viernes, 30 de noviembre de 2012

Libros

El frío de la calle se metía entre los pocos resquicios que la ropa de abrigo permitía. Su pequeña mano derecha, calzada con un guante de lana,  se aferraba a la de su padre, con cierto temor de perderla en el trasiego del gentío, que se cruzaba con ella. Con la otra mano palpaba un pequeño monedero en el que estaban a buen recaudo sus ahorros.

Por fin llegaron. La puerta del local era de madera, un tanto retranqueda, de tal manera que permitía no solo los dos escaparates al uso, sino otros dos más pequeños, en los que se exhibían, brillantes bajo las luces, toda clase de libros, aunque abundando más los de relatos.
 Se detuvieron un momento, para localizar el que era objeto de su visita. A ella, por ser pequeña, le costaba abarcar todo el contenido, pero habían sido tantas las veces que, camino del colegio, se había detenido para mirarlo, que no le costó más que un segundo localizarlo. Allí estaba, con la sobrecubierta de papel en la que había una preciosa ilustración.  Apretó la mano de su padre con una emoción contenida, lo que produjo una inmedita sonrisa en aquel.
- ¿Entramos?

Los nervios la impedía ni siquiera contestar. Solo pudo asentir con la cabeza.

En su interior, la librería era estrecha y por doquier se apilaban las obras en estantes y mostradores. El olor a papel impreso, en ese momento el mejor perfume para ella, le impregnó la nariz.

El librero la sonrió. Ya se conocían, pues semanas antes, había hecho la promesa  de guardar el libro hasta que ella pudiera ahorrar de su pequeña paga para comprarlo.
No hicieron apenas falta las palabras. El librero abrió el escaparate y con toda solemnidad extrajo el libro que depositó en las manos de la niña: Los cuentos de los hermanos Grimm.

Ya no existe esa librería. Por el local han pasado muchos negocios y en la actualidad hay un cartel de Se traspasa. Pero ella, siendo como es ya una mujer, sigue viendo en ese escaparate la belleza de los libros y escuchando la voz de ese librero aquel día de invierno:
- Recuerda, pequeña, que nunca estarás sola con un libro.

Sed felices.

Hoy, 30 de noviembre, es el Día de las Librerías. 

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Perros verdes

Hay días que me siento extraña entre conocidos y me siento acogida entre extraños. Es la  sensación de ser tan rara como un perro verde.
Miro y remiro el entorno como si me hubieran cambiado el paisaje, y eso que los lugares y las personas me son del todo conocidas. Y entonces me pregunto: ¿seré yo, la que estoy sufriendo una mutación y cada vez entiendo menos a quienes, hasta hace poco, eran cercanos?.
Porque en muchas ocasiones las obsesiones y preocupaciones reticentes, renuentes y sobre todo inoperantes que veo alrededor, me son completamente ajenas. Es más, me parecen tal pérdida de tiempo, que acaban por saturarme.
Día a día veo como muchos se desgastan en luchas para las que no tienen pertrechos o, lo que es peor, ni siquiera salen al campo de batalla, contentándose en otear el horizonte y pontificando, somo si de su boca saliera palabra de Dios.Y no son pocos. Por eso empiezo a pensar que, como el del chiste, yo soy de las pocas que llevo el paso cambiado.
Y mientras, quizá en un acto de irresponsabilidad, no lo sé, yo sigo en mi microcosmos, en mis tareas y en mi vida cotidiana, procurando ofrecer mi mano a quien me lo solicita, pero parándome cada vez menos en lamentarme y en pensar que todo es gris y feo.
La vida es muy corta como para perderse en disquisiciones empíricas, en las cuales afloran más las teorías bibliográficas que la sinceridad de un actuar para cambiar.
Y al final, una termina juntándose con otros perros verdes que todavía creen que un verso, una palabra, una caricia, un paso hacia adelante, hace más que un montón de quejas.

