra vez la tentación de retirarme para siempre a mis cuarteles de invierno y vivir egoístamente mi propia vida.

Pero sé que, por que siempre ha sido así, después de un tiempo en el que lameré mis heridas de decepción y rabia en silencio volveré a esta carrera de fondo que siempre ha sido mi vida, entre realidades e ideales, y buscaré otra causa y otra meta. Solo así me siento viva.


Sed  felices.