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lunes, 19 de diciembre de 2016

"No sé leer"

Volvía  a mi casa el pasado sábado toda contenta e ilusionada. Había estado declamando mis poemas en la inauguración de la exposición  en la galería ARA ARTE (absolutamente recomendable) y había tenido un gran éxito a la vista de los libros vendidos de Momentos de arena y hielo.

Como una no vive en la capital, el uso del transporte público se convierte en una excursión en la que tengo que hacer varios transbordos. En el último de ellos, una mujer joven, que por su acento y aspecto me pareció de etnia gitana y que empujaba un cochecito de niño,  me preguntó qué línea tenía que coger para llegar a una determinada estación. Yo le señalé el directorio, pero ella, con una espléndida sonrisa me contestó: "lo siento, princesa, pero no sé leer".

La casualidad hizo que yo llevara esa misma dirección y así se lo transmití, invitándola a que me acompañara. Durante todo el recorrido su afán por no perderme entre los pasajeros que pululaban por los pasillos era casi angustiosa. Por fin, llegamos a su destinos, el andén contrario al mío, y nos despedimos: "Adiós, princesa, que suerte encontrarla, dios la bendiga", me dijo, manteniendo su sonrisa.

El resto de mi periplo me sirvió para reflexionar sobre el tesoro que sigifica poder leer y escribir. Nos lamentamos de aquellos que no pueden ver físicamente, pero el no ser capaz de interpretar los símbolos que suponen las palabras, sus significados, nos colocan en una auténtica ceguera social.

Dice un refrán castellano que Dios da mocos a quien no tiene pañuelo. Que pena, mis queridos lectores, que no seamos conscientes de nuestra propia fortuna al haber podido acceder a una alfabetización y una educación; qué lástima el poco aprecio que le damos y cuanto lo desperdiciamos por falta de uso.

Por que es eso y no otra cosa lo que nos permite ser independientes y no perdernos por los pasillos infinitos de la ignorancia y de la manipulación. Es, en resumen, lo que nos permite ser libres.

Sed felices.