Sed felices.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Madera de líder

Con la resaca de las elecciones  de Catalunya, sola, ante mi escritorio, reflexiono sobre la afirmación que llevo oyendo hace muchísimo tiempo: la necesidad de un líder.
Un líder.... Es verdad que los grupos sociales necesitamos líderes que abanderen los proyectos que surgen de las ideas, aunque no tengo tan seguro que, visto lo visto, muchos sepan que características atribuirle.
Algunos, protagonistas o no, hemos oído desde edad temprana que tal niño o niña tiene madera de lider, porque gusta de sugerir, empujar o apoyar las acciones o a las personas para llegar a sus objetivos y además no tiene ningún empacho en encabezar reivindicaciones. Nada que ver con el matón de patio, por supuesto, que ese en vez de liderar lo único que hace es amendrantar y que como mucho, de mayor, acabará siendo el guardaspaldas del lider.
Pero debe ser que muchos, tocados por el liderazgo en la infancia, se quedan en el camino porque, actualmente, se distinguen pocos en los entornos políticos, empresariales o sociales.
Últimamente veo sobre todo mediocres ensalzados por aquellos a los que sirven, engañados y creídos de haber sido elegidos por sus méritos. Incapaces de hilar una palabra tras de otra sin papel, necesitan que le escriban los discursos, eso si, en Arial de 14 para que lo puedan leer bien, y se ven condenados a esperar que les digan como, donde y cuando abrir la boca.
Son seres intrumentalizados y al servicio de aquellos que, encantados de manejar los hilos en la sombra, dejan que estos personajes que no tienen ningún mérito, ni siquiera el de conocer sus propios límites, ocupen puestos de responsabilidad. Nada que ver con un líder.
En fin, que sí, que es cierto que esta sociedad necesita buenos guías, que tengan ideas, criterio, formación y valores, herramientas imprescindibles para crear buenos equipos y  que sirvan para llevar adelante proyectos innovadores que rompan esta inercia aburrida y monótona que parece que nos arrastra en el día a día.
¿Tal vez tú?

Sed felices

sábado, 24 de noviembre de 2012

La letra perdida

Las estaciones del metro se suceden, solamente rota su monotonía por los trasbordos que la han de llevar a su cita y las conversaciones con las amigas, que la acompañan y que, como casi todos los viernes, convierten la tarde en un lugar de encuentros.
Por fin salen a la superficie y entran en el local, buscando la sala, a la que se accede a través de una incómoda y retorcida escalera. Es pronto todavía. Eligen un lugar cercano pero no en primera fila, quizá ese lo quieran los familiares. Al fondo, una mesa vestida con un lienzo blanco, austera, sin adornos, cerrada en dos lados por cortinajes púpuras, se asemeja a un altar. No es vana la comparación. Al fin y al cabo, lo que ve a tener lugar no deja de ser una ceremonia, un ritual.
La sala se va llenando cada vez más. Rostros conocidos que la saludan y que dan lugar a conversaciones, junto con otros que le son ajenos pero a los que esta tarde se siente unida por un nexo común: La letra perdida.
La hora se acerca y vislumbra al poeta rodeado de gente, de negro, elegante, con la sonrisa tensa que precede al reto. Se abre un pasillo y se acerca a la mesa, seguido de los que le harán los honores.
En breves minutos, La letra perdida abrirá sus paginas y en la voz de su autor desgranará sus poemas, algunos terribles, otros reflejo de esos miedos que temen más que nada al propio miedo, aquellos ceñidos por una corbata de prejuicios.
Les saluda Houdini, abriendo los candados de la presentación, dejando salir la magia de la poesía.
El silencio de la sala solo se quiebra con aplausos con el último verso de cada poema, cuyas palabras flotan en esa tarde de noviembre. Ella mira al poeta en la distancia con orgullo y un sentimiento tierno, como de hermana mayor, porque sabe todo lo que hay detrás de ese libro, al que, en propias declaraciones del autor y como si de Orfeo se tratara, rescató del propio Infierno para volver a encontrarse con la palabra.
Y al final, ese poema esperado, ese poema que  dice que el amor todo lo mueve, ya sea el mar u Homero, en una tarde perfumada, paseando por Berlín. Con el último verso de ese último poema,  que casi coincide con su suspiro contenido, acaba la ceremonia.

Bajo los tilos...

La letra perdida, último poemario de Fernando López de Ediciones Vitrubio, fue presentado ayer, día 23 de noviembre de 2012

jueves, 22 de noviembre de 2012

Tacones rebeldes

Es curioso como en estos dos años largos  en los que he ido escribiendo estos artículos, éstos se me han ido rebelando y campando por sus respetos de tal manera que, lo que iba a ser un blog medio profesional, se ha convertido en un fiel y no tan fiel reflejo de mis pensamientos, porque, a apesar de lo que algunos piensan hay mucho de verdad, pero también de juego.
 Vaya, que este blog se me ha rebelado y revelado. Rebelado, porque  la trayectoria  que ha seguido es absolutamente introspectiva, y he tenido la sensación de que me ha provocado en muchas ocasiones, obligándome a seguir el camino que la diferente aceptación de los artículos me ha ido marcando.
Por otra parte, ha sido para una revelación, pues como si de una herramienta terapéutica se tratara, he colocado pensamientos propios y ajenos que han llegado a tanta y tanta gente que a veces me parece imposible.
Por eso no tengo más remedio que seguir el camino que los lectores me marcan y he decidido crear otro blog, éste profesional, para dejar a mis tacones que vayan marcando el paso que parece que tiene que ser.
No obstante, no sé de que me extraño. Es normal que tenga un blog algo rebelde: todo se pega menos la hermosura. Una siempre ha tenido esa fama, de poco convencional, y es lógico que al final esa característica haya fluido desde mis dedos hasta el teclado e impregne mis artículos.
Más de setenta mil visitas  me dicen que algo debo de estar haciendo bien. Que hablar de la vida, de los sentimientos, de lo que nos preocupa y de lo que nos hace feliz es común a todos y que a todos llega.
En fin, que sigo con mis zapatos de tacón, que a veces rozan un poco, pero que son, al fin y al cabo mi elección para caminar por esta vida.
Y mientras....

Sed felices.

martes, 20 de noviembre de 2012

Como niños

Yo tuve una infancia feliz y eso es una gran ventaja para llegar a adulta con el suficiente equilibrio como para que la vida no se te eche encima. Y esa felicidad estaba envuelta en el cariño de mi familia, no solo de mis padres, sino también de abuelos, tíos y primos, quienes no dejaban  pasar ninguna ocasión para reunirnos, ya fuera un cumpleaños, navidad  o una merienda en el campo.

Recuerdo con cierta nostalgia, pero también con luminosidad, las noches de verano en que bajaba con mi abuela y las vecinas a la calle, buscando el fresco que aliviara los rigores del verano madrileño, y mientras ella, abanico en mano, charlaba de lo humano y lo divino, yo, con otros niños, jugábamos al rescate, sin bajarnos de la acera, eso sí, o retábamos a los barrenderos a mojarnos, cantando "la manga riega, que aquí no llega".

También, y aunque entonces no lo valoraba en su justa medida, formar parte de una familia numerosa me permitió crecer en un entorno en el que el aburrimiento acampaba lejos de mi casa , siempre llena de jaleo y risas de niños.Yo no jugaba con la video consola, sino a la goma en la calle, ni usaba las redes sociales para chatear con las amigas, a las que veía en clase y con las que charlaba en el patio del colegio mientras que comíamos un bocadillo de embutido y no un bollito sofisticado.

Sí, fui una niña feliz, porque  tuve los besos de mi padre, los cuidados de mi madre y las risas de mis hermanos. Y a veces, cuando la vida me oprime por las costuras, abro el baúl de mi memoria, y tiro de esas sensaciones que me reconfortan como un tónico afectivo.

Todos los adultos deberíamos intentar que nuestros niños fueran felices, porque si no lo son, serán incapaces de enfrentarse a la responsabilidad de crecer. Y esa felicidad, acompañada también de la guía necesaria para que aprendan los límites, seguro que, como un virus benefactor, contagiará a los demás.

Hoy es el Día Universal del Niño. Volvamos a ser felices, aunque sea por unas horas, como cuando éramos niños y el mundo nos sonreía.

domingo, 18 de noviembre de 2012

De luces, nieblas e ideales

¿El amor como ideal o el amor como realidad?

Abro con esta pregunta mi blog, en este domingo de noviembre, en el que el sol matutino luce tras las lluvias. ¿Y por qué? Pues porque quiero dedicar hoy mi entrada a comentar brevemente la novela que tuve la ocasión de presentar el jueves pasado, junto con su autor, José Guadalajara, La luz que oculta la niebla.
Como yo no soy crítica literaria, no voy a hacer ningún comentario sobre ese aspecto, que ya se han hecho y se harán con mucho rigor,  sino hacer una pequeña reflexión sobre la historia de amor que nos cuenta.
Como dije en la presentación, tuve la oportunidad de conocer la novela cuando era un cuaderno con tapas duras y un gusanillo y de disertar posteriormente con el autor, largo y tendido,  sobre su contenido.  En el fondo, y en mi opinión, la novela es un tratado, escrito con un cuidado exquisito, del amor como ideal.
Y es que los seres humanos siempre nos enamoramos de aquello que creemos es el ser amado, más en la ausencia que en la presencia. Algo parecido a esos monumentos admirados en fotografía, que luego al contemplarlos in situ, nos muestran algunos desconchones y deslucimientos.
No obstante, todos queremos tener al ser amado cerca, tocarle , acariciarle, besarle, y  vivimos su ausencia con pesar. Y en esa cercanía de lo cotidiano, a veces ese telón, ese barniz, se desgasta y empieza a dejar al descubiero aquello que no nos gusta o que nos parece con falta de lustre, y acabamos amando más el recuerdo construido con aquello que nos agrada,  que a la persona, tal y como es es realidad.
La novela narra una historia de amor y de su recuerdo , en la voz de una mujer, que hace del objeto de  esta pasión el centro en el que pivota su vida desde el mismo momento en que lo encuentra.
Tal vez esa sea la felicidad, la búsqueda de ese ideal que impregna nuestros sueños.
Os invito a conocer La luz que oculta la niebla y a descubrir esta preciosa novela, escrita con lápiz de labios.

Sed felices.



jueves, 15 de noviembre de 2012

Alineación planetaria.

Hay ocasiones, como ahora, en que me siento alineada con el mundo, en una especie de extraña conjunción planetaria, de esas que hacen que las mareas se trastornen o que los niños nacidos bajo ella sean genios o psicópatas.

Veo las noticias, los diarios, y contemplo esa multitud de personas, cuyo número se encoge o se expande, según sean las fuentes que lo comentan, y que ayer llenaron las calles de nuestro país, reclamando unos derechos que se han arrancado de cuajo y sin anestesia.

Me conmueve el sentimiento, aunque no tanto como otras veces, pues me temo que mi capacidad de conmoción está practicamente ocupada en gestionar esta situación personal que se me ha venido encima, no como un tsunami, sino como el más catastrófico de los meteoritos.

Y entonces, a pesar de que me siento alineada, en ese afán de búsqueda de la justicia y de la libertad, no puedo por menos que relativizar, porque quizá soy egoísta y me duele, esta vez,  más mi dolor que el de los demás.

No obstante, siento que el mundo y yo lloramos por la misma causa: la injusticia. La que hay tras la muerte prematura o tras el abandono del necesitado.

Por eso ayer, me sujeté esa pena interior y salí a la calle, como tantos otros, como muchos que, seguramente, también tendrían su alma en su almario.

Y espero que, de la misma manera, el mundo y yo nos volvamos a alinear, pero esta vez en la esperanza.

Sed felices.


martes, 13 de noviembre de 2012

Es la vida...

He perdido parte de mi infancia y de mi adolescencia, porque eran recuerdos compartidos, y ahora serán nada más que soliloquios.
Nunca más un "te acuerdas cuando..." y después una risa, esa risa tuya tan contagiosa.
Canciones, libros, amores y desamores de nuestro imaginario particular,  la memoria paseada de la mano durante cincuenta años y que ayer se rompió  en dos mitades.
No soy nadie para lamentarme, es la vida, me digo en ese afán de justificar el por qué del dolor y la pérdida. Es verdad, es la Vida, con mayúsculas, que  no es más que un viaje, al que has llegado a su final envuelta en música de Hendel.
He abierto la agenda. Mañana es la huelga general, pero pasado las tareas cotidianas volverán a ocupar mis afanes, y además, tendré que borrar tu número de móvil, los últimos mensajes que nos cruzamos y empezar a pensar que ya no estás donde siempre estabas.
Es la Vida, la vida con mayúsculas, formadas por la vidas de cada uno de nosotros y de la que cedemos parte cuando alguien a quien queremos se va.
Hoy he perdido algo de mi infancia y de mi adolescencia....
Tú te has ido, Marta,  y yo un poco contigo.

Sed felices.



domingo, 11 de noviembre de 2012

El tiempo de las hojas amarillas

Ve desde la ventana el árbol que ha sido el testimonio físico del paso de las estaciones durante tantos años. Hoy luce una explosión de naranjas y amarillos, apenas veteados de verde. Pronto sus ramas asomarán desnudas y braceando bajo el viento invernal, para brotar verdes en primavera.
Pero hoy es tiempo de las hojas amarillas.
Le gusta el otoño, algo melancólico, pero que regala tanta luz, reflejada en esos doradas hojas que vislumbro a través de los cristales. También  es propicio para el recuerdo. Quizá porque ella  está en el  tiempo en que algunas de sus vivencias ya toman ese color significativo, como el del papel antiguo.
Estos días, han sido muchos los recuerdos  que a su cabeza han vuelto, que creía ya guardados en el baúl de su memoria, tras otros que fueron ocultando aquellos. Pero los acontecimientos, como un terremoto, han revuelto esos estratos, haciendo que volvieran a surgir en sus pensamientos.
Primas hermanas....siempre el segundo término prevaleció sobre el primero.
Ya sabe que no tendrá la oportunidad de que ella  lea las palabras que va escribiendo en su pequeño cuaderno de tapas negras,  de que ella sepa que, a pesar de las circunstancias en que la vida las fue colocando, y cuando su corazón se encoge pensando que la distancia ya se hará definitiva y para siempre, el recuerdo de esa tarde en que las dos, tan pequeñas, tan inocentes, con toda su vida por delante, que entonces no era más que un hoja en blanco, con muy pocas líneas escritas, y que quedó plasmada en una fotografía en blanco y negro, en el parque de El Retiro,  se ha quedado tatuada en su alma para siempre.
Para ella el otoño tiene  el hielo del invierno en el corazón....




jueves, 8 de noviembre de 2012

Mil palabras, mil vidas...

Aunque en la superficie parecía moverse en las aguas tranquilas de una laguna, en su interior fluían  con la fuerza de un torrente contenido. El equilibrio externo, forjado en disciplina y en el sacrificio que conlleva conducir la propia voluntad, que a veces díscola, pugnaba por ir al propio albedrío, se rompía en el momento que una mirada, surgida de la curiosidad o simplemente de la emoción, afloraba a sus ojos.

Si no fuera porque la física lo impide, hubiera sido el ideal descubridor de la cuadratura del círculo, por aquello que de simetría y orden tiene el tal polígono, aunque su imaginación  se perdiera en las redondeces de ciertas pupilas. Apóstol de la correción formal, gustaba de señalar ciertas faltas y defectos, ya que enseñar al que no sabe seguía siendo una obra de caridad, aunque, en ocasiones, ese afán de perfección no fuera recibido con el mismo entusiasmo por parte del corregido, quien no acababa de ponderar la importancia de una coma mal colocada en el devenir del universo.

Y no obstante, esa contradicción entre lo que pensaba y lo que sentía y que, a veces, le hacía obrar como pensaba que debía sentir, no le inquietaba en exceso. Quizá porque sabía que todo lo que dentro de él bullía como la lava de un volcán terminaría por brotar en las líneas escritas. Por eso era escritor, para contar en boca de otros aquellas emociones que se quedaban tras la sonrisa esbozada o la mirada tímida pero descarada, más explícitas que mil palabras, y así poder vivir mil vidas con que afrontar una existencia vestida con lo cotidiano.

Sed  felices.

martes, 6 de noviembre de 2012

El bien más preciado

Dicen que los dioses, reunidos en el Yggradsil y hartos de las quejas de los humanos, a los que habían colmado de dones y de privilegios sobre otras criaturas de la creación, decidieron darles un escarmiento.

Para ello llamaron a los gnomos y les encargaron que escondieran el bien más preciado, la Felicidad, en el lugar más recóndito, para que así, los hombres y las mujeres, tuvieran que esforzarse en encontrarla.

La siguiente cuestión a dilucidar sería en donde ocultarla.

La diosa Hela, cuyo dominio estaba en el lo más subterráneo, en el noveno mundo, debajo del Árbol sagrado, sugirió enterrar la Felicidad lo más profundo que se pudiera, para que de esa manera, quienes quisieran encontrarla tuvieran que trabajar duro para ello.

 Fregg, la clarivendente, y esposa de Odín, manifestó que el lugar mejor sería en lo alto de los abetos más altos del más arcano bosque. También así, la humanidad tendría que empeñarse en su búsqueda.

Otras opiniones  fueron a su vez aportadas: hundida en el fondo del mar,  colgada en las  nubes, al borde del fin del mundo...,  y todo ello en medio de  una gran algarabía.


Entonces se oyó la voz de Odín, padre de los dioses, sobre todas las demás:

- Todos esos lugares serían posibles, pero lo que haremos será guardar la Felicidad en el interior de cada hombre, de cada mujer. Y así, solo aquellos que sean capaces de mirar en si mismos, de buscar dentro de su corazón, podrán obtenerla.

Así me lo contaron, así os lo cuento.

Sed felices.



domingo, 4 de noviembre de 2012

Amor donado

A veces, entre las noticias que se desgranan en los telediarios, y ocultas entre la información económica y la deportiva, aparecen historias que enternecen y llenan mis depósitos, a veces en reserva, de la confianza en el ser humano.

Noticias como la que cuenta que una mujer china que ha donado un trozo de su hígado a su ex marido, quien hubiera muerto si no llega a ser transplantado. De por sí, el hecho es digno de admiración, habida cuenta de que se trataba de una relación acabada. Pero, además, la maravillosa acción de esta mujer ha ido más allá pues al prohibir la legislación china la donación a no familiares, tuvo que volver a contraer matrimonio con el enfermo para salvarle la vida.

Cuando lo oí, no pude por menos que pensar que hechos le llevaron a la ruptura. La infedelidad, la incompatibilidad de caracteres,  el que el amor se acaba....  Si siempre digo que no hay mayor acto generosidad que la de quien se da a sí mismo, en este caso es textual, porque esta mujer dió parte de su cuerpo en un acto enorme de solidaridad a quien, supuestamente, ya no estaba unida. ¿Cuántos de nosotros, que no dejamos de proclamar y de exigir seríamos capaces de una acción así? Visto lo visto.....



Espero y deseo que esta historia tenga el final más feliz que se espera. Y, con esa vena romántica que a veces me sale, pienso que, quizá, al tiempo que ese pedacito de víscera vaya creciendo y realizando sus funciones, crezca de nuevo el amor en esa pareja, a la que, a quienes tal vez la vida les haya dado una segunda oportunidad.


Sed felices



viernes, 2 de noviembre de 2012

Sobre defectos y culos

A veces los defectos son como el culo, que solo nos  lo pueden ver los demás.

Extraña reflexión, pensarán mis lectores. Bueno, no tan rara. Si nos fijamos, es muy complicado vernos esa parte del cuerpo de una manera clara, so pena de ser la niña de El exorcista, y poder girar la cabeza hasta límites inhumanos. De eso sabemos mucho las mujeres cuando nos tenemos que probar pantalones y necesitamos ver si se ajustan de manera adecuada a nuestro trasero; por eso la mayoría de las veces pedimos opinión a otra persona- que suele ser amiga- que nos confirma o no como nos sienta.


Bien, pues con los defectos viene a pasar algo similar, sobre todo  en aquellos en que la autoestima está por encima de los máximos y a los que habitualmente les cuesta reconocer que, como todos los mortales, tienen sus carencias.

Claro que se podría pensar que cada uno es como es, y que para qué decir nada, si normalmente nadie va a cambiar. Pues, y siempre en mi opinión, señalar lo que no nos gusta de otros viene a cuento siempre que distorsionen la relación y que esa relación nos merezca la pena. En muchas ocasiones, en más de las que quisiéramos, acabamos poniéndonos cien veces amarillos, por no pasar el trago de decirle a alguien- y si nos importa, más- que no nos gusta algo que hace o como se comporta y lo mismo que con los pantalones, a  veces preferimos callar y permitir que quien nos pidió opinión vaya fatal, antes que decir que la prenda le hace un culo como un pandero o más bolsas que una  reunión de canguros.

Aunque, y eso es comprensible, para una cosa y otra hace falta delicadeza, cariño y sobre todo pensar que todos tenemos culo....y defectos.

Sed felices.